Artículos de colección.

Tengo un libro pequeñito, cuyo tiraje también fue pequeñito; y que se imprimió en mi ciudad hace 4 años.


Tengo el segundo libro que publicó una de mis mejores amigas; y tengo una mención en su dedicatoria.


Tengo las 2 primeras entregas de la saga El Blasón del Círculo, firmados por su autora; y también tengo el libro de su primera historia de terror, igualmente autografiado.


Tengo una pulsera blanca con morado, que me regaló mi sobrina en su última visita.


Tengo una de las 6 copias de un dibujo que hizo una de mis mejores amigas cuando estábamos en la preparatoria.


Tengo guardado el primer artículo publicado en el que mi hermana fue colaboradora.


Tengo dos cuadros que pintó mi hermano en la secundaria, colgados en la casa para que la demás gente pueda apreciarlos.


Tengo enmarcados los cuadros que colore hace ya algunos años, y que me recuerdan lo feliz que fui en aquella época.


Tengo, junto con mi familia, un cuaderno en el que mi abuelita escribió algunos de sus recuerdos y pensamientos, para que pudiéramos leerlos después.


Tengo muchas, muchas, fotos de momentos irrepetibles que he compartido con la personas que amo.


Que no te engañen, el valor de un artículo de colección no se basa sólo en el dinero que costó.


¿Tú qué coleccionables tienes?

Al otro día.

Un día dediqué una hora a diseñar una estrategia para reducir los costos de un proceso. Al otro día dediqué una hora a encontrarle forma a las nubes (vi un gato y una bruja).


Un día dediqué una tarde a aprender sobre estados y razones financieras. Al otro día dediqué una tarde a estar tirada en el pasto con mi gatita.


Un día dediqué una cena a hablar sobre precios y condiciones de pago con un proveedor. Al otro día dediqué una cena a reírme con mi amiga sobre lo que nos había pasado en la semana.


Un día dediqué un momento para revisar mis estados financieros personales. Al otro día dediqué un momento a comprarme unos aretes.


Un día me quedé toda la noche terminando una tarea. Al otro día me quedé toda la noche leyendo una novela.


Un día tomé un curso sobre administración de proyectos. Al otro día reflexioné sobre lo que cambiaría si no me preocupara por el futuro.


Un día dediqué un par de horas a desarrollar un caso de negocios. Al otro día dediqué un par de horas a escribir mi blog.


Un día tomé un curso sobre la administración del tiempo. Al otro día me pasé la tarde conversando con mi mamá mientras comíamos chocolates.


Un día pensé y pensé sobre cómo me gustaría vivir mi vida. Al otro día solo la viví.


Si me lo preguntaran, la verdad es que diría que el otro día fue el mejor empleado de los dos.


¿Tú qué quieres hacer con tu día?

El ratón de chocolate.

Hay días malos. Días en los que te sientes mal física y anímicamente, que dudas de ti misma y del esfuerzo que haces diariamente. Tratas de racionalizarlo, de decir que sólo es un mal día y que encontrarás la manera de salir avante; en parte porque siempre lo has hecho y en parte porque no tienes muchas opciones. Pero esto no quita que te sientas mal durante ese día, o días.

Y en medio de toda esa tristeza, encuentras un ratón de chocolate. En mi caso fue algo literal: mi mamá había comprado un panecito en una panadería local, que había sido decorado para parecer un ratoncito. Se veía muy bonito, además de original, y me sacó una sonrisa.

Pero aquí va la cosa: mi mamá no sabía que ese día me había ido mal. Es decir, no lo compró con el objetivo ex profeso de hacerme sentir bien luego de un mal día. Ella solo lo vio en la panadería, se le hizo muy bonito y decidió comprarlo para poder compartir un momento feliz juntas.

Si bien es muy especial cuando la gente que te ama hace algo extra para alegrarte en tus días malos, creo que es igualmente especial que haga algo solo porque sí. Que siempre ocupes un espacio en su mente y en su corazón, y que al ver algo, piensen en ti. Y que después compartan eso contigo, de cualquier forma, es realmente reconfortante. Te hace sentir acompañada, valorada, amada.

Por supuesto, en los días en que el mundo te ha hecho sentir que no eres importante; esos pequeños gestos llegan un poquito más directo. Pero es igual de importante que los mismos se repitan frecuentemente, pues de esa forma tu nivel de amor estará en números positivos y los golpes del día a día serán más fáciles de afrontar.

Espero de corazón que tú también tengas a alguien en tu vida que, sean días buenos o días malos, quiera compartir un ratón de chocolate contigo.

¿Qué forma te gustaría que tuviera tu ratón de chocolate?