Nuestro esfuerzo de cada día.

Finalmente, la primavera ha vuelto; y con ella los días de sol. Hoy estaba en mi balcón disfrutando del clima, y pensé que sería rico comer un postre acorde a la temporada, cómo eso salen en películas del estilo de “Bajo el sol de la Toscana”. Algo como un pay de limón, o un pastel de limón y lavanda. Y no, créanme que el limón no es mi sabor favorito, pero va bien con el clima, ¿no?


Mientras pensaba en ello, se me ocurrió que la única manera en que podría disfrutar cualquier de esos postres, era si yo ponía esfuerzo en lograrlo; y que esto aplicaba para cualquiera de las opciones que decidiera tomar. Por ejemplo, si decidía preparar el postre por mi cuenta, eso implicaba el esfuerzo de buscar la receta, muy seguramente ir a la tienda por ingredientes que me faltaran, posteriormente mezclarlos, y luego ponerlos ya sea en el horno o el refrigerador para esperar a que estuvieran (aquí entra también la paciencia). Y claro, ya luego la siempre tediosa tarea de lavar todos los trastes usados en el proceso.


Si por otro lado decidía ir a comer el postre a algún café o restaurante; ahora el esfuerzo estaría en decidir primeramente el lugar, luego manejar hasta mi destino, y posteriormente decidir qué postre tomar. Incluso la opción digamos más fácil, que sería pedir a domicilio, implica el esfuerzo de escoger qué pedir y hacer la solicitud por la aplicación pertinente; o dependiendo del lugar, incluso hablar por teléfono.


En todos los casos también está el esfuerzo no del momento como tal, pero sí el que tuve que hacer antes durante mi trabajo, para así poder ganar un sueldo que me permita comer un postre durante una tarde de primavera.


A lo que quiero llegar es que, ya sea en lo grande o en lo pequeño, la vida es así. La única forma en que podemos tener una vida agradable, una vida que en verdad nos guste; es mediante el esfuerzo que pongamos en ello. Y no solo el esfuerzo de hacer una actividad como tal, sino también el esfuerzo tomar la decisión de hacerlo; sobre todo ahora en un mundo que busca mantenernos cansados al grado que la vida se nos vaya en producir (en muchos casos, sin ton ni son) y consumir.


Pero aquí también entra una distinción importante. He dicho que se debe hacer el esfuerzo, no el sacrificio. ¿A qué se debe esto, si en muchas ocasiones ambas palabras se usan como sinónimos? En lo personal, creo que un sacrificio sucede cuando el resultado o fin que va a producir la actividad, no es uno que te emocione o con el que estás alineada. En cambio, cuando el resultado que esperas obtener está ligado justamente a que puedas disfrutar más de tu vida, entonces se quita toda connotación negativa y se convierte en una fuerza que te impulsa hacia adelante.


Por eso es que haces el esfuerzo de ahorrar para irte a Barcelona; o el esfuerzo que haces al salir a caminar todos los días, para que en tu cuerpo se mantenga sano. También son todos los pequeños esfuerzos que haces para poder comer un postre rico una tarde de primavera, y para poder escribir un blog y compartir tus ideas con el mundo.


¿Tú en qué te estás esforzando ahora?

Al otro día.

Un día dediqué una hora a diseñar una estrategia para reducir los costos de un proceso. Al otro día dediqué una hora a encontrarle forma a las nubes (vi un gato y una bruja).


Un día dediqué una tarde a aprender sobre estados y razones financieras. Al otro día dediqué una tarde a estar tirada en el pasto con mi gatita.


Un día dediqué una cena a hablar sobre precios y condiciones de pago con un proveedor. Al otro día dediqué una cena a reírme con mi amiga sobre lo que nos había pasado en la semana.


Un día dediqué un momento para revisar mis estados financieros personales. Al otro día dediqué un momento a comprarme unos aretes.


Un día me quedé toda la noche terminando una tarea. Al otro día me quedé toda la noche leyendo una novela.


Un día tomé un curso sobre administración de proyectos. Al otro día reflexioné sobre lo que cambiaría si no me preocupara por el futuro.


Un día dediqué un par de horas a desarrollar un caso de negocios. Al otro día dediqué un par de horas a escribir mi blog.


Un día tomé un curso sobre la administración del tiempo. Al otro día me pasé la tarde conversando con mi mamá mientras comíamos chocolates.


Un día pensé y pensé sobre cómo me gustaría vivir mi vida. Al otro día solo la viví.


Si me lo preguntaran, la verdad es que diría que el otro día fue el mejor empleado de los dos.


¿Tú qué quieres hacer con tu día?

La vida es…

Esta constelación nace de las conversaciones que he tenido con una amiga que aumenta la magia en mi vida.

La vida es quedarte sin voz mientras disfrutas del mejor concierto de tu vida. Y al día siguiente presentar ese reporte de inventarios que preparaste en tu trabajo.


La vida es cumplir tu sueño de visitar tu ciudad favorita con tu familia. Y al día siguiente visitar la exposición temporal de tu museo local.


La vida es disfrutar del encendido del árbol de navidad en la plaza principal. Y al día siguiente guardar las esferas de tu propio y nuevo árbol de navidad.


La vida es el día de tu graduación, celebrando el gran logro que has conseguido. Y al día siguiente es esforzarte por cumplir las metas de tu trabajo.


La vida es probar los ravioles más deliciosos de la ciudad. Y al día siguiente cenar un sándwich hecho por tu mamá.


La vida es el primer viaje que haces con tus amigas. Y al día siguiente verse por video llamada porque no se les acomodaron las agendas.


La vida es ganar el premio a la estudiante más inteligente de tu grado. Y al día siguiente es aprender algo nuevo de la persona menos esperada.


La vida es conseguir el nuevo libro de tu autora favorita. Y al día siguiente descubrir que no te gustó tanto como el anterior.


La vida es asistir a la fiesta más increíble que puedas imaginar. Y al día siguiente es recordarla en el viaje de regreso, tomando una dona y un café.


La vida es asombrosa.


La vida es cotidiana.


Pero siempre es mágica.


¿Tú cómo vives tu vida?