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Las gaviotas que vi en Mazatlán.
Como me gustaría ser una gaviota, digo al ver unas cuentas volar cerca de donde estoy sentada. De seguro al oírme piensas que digo esto por las ideas de libertad que usualmente se asocian con las aves. Pero la realidad es que lo mismo me daría ser una lagartija, un zorro o una tortuga. ¿Sabes porqué? Porque todos los animales tienen, desde el momento que nacen, algo que el ser humano pasa toda su vida buscando; y que muchas veces jamás encuentra. Me refiero a que estas criaturas saben, sin temor a equivocarse, que su vida tiene un propósito.
Hace 3 años fui por primera vez al Hotel Estrella del Mar en Mazatlán; un hotel alejado de lo que es la zona hotelera tradicional (por decirlo de alguna forma), pero que igualmente ofrece una vista maravillosa del océano Pacífico. Una de las mañanas de mi estadía me levanté temprano para caminar, y en una oportunidad pude ver un grupo de gaviotas volando cerca. Al verlas se me ocurrió este mini texto que pongo arriba. Quizás al leerlo algunas personas puedan decir que bueno, los animales la tienen fácil, al fin y al cabo, lo único que tienen que hacer es seguir sus instintos y ya. ¿Qué hay de maravilloso en eso? El ser humano, por otra parte, tiene un mundo infinito de posibilidades ante sí.
Si bien lo anterior es cierto, hay ocasiones cuando estoy acostada en mi cama pensando si estaré haciendo las cosas bien, si debería cambiar de trabajo, si estoy dejando que la vida se me vaya de las manos; en que la perspectiva de tener tantas posibilidades me agobia. Además, para ser franca, no es del todo cierto que esas posibilidades son ilimitadas, el sistema mundo que hemos creado nos pone trabas apenas nos desviamos un poco de la norma.
Por ejemplo, si el día de mañana yo decidiera cambiar mi trabajo por uno que me consuma menos tiempo y me genere menos estrés, aunque eso implique una menor ganancia económica y quizás un estatus social menor; estoy segura que varias de las personas que conozco pensarían que estoy tomando una mala decisión. Me preguntarían si en realidad estoy dispuesta a echar por la borda toda mi capacidad y los años que pasé estudiando, para vivir una vida “promedio”, por no decir mediocre. Pero es que ahí está le problema, en ver lo simple como algo de menor valor, y por tanto que se debe rehuir. Considerando el alza en el número de personas con altos niveles de ansiedad y que requieren medicación para ello, no creo que estemos tomando una buena decisión respecto a qué es valioso. Aclaro, el tomar medicamentos para tratar la ansiedad es tan válido como tomar medicamentos para tratar la diabetes, y es algo que como sociedad debemos de normalizar; pero al igual que con la diabetes, cuando el número de casos de esta enfermedad presenta una tendencia ascendiente, es señal de que algo no está funcionando del todo bien en el entorno y al interior de las personas.
Pero volviendo al tema de que las posibilidades que tenemos realmente son más limitadas de lo que estamos dispuestas a aceptar, la precariedad de la vida que como sociedad hemos creado es quizás la mayor razón de que nos apeguemos a lo que es la norma. Infinidad de personas estudian carreras o tienen trabajos que no les gustan ni les motivan, pero lo hacen porque esos son los que les permitirán costearse una vida más o menos digna. Además, con la poca certidumbre respecto al futuro que nos espera, muchas personas encontramos una cierta tranquilidad en que, al menos, la vida que llevamos nos permitirá hacer mejor frente a los escenarios que se vayan presentando. Pero claro, tal como le sucedió al buen Pascal, esta es una apuesta que nos sabremos si ganamos o perdimos hasta que sea quizás ya demasiado tarde.
Es por eso que cada vez que voy a Mazatlán, así como en días comunes y corrientes, pienso en las gaviotas y en si realmente sería más fácil ser una de ellas. ¿A ti te gustaría ser una gaviota?
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La primera constelación
Hace algún tiempo vi en Pinterest un pin que decía que todo lo que leemos, desde una novela hasta un anuncio, es simplemente una combinación de las 26 letras del abecedario. Ese fue uno de esos momentos en que tienes que detenerte a analizar lo que acabas de leer, pues es mucho más de lo que parece a primera vista. Porque sí, los mejores y peores libros que he leído, las canciones que se han quedado conmigo y aquellas que olvido apenas las escucho, las cartas de mis amigas que guardo como algo preciado y correos electrónicos que borro sin pensarlo dos veces; todo eso es una combinación del mismo conjunto de letras. Lo que las hace especiales o no, es el significado que la persona que las creó decidió infundir en ellas, y el significado que a su vez yo extraigo de las mismas.
Esto a su vez me hizo pensar en el tema de las constelaciones, esas formaciones celestiales que a lo largo de los años han servido de guía a quienes deciden viajar por el mundo, y que también han inspirado un sinfín de historias fantásticas. Si alguna vez te has detenido a mirar esas constelaciones, la realidad es que pocas veces se puede apreciar a simple vista qué fue lo que llevó a las personas de antaño a determinar que una en particular parecía un perro o un carnero. Mucho de ello tiene que ver claro con el contexto social en el que vivían, y por supuesto que muchas veces la decisión de que tal grupo de estrellas representaba a la deidad tal; obedecía a una necesidad de establecer un imaginario colectivo para fortalecer a las sociedades antiguas. Pero al final del día, todo se reducía a un grupo de personas tratando de infundir un significado a algo que esperaban pudiera perdurar más allá de su tiempo en esta tierra.
Algo similar sucede con las palabras; pues cumplen esa necesidad de compartir aquello que nos interesa y que esperamos pueda resonar con más gente a través del tiempo y del espacio.
Esta es también la razón principal por la que me decidí, luego de darle muchas vueltas, a escribir este blog. Es mi manera de poder compartir aquello que veo, que pienso, que me interesa por un motivo u otro. No siempre serán temas trascendentales, y no siempre tendrán el mismo formato, precisamente por la variedad de las ideas que pienso explorar. Pero cada entrada estará infundida de un significado importante para mí. Quién sabe, a lo mejor también tu puedes ver el mismo significado en esta combinación de letras.
Y aunque sé lo lejos que estamos, ayuda pensar que podríamos desear la misma estrella brillante. Canción Somewhere Out There, de la película “Un sueño americano”