Entregando empatía.

Hace poco hice una compra personal en línea, con un emprendimiento nacional. Todo iba muy bien, me embarcaron el pedido en los días acordados, y era solo cuestión de esperar a que la paquetería me lo trajera a mi casa. Lamentablemente, aquí fue donde hubo contratiempos.

Durante varios días la paquetería no mostraba avances con mi pedido. Como es una mensajería con poca presencia en mi ciudad, supuse se debía a eso; además de que la temporada alta se adelantó bastante este año y por ende había retrasos de todo tipo. Cuando vi que la cosa iba más allá de un retraso normal, me contacté con la tienda donde hice mi pedido. Desde el primer momento me atendieron muy bien, levantado los reportes necesarios e incluso mandando un segundo paquete en lo que se resolvía la situación con la paquetería.

Finalmente, todo llegó a buen término, pues yo recibí mi paquete y pudimos resolver el problema con el primer envío. Durante todo ese proceso, la chica que me atendió fue muy amable y eficiente; y varias veces me agradeció por mi paciencia en lo que resolvían la situación. Yo le dije lo que siempre comento: que yo sé lo complicado que llega a ser trabajar con empresas transportistas (de cualquier clase y tamaño), y que muchas veces lo más que puedes hacer es revisar constantemente tus reportes y solicitar apoyo de todas las maneras que puedes.

Pero como dije, yo sé eso porque es parte de mi trabajo; sin embargo, existen muchas personas que ignoran esta situación y piensan que todo puede resolverse con una llamada, y que si las cosas tardan en resolverse, entonces es porque la otra persona no está haciendo su trabajo, o no se está esforzando lo suficiente. Por eso es que luego leemos o escuchamos historias realmente desagradables de gente que maltrata a las personas prestadoras de servicios, y todavía se ufanan de ello. También por eso mismo nos toca enterarnos de lo mal que la pasan las que prestan un servicio, ya sean en negocios propios o como empleadas de terceros; contando como la gente les agrade y menosprecia. Y luego nos sorprendemos de que las personas siempre estén a la defensiva y que no encuentren satisfacción en su trabajo.

Como dije, en este caso particular yo conozco el problema por el que atraviesan las paqueterías en esta temporada; pero el no haber experimentado de primera mano una situación no es impedimento para comprender a la otra persona y ser empática. Además, si lo pensamos detenidamente, las más de las veces existen puntos en común con las personas con quienes estamos interactuando. Todos hemos tenido un primer día en un trabajo nuevo, todos hemos tenido un mal día en el trabajo, en todos los trabajos se han experimentado problemas técnicos más allá de nuestro control, a la mayoría nos han hecho sentir que nuestro esfuerzo es insuficiente, y así un largo etcétera. ¿Verdad que hay muchas más coincidencias de las que pensaste en primera instancia?

Entonces, en esta temporada en que todo el mundo anda más acelerado, y también durante el resto del año; procuremos tener empatía con las personas que nos están atendiendo. Salvo contadas excepciones, todas esas personas están haciendo su mejor esfuerzo por prestar un servicio de calidad; y más en el caso de los emprendimientos en que su subsistencia depende literalmente de que sus clientes queden satisfechos con sus productos y servicios. No nos cuesta nada ser amables, y para la otra persona puede significar una gran diferencia. Además, yo prefiero quedar en la memoria de alguien como una cliente paciente (que no es lo mismo que complaciente), que como una clienta latosa y enojona.

¿A ti cómo te gustaría que te recordarán como cliente?

Esperando.

Hace un par de semanas fui al centro comercial, y debo decir que no me sorprendió que ya tuvieran una sección con las decoraciones para navidad. Igualmente, hace ya unos días que escucho o veo anuncios que indican que está disponible el pan de muerto; tanto en su versión tradicional como relleno de diferentes sabores. Cabe resaltar que estamos en septiembre.

No me mal interpreten, a mi también me gusta mucho el pan de muerto, y la navidad es una época que disfruto bastante. Pero, creo que esa sensación agradable se deriva en parte de que es algo que tengo que esperar, algo que sucede cada año y por tanto es una ocasión diferente. Pero en este mundo de la inmediatez, donde todo tiene que ser ya; cada vez queda menos espacio para el arte de la espera.

Sí, esperar es un arte, y podría decirse que es también una disciplina. No por nada grandes civilizaciones alrededor del mundo han desarrollado numerosas prácticas para cultivar la virtud de la paciencia. Quizás por eso también es que a últimas fechas han ganado relevancia aplicaciones y cursos que se enfocan en temas como la meditación y la atención plena (más conocido por su terminó en inglés, mindfulness). Inconscientemente, sabemos que no podemos sobrevivir al ritmo de vida tan acelerado que hemos creado, y hemos buscado pequeños remansos o actividades que nos permitan aminorar el paso. Pero temo que realmente se han quedado pequeños.

Es cierto que, de acuerdo tanto a las prácticas tradicionales como a recientes estudios; si practicamos constantemente esos pequeños actos de paciencia y calma, será más fácil que los apliquemos a nuestra vida cotidiana, aún y cuando no sea en su totalidad. En lo personal puedo confirmar que esto es cierto, pero también es verdad que eso exige una gran fuerza mental y de voluntad; y de nuevo el ritmo de vida que llevamos nos deja con muy poco de ambas. Haciendo una analogía con la teoría de las cucharas de la psicología, tenemos que decidir a cuáles de las múltiples situaciones aceleradas del día vamos a dedicarle el esfuerzo que implica el arte de la paciencia.

Se podría pensar que algo tan disruptivo como la pandemia del COVID-19 debería haber influido en enseñarnos la necesidad de la espera y la paciencia, pero creo que ha sido todo lo contrario. El estar en nuestras casas nos hizo consumir bienes tangibles e intangibles (como las series) a una velocidad mucho más rápida, y ahora que la pandemia ha amainado; esa necesidad creada sigue ahí y exigimos que sea satisfecha. No por nada la crisis de la cadena de suministro ha sido tan severa.

Claro, como ya dije no todo ha sido para mal. Se puede ver que en diferentes ámbitos están surgiendo iniciativas contra corriente que tratan, justamente, de hacernos ver la necesidad de vivir una vida con más calma; dando tiempo al tiempo como diría mi abuela. Falta ver cuáles son los resultados finales de estas iniciativas; pero sinceramente creo que no podremos librarnos de que para principios de diciembre ya estén anunciando, ahora, la rosca de reyes.

¿Consideras que en tu día a día prácticas el arte de la espera?