A mi gatita, como a todos los felinos domésticos, le gusta dormir en casi cualquier lugar. En las sillas del comedor, en una maceta del patio, ocasionalmente en su cama, y las más de las veces en las nuestras. Es verdaderamente interesante descubrir en todos los lugares que puede acurrucarse.
Eso sí, cuando ya es “hora de dormir”, ella tiene un lugar preestablecido para esto. Ese lugar no es mi recámara. Les mentiría si les digo que eso no me duele en veces, pero a la vez la entiendo. Ella prefiere dormir en el primer piso, donde tiene su fuente de agua y su arenero cerca. Logísticamente, es mejor para ella; y sabe que mi mamá también duerme abajo así que sabe que está a salvo.
Pero, ¿sabes? Cuando por cualquier cosa sus rutinas cambian, o mi mamá no está, o tenemos visitas, o cualquier otra cosa que la perturbe; mi gatita viene a dormir a mi recámara, a mi cama. Ella sabe que cuando su pequeño mundo está desacomodado, puede ir conmigo y yo la cuidaré.
¡Ajá!, he aquí otra prueba de lo desafanados que son los gatos, te trata como su segunda opción; dirán los detractores de la familia Felidae. Yo no lo veo así, muy al contrario. Ella ya tiene una rutina y unas preferencias establecidas, que yo respeto y entiendo. Pero, yo soy su primera opción cuando ella necesita sentirse un poco más protegida y amada que de costumbre; y confía en que yo estaré ahí para cuando ella necesite. Soy un lugar seguro al cual acudir.
Ser eso, un lugar seguro para ella y para mis personas especiales, es algo que me da mucha felicidad. Porque al final del día, de eso se trata esto; de tener lugares a los que puedas acudir cuando ya no te sientas tu misma, y reencontrarte. Y también en los días que te sientas más tú, y poder compartir la dicha de tu vida.
Por supuesto, para que esos lugares existan debes cultivarlos en el día a día. Por eso yo juego con mi gatita a diario, y me aseguro que su fuente esté llena. También por eso me platico platico con mi hermano y mi hermana; y con mis amigas mantengo comunicación sobre cómo están sus vidas. Por supuesto, también esto implica días en que hacemos cosas fuera de la rutina, para crear memorias especiales. Y ciertamente hay días en que pasamos un poco de largo los unos con las otras. Así es la vida, no siempre se puede el plan A.
Pero lo importante es saber que, cuando realmente lo necesitamos, tenemos un lugar al cual dirigirnos; aunque no sea nuestra residencia habitual. Tal vez eso es lo que debamos aprender e internalizar, que ocupar un lugar especial en la vida de alguien no siempre significa ocupar el primer lugar.
¿Tú eres un lugar seguro?

