Al otro día.

Un día dediqué una hora a diseñar una estrategia para reducir los costos de un proceso. Al otro día dediqué una hora a encontrarle forma a las nubes (vi un gato y una bruja).


Un día dediqué una tarde a aprender sobre estados y razones financieras. Al otro día dediqué una tarde a estar tirada en el pasto con mi gatita.


Un día dediqué una cena a hablar sobre precios y condiciones de pago con un proveedor. Al otro día dediqué una cena a reírme con mi amiga sobre lo que nos había pasado en la semana.


Un día dediqué un momento para revisar mis estados financieros personales. Al otro día dediqué un momento a comprarme unos aretes.


Un día me quedé toda la noche terminando una tarea. Al otro día me quedé toda la noche leyendo una novela.


Un día tomé un curso sobre administración de proyectos. Al otro día reflexioné sobre lo que cambiaría si no me preocupara por el futuro.


Un día dediqué un par de horas a desarrollar un caso de negocios. Al otro día dediqué un par de horas a escribir mi blog.


Un día tomé un curso sobre la administración del tiempo. Al otro día me pasé la tarde conversando con mi mamá mientras comíamos chocolates.


Un día pensé y pensé sobre cómo me gustaría vivir mi vida. Al otro día solo la viví.


Si me lo preguntaran, la verdad es que diría que el otro día fue el mejor empleado de los dos.


¿Tú qué quieres hacer con tu día?

El tiempo no lineal.

¿Alguna vez has ido a un lugar donde parece que el tiempo avanza más despacio? ¿Pero que, extrañamente, te alcanza para más cosas?

Yo conozco varios lugares así, en los que el día parece alargarse mágicamente. Contrario a lo que podría pensarse, no son lugares recónditos; uno de ellos está de hecho a poco más de una hora de la ciudad en donde vivo. Así que la particularidad del paso del tiempo no depende de su lejanía con las ciudades, sino de algo más. A veces he pensado que quizás se debe a que su población son principalmente adultos y adultos mayores; pero también me ha tocado visitar pueblos y pequeñas ciudades donde la población es más diversa, demográficamente hablando, y me he encontrado con la misma sensación en cuanto al paso del tiempo.

Finalmente, llegué a pensar a que quizás a mí me parecía que el tiempo se alargaba en esos lugares, porque voy únicamente de visita y con la oportunidad de hacer cosas que usualmente no hago. Por ejemplo, en el poblado que les comento, muy cerca de la casa donde nos quedamos, hay un pequeño cerro; así que podemos subirlo luego del almuerzo. O bien, podemos organizarnos e ir a un cañón natural, que si bien es un sitio más turístico y con más gente; no deja de ser una actividad inusual en mi día a día. O simplemente el sentarnos a platicar en la mesa de la cocina, escuchando historias diferentes; me la sensación de que tengo más tiempo para disfrutar.

Aunque estoy segura de que situaciones como las anteriores influyen en mi percepción del tiempo, también es cierto que cuando platico con gente que es originaria de esos lugares y que por cualquier situación están en la ciudad; me han hecho el mismo comentario: que les parece que el tiempo les alcanza para menos cosas. Ahora que reflexiono sobre ello, su apreciación puede verse afectada por el hecho de que, contrario a mi experiencia, ellos sí vienen aquí con una agenda establecida. Por ejemplo, a tal hora tiene que atender una consulta médica, o tiene hasta tal hora para atender un trámite de gobierno, y además tiene que regresar temprano para no manejar de noche. En otras palabras, su tiempo ahora está compartimentado, en lugar de ser una unidad completa que se les presenta día con día.

Quizás en eso estribe la magia de ese tipo de lugares, en que en ellos realmente tienes un día completo cada vez, en lugar de pequeñas unidades pre asignadas a diferentes actividades. Existen técnicas como el método Pomodoro que afirman, y con razón, que el dividir tu tiempo en bloques permite aumentar la productividad y mejorar la administración del tiempo. Lo cual está muy bien, pero en ocasiones las personas solo queremos disfrutar del tiempo, no sacarle provecho. En una sociedad donde cada vez existe mayor presión por tener todo ya, y aprovechar cada minuto de tiempo disponible; el poder visitar lugares donde realmente cuentas con un día completo para vivirlo, es algo invaluable.

¿Conoces algún lugar donde el tiempo parezca alargarse?

El tiempo y sus novedades.

Esta semana estuve hablando con varias personas sobre el tiempo, y sobre lo rápido que este parece estar pasando. De hecho, yo siempre he sostenido que luego de la secundaria, el tiempo aumenta de velocidad cada año, al grado en un abrir y cerrar de ojos un año pasa al siguiente. Alguna vez leí que esto se debe a que, conforme nos hacemos mayores, cada año se parece más al anterior; en el sentido de que hay menos cosas nuevas o excitantes en él.

Por ejemplo, el primer año de vida de cualquier persona es el más novedoso de todos, pues experimentas un sinfín de cosas por primera vez. Quizás por eso los álbumes de bebés son tan populares, pues queremos preservar para el futuro esa primera sonrisa o la primera vez que caminamos. Así pues, nuestra infancia está llena de primeras veces, y por eso parece ser un período increíblemente largo en el que el tiempo parecía rendir más.

Pero, como he dicho, conforme crecemos, las cosas novedosas que experimentamos van disminuyendo. Podría alegarse que, en contraste, las situaciones nuevas se vuelven más significativas o emocionantes. Yo siempre recordaré el año 2003 como el año que conocí Europa, el 2009 como el año en el que cumplí mi objetivo de hacer prácticas en Washington, DC; mientras que los años 2016 y 2021 los recuerdo como los años en los que perdí a mi abuelo y a mi abuela, respectivamente. Estos fueron cuatro eventos que, por distintos motivos, han sido años que significan un antes y un después para mi, por eso ocupan un lugar especial.

Entonces, podríamos decir que conforme crecemos, las cosas novedosas se vuelven más esporádicas, pero a la vez más significativas; por ello la importancia de disfrutarlas al máximo. Eso está muy bien, y es un buen consejo, pero a la vez es un poco triste el darnos cuenta que nuestras vidas se vuelven más y más repetitivas conforme pasan los años; y que los días se confunden unos con otros entre las prisas del trabajo, la familia, la sociedad, y demás. Aquí alguien podría decirme que el truco está en encontrar placer en las pequeñas cosas cotidianas, y darnos pequeños escapismos (diría Libertad, amiga de Mafalda), para seguir con el día a día.

De nuevo, esa es una idea con la que coincido y trato de practicar. Pero no dejo de pensar que es bastante triste que, teniendo un planeta con tantas cosas maravillosas por experimentar, no pueda ser disfrutado por una gran parte de la sociedad. Esto en parte por falta de medios (que es un tema para otra entrada), pero en muchos casos por falta de tiempo.

Esa es justamente una de las grandes paradojas del tiempo. El tiempo lo inventó la humanidad, en el sentido de ser algo que puede medirse. Desde entonces, hemos estado tratando infructuosamente de encontrar formas de controlarlo, de amoldarlo a nuestras necesidades o caprichos. ¿Cuántos cursos y libros existen sobre administración del tiempo? Una infinidad, todos ellos prometiendo que, ahora sí, vas a poder acomodar tu día en bloques y hacer mil cosas; para poder finalmente ser una persona exitosa. Y así hemos terminado siendo esclavizados por una invención nuestra (algo que parece ser un pasatiempo de nuestra especie), lamentándonos de tener solo unas pocas horas libres al día, y sólo unos pocos días al año de libertad para experimentar cosas nuevas.

Pero, además, lo que es igualmente sorprendente es que como sociedad global hemos aceptado que así es la vida. Como si no pudiéramos simplemente decidir que el bloque de tiempo que hemos denominado “fin de semana” será ahora de 4 días; o que las clases de los estudiantes no podrán exceder de 5 horas al día. Al final y al cabo, todos esos son conceptos creados por nosotros mismos, no nos fueron dados por la naturaleza; así que en teoría están sujetos a nuestra voluntad. Ojalá pronto nos demos el tiempo para reflexionar y actuar sobre esto, o sino, más temprano que tarde veremos que, efectivamente; el tiempo se nos fue de las manos.