Hay una escena en una novela llamada “Venganza de fuego “, en la que un policía se dirige a la estación donde hay todo un operativo para atrapar a un asesino serial. Sin embargo, justo en la escena anterior, el policía acaba de enterarse de algo terrible respecto a su familia; por lo que su estado de ánimo es más bien triste y digamos meditativo. Pero todo esto se hace añicos en cuanto cruza la puerta de la estación, pues el frenesí que se esta viviendo en ella es incompatible con su estado personal; pero el primero es tan fuerte que termina dominándolo.
Así como el personaje de esta novela, muchas veces he sentido que, pese a mis mejores intenciones, el torbellino del mundo exterior termina por atraparme. En más de una ocasión le he contestado mal a mi familia o a mis amistades, o no he disfrutado completamente de una actividad o momento especial porque el estrés de mis obligaciones laborales y escolares ha sacado lo “mejor” de mí. Lo peor del caso es que estoy consciente de esto, y siempre me hago el propósito de no permitir que pase de nuevo; y aunque tengo algunas mejorías, el torbellino vuelve a atraparme.
Posiblemente ustedes estén pensando lo que me dice mucha gente, que eso no está bien, que debo aprender a separar las cosas y a no tomarlas de forma personal, que debo vivir en el momento presente, etc. Créanme, todo eso lo sé a un nivel consciente, e incluso pongo en práctica estrategias con esos mismos fines. Como le contesto en veces a esas mismas personas, a lo mejor puedo durar lo 40 minutos que estoy en el gimnasio sin pensar en tal o cual cosa de mi trabajo, y eso claro que sirve y es bueno para mi salud mental. Pero, acabado ese tiempo, mi mente vuelve a pensar en lo mismo, porque sé que, al día siguiente a las ocho de la mañana, esa situación o problema seguirá ahí.
Por eso creo que a mí y a muchas personas en ocasiones nos resulta tan difícil pedir vacaciones o días libres, pues sentimos / sabemos que al volver tendremos quizás aún más pendientes. Con esto, la paz o la energía que pudimos ganar durante nuestro tiempo libre, sufre una considerable bajada en el primer o primeros días de vuelta a la rutina. El torbellino ha vuelto ha atraparnos.
Claro, esto depende mucho también del trabajo que desempeñe, del ambiente laboral de tu lugar de trabajo, y por supuesto de tu propia fuerza mental digamos. También existe siempre la posibilidad de mejorar en estos temas, como ya he dicho con anterioridad. No todo es fatalista.
El punto que quiero transmitir con este texto es más bien el de esa lucha constante que las personas tenemos con los factores externos. Yo en este caso menciono solo las presiones del trabajo y la escuela, pero hay infinidad de personas que ha eso agregan las dificultades de su vida doméstica. Pero al final del día, de un modo u otro, cada quien está intentando que su vida sea suya, que no se vea dominada por las exigencias de otros; que realmente podamos llamarla nuestra y disfrutar de ella.
Si ganamos o perdemos la batalla del día, y como esto va añadiendo al estado general de la lucha, es algo completamente subjetivo que nadie (ni siquiera nosotras mismas) podemos evaluar de la manera correcta. Quizás solo nos quede seguir intentando, y compartiendo nuestras historias tanto para aprender nuevas estrategias como para darnos ánimos. ¿Y tú, cómo pelas contra el torbellino?