Pre-ocupaciones.

El futuro me preocupaba, así que decidí mejor ocuparme al respecto.


Trabajé duro y conseguí un buen puesto en mi empresa, con buenas prestaciones. Ahora me preocupo por KPIs, ETAs, EBITA, y otras muchas siglas.


Invertí en un plan para el retiro, e hice algunas otras inversiones prudentes. Ahora me preocupo por las tasas de rendimiento, el precio del petróleo, y el Twitter del presidente de los Estados Unidos.


Compré un seguro de gastos médicos, agendé mis chequeos anuales y comencé a ir al gimnasio. Ahora me preocupo de si estaré tomando el calcio suficiente, o sobre cómo irán a salir mis triglicéridos, y si será conveniente cambiarme de compañía de seguros.


Me suscribí a varias páginas que velan por el futuro comunitario. Ahora me preocupo por las políticas ambientales de Brasil, por el avance de la extrema derecha, y por la situación en Gaza.


Compré una casa como inversión a futuro. Ahora me preocupo por agendar impermeabilizaciones, revisiones a la calefacción, y las decisiones del comité de vecinos.


Empecé a tomar terapia para atender aquello que no me dejaban descansar. Y ahora me preocupo de que, en realidad, tengo muchas más cosas en las que trabajar.


En ocasiones, sobre todo cuando veo historias de gente de mi edad que viaja por el mundo con toda tranquilidad; me pregunto si realmente solo cambié unas preocupaciones por otras. ¿Será que la vida es sólo una cadena de inquietudes que van evolucionando conforme vamos creciendo?


Quizás sí lo sea, pero creo que lo importante es justamente eso. Conforme crecemos y aprendemos, debemos identificar cuáles preocupaciones son importantes en cada momento; y ocupar nuestro tiempo y energía en resolverlas, o por lo menos atenuarlas.

Como en mi caso, puede que eso nos traiga otra serie de cosas por las cuales preocuparnos, pero al menos tendremos la tranquilidad de que nos estamos preocupando consciente y selectivamente, en lugar de solo dejar que el mundo se convierta en una preocupación amorfa e imposible de enfrentar.


¿A ti qué te preocupa? ¿Ya te ocupas de ello?

Artículos de colección.

Tengo un libro pequeñito, cuyo tiraje también fue pequeñito; y que se imprimió en mi ciudad hace 4 años.


Tengo el segundo libro que publicó una de mis mejores amigas; y tengo una mención en su dedicatoria.


Tengo las 2 primeras entregas de la saga El Blasón del Círculo, firmados por su autora; y también tengo el libro de su primera historia de terror, igualmente autografiado.


Tengo una pulsera blanca con morado, que me regaló mi sobrina en su última visita.


Tengo una de las 6 copias de un dibujo que hizo una de mis mejores amigas cuando estábamos en la preparatoria.


Tengo guardado el primer artículo publicado en el que mi hermana fue colaboradora.


Tengo dos cuadros que pintó mi hermano en la secundaria, colgados en la casa para que la demás gente pueda apreciarlos.


Tengo enmarcados los cuadros que colore hace ya algunos años, y que me recuerdan lo feliz que fui en aquella época.


Tengo, junto con mi familia, un cuaderno en el que mi abuelita escribió algunos de sus recuerdos y pensamientos, para que pudiéramos leerlos después.


Tengo muchas, muchas, fotos de momentos irrepetibles que he compartido con la personas que amo.


Que no te engañen, el valor de un artículo de colección no se basa sólo en el dinero que costó.


¿Tú qué coleccionables tienes?

Mercado de la nostalgia.

El término del mercado de la nostalgia se refiere a cuando una empresa o emprendedor aprovecha (en el buen y mal sentido de la palabra), la necesidad de un grupo específico de personas de sentirse conectado a una etapa de su vida a la que ya no pueden regresar; y que recordarla les provoca sentimientos de felicidad y confort.


Uno de los ejemplos más usados sobre este término es el de las comunidades latinas que viven en Estados Unidos (se estima que ese país viven 60 millones de hispanohablantes), cuyos integrantes muchas veces no pueden regresar a sus países de origen por temas legales o de seguridad. Naturalmente, esas comunidades quieren seguir conectadas con sus raíces y con la familia que dejaron atrás; y una manera de hacerlo es mediante la comida. Porque sí, quizás este año no pudiste ir a celebrar el cumpleaños de la abuela (y a lo mejor el próximo tampoco), pero sí puedes prepararte unas enchiladas para comer lo mismo que el resto de la familia cuando se conecten por video llamada para cantar las mañanitas.


Pero para que lo anterior sea posible, tienes que tener la posibilidad de comprar las tortillas, el queso y el chile. Es ahí donde entra el espíritu emprendedor y la visión de negocio de algunas personas y empresas nacionales, que logran un beneficio económico al exportar sus productos hacia los Estados Unidos. O bien, personas latinas que viven allá deciden iniciar un negocio de venta de estos artículos; ya sea que ellos los importen o que bien los preparen por sí mismos. Que aquí entra entonces el eslabón anterior de la cadena de suministro, y así progresivamente.


Como este hay otros varios ejemplos, dependiendo del segmento de mercado o producto que quiera analizarse. Sin embargo, uno de esos segmentos que creo que no sea ha discutido como debería es el mercado de la nostalgia de lo que no fue. En la mayoría de los casos, este tema se ha abordado desde el concepto de los adultos solteros y sin hijos que gastan su dinero en comprar juguetes (ya sea de colección o no), como una manera de reconectar y sanar a su niño interior.


Pero poco se habla (y cuando se hace, usualmente es en tono de burla) de aquellas mujeres adultas independientes (con o sin hijos, solteras o casadas), que ahora pueden permitirse experiencias que no pudieron vivir en su juventud o adolescencia, pero que las películas o series de aquel tiempo nos hicieron creer que eran hitos de la llamada “mejor etapa de la vida”.


Por ejemplo, el tema central de muchas películas era de aquel maravilloso verano en que el grupo o cantante favorito de la protagonista se presentaba en su ciudad, o en alguna más o menos cercana; y como la chica vivía una aventura increíble que culminaba con ella cantando en el escenario con el galán, beso obligado al final de la canción. Dejando de lado esa última escena fantasiosa; la verdad es que incluso la parte de asistir al concierto era una idea muy alejada de la realidad para muchas de nosotras.


Para algunas como yo, la distancia física era un impedimento importante; pues el gasto y tiempo de trasladarse a la capital del país o la ciudad “grande” más cercana era considerable, con el agregado de que requerías que un adulto te acompañará por lo mismo de ser menor de edad, lo que se traducía en que esos inconvenientes se multiplicaban por dos. Así pues, si terminabas yendo a un concierto, lo más seguro es que fueras solo tu con tu mamá, o a lo mejor alguna prima; pero no con tu grupo de amigas como en las películas.


Otro buen ejemplo es el viaje por carretera solo con amigas que se suponía hacías durante la preparatoria, usualmente durante el último año o en el verano antes de entrar a la universidad; y que las más de las veces se usaba como un símbolo del fin de la adolescencia y tu primer paso hacia convertirte en la persona que debías ser. No sé ustedes, pero para mí el verano antes de la universidad fue tomar una materia de verano para adelantar la carga del primer semestre, ir a una serie de cursos de inducción y similares, y despedirme de aquellas amistades que se iban a estudiar a otra ciudad o incluso a otro país. Y eso de convertirme en la persona que debía ser, la verdad es que incluso ahora no estoy completamente segura de cuál es mi “llamado”, o si tengo uno definido.


¿O qué me dices de series como Friends o Sex in the City? Vaya que nos vendieron la idea de que, durante tus primeros años de profesionista, saldrías de tu trabajo derecho a algún bar o cafetería para divertirte con tus amigas; y por qué no, buscar algún galán. Caray, ahora que recuerdo, revistas como Vogue o similares siempre tenían un artículo sobre como adaptar tu maquillaje de oficina a un maquillaje de noche; porque claro lo lógico es que te fueras derecho de la oficina a la fiesta.


Sin temor a equivocarme, puedo decir que jamás he usado uno de los consejos que venían en esos artículos; en parte porque la etiqueta para salir se ha relajado (¡vivan los tenis!), pero mayormente porque eso de salir cada noche luego de la oficina es una gran falacia. Lo he comprobado con varias personas: no importa cuántas extra curriculares o cuántas materias hayas tomado durante la carrera, pasar a un trabajo de 8am a 5pm (si bien te va) es mucho mucho más cansado. Si a eso le sumas el tráfico, la verdad es que lo que más quieres es irte a tu casa a medio descansar y prepararte para el día siguiente. A ver si el viernes da oportunidad de salir; o la quincena que entra porque el sueldo de esta habrá que usarlo en víveres y renta.


Pero es ahora, con más estabilidad luego de más de 10 años en el mercado laboral; cuando yo me organizo para salir luego del trabajo con mis amigas. No todos los días, vaya a veces ni siquiera una vez por semana; pero que increíble es durar las horas en un Denny’s comiendo nachos y hablando de cómo están sus hijos y cosas de la vida, aunque al día siguiente haya que ir a trabajar. Será porque ya nos sabemos organizar mejor, o porque encontramos una fórmula que se adapta a nosotras, no lo sé, pero la realidad es que ahora sí podemos lograrlo.


Y también es ahora recientemente, en nuestros treintas, que una amiga y yo hemos tenido la oportunidad de viajar solas a la capital a ver nuestros artistas favoritos; porque eso de que sigan sin venir a nuestra ciudad creo que es una realidad que no se alterará nunca. Ha sido de las mejores experiencias que hemos vivido juntas, en parte creo porque vamos con la firme intención de divertirnos, sin importarnos el qué dirían; y en parte por el gusto de saber que lo estamos logrando con nuestro esfuerzo.


¿Y el viaje en carretera? No con todas ha sido necesariamente por ese medio, pero sí hemos hecho un viaje especial que nos ha dejado maravillosos recuerdos. ¿Lo gracioso? Todos esos viajes han sucedido luego de graduarnos de la universidad, en algunos casos varios años luego de eso. Además, no creo que ninguno de ellos pueda considerarse como “el viaje” que nos ha permitido descubrir nuestro destino en la vida, pero sí que ha agregado sentido a la misma.


Estoy segura que habrá más experiencias como estas en mi futuro, en el de mis amigas, y en el de quienes estén leyendo este texto. Así mismo, estoy segura de que hay otros ejemplos de experiencias similares que estamos viviendo apenas ahora como adultas, aunque en su momento se identificaron como experiencias para jovencitas. Y también sé que habrá personas que nos hagan burla por ello, y que nos digan “adolescentes treintañeras” en tono despectivo.


Pero la ventaja de poder vivir todo esto como adulta, es que ya también tenemos la madurez emocional para que esos comentarios se nos “resbalen”. Porque las experiencias de la vida no tienen fecha de caducidad, y disfrutar de aquello que nos hace felices es igual de válido a los 15 que a los 45; y que es mucho peor pasar la vida añorando algo que nunca fue, que hacerlo, aunque no sea como lo habías imaginado en un inicio.


Pero como aún así habrá personas que te quieran hacer sentir culpable por comprar ese disco de k-pop, o por ir a un antro que toque canciones de tu juventud; solo diles que estás contribuyendo a ampliar las oportunidades de negocio para las empresas y emprendimientos de tu ciudad o país mediante una estrategia de comercialización bien establecida. A ver qué argumento te dan contra eso.


¿Tú tienes nostalgia de algo que nunca fue?

Al otro día.

Un día dediqué una hora a diseñar una estrategia para reducir los costos de un proceso. Al otro día dediqué una hora a encontrarle forma a las nubes (vi un gato y una bruja).


Un día dediqué una tarde a aprender sobre estados y razones financieras. Al otro día dediqué una tarde a estar tirada en el pasto con mi gatita.


Un día dediqué una cena a hablar sobre precios y condiciones de pago con un proveedor. Al otro día dediqué una cena a reírme con mi amiga sobre lo que nos había pasado en la semana.


Un día dediqué un momento para revisar mis estados financieros personales. Al otro día dediqué un momento a comprarme unos aretes.


Un día me quedé toda la noche terminando una tarea. Al otro día me quedé toda la noche leyendo una novela.


Un día tomé un curso sobre administración de proyectos. Al otro día reflexioné sobre lo que cambiaría si no me preocupara por el futuro.


Un día dediqué un par de horas a desarrollar un caso de negocios. Al otro día dediqué un par de horas a escribir mi blog.


Un día tomé un curso sobre la administración del tiempo. Al otro día me pasé la tarde conversando con mi mamá mientras comíamos chocolates.


Un día pensé y pensé sobre cómo me gustaría vivir mi vida. Al otro día solo la viví.


Si me lo preguntaran, la verdad es que diría que el otro día fue el mejor empleado de los dos.


¿Tú qué quieres hacer con tu día?

Hola,

Quiero aprender francés para pedir mis waffles sin problemas en un restaurante en Bruselas.

Quiero aprender italiano para reírme de lo que se gritan entre sí los gondoleros en Venecia.

Quiero aprender coreano para apreciar los juegos de palabras en las canciones que me gustan.

Quiero aprender japonés para disfrutar de la contemplación de los cerezo en flor.


Quiero aprender alemán para entender a la primera los anuncios de las estaciones de trenes.

Quiero aprender portugués para cantar «La chica de Ipanema» por las calles de Río de Janeiro.

Quiero aprender árabe y hebreo para entender dónde se perdió la paz.

Quiero aprender raramuri para entender los nombres de los cerros y poblaciones de mi estado.

Quiero aprender estos y muchos otros idiomas para poder conectar con la cultura y la gente de los países que visito.

Quiero aprender estos y muchos otros idiomas para poder conectar con la gente de otros países que visita el mío.

Yo quiero aprender varios idiomas para disfrutar más de la vida.

¿Tú qué idioma quieres aprender?

Prioridades

Me puse como prioridad, y mi cuenta bancaria bajó 30 mil pesos.


Pero, ¿cómo es que pasó?


Fui a mi visita semestral con la dentista. Ahí fueron $800.


Fui a hacerme el examen de la vista y cambiar mis lentes. Ahí fueron $5,000.


Me hice mi examen médico anual, incluido el examen de senos y el cervicouterino. Ahí fueron $3,000.


Renové mis plantillas, para corregir mi pisada. Ahí fueron $2,000.


Abrí una cuenta de inversión para mi retiro. Ahí fueron $10,000.


Cambié el filtro del  agua en mi casa. Ahí fueron $700.


Me inscribí a un curso de administración de proyectos. Ahí fueron $1,500.


Renové mi colchón, pues ya tenía varios años encima y ya no me permitía descansar bien. Ahí fueron $6,500.


Y fui a cortarme el cabello. Ahí fueron los últimos $500.


¡Ah! ¿cómo? ¿Tú pensabas que me había gastado ese dinero en lattes, tintes y mascarillas coreanas?


Cariño, te dije que me había puesto como prioridad, y eso significa que invertí en mí misma, que tomé la responsabilidad de mi bienestar presente y futuro. ¿Por qué sería eso algo malo?


¿Tú eres tu propia prioridad?

Ahora estoy aquí

Si, podría estar haciendo fila para subir a la torre de la catedral.


O podría correr en sentido contrario y visitar el Museo del Chocolate.


O bien podría tomar un tren de poco más de una hora y visitar el pueblo de Coblenza.


E incluso podría haber madrugado y tomado un tren de 6 horas a Berlín, y volver a visitar su magnífica catedral, conocer otro de sus museos, o hacer el recorrido para conocer lo que fue un terrible campo de concentración.


Pero en lugar de eso, estoy aquí sentada en el parque frente al río Rin. Estoy viendo como cambia la tonalidad de sus aguas cuando el sol sale o se oculta, o cuando pasa algún barco. Estoy viendo los diferentes tipos de trenes ir y venir de la estación central. Estoy escuchando las campanas de la catedral que ha llegado a significar tanto para mí.


En otras palabras, estoy disfrutando el momento, y dándole oportunidad a mi mente de ir despacio o incluso detenerse un momento.

Más tarde me volveré a preocupar por horarios, documentos, tipos de cambio, y demás.


Por ahora, solo me quedaré aquí.

¿Tú dónde estás ahora?

En el parque.

En el parque, alguien está corriendo.


En el parque, alguien está dibujando.


En el parque, alguien se está columpiando.


En el parque, alguien está regando.


En el parque, alguien está paseando.


En el parque, alguien está sembrando.


En el parque, alguien está platicando.


En el parque, alguien está trotando.


En el parque, alguien está jugando.


En el parque, alguien está leyendo.


En el parque, alguien está comiendo.


En el parque, alguien está soñando.


En el parque, todos estamos viviendo.


¿Tú cuándo vas a ir al parque?

Santuario.

Ella gritó ¡santuario!, y la maestra le enseñó a leer y a escribir.


Ella gritó ¡santuario!, y el panadero le ofreció una empanada recién horneada.


Ella gritó ¡santuario!, y los árboles del bosque la cubrieron con su sombra.


Ella gritó ¡santuario!, y las monjas la protegieron con sus hábitos.

Ella gritó ¡santuario!, y la doctora sujetó su mano mientras le sujetó la mano mientras la examinaba.


Ella gritó ¡santuario!, y los animales de la veterinaria la acompañaron.


Ella gritó ¡santuario!, y los niños de la guardería le mostraron sus dibujos.


Ella gritó ¡santuario!, y la bibliotecaria le mostró los mundos escondidos en los libros.


Ella gritó ¡santuario!, y la orquesta le brindó un cresscendo.


Ella gritó ¡santuario!, y sus amigas le regalaron su tiempo.


Ella gritó ¡santuario!, y su abuela la envolvió en su abrazo.


Ella susurró santuario, … y se permitió entrar en ella misma.


¿Cuál es tu santuario?

Proteger, proveer, procrear en conjunto.

El otro día vi una publicación bastante interesante. Era una foto de alguna escena clásica, en la que un soldado, ataviado con el estilo griego/romano, está levantando un bebé que le ha entregado una mujer, quien también se aproxima al hombre. El entorno nos hace suponer que están en una casa, por lo que se infiere que el hombre ha regresado de una batalla y está siento recibido por su esposa e hijo. No venían más detalles sobre la obra en cuestión, aunque algunos de los comentarios señalaban que el guerrero era en realidad Alejandro Magno, lo cual pone un poco en duda el contexto de la imagen. Mas como dije, no me consta ni lo uno ni lo otro.


Sin embargo, lo que llamó mi atención fue el comentario del hombre que subió la publicación. Este se refería que la escena mostraba lo que era la masculinidad en su forma más alta; que era proteger, proveer y procrear. De ahí luego los comentarios de otras personas respecto a lo irónico de la situación, si es que el cuadro en verdad representaba a Alejandro Magno.


Pero más allá de ello, me quedé pensando en que en realidad esas tres palabras sí podrían aplicarse a una representación deseable de la masculinidad; siempre y cuando se vieran y vivieran más allá de la interpretación clásica que todas conocemos.
Porque sí, un compañero que te proteja es deseable. Pero no en el sentido de que te vea como una frágil doncella que no puede enfrentarse al mundo por sí misma. Más bien, que te proteja porque los dos están en esto juntos, son parte de un mismo equipo, en donde si uno se cae, el otro o lo cubre mientras se levanta, o lo ayuda a levantarse, o lo carga un rato en lo que recupera fuerzas.


Alguien que te proteja es también aquél que lo hace cuando tú no estás presente. Es alguien que no habla con malicia de ti, con amigos o con extraños. Es también quien te protege al no traspasar tus límites, quien no te hace sentir incómoda en una situación, ya sea solos o en compañía de otros. Y quizás lo más importante, un compañero que te protege también protege al resto de las mujeres, porque sabe que solo así habrá una sociedad justa en la que tú y las demás puedan estar a salvo.


De igual forma, un compañero que te provea también es deseable. Pero no que te provea de casa, comida, dinero, gustos; de eso podemos proveernos nosotras mismas. Lo que es deseable es un compañero que te provea amor, comprensión, respeto, calidez, apoyo, momentos especiales, estabilidad, aventuras, magia.


¿No son todas esas cosas, un tanto básicas en una relación? Sí, lo son. Pero lamentablemente hay muchos hombres que han sido criados en el entendimiento de que a una relación ellos solo deben aportar lo material; sin considerar que una relación sana y satisfactoria es mucho más que eso.


Vale muy bien, pero volviendo al listado, ¿no son estas cosas que también podemos proporcionarnos por nuestra cuenta? Claro; de hecho, si las mismas solo las consigues mediante una relación externa, entonces hay unas cuantas situaciones que analizar de manera personal. Sin embargo, tener en tu vida a personas cuya mera compañía te den más de todas estas cosas, sin duda la harán más rica.


Finalmente, un compañero con quien procrear también es deseable. Pero esto va más allá del engendrar hijos juntos; que puedo incluso quedarse fuera de la ecuación. Lo que se busca es alguien con quien poder crear una relación y una vida en conjunto, con todas las cosas positivas que he venido mencionando. Es crear algo que sea mayor que la suma de sus partes. Parafraseando a Robert James Waller, es crear un nosotros a partir del tu y el yo; pero sin que estos desaparezcan.


Me parece que esto último es justo el elemento que hace falta para que se pueda dar una relación sana: el entender que es una relación de dos personas libres e independientes, pero unidas por algo más que conveniencia o necesidad. Si lo vemos así, entonces se vuelve lógico pensar que ambos harán lo necesario para proteger esa relación, que proveerán lo necesario para que la misma crezca saludablemente, y así procrear una vida agradable para ambos.


Si logramos esto, estaremos entonces no solo ante una representación ideal de la masculinidad, sino de las relaciones en su conjunto.


¿Tú cómo llevas tu relación?