Proteger, proveer, procrear en conjunto.

El otro día vi una publicación bastante interesante. Era una foto de alguna escena clásica, en la que un soldado, ataviado con el estilo griego/romano, está levantando un bebé que le ha entregado una mujer, quien también se aproxima al hombre. El entorno nos hace suponer que están en una casa, por lo que se infiere que el hombre ha regresado de una batalla y está siento recibido por su esposa e hijo. No venían más detalles sobre la obra en cuestión, aunque algunos de los comentarios señalaban que el guerrero era en realidad Alejandro Magno, lo cual pone un poco en duda el contexto de la imagen. Mas como dije, no me consta ni lo uno ni lo otro.


Sin embargo, lo que llamó mi atención fue el comentario del hombre que subió la publicación. Este se refería que la escena mostraba lo que era la masculinidad en su forma más alta; que era proteger, proveer y procrear. De ahí luego los comentarios de otras personas respecto a lo irónico de la situación, si es que el cuadro en verdad representaba a Alejandro Magno.


Pero más allá de ello, me quedé pensando en que en realidad esas tres palabras sí podrían aplicarse a una representación deseable de la masculinidad; siempre y cuando se vieran y vivieran más allá de la interpretación clásica que todas conocemos.
Porque sí, un compañero que te proteja es deseable. Pero no en el sentido de que te vea como una frágil doncella que no puede enfrentarse al mundo por sí misma. Más bien, que te proteja porque los dos están en esto juntos, son parte de un mismo equipo, en donde si uno se cae, el otro o lo cubre mientras se levanta, o lo ayuda a levantarse, o lo carga un rato en lo que recupera fuerzas.


Alguien que te proteja es también aquél que lo hace cuando tú no estás presente. Es alguien que no habla con malicia de ti, con amigos o con extraños. Es también quien te protege al no traspasar tus límites, quien no te hace sentir incómoda en una situación, ya sea solos o en compañía de otros. Y quizás lo más importante, un compañero que te protege también protege al resto de las mujeres, porque sabe que solo así habrá una sociedad justa en la que tú y las demás puedan estar a salvo.


De igual forma, un compañero que te provea también es deseable. Pero no que te provea de casa, comida, dinero, gustos; de eso podemos proveernos nosotras mismas. Lo que es deseable es un compañero que te provea amor, comprensión, respeto, calidez, apoyo, momentos especiales, estabilidad, aventuras, magia.


¿No son todas esas cosas, un tanto básicas en una relación? Sí, lo son. Pero lamentablemente hay muchos hombres que han sido criados en el entendimiento de que a una relación ellos solo deben aportar lo material; sin considerar que una relación sana y satisfactoria es mucho más que eso.


Vale muy bien, pero volviendo al listado, ¿no son estas cosas que también podemos proporcionarnos por nuestra cuenta? Claro; de hecho, si las mismas solo las consigues mediante una relación externa, entonces hay unas cuantas situaciones que analizar de manera personal. Sin embargo, tener en tu vida a personas cuya mera compañía te den más de todas estas cosas, sin duda la harán más rica.


Finalmente, un compañero con quien procrear también es deseable. Pero esto va más allá del engendrar hijos juntos; que puedo incluso quedarse fuera de la ecuación. Lo que se busca es alguien con quien poder crear una relación y una vida en conjunto, con todas las cosas positivas que he venido mencionando. Es crear algo que sea mayor que la suma de sus partes. Parafraseando a Robert James Waller, es crear un nosotros a partir del tu y el yo; pero sin que estos desaparezcan.


Me parece que esto último es justo el elemento que hace falta para que se pueda dar una relación sana: el entender que es una relación de dos personas libres e independientes, pero unidas por algo más que conveniencia o necesidad. Si lo vemos así, entonces se vuelve lógico pensar que ambos harán lo necesario para proteger esa relación, que proveerán lo necesario para que la misma crezca saludablemente, y así procrear una vida agradable para ambos.


Si logramos esto, estaremos entonces no solo ante una representación ideal de la masculinidad, sino de las relaciones en su conjunto.


¿Tú cómo llevas tu relación?

Relaciones con estilo.

Desde hace más de 12 años voy a arreglarme el cabello con la misma estilista. Es una chica con bastante talento, y con una actitud muy positiva hacia la vida, lo cual nos ha permitido formar una bonita relación.

Esto ha sido bastante útil dado las múltiples veces que he experimentado con mi cabello. Desde los famosos undercuts que estuvieron tan de moda hace unos años, hasta teñirme el cabello en tonos púrpura; e incluso en alguna ocasión de un rosa chicle. En todos esos cambios ella me ha acompañado, entusiasmándose cada vez que me animo a probar algo nuevo, y posteriormente con el resultado obtenido.

Sin embargo, también ha habido ocasiones en que yo llego con ideas de que hacerme; y ella me comenta que no son una buena idea. Como ya llevamos tiempo de tratarnos, sabe cómo es mi cabello y cómo reacciona ante diferentes cosas; pero además me conoce a mí y sabe que por ejemplo en la mañana no dispongo (o no quiero disponer) de mucho tiempo para dedicarle a mi cabello. Así pues, a lo largo de estos años me ha dicho que tal o cual corte no me conviene porque su mantenimiento es complicado; o bien que un estilo puede verse bien ahora, pero al momento de que el cabello vuelva a crecer será difícil de sobrellevar.

Al final la decisión es mía sobre si intentar o no un nuevo estilo, pero ella me da una opinión honesta del por qué sí o por qué no puede funcionar; pensando en lo que es mejor para mí.

Creo que todas las relaciones deberían ser como la que yo tengo con mi estilista. Una relación franca y sincera, en la que las personas se emocionen por tus proyectos, te animen durante el proceso de conseguirlos, y se entusiasmen con el resultado final. Pero, también que puedan decirte cuando tal o cual proyecto no es bueno para ti; que quizás las circunstancias actuales de tu vida te hagan creer que sí, pero que en realidad es algo que se aleja de lo que tú eres en esencia.  

Si después de todo decides irte por ese camino, y las cosas no funcionan, también es importante que esas mismas personas estén ahí para ti, no para decir “te lo dije”; sino para ayudarte a sobrellevar la tristeza que estás sintiendo, y también apoyarte a levantarte y arreglar lo que se haya desacomodado en tu vida. Y aún más importante es que tus personas queridas hagan justamente eso, cuando el proyecto que iniciaste era bueno, pero que, por azares del destino, no funcionó como tu esperabas.

Pero para que las personas con las que convives puedan hacer todo esto, tu debes estar dispuesta a recibirlo. Ya lo he venido diciendo, las decisiones son tuyas al final del día, y ciertamente no debes dejar que sean las opiniones ajenas las que definan cómo vives tu vida. Sin embargo, escuchar y atender la opinión de quienes te quieren bien, te ayudará a evitarte muchos dolores de cabeza; y a que las buenas experiencias sean aún mejores.

¿Qué es difícil luego saber quién te dice las cosas con buena intención, y quién no? Pues claro que lo es, sino no habría tantos libros de autoayuda, canciones de despecho, y las psicólogas ciertamente podrían descansar un poco. Pero así esto, vamos aprendiendo sobre la marcha. Lo bueno es que, así como con el cabello, siempre podemos elegir un nuevo estilo la próxima vez.

¿Tú qué estilo quieres probar?