Desconexión sin consecuencias.

De seguro te ha tocado escuchar que una de las maneras actuales de medir la riqueza o el lujo, es la desconexión. Esto se entiende como la posibilidad de las personas de “alejarse” del mundo y poder tomar un tiempo para descansar y recargar energías. Algunos ejemplos de esto son cuando puedes dejar tu teléfono en no molestar cuando pides la tarde del viernes libre, o bien cuando puedes evitar leer tu correo electrónico laboral durante las vacaciones.

Si bien todo lo anterior es un lujo en estos tiempos, creo que la definición se ha quedado algo obsoleta. A mi parecer, ahora el verdadero lujo es una desconexión sin consecuencias.

Porque, ¿de qué sirve que puedas no leer tu correo durante tu día libre, si al siguiente tendrás al menos 120 correos sin leer? Claro, a varios de ellos solo tendrás que contestar “enterada”, y algunos otros solo serán confirmaciones de cosas que dejaste hechas antes de irte. Pero muchos otros sí requerirán de tu atención, y para poder dar una respuesta tendrás que leer al menos 5 correos con las respuestas de las demás personas involucradas. Todo ello sin mencionar que durante el día irán llegando más y más correos; más aparte todas las actividades que tendrás que realizar durante el día.

Ciertamente, esto es una carga mental de considerar; sobre todo si eres un poco como yo y te causa cierta ansiedad el tener tu bandeja de entrada tan llena.

Pero quizás lo más preocupante de todo es que, si tu intención durante ese momento de tranquilidad era acomodarte internamente y llegar al día siguiente con una mejor actitud y una lista de cosas para mejorar; la mayoría de las veces se queda solo en eso, en una intención. En la novela “Venganza de Fuego”, se describe una escena en la que un detective acaba de enterarse de que su esposa sufre una enfermedad terminal; y durante el trayecto en ascensor no deja de darle vueltas al asunto. Pero en cuanto llega a su destino, su monólogo interior se hace añicos al ver el caos que impera en la oficina por tratar de atrapar a un asesino serial.

Esa novela la leí siendo estudiante; pero creo que tal escena es una buena representación de cómo se siente en ocasiones volver a trabajar luego de tomarte un descanso. Hay tantas cosas con las que ponerse al corriente, reuniones que coordinar, problemas que resolver, temas por analizar; que al poco tiempo de llegar tus vacaciones se ven como algo lejano, y los beneficios de las mismas se diluyen de forma impresionante. Si a esto agregamos que, en muchas ocasiones, las vacaciones laborales son para atender asuntos personales, la cosa se pone peor.

Por supuesto, existen muchas formas de mejorar estas situaciones. Por un lado, está el desarrollo de los equipos de trabajo para que la ausencia de una persona no cause estragos en los procesos, el implementar técnicas de administración del tiempo para que tu día rinda más, entre otras. Pero al final del día, por mucho que tengas en quién apoyarte para ciertas cosas; siempre habrá algo que forzosamente tengas que hacerlo tú misma, y como ya vas con días de retraso pues no queda de otra que dar un esfuerzo extra, que como ya dije se consume buena parte de aquello que recargas te durante las vacaciones.

¿Qué hacer, entonces? Honestamente, no tengo una respuesta. El mundo va demasiado rápido, e incluso intenta ir aún más deprisa; así que no se detendrá por nadie. Quizás entonces lo único que nos queda es hacer lo que los filósofos, gurús, guías espirituales y demás han venido diciendo a lo largo de los años: entrenemos a nuestra mente, a nuestra alma y a nuestro cuerpo para templares y poder aprovechar al máximo nuestros tiempos de descanso, para así poder enfrentar mejor al mundo a nuestro regreso. Solo espero que recordemos que, en algún momento, eso no será suficiente.

¿Tú cuando sales de vacaciones?