Personas reales.

Ayer tuve la oportunidad de asistir a un conversatorio con 3 autoras y 1 autor jóvenes de mi ciudad: Alex F. Wong, Marisa Pacheco, Joaquín Hermosillo, y Rebeca Lee. Si bien cada una de sus historias (tanto personales como literarias) tienen su propio estilo y esencia, también había varios puntos comunes entre ellas; como puede ser que ninguno estudió letras como profesión, o que tuvieron que pasar una serie de situaciones para poder convertirse en autoras y autor publicados.

Para mí, sin embargo, la coincidencia más importante es la similitud que tienen con la gente común: tienen trabajos similares al mío y al de una buena parte de la comunidad local, podemos hablar de ciertos acontecimientos de la región sin tener que dar un contexto previo, en fin, creo que son autoras y autor a quienes realmente podemos llamar contemporáneos. Me parece que esto ayuda a desmitificar la concepción que muchas veces tenemos de las profesiones artísticas, puse usualmente tendemos a verlas como algo alejado de nuestra realidad y que por tanto no podemos llevar a cabo. Quiero decir, por mucho que sepamos que J. K. Rowling escribió Harry Potter en un café mientras sufría de depresión; el hecho de que todo eso haya sucedido en Reino Unido pone una barrera entre su realidad y la nuestra, pues tendemos a pensar que bueno ella estaba en una nación “de primer mundo” (lo que sea que eso signifique), y por tanto sus oportunidades de éxito eran mayores. O incluso de manera nacional, cuando hablamos de escritoras como Elena Garro y Elena Poniatowska, no podemos dejar de ver como las circunstancias de vida privilegiada de ambas les permitieron las experiencias, el tiempo y los medios para realizar su obra; esto claro sin demeritar la calidad de la obra de ambas, pero que finalmente también es un hecho innegable.

Por eso considero que el escuchar y convivir con artistas, de cualquier disciplina, que comparten el mismo espacio-tiempo que nosotras, es una fuente invaluable de inspiración. Pero más importante que eso, si cabe, es la oportunidad que este tipo de situaciones nos ofrecen para poder generar un sentimiento de orgullo y de comunidad hacia estos artistas locales; buscando apoyarles en sus diferentes proyectos y a la vez demandando y construyendo mejores condiciones para que puedan difundir su obra. Como ya he dicho, tendemos a pensar que las historias de éxito se dan sólo en lugares con una tradición artística importante, o en donde los apoyos a la cultura son una realidad constatable; pero se nos olvida que todos esos lugares también empezaron de cero, y que la constancia y esfuerzo compartido les ha llevado a donde hoy se encuentran. Quizás este sea un buen momento para dejar de romantizar y añorar realidades externas, y empezar a disfrutar y cuidar las que tenemos, literalmente, en nuestras casas.

¿Tu cómo apoyas a tu comunidad artística?

PD. Los títulos de cada autora y autor que menciono son (en el mismo orden que aparecen citados): Saga El Blasón del Círculo; Punto de Quiebre; El Invierno; Arthemisa.