Tengo una confesión que hacer: jamás he puesto un altar de Día de Muertos por mi propia iniciativa. De hecho, esta no es una tradición que celebremos en mi familia.
[Pausa dramática]
Antes de que se alarmen, les explico. Como tantas otras cosas, la celebración del Día de Muertos se ha popularizado como algo típico de la cultura mexicana, pero realmente es una tradición del centro y sur del país. Es por eso que, en lugares como Ciudad de México, Pátzcuaro y otros, existen tradiciones y festividades muy vistosas en relación a este día; con celebraciones que pueden durar varios días. En contraste, en el norte del país (o al menos en mi ciudad), es hace apenas unos años que se han realizado celebraciones o eventos más en forma; motivados en parte por generar una derrama económica para las ciudades, y en parte para brindar espacios de convivencia a la ciudadanía. En el ámbito privado, si bien algunas familias han adoptado la tradición de poner un altar en la casa (que según creo se dio en parte gracias a la película de Coco), no es algo generalizado.
¿Eso quiere decir que las culturas del norte de México, no celebran a sus difuntos? ¿No tienen, entonces, esa actitud un tanto festiva hacia la muerte que tanto se ha asociado con el imaginario mexicano? La respuesta es no en ambos casos. Pero lo que sí es cierto es que, más allá de los elementos de la tradición católica que se entreveraron con las culturas nativas a partir de la Conquista; cada cultura tiene aspectos relacionados a la muerte muy propios de su cosmovisión.
Por ejemplo, en la cultura raramuri, no se cuenta con un día específico para celebrar a los difuntos, pero eso no significa que no se celebre la transición del alma hacia la siguiente etapa. Pues justamente, la cosmovisión raramuri entiende la muerte como una parte de la vida misma, una transición natural a la que todos llegaremos en algún punto. La diferencia estriba en que está sociedad no celebra “el regreso” de las almas en un día específico; sino que la fiesta comunitaria se hace al momento en que fallece la persona, pues es cuando su alma se reúne con sus antepasados y con su creador. Para que esta reunión se pueda dar, el alma debe correr hacia el cielo; pero este es un viaje largo y complicado, y si el espíritu del difunto no puede completarlo, entonces se quedará en la tierra causando un desequilibrio en el orden natural. Es por ello que, como parte de la celebración, la comunidad corre junto con el alma, para acompañarle y apoyarle en este último viaje.
Si bien esta tradición es bastante diferente a la que se ha popularizado, existen varios elementos comunes. Uno de ellos claro es lo que se comentaba al principio de ver a la muerte con cara alegre, que en general es algo muy propio de la mexicanidad. Pero creo que el más importante es el sentido de comunidad que se asocia hacia la transición hacia la siguiente etapa de la vida.
Ya sea que la comunidad participe en el montado del altar, o que la comunidad corra al lado del difunto en su última carrera; en ambos casos se habla de que es un momento para compartirse. Es un momento para estrechar lazos, para celebrar la vida de la persona fallecida, para preservar las tradiciones, para brindar apoyo, y para crear nuevos recuerdos que sigan sosteniendo el tejido de la comunidad.
Porque al final del día, el objetivo el Día de Muertos, o mejor dicho, de los Días de Muertos; es justamente ese. Recordar a quienes amamos y que nos amaron, y que esos recuerdos nos acompañen hasta el momento de volvernos a encontrar.
¿Tú cómo celebras los Días de Muertos?
