Desde hace algún tiempo, se ha puesto de moda entre los creadores de Hollywood el contar las historias sobre el origen de los villanos de las películas que se han convertido en clásicos.
La primera que viene a mi mente es la película sobre el origen de Maléfica, mezclada con una reinterpretación del cuento mismo de Aurora; y que creo fue una adaptación bien llevada. Otras que han seguido son la historia de la malvada Cruella de Vil, y a últimas fechas la historia de Scar; está última medio opacada por la historia de Mufasa. De manera tangencial, pero no por ello menos interesante, la serie de Andor también nos muestra como la personalidad de la madre del subinspector Syril Karn contribuyó a convertirlo en el desagradable personaje que todos conocemos.
Alejándonos un poco del conglomerado de Disney; también se ha dado mucha promoción a historias sobre las vidas de varios de los asesinos seriales más famosos de los últimos tiempos. Una de ellas es la perturbadora historia de Jeffrey Dahmer, la cual presenta a su familia disfuncional como una de las posibles causas de sus posteriores crímenes. Por otra parte, la mini serie sobre Ted Bundy termina con un experto psicólogo concluyendo que el asesino de más de 30 mujeres padecía un trastorno maniaco-depresivo.
Imagino que la intención de presentar estas historias, sobre todo en el caso de los personajes de historias que nacieron como películas animadas; es mostrarnos que los villanos no son series unidimensionales que desayunan un plato de maldad con leche todos los días. El propósito de estas historias es generar una comprensión en la audiencia, de ver más allá de la etiqueta original que se ha dado a estos personajes.
Lo cual está muy bien cómo idea, pero creo que la ejecución de la misma ha tenido un efecto adverso. El punto de encuentro que se pretendía crear se dio, pero evolucionó a uno de lástima y justificación. “No hay que ser tan duros con Dahmer, ¿sabes? El pobre tuvo una madre alcohólica”. “Bueno pero es que también con un trauma como ese, el saber que tu madre no te amaba, era de esperarse que Cruella quisiera vengarse de ella”.
Estos son ejemplos de cómo la audiencia ha tomado las circunstancias difíciles de la vida de estos personajes como atenuantes para sus crímenes y acciones; o incluso como evidencia concluyente de que no tenían como escapar de ese destino de maldad. Como si no hubiera miles de historias de personas que sufrieron/sufren situaciones incluso más complejas y desgarradoras que las de ellos, y no por eso andan por el mundo repartiendo perversidad.
Al contrario, varias de ellas incluso se han elevado de sus circunstancias y han creado iniciativas, organizaciones y movimientos que protejan y ayuden a personas que se encuentran en la misma situación que pasaron (¿alguien recuerda la ley Olimpia?); y que buscan impedir que otras personas pasen por lo mismo (la Fundación Flor del Desierto de Waris Dirie es un excelente ejemplo).
¿Cuál debería ser entonces el aprendizaje que tomemos de las historias del origen de los villanos, tanto ficticios como reales? La primera sería la de identificar patrones recurrentes en las historias. Padres ausentes o emocionalmente distantes/abusivos, situaciones socioeconómicas adversas, crecer en medio de conflictos armados, algunos trastornos psicológicos; entre otros factores, son recurrentes en estas historias.
Ahora que ya los identificamos, ¿cómo podemos solucionarlos? Quiero decir, si sabemos que día a día miles de jóvenes se unen a las filas del narcotráfico porque lo ven como una forma de subsistencia, ¿no deberíamos fomentar estructuras macroeconómicas que les permitan tener empleos dignos al crecer? O bien, si sabemos que los traumas de la infancia son un factor decisivo no sólo en que una persona pueda volverse criminal, sino que también son la causa de que no puedan llevar una vida plena, ¿no deberíamos exigir que el acompañamiento psicológico gratuito y de calidad estuviera al alcance de todas las personas?
¿No deberíamos estar construyendo una mejor comunidad?
Dos de los refranes más ciertos que existen son que quienes no conocen la historia, están condenados a repetirla; así como que es de necios el esperar resultados diferentes, haciendo siempre lo mismo. Nosotras ya conocemos la historia, y hemos visto los resultados de la misma una y otra vez. La cuestión ahora es cambiarla.
¿Tú cómo estás ayudando a cambiar la historia?
