Expandiendo el confort.

Una zona de confort puede ser descrita como aquella situación en la que una persona se siente cómoda; en la que ha comprobado que un nivel determinado de esfuerzo le dará el resultado justo para mantener dicha comodidad. Por tanto, su nivel de estrés y/o ansiedad, podría considerarse como neutro. Sin embargo, esta misma comodidad puede llevar a la persona a evitar cualquier tipo de riesgo que altere dicho equilibrio, por lo que prefiere quedarse dentro de sus límites conocidos.

Es por esto último que la gente considera como conformistas a las personas que se encuentran en dicha zona, y por lo que es muy común que se aliente a salir de la zona de confort, ya sea personal o profesional. Si bien es cierto que no es prudente ni sostenible el querer mantenernos siempre dentro de la misma caja; creo que la forma en que se ha abordado este tema no es la ideal. Pareciera ser como si debieramos evitar ese tipo de zonas a toda costa, que no podemos descansar ni un momento y debemos estar siempre retándonos a hacer cosas diferentes en todos los ámbitos al mismo tiempo.

Y, sinceramente, eso es muy agotador.

¿Qué hacer, entonces? Quizás serviría apreciar esta situación no como una dualidad de confort vs retos; sino más bien una visión integral de remodelación. Imaginamos que la zona de confort es nuestra casa; misma que funciona bien y sirve a nuestras necesidades actuales. Sabemos que si le damos un mantenimiento mínimo y constante, la casa seguirá funcionando y podremos vivir como hasta ahora. Sin embargo, llegará un punto en el que, por más mantenimiento que hagamos; se tendrán que hacer remodelaciones. Después de todo, los electrodomésticos y muebles tienen una vida útil, o nuestros gustos pueden cambiar; o incluso puede ser que veamos que, aunque las cosas funcionan bien ahora, hacer algunos cambios permitirían que nuestro día a día y vida en general fueran mejor.

Digamos entonces, por ejemplo, que nuestra cocina ya no encaja con nuestras necesidades actuales; pero el resto de la casa está bien. ¿Vamos a mudarnos entonces? No, claro que no; pero si tendremos que pasar por un proceso de reestructuración en la cocina. No será algo que quede listo de un día para otro, e implicará ciertos sacrificios como aguantar el polvo y tener que cocinar en una parrilla un tiempo; pero sabemos que todo es para mejor, y entre tanto podemos seguir disfrutando de otras zonas de la casa. E incluso cuando quede terminada la remodelación, nos tomará algo de tiempo adaptarnos a los nuevos espacios, y tendremos que modificar la forma en que hacíamos ciertas cosas (tanto de la cocina como de otras áreas relacionadas, como el comedor). Pero al final del día, todo habrá valido la pena y podremos disfrutar de un espacio que se adapta mejor a nuestras necesidades, y que además nos produce bienestar.

De esta forma, comenzamos con una casa que era confortable y que disfrutábamos, hicimos algunos cambios, y ahora tenemos una casa más confortable que podemos seguir disfrutando. Lo mismo pasa en otras áreas de nuestra vida, como nuestra profesión o el cuidado de nuestra salud. De momento estamos bien, las cosas funcionan, pero podemos hacer cosas distintas que nos permitirán obtener mejores resultados; sin tener que dejar de disfrutar los buenos resultados que ya teníamos.

Lo anterior es mucho mejor a seguir eternamente en una situación que solo está bien, en lugar de estar fantástica. O peor aún, el seguir en una misma situación solo por no querer afrontar los restos iniciales que significarían mejorar; para al final llegar a un punto insostenible en el que ya ni siquiera tenemos los beneficios del principio, y que para poder recuperarnos tendremos que hacer un esfuerzo doble o triple.

Así pues, no debemos ver a nuestra zona de confort como algo inherentemente malo y que debemos evitar. Es necesario que tengamos un espacio/situación al que podamos ir para descansar y recargar energías; lo importante es trabajar constantemente no solo en mantenerla, sino también en expandirla. Después de todo, yo prefiero sentirme cómoda en varios lugares, así tengo más opciones para disfrutar.

¿Tú qué remodelaciones estás haciendo?

Incomunicada.

Nunca les ha pasado que en su cabeza tienen bien definido que es lo que van a escribir para un ensayo, una tarea o un evento; con sus ideas principales y secundarias, buenos ejemplos y una conclusión inteligente. Pero, cuando llega el momento de ponerlo en papel, ¿sencillamente no sale? Quiero decir, la idea está ahí, casi casi puedes tocarla, pero la malvada hoja sigue en blanco por más que lo intentas.

Para mí, esa es de las cosas más frustrante que puedan existir: el no poder comunicar lo que quiero decir no porqué no sepa como hacerlo, sino porque en ese momento no me sale. Esa fue una de las razones por las que empecé a escribir este blog, para poder compartir mis ideas y no dejarlas morir en mi cabeza; así que el hecho de que haya días (como hoy) en que la idea que tenía pensado compartir no salga, es todavía peor.

A veces me es fácil encontrar la causa de esa comunicación frustrada; por ejemplo, cuando un día no sale como yo espera y me tumba la energía que tenía reservada para escribir. O bien puede que haya surgido un imprevisto importante y no pueda concentrarme. Pero otras tantas veces, simplemente no me sale el escribir, pese a tener todo listo para ello. Hago un esfuerzo consciente por superar ese tipo de momentos, incluso llegó a pensar otras muchas ideas bien articuladas que podría usar en caso de que el problema sea la idea original; pero no logro que ninguna cuaje como debería. Prueba de ello es que este párrafo lo he cambiado como 3 veces y sigue sin gustarme como está quedando.

Hay algunas personas que dicen que en tales casos lo mejor es dejar de lado la tarea, dedicarte a otra cosa y luego volver con más ganas. Supongo que es un buen consejo, y en ocasiones funciona; pero cuando veo que ya es tarde y la idea sigue sin salir, no puedo más que sentir un  desasosiego, tanto por el hecho de sentirme frustrada de no poder escribir lo que quiero, como por ese sentimiento de que no estoy cumpliendo con algo que tengo que hacer. Lo peor de todo es que ni siquiera es una obligación, es una actividad que disfruto, así que la frustración es todavía mayor si cabe.

 Sin embargo, según algunas personas la mejor manera de vencer un bloqueo creativo (que no estoy muy segura de que sea mi caso, pero bueno) es salir de tu zona de confort, es decir, intentar nuevas formas de llegar ese resultado que anhelas. Por ejemplo, si usualmente pintas con acuarela, quizás un dibujo a lápiz te ayude a volver a enfocarte. Para mí, que usualmente busco tener bien estructurada mi idea antes de compartirla, una ruta inusual es solo sentarme ante el teclado y empezar a escribir, con la esperanza de que algo bueno salga de ese ejercicio. Esta entrada es justamente eso, un intento de romper esa barrera entre la idea y yo, entre quedarme callada y el poder compartir lo que quiero decir. No es lo que más me gusta, pero debo decir que al menos me hace bien el saber que puede hacerlo.

Así que gracias por leer esta entrada improvisada, espero para lo próxima poder tener algo mejor. Y sirva esto también como un aliciente para las personas que está sufriendo para compartirse, ya sea mediante la escritura o cualquier otro medio; sigamos intentado, aunque tengamos tropiezos en el camino.

¿Te has enfrentado a algún bloqueo creativo?