Tiempo de floración.

Por diversos motivos, no había podido ocuparme de mis plantas de la manera en que usualmente lo hago, pues incluso me había saltado uno o dos días en su ciclo de riego. Las había visto un poco al pasar y se veían bien, considerando el clima que habíamos tenido en la semana y demás. Sin embargo, hoy que pude dedicarles un poco más de tiempo, me di cuenta de que realmente no estaban bien.

Aparte de que les faltaba más agua de lo que parecía, una tenía algunos tallos dañados (no sé si por mi gatita o por el viento), otra tenía su maceta sucia, y una más había derramado agua y se había formado un poco de sarro en el piso. Mientras las atendía, recordé que un psicólogo me había dejado alguna vez la tarea de adoptar una planta, y tratarla como una representación de mi bienestar y felicidad, esto para lograr la moraleja de que tienes que dedicar tiempo a atenderte y cuidarte para poder florecer. Creo que esta vez entendí más cosas, y de manera más profunda, de ese ejercicio.

Por un lado, entendí que muchas veces las personas nos vemos como mis plantas: aparentemente todo está bien, nos vemos saludables y pareciera que tenemos lo necesario. Pero si miramos más de cerca, nos damos cuenta de que realmente tenemos algunas hojas marchitas, y que nos falta un poquitín más de agua. En otras palabras, no estamos floreciendo, solo estamos manteniéndonos; y si la situación continúa, es posible que enfermemos.

Lo mismo sucede con las personas: avanzamos en nuestro día a día, cumpliendo con nuestras obligaciones, tomando las vitaminas de la mañana y haciendo un esfuerzo por, ahora sí, agendar la cita con la dentista en la semana. Pero en realidad nos sentimos cansadas, y no solo físicamente, sino también en lo emocional y mental. Buscamos dormir una hora más el fin de semana con la esperanza de que eso nos ayude, cuando en realidad sabemos que se requiere un cambio más profundo para sanar y crecer. Pero en eso suena la alarma del reloj y volvemos a distraernos con llevar la ropa a la tintorería, terminar el reporte semanal, ver el nuevo capítulo de la serie que medio vemos, y demás cosas. En resumen, solo existimos, pero no florecemos.

Otra cuestión sobre la que estuve reflexionando fue que, usualmente, mi madre y yo nos apoyamos con el cuidado de las plantas. Si yo tuve un día acelerado y olvidé regar las plantas que son mías; ella se ocupa de hacerlo. De igual forma, cuando ella tiene algún contratiempo, yo procuro que el jardín esté regado y sin basura que pueda caer de la calle. Pero ahora, por diversas causass, mi mamá tampoco ha podido estar al pendiente de mis plantas; lo que ocasionó que llegáramos a la situación que describí en un principio.

Esto me lleva a pensar que, si bien nuestra felicidad y bienestar son asuntos propiamente personales, no por eso tienen que ser individualistas. Con esto me refiero a que debemos permitir que otras personas nos apoyen, pues puede ser que ya estemos tan acostumbradas a vivir en “automático”, que no veamos los signos de que nos estamos marchitando. Si bien, idealmente, esas personas deberían ser nuestra familia y amistades en primera instancia; también es bueno reconocer que ellas también sus problemas y necesidades, por lo que debemos estar abiertas a recurrir a un profesional de la salud para que nos apoye a mejorar antes de que la situación empeore. Como he dicho antes, lo importante es formar redes de apoyo que nos den seguridad, y también nos atrapen si llegamos a caer.

Mis plantas ya están mejor, pero será necesaria constancia y disciplina de mi parte para que vuelvan a estar saludables. Lo mismo pasa conmigo, lo mismo pasa contigo. Quizás algunas necesidades si tengan una solución rápida (si tienes hambre, come); pero si no analizamos y afrontamos la causa de esa necesidad (¿Por qué no me doy el tiempo para comer?), entonces nos la pasaremos haciendo arreglos rápidos pero que ocultan un problema mayor que puede complicarse con el tiempo. Pero, si estamos dispuestas a ir al meollo del asunto, y corregir en el largo plazo, los beneficios serán duraderos.

En fin, sería bueno que nos demos el tiempo y espacio para atender nuestro proceso de floración, y descubrir cómo luciremos al lograrlo.

¿Cómo están tus plantas hoy?

Disfrutemos lo que hacemos.

¿Les ha pasado que, cuando están planchando una camisa, ven una arruga y al tratar de quitarla, arrugan otra parte de la camisa? Eso me pasó hoy en la mañana, por tratar de arreglar una arruga pequeña; y no fijarme, termine haciendo una arruga más grande. No fue mucho, pero ciertamente es algo que pudiera haber evitado si no me hubiera concentrado solo en ese pequeño detalle que no me gustaba, o en tratar de alcanzar un planchado perfecto.

Esto me hizo pensar en una frase que leí hace poco, “Done is better than perfect”; cuya intención es hacernos ver que ciertas cosas, es mejor hacerlas, aunque no sean perfectas. Esto es algo que he visto también mucho en relación a la salud mental, sobre todo como un apoyo o aliciente para quienes están lidiando con algún problema de depresión o ansiedad. Una publicación que en particular se me ha quedado grabada es la de una persona que comparte que en cierto momento se sentía tan mal que ni siquiera tenía la energía para hacerse un sándwich, por lo que se quedaba sin comer. Entonces su terapeuta le dijo que porque no solo se comía la rebanada de jamón y las rebanadas de pan por separado; lo cual fue toda una epifanía para dicha persona.

Quizás el ejemplo de arriba sea un poco, digamos dramático, pues claro siempre es mejor comer algo que quedarse sin comer; pero la realidad es que ilustra un problema bastante arraigado en nuestra sociedad. Nos han hecho creer que, si no podemos hacer las cosas “de la mejor manera”, o como la misma sociedad piensa que debemos hacerlo, entonces no tiene caso que las hagamos. Luego por eso existimos tantas personas que dejan a la mitad su sueño de aprender a bailar o a pintar, porque en algún punto alguien les dijo que lo que hacían no era lo suficientemente bueno como para “ser visto” o considerado.

Yo jamás he sido muy coordinada, por lo que me cuesta trabajo seguir un ritmo y a la vez hacerlo de manera, digamos agraciada. Así que cuando en la escuela nos tocaba presentar algún bailable o tabla rítmica, siempre tenía mucho estrés antes de la presentación, pues me daba miedo equivocarme y hacer quedar mal a mi grupo. O bien, cuando en la clase de educación física nos tocaba hacer equipos; yo sabía que iba a ser de las últimas en ser escogidas, precisamente porque ambos equipos querían ganar y para ello requerían tener a los mejores elementos.

 En parte debido a ello, al crecer fui relegando ese tipo de actividades, pues me provocaban más estrés que bienestar. Hasta hace no mucho fue que me di la oportunidad de hacer actividades físicas como la zumba, o incluso aceptar bailar en una fiesta. He de admitir que sigo sin hacer muy bien cualquiera de las dos; pero ya puedo divertirme mientras las realizo. Sobre todo, la zumba fue un descubrimiento importante, pues mientras la realizó puedo desconectar mi mente de cosas relacionadas con el trabajo, precisamente porque me estoy concentrando en los pasos y el ritmo. Tan solo eso, poder de alguna forma “apagar” ese tipo de pensamientos, me hace disfrutar infinitamente esa hora que duró bailando.

Y así existen otras tantas cosas que hago solo por que las disfruto, aunque yo sé que no soy particularmente buena para ello. Este blog es un excelente ejemplo; pues en ocasiones no me quedo del todo satisfecha de lo que escribo, o me digo que debería buscar la manera de hacerlo más ameno o llamativo, o algo. Pero fue precisamente por ese tipo de pensamientos que dure literalmente años en decidirme a publicarlo; porque siempre me decía que necesitaba aprender a hacer esto o mejor en aquello para poder tener mi blog. Ahora, aunque claro que le pongo empeño, me he decidido a publicar las entradas que siento son las que necesito compartir en ese momento; tan bien o tan mal escritas como acaben siendo. Quién sabe, quizás la entrada que publico, en lugar de dejarla guardada en el cajón, sea justo la que una persona necesitaba para sentirse mejor.

¿Qué cosas haces pese que no seas la mejor en ello?