Relaciones con estilo.

Desde hace más de 12 años voy a arreglarme el cabello con la misma estilista. Es una chica con bastante talento, y con una actitud muy positiva hacia la vida, lo cual nos ha permitido formar una bonita relación.

Esto ha sido bastante útil dado las múltiples veces que he experimentado con mi cabello. Desde los famosos undercuts que estuvieron tan de moda hace unos años, hasta teñirme el cabello en tonos púrpura; e incluso en alguna ocasión de un rosa chicle. En todos esos cambios ella me ha acompañado, entusiasmándose cada vez que me animo a probar algo nuevo, y posteriormente con el resultado obtenido.

Sin embargo, también ha habido ocasiones en que yo llego con ideas de que hacerme; y ella me comenta que no son una buena idea. Como ya llevamos tiempo de tratarnos, sabe cómo es mi cabello y cómo reacciona ante diferentes cosas; pero además me conoce a mí y sabe que por ejemplo en la mañana no dispongo (o no quiero disponer) de mucho tiempo para dedicarle a mi cabello. Así pues, a lo largo de estos años me ha dicho que tal o cual corte no me conviene porque su mantenimiento es complicado; o bien que un estilo puede verse bien ahora, pero al momento de que el cabello vuelva a crecer será difícil de sobrellevar.

Al final la decisión es mía sobre si intentar o no un nuevo estilo, pero ella me da una opinión honesta del por qué sí o por qué no puede funcionar; pensando en lo que es mejor para mí.

Creo que todas las relaciones deberían ser como la que yo tengo con mi estilista. Una relación franca y sincera, en la que las personas se emocionen por tus proyectos, te animen durante el proceso de conseguirlos, y se entusiasmen con el resultado final. Pero, también que puedan decirte cuando tal o cual proyecto no es bueno para ti; que quizás las circunstancias actuales de tu vida te hagan creer que sí, pero que en realidad es algo que se aleja de lo que tú eres en esencia.  

Si después de todo decides irte por ese camino, y las cosas no funcionan, también es importante que esas mismas personas estén ahí para ti, no para decir “te lo dije”; sino para ayudarte a sobrellevar la tristeza que estás sintiendo, y también apoyarte a levantarte y arreglar lo que se haya desacomodado en tu vida. Y aún más importante es que tus personas queridas hagan justamente eso, cuando el proyecto que iniciaste era bueno, pero que, por azares del destino, no funcionó como tu esperabas.

Pero para que las personas con las que convives puedan hacer todo esto, tu debes estar dispuesta a recibirlo. Ya lo he venido diciendo, las decisiones son tuyas al final del día, y ciertamente no debes dejar que sean las opiniones ajenas las que definan cómo vives tu vida. Sin embargo, escuchar y atender la opinión de quienes te quieren bien, te ayudará a evitarte muchos dolores de cabeza; y a que las buenas experiencias sean aún mejores.

¿Qué es difícil luego saber quién te dice las cosas con buena intención, y quién no? Pues claro que lo es, sino no habría tantos libros de autoayuda, canciones de despecho, y las psicólogas ciertamente podrían descansar un poco. Pero así esto, vamos aprendiendo sobre la marcha. Lo bueno es que, así como con el cabello, siempre podemos elegir un nuevo estilo la próxima vez.

¿Tú qué estilo quieres probar?

Un propósito, varios caminos.

Hace unas semanas leí esta frase de Arianna Huffington: “Puedes completar un proyecto, dejándolo”. Raras veces me encuentro con frases como esta, en las que en cierta forma se les dice a las personas que está bien dejar algo “a la mitad”, sobre todo si ese algo no te está haciendo bien. En una época en que la mayoría de las personas nos trazamos metas para el próximo año, creo que esto es una buena idea para tener en mente.

Con esto quiero decir que debemos entender esas metas o propósitos como nuestra guía de qué queremos lograr; mientras que las formas de lograrlo serán los proyectos que emprendamos en el año. Estos últimos son los que debemos ver como flexibles, para que se vayan adaptando a la realidad de nuestro día a día, y que incluso puede ser que con el paso del tiempo ya no sean viables o favorables para nuestras metas. Pero los propósitos deben de seguir ahí, porque al final del día representen lo que es importante para nosotras.

Por ejemplo, hace unos años uno de mis propósitos fue tener una más balanceada, y decidí acercarme a una profesionista de la salud mental para ello. La realidad es que nunca conectamos, y debido a esa falta de conexión no podíamos abordar apropiadamente aquellos temas que a mí me interesaban; así que decidí dejar la consulta luego de un tiempo, puesto que la misma no estaba sirviendo para mi propósito. Sin embargo, como para mí seguía siendo importante el tener una mejor vida, recurrí a otras instancias para lograrlo; incluido ir con otra psicóloga con la que sí pude entablar una relación armoniosa. Como por supuesto la meta que me tracé es muy amplia, a lo largo de los años he ido tomando más proyectos que me permitan alcanzara, y varios de esos se han quedado un poco en los estados iniciales porque al llevarlos a cabo me di cuenta que no era particularmente algo que yo quisiera continuar.

¿Estuvo mal que haya iniciado esos proyectos, aunque no los haya terminado? No, por el contrario, creo que tuvo beneficios. Por un lado, como ya dije, me permitió darme cuenta de ciertas cosas que no van conmigo, por lo que pude emplear mi energía en buscar cosas que sí me hagan sentir bien. Pero, además, el poco o mucho tiempo que les dediqué, me permitió aprender conceptos, ideas, habilidades, y muchas otras cosas que me siguen sirviendo en mi vida diaria. Por ejemplo, en un curso de religión que quedó inconcluso aprendí algunas ideas sobre cómo ser mejor profesionista; y en el primer y único curso de Reiki que he tomado aprendí sobre la necesidad de no quedarnos con los problemas de la gente a la que ayudamos.

Cómo estos tengo varios ejemplos de proyectos que han ido quedando en diferentes etapas de desarrollo, como también tengo otros varios que he concluido satisfactoriamente como luego dicen; y cada uno de ellos me ha ayudado a lograr mis propósitos a corto y largo plazo. Así pues, en este año que empieza, espero poder emprender más proyectos que me acerquen a las mismas; e igualmente ser capaz de identificar cuáles ya no sirven a estas, y tener la capacidad de aceptarlo y dejarlos ir. Al fin y al cabo, siempre puedo iniciar otro proyecto, ahora con más experiencia; pero el tiempo dedicado a un mal proyecto no lo puedo recuperar.

¿Qué proyectos planeas dejar este año?