La Ley del Intercambio No Equivalente.

Para lograr algo, tienes a la vez que dar algo. Por ejemplo, si decides estudiar una maestría; tienes que aceptar que eso implicará dedicar una parte de tu tiempo a estudiar, hacer trabajos y tareas. Así mismo, tendrás que ser consciente de que ya no podrás aceptar ciertos planes espontáneos con tu familia y/o amistades; y que quizás durante tus vacaciones tengas que atender alguna clase virtual o conectarte con tu equipo de trabajo. Más aparte, claro, el costo económico que una maestría implica.

Sin embargo, tú sabes que todos estos sacrificios traerán una recompensa. En primer lugar, tendrás la satisfacción de haber logrado tu objetivo; así como de tener conocimientos nuevos. En un plano más práctico, tener esa maestría te ayudará a lograr otros retos profesionales, como el aplicar a un ascenso o quizás impartir clases como algo adicional a tu trabajo actual. Es en ese momento que dirás que todo ha valido la pena.

Ahora, la realidad no es siempre tan lineal como parece. Tal como le ocurre a Edward Elric, protagonista del famoso anime Fullmetal Alchemist; conforme vamos creciendo y ganando experiencia, nos damos cuenta que no siempre nuestro esfuerzo se verá recompensado, o al menos no de la manera que esperamos. En el ejemplo que hemos mencionado, puede que el tener una maestría no sea suficiente para encontrar un mejor trabajo, pues hay muchos factores externos en juego. E incluso, si se logra conseguir ese trabajo, puede que conforme pase el tiempo sintamos que el mismo no “compensa” todo el esfuerzo que pusimos en conseguirlo.

No obstante lo anterior, sigue siendo cierto que para lograr algo, se tendrán que hacer sacrificios en el camino. El problema ocurre cuando las personas haciendo los sacrificios, no son las mismas que obtienen las recompensas. Y lo más terrible es que, en muchos casos; esas personas llevan pagando el precio durante mucho tiempo.

Pongamos por caso los proyectos de desarrollo de los “primeros cuadrantes” de varias ciudades, tanto en México como en otras regiones. Durante años, las zonas centro de las ciudades fueron descuidadas por las autoridades, dejando que los edificios que las conformarán se deterioran grandemente; a la vez que se volvió peligroso transitar por sus calles durante ciertas horas de la noche. Todo esto debió ser soportado por las personas que se quedaron ahí, ya sea por su trabajo o por su hogar; en este último caso teniendo las personas además que incurrir en un gasto de transporte e inversión en tiempo para poder desplazarse a los centros educativos y de trabajo que se fueron dando en los lugares más nuevos de la ciudad. Ciertamente, vivir en esa zona era más económico que en otras colonias o barrios más modernos, pero aun así implicaba un costo de vida que muchas veces no se consideraba en toda su dimensión.

En años recientes, las autoridades iniciaron con varios proyectos de renovación a esos centros históricos; renovando edificios, promoviendo actividades culturales, convirtiendo algunas calles en áreas peatonales, entre otras muchas. En la mayoría de los casos, estas iniciativas han tenido los resultados que se esperaba; promoviendo que varias comercios locales, nacionales e incluso internacionales de prestigio decidan abrir sucursales en la zona.

Sin embargo, todo este “progreso” ha sido pagado por las personas que durante años tuvieron que pagar el deterioro en que se había dejado a esas zonas, dándose el fenómeno de la gentrificación. Por ejemplo, en la Ciudad de México, la emblemática Colonia Roma ha pasado a ser una de las más cotizadas para vivir por personas extranjeras; resultando que el costo de la renta de casa habitación haya tenido un aumento de entre 20% y 30%, según datos de 2023. Por supuesto esto no representa un grave problema para los recién llegados, pero para las familias que llevan años viviendo ahí, ha sido un duro golpe a su economía. Muchas de ellas han tenido que desplazarse a zonas más alejadas, pero más accesibles; pero lo que no ha variado es el costo de transporte e inversión en tiempo que deben seguir realizando para acudir a opciones de esparcimiento, educativas o de trabajo, solo que ahora, en lugar de ir solo hacia afuera, van también al centro.

En el párrafo anterior menciono que las personas desplazadas vuelven al centro para poder atender opciones de esparcimiento, pero otro efecto de la gentrificación es que esas nuevas realidades no pueden ser disfrutadas por todos por igual. Un ejemplo es un edificio en mi ciudad, cerca de la Catedral, donde hace más de 30 años había un café local, que si bien era frecuentado por políticos; cualquier visitante era bien recibido. Lamentablemente el negocio no resistió los embates del tiempo. Recientemente, luego de la renovación de dicho edificio que actualmente alberga oficinas en sus pisos superiores; se instaló un nuevo café en su planta baja. Es un Starbucks.

No me malinterpreten, yo estoy a favor de la renovación de los centros históricos de las ciudades, y me gusta ir a los lugares nuevos (locales o no) que se han abierto gracias a ello; de la misma forma que apoyo otras iniciativas de mejora en otros aspectos. Pero creo que es necesario que nos tomemos un momento para reflexionar el costo que dichas mejoras implican, y quiénes realmente los están pagando en el corto y largo plazo. Quizás así podemos hacer una mejor distribución de ese costo, y procurar a la vez que todas las personas involucradas se beneficien de esas iniciativas, en lugar de solo ponernos unas gafas oscuras y disfrutar de la diversión.

¿Tú qué casos conoces en que el progreso no ha sido equitativo?