Ahora estoy aquí

Si, podría estar haciendo fila para subir a la torre de la catedral.


O podría correr en sentido contrario y visitar el Museo del Chocolate.


O bien podría tomar un tren de poco más de una hora y visitar el pueblo de Coblenza.


E incluso podría haber madrugado y tomado un tren de 6 horas a Berlín, y volver a visitar su magnífica catedral, conocer otro de sus museos, o hacer el recorrido para conocer lo que fue un terrible campo de concentración.


Pero en lugar de eso, estoy aquí sentada en el parque frente al río Rin. Estoy viendo como cambia la tonalidad de sus aguas cuando el sol sale o se oculta, o cuando pasa algún barco. Estoy viendo los diferentes tipos de trenes ir y venir de la estación central. Estoy escuchando las campanas de la catedral que ha llegado a significar tanto para mí.


En otras palabras, estoy disfrutando el momento, y dándole oportunidad a mi mente de ir despacio o incluso detenerse un momento.

Más tarde me volveré a preocupar por horarios, documentos, tipos de cambio, y demás.


Por ahora, solo me quedaré aquí.

¿Tú dónde estás ahora?

En el parque.

En el parque, alguien está corriendo.


En el parque, alguien está dibujando.


En el parque, alguien se está columpiando.


En el parque, alguien está regando.


En el parque, alguien está paseando.


En el parque, alguien está sembrando.


En el parque, alguien está platicando.


En el parque, alguien está trotando.


En el parque, alguien está jugando.


En el parque, alguien está leyendo.


En el parque, alguien está comiendo.


En el parque, alguien está soñando.


En el parque, todos estamos viviendo.


¿Tú cuándo vas a ir al parque?

En Ruta.

De seguro has escuchado la famosa frase que dice que si crees que la aventura es peligrosa, entonces trates la rutina; pues esta es mortal. Quienes se adhieren a esta postura ven la rutina como algo invariable, una serie de acciones que se repiten de manera automática y que termina por extinguir toda posibilidad de emoción y creación en nuestra vida. Pero, ¿realmente es tan mala la rutina?

Según la Real Academia de la Lengua Española, la palabra rutina viene del vocablo francés routine, que a su vez se origina del route; que en español es “ruta”. Si nos apegamos a este concepto, entonces podemos ver a la rutina como una senda por la que transitamos en nuestro diario acontecer, y que nos llevará a un determinado lugar o sentimiento. Por ejemplo, nuestra rutina de la mañana nos permite prepararnos para encontrar al día con nuestra mejor cara; pues el haber completado ciertas tareas antes de iniciar con “la tarea” del día, nos permite iniciar esta con mejor semblante. De igual manera, tener una rutina antes de dormir favorece a la higiene del sueño, y nos permite aprovechar mejor nuestro tiempo de descanso.

Por otra parte, tener una rutina nos permite tener algo que esperar, y esa anticipación es en sí ya una causa de alegría. Bien decía el sabio Zorro del Principito; que si este llegaba a las 4 de la tarde, entonces él sería feliz desde las tres. Es Antoine de Saint-Exupéry quien también nos recuerda que son precisamente los ritos los que nos permiten diferenciar un día de otro cualquiera. En una realidad que muchas veces se vuelve demasiado para soportar, y que nos agobia con la impotencia que nos causa; el tener pequeños faros anclados firmemente en nuestras rutinas nos da un lugar al cual dirigirnos en medio de tanta ansiedad e incertidumbre. No por nada existen varios casos de personas con depresión que aseguran que lo único que les mantuve a flote era saber que el próximo jueves podrían ver cómo se resolvía una situación en la serie de televisión que estaban viendo; o que sabían que no podían darse por vencidas porque entonces no habría nadie que alimentara a su mascota.

Ninguna de las cosas que he mencionado hasta ahora podrían considerarse como aventureras, pero no por eso dejan de ser menos emocionantes o creativas. Preparar el desayuno es una actividad de todos los días, pero quizás en uno de ellos podamos probar esa nueva receta que habíamos visto en internet. Escribir este blog es parte de mi rutina, y aunque trato de preparar los temas con antelación, siempre es interesante descubrir cómo quedarán una vez los haya puesto en papel; así como los sentimientos que experimentaré mientras los escribo.

Con lo anterior no quiero decir que no sea bueno y positivo salir de la rutina de vez en cuando, y tener una que otra aventura. Pero debemos recordar que una aventura es un viaje sin un destino establecido; y esto no siempre es lo mejor para nuestro propio bien. Todas las personas necesitamos un cierto grado de estabilidad en nuestras vidas, no solo para lograr un propósito en específico, sino también por nuestra salud mental y física. Diversos estudios han señalado ya las consecuencias negativas que tiene en nuestros cuerpos y mentes el vivir en un estado de constante preocupación o incertidumbre, que siendo sinceras es lo que hace a una aventura, una aventura.

Como siempre lo importante, y  complicado, es encontrar un justo punto medio en el que  podamos tener una ruta conocida por la cual transitar en el día a día, y a la que podamos volver cuando las cosas se tornen más complejas que de costumbre; pero sin olvidar que existe un mundo de posibilidades más allá de ese camino conocido, y que es bueno explorar algunas de ellas de vez en cuando. Después de todo, una vida con la que nos sintamos satisfechas debe tener recuerdos de todo tipo, desde los que nos provocan un gran entusiasmo, hasta aquellos que nos dan la calidez de un buen fuego y un sillón cómodo.

¿Tú qué ruta sigues?