Para algunas personas, el destino no existe; para otras sí. Pero independientemente de esto, todas las personas quieren encontrar un camino a seguir. Esto puede tener que ver con encontrar su propósito de vida; y consecuentemente enfocar sus energías y tiempo en lograrlo. Aunque también puede ser algo menos poético, y simplemente referirse a tomar buenas decisiones que nos permitan vivir una vida agradable.
Lo cierto es que ninguno de ambos escenarios es sencillo, sobre todo en tiempos tan complicados como los nuestros. Por un lado, la apabullante rapidez de la vida actual, y esa imperiosa necesidad impuesta de ser productivas; nos impide dedicar tiempo a definir qué es lo que realmente queremos en la vida, por lo que simplemente terminamos aceptando la realidad que nos han ofrecido como “normal”. Por otra parte, aún en las raras ocasiones en que tenemos una idea de qué nos gustaría hacer, o cuál es nuestro propósito si cabe; no podemos dedicarnos a ello puesto que en la sociedad actual no es un camino que nos permita tener una vida cómoda y segura.
Además, la mayoría de las personas tenemos el grandísimo problema de pensar que, si nuestras circunstancias fueran diferentes, seríamos más felices. Si bien existen casos en los que esto es cierto, también es verdad que estas ideas a menudo nacen de ese mismo sentimiento de que la vida se nos va en nada, y que los resultados que obtenemos de todo nuestro esfuerzo son más bien pocos. De nuevo, todo esto englobado en la desconexión que existe entre nuestro quehacer diario y las expectativas que nos hemos autoimpuesto; y nuestra esencia como personas.
¿Qué nos queda, entonces? Como ya he venido diciendo en diversas ocasiones, es indispensable que en lo individual y en lo colectivo exijamos un des aceleramiento en nuestras vidas, para que nuevamente volvamos a dedicar tiempo a aquellas cuestiones que son realmente importantes.
Sin embargo, en lo que esto sucede, creo que sería bueno considerar dos consejos. El primero tiene que ver con entender que, contrario a la creencia popular, no existe “un camino” a seguir, sino más bien una serie de caminos. Con esto me refiero no solo a que si hemos venido caminando por el camino A, tenemos la posibilidad de cambiar al camino R; que si bien es cierta tampoco es como que podamos tomarla así como así. Más bien me refiero a que si bien nuestro camino principal es el A, no por eso no podamos dar un paseo por el R de vez en cuando. Por ejemplo, en mi caso mi camino principal es el de ser profesionista y las responsabilidades (y beneficios) que eso conlleva; pero ciertos días a la semana me doy la oportunidad de ser una persona que escribe un blog por el mero placer que este me da, pero tomando la responsabilidad de lo que escribo y comparto.
El segundo consejo tiene que ver con escuchar los caminos que vamos caminando. Es poco probable que nos suceda como en las novelas y un Gandalf o un Hagrid se nos aparezcan de pronto para decirnos el rumbo que han de tomar nuestras vidas; pero no por eso dejan de haber señales que nos vayan indicando como vamos.
Por ejemplo, si nos damos un momento para pensar, es posible que veamos que el camino de salir de fiesta cada fin de semana nos produce menos alegría y satisfacción que dedicar algunos fines de semana a la jardinería. O bien quizás veamos que el camino de tomar lecciones de piano nos produce miedo o incertidumbre por ser algo nuevo, no porque sea algo malo; al contrario, veremos que es un camino que nos daría gusto caminar. Y finalmente, entenderíamos también la necesidad de caminar un camino agreste durante algún tiempo, para que llegado el momento podamos caminar por uno más apacible; sea este el mismo camino que ha mejorado con el tiempo, o bien uno nuevo al que no habríamos podido llegar si no hubiéramos transitado por el primero.
¿Cómo son los caminos que estás recorriendo?

Ciertamente nos tocó crecer en una época donde ser productivo siempre es muy valorado, a veces incluso a costa de nuestra salud. Tomamos decisiones desde muy chicos para vivir una vida productiva dejando de lado nuestros gustos y hobbies, y cuando nos tenemos curiosidad de probar cosas nuevas nos da miedo el tomar malas decisiones, el que nos “acusen” de “perder tiempo”.
Afortunadamente ahora somos conscientes o vamos siéndolo conforme crecemos, dando lugar a buscar un equilibrio entre nuestras responsabilidades y nuestros sueños.
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