Pese a tener cierto recelo, comencé a leer el libro La fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa. A diferencia del único otro libro que he leído del autor, este se base en hecho históricos, pues tiene como marco de referencia la dictadura que Rafael Trujillo ejerció en República Dominicana durante 30 años; siendo este uno de los personajes principales de la narración. Quizás esto evite que caiga en pasajes innecesarios que nada contribuyen a la obra, y en cambio la hacen de mal gusto.
Pero lo que sí ha lograda ya está novela es hacerme caer en cuenta de algo: no sé nada de la Era Trujillo. No recuerdo que, durante las clases de historia universal, se haya mencionado esa época; y ahora que lo pienso no recuerdo tampoco que se haya mencionado mucho la historia reciente de América Latina. Claro, estudiamos el incidente de la Bahía de Cochinos en Cuba, y hablamos sobre Fidel Castro y el comunismo; pero me parece que todo esto fue dentro del marco de la Guerra Fría, centrándonos más bien en Rusia y Estados Unidos durante esos años de tensión mundial.
Está no es la primera vez que me doy cuenta de que, en materia de historia latinoamericana, me falta aún mucho por saber. Como tantas otras cosas en mi vida, mi primer acercamiento con esa realidad desconocida ha sido a través de la literatura, como fue La Casa de los Espíritus de Isabel Allende, o La Mujer Habitada de Gioconda Belli. Después de eso, y gracias también a que durante una estancia en Estados Unidos (vaya ironía), puede encontrar diferentes publicaciones que se ocupan de las noticias de América Latina, es que he podido hilar esa primera impresión con las realidades que ahora afronta el continente.
Aún así, la historia de América Latina sigue teniendo demasiadas lagunas para mí, y en más de una ocasión no he podido ubicar algún acontecimiento importante dentro de la historia universal, y como este se alimentaba y a la vez afectaba el escenario mundial de entonces y de ahora. Estoy segura que esto no me ocurre solo a mi, sino que muchas personas de México también padecen de esta carencia. No sé si será una idea muy arriesgada, pero creo que esto en parte ha impedido la consolidación de un bloque regional fuerte; pues por mucho que los gobiernos se esfuercen, si la opinión pública no presta atención, existen pocas oportunidades de crear lazos fuertes. Y por supuesto esto no puede darse si la mayoría de las personas no tienen un conocimiento, aunque sea general, de los acontecimientos que han dado forma a la región.
Ahora con el tema del nearshoring tan de moda, así como una tendencia a la regionalización; espero se corrija esa falta en la educación de México y se nos enseñe la historia de Centro y Sudamérica. Desconozco si en esos países haya la misma omisión en cuanto a la historia de México, aunque lo considero el escenario más probable; e igualmente importante me parece que se tomen cartas en el asunto. Quién sabe, quizás ese entendimiento histórico nos permita fortalecer los puentes que se necesitan para, ahora sí, tener una América Latina fuerte y capaz de forjar su propia historia.
¿Tu conoces la historia latinoamericana?