Nunca he sido buena para los deportes; en parte porque soy mala para calcular distancias, y en parte porque no tengo muy buena coordinación que digamos. Por ende, siempre era de las últimas en ser elegida para los equipos en la clase de deportes. No creo que eso me haya afectado más allá de un que otro balonazo, pero sí me hizo excluir el deporte de aquellas actividades que practicaba. En parte era por saber que no era buena, pero creo que era más el hecho de no querer “estorbar” a las demás personas; pues sabía que, si me unía a un equipo o incluso en un juego con amistadas, mi falta de habilidad perjudicaría a las personas con las que jugaba.

Algo similar sentía con el baile, por lo mismo de mi falta de coordinación. Afortunadamente en mis épocas de juventud se acostumbraba más bailar en grupo, pues definitivamente habría sido un caso perdido si todavía se hubiera usado solo el baile en pareja. En este caso he de decir que mi animosidad a bailar si provenía (aún ahora) del temor a hacer algún ridículo. Así pues, fue otra de las actividades que dejé de lado.

El tiempo pasó, y un buen día en el gimnasio al que asistía iniciaron con clases de zumba. Por todo lo antes mencionado, tenía bastantes reservas respecto a entrar; pero finalmente lo hice. Fue una excelente decisión. Pronto esas clases se volvieron de mis favoritas; pues me daban una agradable sensación de libertad y bienestar. Antes las clases de deportes o danza, así como actividades sociales que los incluyeran, me hacían sentir ansiedad por el temor de no hacer las cosas bien. Ahora podía realizar las rutinas con entusiasmo, sabiendo que si me equivocaba lo podía corregir en la siguiente repetición; pero lo más importante era que no había juicios por cometer errores. Incluso el ambiente era tal que nos podíamos reír de nuestras propias fallas. En pocas palabras, disfrutaba lo que estaba haciendo.

Con el tiempo he ido a otros gimnasios, pero siempre procuro que ofrezcan clases de zumba. En todos ellos he encontrado el mismo ambiente relajado y de integración, en donde sin importar tus habilidades natas, puedes divertirte con las rutinas. Todo esto me ha ayudado a ir mejorando poco a poco, pero sobre todo me ha permitido encontrar confianza en mí misma para realizar actividades que alguna vez pensé no eran para mí.

Que diferente sería la vida de muchas personas, y de la sociedad en general, si este fuera el enfoque que le diéramos a otras actividades, como el canto, el dibujo o las matemáticas. Si fomentáramos que estas actividades se realizarán no con la intención de tener que ser el mejor, en un ambiente siempre competitivo; sino que se formara un ambiente de cooperación en el que las personas pudieran disfrutar el aprender y practicar dichas actividades, entendiendo que el error es parte natural del proceso de aprendizaje. No sólo habría menos personas frustradas, sino que también se crearían vínculos entre personas que usualmente no tendrían nada en común. En otras palabras, se lograría lo que se pretende con todas las actividades humanas; crear comunidad.

¿A ti cual actividad te proporciona bienestar?

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