Retroceder para avanzar.

Cuando estudiaba la secundaria, tomé el taller optativo de mecanografía, el cual por supuesto es completamente arcaico hoy en día. Sin embargo, debo decir que el mismo me ha servido bastante con el pasar de los años; prueba de ello es que tengo una buena velocidad de escritura sin errores.

Supongo que esto último se debe a que, en aquel tiempo, cualquier error era difícil de enmendar. Pese a que a mí me tocaron ya aquellos cuadritos blancos correctores, la realidad es que si se notaba dónde te habías equivocado. Y si el error consistía en que habías omitido una palabra o algo similar, la verdad es que en ocasiones era mucho más sencillo empezar de cero.

Pero entonces, maravilla de maravillas, llegaron las computadoras. Si bien las primeras de su tipo, y sobre todo las primeras que fueron accesibles al público en general, tenían bastantes detalles que harían respingar a los jóvenes digitales de ahora; tenían una amplia gama de ventajas. Una de ellas era que, si te equivocabas al escribir un documento, con unos pocos clics a la tecla “retroceso” (que todo mundo le decimos borrador) la cosa quedaba resuelta. De esta forma, se eliminaron muchos re trabajos, y la gente pudo ocupar su tiempo en pensar sobre lo que estaba escribiendo, o bien dedicarlo a otras actividades.

Eso es lo que debemos buscar con las innovaciones que se van proponiendo en los diferentes campos: que los errores sean fáciles de corregir. Pero es que entonces a las personas ya no les va a importar hacer las cosas bien, dirán algunos; total hay soluciones fáciles para todo, continuarán.

Puede que esto sea cierto en alguna medida, pero lo que también es cierto es que las personas estamos más dispuestas a intentar algo nuevo si el costo de que no nos salga bien no es excesivamente elevado. Yo por ejemplo no sé si me hubiera animado a escribir este blog si no contará con una herramienta que me permitiera cambiar mis ideas de forma rápida y sencilla.

Pasando al plano industrial, que hoy en día se puedan usar impresoras 3D para crear prototipos de diversas piezas, y que si estas no sirven se pueden reciclar y empezar de nuevo, ahora con más conocimiento, a un costo mucho menor que el de hacer una pieza real con los materiales que se pretende usar; ha permitido a las ingenieras y desarrolladores encontrar muchas formas de mejor un proceso sin por ello incurrir en costos elevados. Naturalmente, esto ha llevado a importantes innovaciones en muy diversas formas.

En el ámbito de los negocios se han desarrollado iniciativas como los famosos hackatones, en los que los participantes pueden poner a prueba su idea de negocio sin poner en riesgo su capital. Así, los errores que comente se vuelven verdaderas oportunidades de aprendizaje que les permite refinar sus estrategias y modelos, dándoles mayor posibilidad de éxito cuando salgan al mundo real.

Entonces, se puede ver que el que los errores no se consideren como catastróficos, incita a las personas a experimentar. Y es de esta experimentación que salen después las innovaciones que nos hacen la vida más sencilla y llevadera. Así pues, promovamos no sólo una cultura donde se acepten los errores, sino que también nos brinden las herramientas necesarias para que estos puedan convertirse en la base de mejores resultados.

¿Tú qué error quieres cometer?

La Ley del Intercambio No Equivalente.

Para lograr algo, tienes a la vez que dar algo. Por ejemplo, si decides estudiar una maestría; tienes que aceptar que eso implicará dedicar una parte de tu tiempo a estudiar, hacer trabajos y tareas. Así mismo, tendrás que ser consciente de que ya no podrás aceptar ciertos planes espontáneos con tu familia y/o amistades; y que quizás durante tus vacaciones tengas que atender alguna clase virtual o conectarte con tu equipo de trabajo. Más aparte, claro, el costo económico que una maestría implica.

Sin embargo, tú sabes que todos estos sacrificios traerán una recompensa. En primer lugar, tendrás la satisfacción de haber logrado tu objetivo; así como de tener conocimientos nuevos. En un plano más práctico, tener esa maestría te ayudará a lograr otros retos profesionales, como el aplicar a un ascenso o quizás impartir clases como algo adicional a tu trabajo actual. Es en ese momento que dirás que todo ha valido la pena.

Ahora, la realidad no es siempre tan lineal como parece. Tal como le ocurre a Edward Elric, protagonista del famoso anime Fullmetal Alchemist; conforme vamos creciendo y ganando experiencia, nos damos cuenta que no siempre nuestro esfuerzo se verá recompensado, o al menos no de la manera que esperamos. En el ejemplo que hemos mencionado, puede que el tener una maestría no sea suficiente para encontrar un mejor trabajo, pues hay muchos factores externos en juego. E incluso, si se logra conseguir ese trabajo, puede que conforme pase el tiempo sintamos que el mismo no “compensa” todo el esfuerzo que pusimos en conseguirlo.

No obstante lo anterior, sigue siendo cierto que para lograr algo, se tendrán que hacer sacrificios en el camino. El problema ocurre cuando las personas haciendo los sacrificios, no son las mismas que obtienen las recompensas. Y lo más terrible es que, en muchos casos; esas personas llevan pagando el precio durante mucho tiempo.

Pongamos por caso los proyectos de desarrollo de los “primeros cuadrantes” de varias ciudades, tanto en México como en otras regiones. Durante años, las zonas centro de las ciudades fueron descuidadas por las autoridades, dejando que los edificios que las conformarán se deterioran grandemente; a la vez que se volvió peligroso transitar por sus calles durante ciertas horas de la noche. Todo esto debió ser soportado por las personas que se quedaron ahí, ya sea por su trabajo o por su hogar; en este último caso teniendo las personas además que incurrir en un gasto de transporte e inversión en tiempo para poder desplazarse a los centros educativos y de trabajo que se fueron dando en los lugares más nuevos de la ciudad. Ciertamente, vivir en esa zona era más económico que en otras colonias o barrios más modernos, pero aun así implicaba un costo de vida que muchas veces no se consideraba en toda su dimensión.

En años recientes, las autoridades iniciaron con varios proyectos de renovación a esos centros históricos; renovando edificios, promoviendo actividades culturales, convirtiendo algunas calles en áreas peatonales, entre otras muchas. En la mayoría de los casos, estas iniciativas han tenido los resultados que se esperaba; promoviendo que varias comercios locales, nacionales e incluso internacionales de prestigio decidan abrir sucursales en la zona.

Sin embargo, todo este “progreso” ha sido pagado por las personas que durante años tuvieron que pagar el deterioro en que se había dejado a esas zonas, dándose el fenómeno de la gentrificación. Por ejemplo, en la Ciudad de México, la emblemática Colonia Roma ha pasado a ser una de las más cotizadas para vivir por personas extranjeras; resultando que el costo de la renta de casa habitación haya tenido un aumento de entre 20% y 30%, según datos de 2023. Por supuesto esto no representa un grave problema para los recién llegados, pero para las familias que llevan años viviendo ahí, ha sido un duro golpe a su economía. Muchas de ellas han tenido que desplazarse a zonas más alejadas, pero más accesibles; pero lo que no ha variado es el costo de transporte e inversión en tiempo que deben seguir realizando para acudir a opciones de esparcimiento, educativas o de trabajo, solo que ahora, en lugar de ir solo hacia afuera, van también al centro.

En el párrafo anterior menciono que las personas desplazadas vuelven al centro para poder atender opciones de esparcimiento, pero otro efecto de la gentrificación es que esas nuevas realidades no pueden ser disfrutadas por todos por igual. Un ejemplo es un edificio en mi ciudad, cerca de la Catedral, donde hace más de 30 años había un café local, que si bien era frecuentado por políticos; cualquier visitante era bien recibido. Lamentablemente el negocio no resistió los embates del tiempo. Recientemente, luego de la renovación de dicho edificio que actualmente alberga oficinas en sus pisos superiores; se instaló un nuevo café en su planta baja. Es un Starbucks.

No me malinterpreten, yo estoy a favor de la renovación de los centros históricos de las ciudades, y me gusta ir a los lugares nuevos (locales o no) que se han abierto gracias a ello; de la misma forma que apoyo otras iniciativas de mejora en otros aspectos. Pero creo que es necesario que nos tomemos un momento para reflexionar el costo que dichas mejoras implican, y quiénes realmente los están pagando en el corto y largo plazo. Quizás así podemos hacer una mejor distribución de ese costo, y procurar a la vez que todas las personas involucradas se beneficien de esas iniciativas, en lugar de solo ponernos unas gafas oscuras y disfrutar de la diversión.

¿Tú qué casos conoces en que el progreso no ha sido equitativo?