Invariablemente, en algún punto de mis clases de economía; terminábamos hablando de Adam Smith y David Ricardo, quienes acuñaron, respectivamente, los términos de ventaja absoluta y ventaja comparativa (relacionada al costo de oportunidad); los cuales en buena medida han dado forma a esa curiosa ciencia que muchas veces ni los mismos economistas entienden. Es mediante estos  términos que se explica la necesidad de la especialización, de las relaciones comerciales a nivel micro y macro, y claro también la importancia de la toma de decisiones basada en datos duros.

Dichos conceptos se explican de la siguiente forma (todos los ejemplos monetarios son ficticios). Pongamos por caso a una contadora que se dedica a presentar la declaración fiscal de sus clientes, servicio por el cual cobra $500. Supongamos que puede hacer un total de 2 declaraciones por hora, es decir, por cada hora de trabajo ella genera $1000. Ahora bien, esta misma contadora tiene un jardín que requiere mantenimiento, el cual tomará una hora realizar. El trabajo puede realizarlo ella misma, o bien contratar a un jardinero que le cobrará $500 por el servicio.

Veamos las opciones. Si la contadora decide hacer el trabajo por sí misma, estará dejando de ganar $1000, pues es una hora que no podrá dedicar a su trabajo principal. Por otro lado, al ser esta una actividad que no es su fuerte, el mantenimiento no será el mejor; y puede incluso tomarle más tiempo realizarlo, con la consiguiente pérdida de ingreso. Por otro lado, si contrata al jardinero, sabe que tendrá un trabajo de calidad; y aun pagándolo ella habrá generado $500 en el tiempo que tomó hacerlo.

La respuesta parece simple, ¿no? Ese Smith y ese Ricardo sabían de lo que hablaban. Pero entonces, si todo parece tan claro, ¿por qué insistimos en menospreciar y regatear el trabajo de la gente? Sobretodo el de aquellas personas que realizan lo que, muchas veces, denominamos despectivamente como artesanías u oficios.

Muchos argumentan que esto se da justo por la naturaleza misma del trabajo, pues por ejemplo se requieren mucho más conocimiento y habilidades para presentar una declaración fiscal que para arreglar un jardín. Como ya dije en otra ocasión, este argumento no es válido puesto que falla en ver que ambas actividades requieren un conocimiento detallado, solo que se presentan de manera diferente. Por ejemplo, el jardinero no te va a decir que en su último curso de botánica aprendió que no puedes poner filodendros cerca de las rosas; ese es un conocimiento que él ha aprendido de manera empírica, o bien que ha adquirido de manera informal mediante su relación con otras personas de su mismo oficio.

Pero aún si insistieras, erróneamente, en señalar que estos conocimientos no tienen el mismo valor; lo que no se puede negar es la ventaja comparativa (e incluso absoluta) que las personas que realizan oficios o trabajos de “nivel básico”, tienen en ciertas actividades sobre aquellas personas que hacemos trabajos de escritorio. Si no, ¿porqué han tenido tanto auge las entregas a domicilio? Una muy buena parte de la población sabe conducir, y al menos en una ciudad como la mía las distancias no son tan insufribles; pero aun así los repartidores de comida se ven a todas horas en las calles. La respuesta es sencilla: el coste de oportunidad de ir nosotros mismos por la comida es más alto que si la pedimos a domicilio. Y no solo en términos del dinero que dejamos de producir o en el desgaste de nuestro vehículo, sino también en términos de inversión en tiempo; que dicho sea de paso, es el recurso más preciado y de cierta forma escaso.

Y bueno si está bien, vale la ventaja comparativa y esto y aquello, pero aun así se me hace excesivo pagar $500 por el arreglo de un jardín dirás, considerando que yo a la semana gano $5000; agregarás. Visto así quizás tengas razón, es un 10% de lo que tu percibes, y ciertamente (como dice el chiste) todo está más caro y ya no alcanza como antes. Pero, ¿sabes? Al jardinero ya tampoco le alcanza como antes, ni a la florista, ni al repartidor de comida, ni a la chica que vende pasteles, ni a la contadora. Que colectivamente ya no alcance como antes es resultado de muchas decisiones económicas y políticas que se han venido tomando a nivel macro, y que lamentablemente es difícil corregir en el nivel micro.

Así pues, antes de tomarla contra la persona equivocada y ofenderte por el costo de sus servicios, que total según tu “no son para tanto”, mejor tomate un tiempo para analizar tus costos de oportunidad y las ventajas comparativas y absolutas que ellas tienen en comparación a ti. Si, estos son conceptos sobre los que se ha construido la ciencia económica moderna; pero no por eso están fuera de nuestro alcance. Al igual que el jardinero, los conoces de manera empírica; esa es otra cosa que tienen en común.

¿Tú qué comparaciones haces?

2 comentarios en “Economía Comparativa.

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