No es miedo, es precaución.

Esta semana vi una escena que me pareció de película. Iba manejando de vuelta del trabajo, era un día con bastante sol, pero sin sentirse excesivamente caluroso. Al detenerme en un semáforo, volteo y veo la escena. Una chica iba en su carro azul descapotable, con el toldo abajo por supuesto; con lentes de sol, su cabello suelto, y con audífonos, me parece que rosas. No pude ver mucho su cara, pero algo me dice que estaba realmente disfrutando ese momento, que como les digo al menos a mí me pareció de película.

Cuando me repuse de la impresión, mi primer pensamiento fue: que padre, pero que riesgoso. Y me puse a pensar que, por ejemplo, podía pasar alguien ya fuera caminando o en motocicleta, tomar sus audífonos y salir corriendo; sin que ella pudiera hacer mucho. O que también podrían tomar su bolsa y otras pertenencias que, me imagino, traía en el asiento del copiloto. O incluso, y admito que esto ya es más algo que podría pasar en las películas; que alguien se subiera a su auto y la amenazara para que condujera a un lugar para robarle el carro o algo peor.

No sé si todos estos pensamientos fueron en parte influidos porque me acababan de contar el caso de una señora a la que le rompieron el vidrio de su auto en un semáforo y robaron su bolsa. Pero no pude evitar pensar que, así como este, hay muchos casos en los que el miedo nos impide disfrutar o probar ciertas experiencias. Algunas veces puede ser un miedo muy real, como el de nos asalten; y en otras puede ser algo más bien producto de la ansiedad u otras situaciones. Después de todo, ¿qué tan factible es que las barras de protección del Empire State se caigan precisamente cuando yo estoy ahí? La realidad es que es muy poco probable que eso ocurra, pero no por eso dejo de sentir miedo y caminar lo más cerca posible de la pared.

Sin embargo, también estoy consciente de que hay ciertas cosas que yo he hecho, y que para otras personas fueron altamente riesgosas. Por ejemplo, en alguna ocasión he paseado yo sola por mi cuenta, hasta muy entrada la noche; en ciudades que es la primera vez que visitaba y sin conocer el idioma. O incluso aquí mismo en el país, he ido con mi hermana o con mis amigas a lugares donde podrían habernos asaltado o estafado, y dejarnos en medio de la nada. Pero, en todos esos casos, yo evalué las posibilidades de que algo pudiera salir mal y tomé precauciones en consecuencia por si acaso sucedía algo, como traer mi ubicación prendida y pasarle a mi familia datos de con quién y en dónde estaba.

Todo eso a mí me hizo sentir segura y disfrutar la experiencia. Volviendo a la chica con la que empecé esta entrada; es muy probable que ella haya tomado también precauciones para viajar segura en su auto; como el traer su bolsa sujeta con alguna protección o algo similar. Eso a ella la hacía sentir segura y libre de vivir la experiencia de viajar en su automóvil de la manera que lo hacía. Quizás para mí no hubiera sido suficiente, y quizás ella no consideraría suficiente lo que yo hice en mis viajes; pero a las dos nos funcionó y tuvimos esos pequeños momentos de felicidad.

A lo que quiero llegar es que, ninguna situación o experiencia es cien por ciento segura. Claro, hay algunas más riesgosas que otras tan sólo por la misma naturaleza de las mismas, digo no es lo mismo tirarse del bungee que pasar el fin de semana con tus amistades en una ciudad a una hora de distancia de tu casa; pero aún así pueden suceder cosas no contempladas que cambian la situación de un momento a otro. Lo importante es ser consciente de esos riesgos, evaluarlos con objetividad, definir con cuáles sí y con cuáles no podemos convivir, tomar precauciones hasta donde sea posible, y lanzarnos a vivir la aventura con la mejor disposición y en nuestros propios términos. Puede que esos términos impliquen cortar la experiencia si de repente se presenta uno de los riesgos que no estás dispuesta a correr, y es perfectamente válido e incluso maduro que lo hagas. Lo importante es que no dejemos que ese primer miedo, que en ocasiones puede ser infundado; nos limite a vivir la vida que queremos. Quién sabe, a lo mejor un día me animo a rentar un descapotable y pasear por la ciudad; aunque sin bolsa.

¿Tú que miedos has superado para vivir experiencias?

Foto propia de mis paseos en otras ciudades.