Agradecimientos que visibilizan.

La ex jugadora de futbol, Abby Wambach, dijo alguna vez que jamás en su vida había anotado un gol sin antes recibir un pase de alguien más. Esa frase la escuché por primera vez hace casi 10 años, cuando iba a graduarme de la maestría, y de hecho la usé en las invitaciones que envié para la ceremonia; porque me pareció que encerraba muy bien el sentimiento de agradecimiento que yo tenía para con todas las personas que me habían ayudado a lograr mi meta. Hoy, tantos años después, sigo pensando que su significado se mantiene y se renueva con cada nuevo proyecto que tomo.

Quizás mientras lees esto estás recordando a la gente que te ha apoyado a lo largo de los años, como algún jefe que reconoció tu trabajo y te ayudó a alcanzar tu siguiente escalón laboral, o aquella maestra que te dedicó tiempo fuera de clase para explicarte un concepto complicado, o aquella amiga que leyó tus escritos y te ayudó a mejorarlos. Todas esas personas y acciones son importantes, y les debemos un reconocimiento; pero existen otras actividades que son igualmente importantes, pero como son más rutinarias, tendemos a pasarlas por alto. Por ejemplo, yo puedo estar ahora escribiendo esta entrada sin preocuparme por la comida de mañana, porque mi mamá se está ocupando de ello. ¿Es algo inusual que mi mamá haga la comida? No, de hecho ella la hace muchas más veces que yo, pero esa cotidianidad no le resta importancia a que gracias a esto yo tengo tiempo de perseguir una de mis ilusiones.

Así como este ejemplo, existen muchos de la vida diaria que, sin aspavientos ni alardes; forman los cimientos sobre los que construimos nuestros proyectos de vida. Pero como justamente son actos de rutina, no los reconocemos como las uniones dentro del gran plano de las cosas. Con esto no quiero decir que no sientas un agradecimiento con los miembros de tu familia por tener una casa limpia, o comida caliente cuando llegas del trabajo, o cuando alguien hizo los quehaceres que te correspondían para permitirte descansar; sino más bien que tendemos a relegarlos a un segundo plano cuando hacemos el recuento de las cosas que nos han permitido llegar a donde estamos.

Esto mismo se refleja también en los espacios laborables, en donde ciertas tareas son pasadas por alto. Quiero decir, nunca he leído un caso de estudio en que se comente que el éxito de la compañía se debe en parte a que las oficinas siempre estaban limpias; pese a que ciertamente eso ayudaba al mejor desempeño de los ejecutivos. Aquí podría decirse que pues bueno, al final y al cabo ese era el trabajo del personal de limpieza; pero entonces lo mismo podría decirse de los contadores, las compradoras, y del equipo de ventas. Todas estas tareas son importantes y necesarias para el bueno funcionamiento de la organización, pero como son de rutina, tienden a volverse invisibles.

Así pues, quisiera aprovechar esta entrada para agradecer a todas aquellas personas que hacen tantas y tan valiosas tareas “cotidianas”, que malamente pasamos por alto pero que sin las mismas no podrían realizarse todas las demás actividades. Pero además de ello, me comprometo a que a partir de ahora les daré el valor que se merecen, no solo por la importancia que tienen para el logro de otros objetivos; sino también como una manera de respeto a estas mismas personas. Porque definitivamente, no habría golpeadoras sin medio campistas.

¿Tú qué tareas invisibles puedes visibilizar?

Un propósito, varios caminos.

Hace unas semanas leí esta frase de Arianna Huffington: “Puedes completar un proyecto, dejándolo”. Raras veces me encuentro con frases como esta, en las que en cierta forma se les dice a las personas que está bien dejar algo “a la mitad”, sobre todo si ese algo no te está haciendo bien. En una época en que la mayoría de las personas nos trazamos metas para el próximo año, creo que esto es una buena idea para tener en mente.

Con esto quiero decir que debemos entender esas metas o propósitos como nuestra guía de qué queremos lograr; mientras que las formas de lograrlo serán los proyectos que emprendamos en el año. Estos últimos son los que debemos ver como flexibles, para que se vayan adaptando a la realidad de nuestro día a día, y que incluso puede ser que con el paso del tiempo ya no sean viables o favorables para nuestras metas. Pero los propósitos deben de seguir ahí, porque al final del día representen lo que es importante para nosotras.

Por ejemplo, hace unos años uno de mis propósitos fue tener una más balanceada, y decidí acercarme a una profesionista de la salud mental para ello. La realidad es que nunca conectamos, y debido a esa falta de conexión no podíamos abordar apropiadamente aquellos temas que a mí me interesaban; así que decidí dejar la consulta luego de un tiempo, puesto que la misma no estaba sirviendo para mi propósito. Sin embargo, como para mí seguía siendo importante el tener una mejor vida, recurrí a otras instancias para lograrlo; incluido ir con otra psicóloga con la que sí pude entablar una relación armoniosa. Como por supuesto la meta que me tracé es muy amplia, a lo largo de los años he ido tomando más proyectos que me permitan alcanzara, y varios de esos se han quedado un poco en los estados iniciales porque al llevarlos a cabo me di cuenta que no era particularmente algo que yo quisiera continuar.

¿Estuvo mal que haya iniciado esos proyectos, aunque no los haya terminado? No, por el contrario, creo que tuvo beneficios. Por un lado, como ya dije, me permitió darme cuenta de ciertas cosas que no van conmigo, por lo que pude emplear mi energía en buscar cosas que sí me hagan sentir bien. Pero, además, el poco o mucho tiempo que les dediqué, me permitió aprender conceptos, ideas, habilidades, y muchas otras cosas que me siguen sirviendo en mi vida diaria. Por ejemplo, en un curso de religión que quedó inconcluso aprendí algunas ideas sobre cómo ser mejor profesionista; y en el primer y único curso de Reiki que he tomado aprendí sobre la necesidad de no quedarnos con los problemas de la gente a la que ayudamos.

Cómo estos tengo varios ejemplos de proyectos que han ido quedando en diferentes etapas de desarrollo, como también tengo otros varios que he concluido satisfactoriamente como luego dicen; y cada uno de ellos me ha ayudado a lograr mis propósitos a corto y largo plazo. Así pues, en este año que empieza, espero poder emprender más proyectos que me acerquen a las mismas; e igualmente ser capaz de identificar cuáles ya no sirven a estas, y tener la capacidad de aceptarlo y dejarlos ir. Al fin y al cabo, siempre puedo iniciar otro proyecto, ahora con más experiencia; pero el tiempo dedicado a un mal proyecto no lo puedo recuperar.

¿Qué proyectos planeas dejar este año?