Decisiones en conjunto.

Es verdad, el primer y más importante criterio que debes considerar para tomar una decisión, es el tuyo propio. Qué carrera estudiar, si quieres casarte o no, y en su caso con quién; mudarte a otra ciudad, estado o país; y muchas otras más decisiones que la vida nos va presentando, debes de tomarlas con tu presente y futuro en mente. Al final del día, quien va a tener que vivir con los resultados de las mismas, eres tú.

Pero, tampoco puedes fingir que esas decisiones no tendrán repercusiones en la vida de otras personas. ¿Debería esto ser un impedimento para que aun así tomes la decisión que a tu criterio es la mejor? En general, no, no debería serlo. Sin embargo, y dependiendo de la magnitud de la decisión, es algo que debes considerar en tu tabla de pros y contras; y que definitivamente debes compartir con tu círculo inmediato o de interés.

Por ejemplo, si decides estudiar un curso y compartes casa con otras personas (tu familia nuclear, compañeros de casa, tu esposo, etc), tendrás que comunicar que ciertos días a la semana no estarás disponible. Eso implica que ese día tu red de apoyo tendrá que “cubrirte” en actividades que usualmente haces; o en su defecto apoyarte en cosas que tú haces para ti misma (como preparar tu comida para el día siguiente). Si la relación que tienen es buena y estable, no debería significar un mayor problema; pero aun así es tu responsabilidad comunicarlo y comentar el apoyo que podrías necesitar.

Así mismo, y creo que esto es fundamental, debes aceptar que, pese a que tu red de apoyo esté dispuesta a, justamente, apoyarte; habrá ocasiones en que no será posible. Siguiendo con el ejemplo anterior, si tu hermana te está apoyando con lavar los trastes el día que tomas clases, pero en alguna ocasión ella tiene que atender un compromiso personal; será tu responsabilidad encontrar el tiempo para atender tus clases y lavar los trastes.

De igual forma, pese a que puedas argumentar que ahora tienes más actividades que cumplir, debes buscar la manera de compensar tu “ausencia” a las personas con quienes compartes tu vida. Si tu compañera de casa accedió a hacer más parte de los quehaceres cuando asistes a clases; cuando tú estés de vacaciones lo apropiado sería que durante esos días te encargues de más responsabilidades de la casa. Después de todo, así como ella es parte de tu red de apoyo; tu eres parte de la de ella.

En fin, lo que trato de decir es que independientemente de quienes lo conformen, todas formamos parte de un sistema que nos permite avanzar. Si tomamos consciencia de esto y permitimos que cada parte se sienta respaldada a tomar las decisiones apropiadas para sí mismas, el sistema irá mejorando en su conjunto para beneficio de todas. Porque sí, tú eres quien finalmente tendrá que vivir con las consecuencias buenas y malas de tus actos, pero en ambos casos es mejor tener con quien compartirlas.

¿Tu tomarás alguna decisión pronto?

Eclipse personal.

Este próximo 8 de abril habrá un eclipse total de Sol, el cual será visible en buena parte de Norteamérica. Debido a que este tipo de eclipses son bastante raros (de acuerdo con la Nasa el siguiente eclipse total visible desde todos los estados de Estados Unidos ocurrirá en 2044); se ha levantado bastante expectativa y barullo sobre el mismo. Desde noticias señalando la venta de lentes protectores apócrifos, opiniones respecto a si las vacaciones de Semana Santa deberían extenderse un día más para disfrutar de este evento astronómico, hasta otras señalando la importancia de los eclipses para las civilizaciones antiguas.

En este último contexto, pese a la distancia geográfica y en algunos casos temporal entre diferentes civilizaciones, un tema común es que las mismas asociaban estos fenómenos con un estado de incertidumbre, pues se creía que el Sol era atacado por fuerzas malignas y oscuras, poniendo en peligro la continuidad de la vida. Es por eso que los mayas llamaban a este fenómeno “Sol Roto”, y había que hacer una serie de rituales para fortalecer a Kinich Ahau (deidad solar) durante su lucha,lucha, y así garantizar su triunfo.

Una ventaja de los mayas es que sus observaciones astronómicas les permitían predecir este tipo de fenómenos con gran exactitud, como se comprueba en el Códice de Dresde, por lo que podían planear con antelación lo necesario para dichos rituales y sacrificios; e incluso los iniciaban poco antes del eclipse para mayor seguridad. Lamentablemente, a diferencia de ellos, nosotras no contamos con las herramientas que nos permitan predecir cuándo tendremos nuestros eclipses personales. Podemos analizar patrones para decir si las cosas están siendo más difíciles que de costumbre, pero es complicado definir qué será aquello que nos quebrará; sobre todo porque podría ser algo incluso intrascendente en el momento.

¿Qué hacer entonces? Aprender de dichas civilizaciones y poner en práctica rituales con antelación. Cosas tan aparentemente sencillas como procurar mantener una rutina de sueño, comer adecuadamente y en horarios regulares, y activarnos físicamente en nuestro día a día son fundamentales para fortalecernos y estar preparadas ante alguna crisis. Si a eso le sumamos dedicarnos tiempo para apreciar las pequeñas cosas de la vida, tener conexiones de calidad con nuestros seres queridos, practicar algún pasatiempo que fomente nuestra creatividad, llevar un diario de gratitud y felicitaciones, entre otras actividades de auto-cuidado; entonces estaremos en mejor posición de afrontar esos momentos de oscuridad e incertidumbre.

Finalmente, pero no menos importante, debemos también tener la humildad y valor para reconocer que requerimos ayuda para poder prepararnos. Como ya he dicho en ocasiones anteriores, que nuestras redes de apoyo tengan un profesionista de la salud  y la espiritualidad (llámese psicóloga, coach, guía espiritual, etc), las vuelve más fuertes. Después de todo, en los tiempos antiguos, eran los sacerdotes, personas sabias y preparadas, quienes apoyaban al pueblo tanto en la preparación de los ritos como durante el momento del eclipse. No veo porque nosotras no podamos buscar a sus equivalentes modernos.

Tal como se comentó en párrafos anteriores, los eclipses totales de Sol son bastante raros; pero no así los eclipses personales. Aprovechemos la oportunidad que este fenómeno astronómico nos brinda para tener un momento de introspección, y así estar preparados para cuando nuestro sol se rompa. Pero también, y eso es lo más importante, para prepararnos para el nacimiento de un nuevo Sol.

¿Cómo será tu nuevo Sol?

Estoy en tu esquina.

Tengo la fortuna de contar con familia y amigas que tiene talentos y habilidades que son completamente ajenas para mí. Por ejemplo, una amiga arquitecta diseña planos para diversos tipos de construcciones, y yo la sufro para dibujar un círculo medio decente. De igual forma, mi mamá es doctora; y yo no soporto ver sangre. Por estos motivos y otros más, tengo un gran respeto por el trabajo que hacen; y me maravilla sobremanera la forma en que trabajan sus mentes.

Sin embargo, como a todas las personas, hay ocasiones en que las cosas no les salen como esperaban, y tienen pequeñas o grandes crisis a resolver. Y en todos esos casos, siempre les pregunto si puedo ayudarles. Estoy consciente de que, de manera objetiva, no tengo los conocimientos o habilidades para luchar por ellas, o incluso a su lado. Quiero decir, cuando el sistema se traba, yo soy la que le habla a mi amiga de TI para que me termine la sesión; así que, si de repente el sistema se cae por completo, no hay mucho que pueda hacer para ayudarla.

¿Pero sabes que sí puedo hacer? Puedo ir y comprarle un refresco y un chocolate para que tenga energía mientras descubre cuál es la causa del problema. O puedo darle mi opinión a mi hermano sobre un anuncio que va a poner en redes sociales. También puedo estar atenta a ejemplos de campañas de mercadotecnia que le servirían a mi amiga que da clases en la universidad, para que pueda agregarlas a los ejemplos que usa con sus alumnos.

 O como último, pero quizás más importante, puedo escucharles. Después de que resuelven su problema, o mientras lo hacen si es algo que va a tomar tiempo, puedo dejar que se desahoguen conmigo sobre lo frustrante que fue/es la situación, de lo cansadas que están, ofrecerles alguna idea para que su salud mental no se vea tan afectada; en fin, ofrecerles mi apoyo y consideración.

Volviendo al punto anterior, entiendo que esto no soluciona los problemas, pero saber que tienes a alguien en tu esquina, hace que las cosas se vean menos negras y que puedas levantarte para seguir intentándolo. Lo sé, porque todas estas personas que son importantes en mi vida, me han ofrecido ese mismo apoyo en momentos difíciles, y es gracias a ellas que no he colapsado. Por eso mismo, aquí y en otras instancias, abogo tanto por la necesidad e importancia de las redes de apoyo, del sentido de comunidad que hemos ido perdiendo en la vorágine de la modernidad. Es gracias a estas redes de apoyo que podemos no solo sobrevivir, sino también disfrutar de nuestra vida.

Por esto, te convido a que cuides a tu red. No tiene que ser muy grande, y puede ser tan variada como tú quieras. De igual forma, esa red puede incluir a personas como tu psicóloga o terapeuta, porque en ocasiones necesitamos también a alguien que nos birnde un apoyo digamos técnico.

Pero lo más importante es que, una vez que tienes a tu red, la tengas como una prioridad en tu vida. La dinámica de la misma irá cambiando de acuerdo a las circunstancias, pero tener un lugar seguro al cual acudir, para poder reír y llorar sin preocupaciones, es un regalo que todas debemos darnos.

¿Cómo puedo ayudarte?

Tiempo de floración.

Por diversos motivos, no había podido ocuparme de mis plantas de la manera en que usualmente lo hago, pues incluso me había saltado uno o dos días en su ciclo de riego. Las había visto un poco al pasar y se veían bien, considerando el clima que habíamos tenido en la semana y demás. Sin embargo, hoy que pude dedicarles un poco más de tiempo, me di cuenta de que realmente no estaban bien.

Aparte de que les faltaba más agua de lo que parecía, una tenía algunos tallos dañados (no sé si por mi gatita o por el viento), otra tenía su maceta sucia, y una más había derramado agua y se había formado un poco de sarro en el piso. Mientras las atendía, recordé que un psicólogo me había dejado alguna vez la tarea de adoptar una planta, y tratarla como una representación de mi bienestar y felicidad, esto para lograr la moraleja de que tienes que dedicar tiempo a atenderte y cuidarte para poder florecer. Creo que esta vez entendí más cosas, y de manera más profunda, de ese ejercicio.

Por un lado, entendí que muchas veces las personas nos vemos como mis plantas: aparentemente todo está bien, nos vemos saludables y pareciera que tenemos lo necesario. Pero si miramos más de cerca, nos damos cuenta de que realmente tenemos algunas hojas marchitas, y que nos falta un poquitín más de agua. En otras palabras, no estamos floreciendo, solo estamos manteniéndonos; y si la situación continúa, es posible que enfermemos.

Lo mismo sucede con las personas: avanzamos en nuestro día a día, cumpliendo con nuestras obligaciones, tomando las vitaminas de la mañana y haciendo un esfuerzo por, ahora sí, agendar la cita con la dentista en la semana. Pero en realidad nos sentimos cansadas, y no solo físicamente, sino también en lo emocional y mental. Buscamos dormir una hora más el fin de semana con la esperanza de que eso nos ayude, cuando en realidad sabemos que se requiere un cambio más profundo para sanar y crecer. Pero en eso suena la alarma del reloj y volvemos a distraernos con llevar la ropa a la tintorería, terminar el reporte semanal, ver el nuevo capítulo de la serie que medio vemos, y demás cosas. En resumen, solo existimos, pero no florecemos.

Otra cuestión sobre la que estuve reflexionando fue que, usualmente, mi madre y yo nos apoyamos con el cuidado de las plantas. Si yo tuve un día acelerado y olvidé regar las plantas que son mías; ella se ocupa de hacerlo. De igual forma, cuando ella tiene algún contratiempo, yo procuro que el jardín esté regado y sin basura que pueda caer de la calle. Pero ahora, por diversas causass, mi mamá tampoco ha podido estar al pendiente de mis plantas; lo que ocasionó que llegáramos a la situación que describí en un principio.

Esto me lleva a pensar que, si bien nuestra felicidad y bienestar son asuntos propiamente personales, no por eso tienen que ser individualistas. Con esto me refiero a que debemos permitir que otras personas nos apoyen, pues puede ser que ya estemos tan acostumbradas a vivir en “automático”, que no veamos los signos de que nos estamos marchitando. Si bien, idealmente, esas personas deberían ser nuestra familia y amistades en primera instancia; también es bueno reconocer que ellas también sus problemas y necesidades, por lo que debemos estar abiertas a recurrir a un profesional de la salud para que nos apoye a mejorar antes de que la situación empeore. Como he dicho antes, lo importante es formar redes de apoyo que nos den seguridad, y también nos atrapen si llegamos a caer.

Mis plantas ya están mejor, pero será necesaria constancia y disciplina de mi parte para que vuelvan a estar saludables. Lo mismo pasa conmigo, lo mismo pasa contigo. Quizás algunas necesidades si tengan una solución rápida (si tienes hambre, come); pero si no analizamos y afrontamos la causa de esa necesidad (¿Por qué no me doy el tiempo para comer?), entonces nos la pasaremos haciendo arreglos rápidos pero que ocultan un problema mayor que puede complicarse con el tiempo. Pero, si estamos dispuestas a ir al meollo del asunto, y corregir en el largo plazo, los beneficios serán duraderos.

En fin, sería bueno que nos demos el tiempo y espacio para atender nuestro proceso de floración, y descubrir cómo luciremos al lograrlo.

¿Cómo están tus plantas hoy?

Líneas convergentes.

Ayer domingo 12 de agosto fue el Día Internacional de la Juventud, un día señalado por la ONU como una oportunidad para reconocer los desafíos que afrontan las personas jóvenes, así como para buscar acompañarles en su camino de crecimiento y maduración. De acuerdo con el mismo organismo, se considera como jóvenes a aquellas personas entre los 15 y 24 años de edad. Sin embargo, dicho rango de edad difiere en cada país, por ejemplo, el Instituto Mexicano de la Juventud lo establece entre los 12 y 29 años de edad; aunque también es cierto que en el acontecer diario se usan expresiones como adultos jóvenes para identificar al grupo de personas entre los 25 y 30 años. Además, un poco mucho en broma, las personas de más edad suelen decir que aquellas de 30 y tantos años aún son unos jovencitos; para dar a entender que ellas mismas son jóvenes aún.

Esto último es parte de una serie de estereotipos y prejuicios que se conocen como edadismo, que en este caso se manifiesta como una aversión a envejecer, puesto que se considera que las personas mayores ya no pueden aportar nada a su familia ni a la sociedad; al contrario, se les llega a considerar una carga, lo que por supuesto tienen graves consecuencias en temas de salud y seguridad financiera, entre otros. Sin embargo, el edadismo también se manifiesta en acciones y actitudes discriminatorias hacia las personas jóvenes, centradas mayormente minimizar o ignorar sus opiniones en temas generales y aquéllos que les conciernen propiamente; esto contradiciendo el discurso político de “la juventud es el futuro”, pues desde un inicio se les ponen trabas para poder generar condiciones que les sean favorables en su desarrollo.

Cómo podemos observar, dos grupos sociales que por lo general tienden a ubicarse en sentidos opuestos de la línea temporal, realmente cuentan con muchas similitudes. Ambos grupos experimentan cambios físicos y mentales relacionados con su edad, lo que muchas veces provoca angustia y desazón. Por otro lado, a esa edad las personas también se enfrentan a cambios sociales importantes, las jóvenes porque están iniciando su camino hacia el mundo real, en el que eventualmente tendrán que tomar decisiones que impactarán su futuro personal y colectivo; mientras que las personas mayores deben ver como el mundo al que estaban acostumbradas va cambiando como producto de los nuevos avances científicos y tecnológicos, y deben encontrar la manera de adaptarse a dichos cambios. Ambos casos requieren bastante resiliencia, algo en lo que los adultos mayores tienen más experiencia en la mayoría de las ocasiones.

Las comunidades de antaño sabían esto mismo, y por lo mismo procuraban una interacción constante y beneficiosa entre ambos grupos. Los maestros artesanos acogían como aprendices a las personas jóvenes para que pudieran aprender los oficios necesarios para la continuidad de la comunidad. Antes, el ser enseñado por los ancianos y ancianas del grupo era todo un honor, pues se respetaba la experiencia y conocimientos que habían adquirido durante su vida. De igual forma, se ponía especial empeño en preparar a los y las jóvenes del grupo para que llegado el momento pudieran guiar a la comunidad en momentos difíciles. La reestructuración social que trajo el individualismo y la familia nuclear, significó un sesgo a esta convivencia; y las consecuencias son evidentes. Quizás la mayor tragedia derivada de esto es que actualmente contamos con dos grupos que experimentan una alta ansiedad respecto al futuro, pero están tan apartados el uno del otro que no pueden apoyarse mutuamente.

De manera curiosa, en México el Día de los Abuelos se celebra el 28 de agosto, una quincena después de que el mundo celebra a la juventud. Me parece que sería pertinente que, aprovechando esta coincidencia, como comunidad busquemos fomentar espacios de interacción entre las personas jóvenes y las personas mayores; en lugar de hacerlo en días separados que las más de las veces caen en estereotipos que en nada favorecen a ninguno de los grupos ni a la sociedad en general. Quizá algún evento en el que se combinen pruebas físicas con preguntas relacionadas con la historia de la ciudad, o conversatorios sobre temas que afecten a ambos grupos (la inclusión laboral, por ejemplo), o cualquier otra modalidad que fomenten el intercambio de ideas y convivencias. Después de todo, el mundo es bastante complicado de por sí; así que lo mejor que podemos hacer es crear y fortalecer tantas redes de apoyo como sea posible.

¿Tú que tipo de interacción tienes con las personas mayores y las personas jóvenes?