Derribando barreras.

Cuando era chica, no me gustaba el deporte. En primera, nunca he tenido una buena inteligencia corporal, y por ello no era una persona que los demás quisieran tener en su equipo; pues ciertamente sería más una desventaja que una ventaja. Por otra parte, aunque muy relacionada con la anterior, los juegos y actividades que nos ponían en las clases de educación física me parecían demasiado abrumadores; pues siempre se trataba de correr desaforadamente por un balón, a la vez que evitabas que te dieran un golpe con el mismo. En definitiva, no era de mis actividades favoritas.

Conforme fui creciendo, la cosa siguió más o menos igual. Siempre que se hablaba de deporte, era lo mismo: exigir, exigir, exigir. Corre más rápido, carga más peso, tienes que ganarle al otro equipo, si no duele no sirve. Pareciera ser que el deporte significaba una constante lucha, contra otros y contra ti misma; en lugar de algo que podías disfrutar. Incluso actividades como la bicicleta fija o los aeróbicos tenían esa connotación, de exigir de manera brusca y con dolor.

De forma similar, actividades como las clases de danza dividían a las personas entre quienes tenían un “talento natural”; de las que simplemente no lo teníamos. Así pues, personas como yo éramos relegadas a quedarnos atrás, figurativa y literalmente; lo que nos hacía ver que dichos ambientes no eran para nosotras.

Como era de esperarse, tan pronto como pude me despegue de ese mundo que me consideraba como “de segunda”, y para el que sinceramente no era buena de todas formas. Pero, a la vez estaba consciente de que la salud física es importante, y que mantener mi cuerpo en movimiento me daría varios beneficios en todos los aspectos de mi vida. Pensé que eso significaría tener que someterme nuevamente a un tipo de exigencia que no iba conmigo en muchos niveles.

Afortunadamente, las cosas habían cambiado. Había más opciones para personas como yo que querían una vida activa que pudiéramos disfrutar en lugar de sufrir. Se habían popularizado los ejercicios de bajo impacto, que se definen justamente por sus características de fluidez y poca agresividad hacia el cuerpo; y que en contraste te permiten estar más en contacto consciente con el mismo. Así mismo, habían llegado actividades como la zumba; en donde vas a ejercitarte y divertirte, sin que nadie esté juzgando cuántas veces te equivocas, ni te van a obligar a ponerte en la última fila para que no se noten tus errores durante el festival de primavera.

En pocas palabras, se había desarrollado una nueva perspectiva que veía al deporte y a la actividad física como algo más que una competencia; ya que ahora se le trataba como algo que brindaba bienestar a las personas, y las ayudaba a vivir una mejor vida.

Esta misma tendencia se ha visto ya en diferentes disciplinas, permitiendo que personas que no cuentan con un talento o facilidad para ellas ya no se sientan relegadas; por el contrario, sientan que existen formas para que se puedan acercar a ellas y obtener sus beneficios, y a la vez que puedan hacer contribuciones que se consideran en la discusión. Por supuesto, siempre habrá voces especialistas que tenga un mayor peso en tal o cual tema, lo ideal es que suceda de hecho; pero también es bueno que el mayor número posible de personas tenga conocimiento sobre el mismo, para así evitar manipulaciones y estereotipos.

Aún falta mucho por hacer claro, principalmente en el área de los prejuicios. El día que los practicantes de crossfit dejen de ver por encima del hombro a quienes practican pilates, que los ingenieros dejen de sentirse los dueños del conocimiento verdadero, y en general cuando se derriben muchas barreras de acceso innecesarias en el conocimiento humano; ese día podrá darse una cooperación verdadera que nos beneficie a todos. Entre tanto, yo me siento contenta de sentir que ya no odio al deporte, y que el deporte no me odia a mí.

¿Tú qué barreras quisieras derribar?