Tarde de caricaturas.

El día de ayer me preguntaron, ya con la perspectiva del tiempo, cuál consideraba que era la mejor caricatura de mi infancia. Una pregunta algo difícil, puesto que en mi opinión crecí en el periodo con mejores opciones para el público infantil; donde las caricaturas y programas eran graciosas sin caer en lo grosero y absurdo, y que tocaban temas importantes sin por ello volverse aburridas. Creo que recién hace quizás unos 10 años volvieron a realizarse series que lograban lo anterior, y que pueden disfrutarse sin un límite de edad.

Pero volviendo a la pregunta, si bien había de donde escoger, mis recuerdos se fueron a aquellas caricaturas que ya pude compartir con mi hermano y mi hermana; así como aquellas que pasaron a ser parte de la cultura de mi familia. Aún hoy en día cuando alguien de la familia no ve un letrero bastante obvio decimos “¿un letrero como ese?”, recordando un capítulo de Las Aventuras de Timón y Pumba. O bien, si por cualquier causa acabamos en un lugar no particularmente agradable, nos referimos al mismo como “una ruina de torre”, como diría el búho Arquímedes de La espada en la piedra.

Quizás al leer esto pienses que estoy cayendo en una contradicción con mi respuesta, pues a lo mejor las caricaturas que menciono y otras tantas no son realmente buenas, sino que están “maquilladas” por la carga emocional que me provocan. Puedo decir que en este caso no es así, pues la mayoría de ellas las he vuelto a ver ya de adulta, y me siguen divirtiendo igual; a diferencia de otras series o películas más modernas que la verdad con una vez fue suficiente (estoy hablando de ti, Grinch versión 2018). Lo que no puedo negar es que, si lo hubiera pensado más detenidamente, podría haber nombrado algunas caricaturas con más contenido o quizás menos comerciales (Kathy la oruga es un excelente ejemplo); pero las que tengo más presentes son justamente las que, como ya dije, tienen un elemento emocional importante.

Así pues, como tantas otras cosas, lo que convierte a una experiencia o cosa en algo especial, es la oportunidad de compartirlo con las personas que amas. Una simple comida en la cafetería de la escuela la recuerdas con cariño por la conversación que tuviste con tu hermano. Y tu segunda visita al Museo Metropolitano de Nueva York se vuelve aún mejor que la primera al ver la expresión de sorpresa de tu hermana en la sala egipcia.

Como dije, con los años he visto excelentes ejemplos de animación dirigidos al público infantil; varios de ellos han influido incluso en las historias que cuento. Pero la verdad es que ninguno de ellos podrá superar aquellas que vi en la casa de mi infancia, y que de un modo u otro forman parte de mis relaciones intrafamiliares.

¿Cuál es tu caricatura favorita de la infancia?

Empatía ordenada.

Entre los diferentes hechizos que los jugadores de Calabozos y Dragones pueden usar, se encuentra el conocido como “comando”. Este es un hechizo en el que, con una sola palabra, puedes obligar a otra persona a hacer lo que tú quieras, como huir, detenerse o atacar. En general el “comando” se usa para acciones físicas como las que ya he mencionado, pero en el capítulo final de la segunda campaña de Critical Role, el clérigo Caduceus lo utiliza de una manera bastante peculiar, pues su orden va orientada a las emociones de la otra persona. Dicha persona es un mago que le ha causado un gran dolor al clérigo, pero por la misma naturaleza de su adversario, Caduceus no está seguro de que pueda siquiera comprender su dolor; así que le ordena que empatice con él.

Dentro del juego esta estrategia resultó bastante interesante, pero a su vez nos permite examinar este sentimiento desde otra perspectiva. En general, cuando hablamos de la empatía lo hacemos en un enfoque positivo, como cuando pedimos al público que empatice con los sobrevivientes de un accidente y busque apoyarles. En otras palabras, le pedimos a las personas que comprendan como deben sentirse dichas víctimas, evocando emociones como desesperanza y miedo; para luego internalizarlas y actuar de una manera que consideramos nos ayudaría a aliviarlas. De la misma manera, cuando una persona le hace daño a otra, le pedimos que tenga empatía hacia como las propias acciones repercuten en el ánimo del otro; esperando que con esto recapacite, pida disculpas, y finalmente cambie su comportamiento.

Todo lo anterior está muy bien, pero, si como en el juego pudiéramos emplear la empatía como una forma de reprimenda, ¿lo haríamos? Pongamos por caso a un asesino serial, quien no solo causa la muerte de sus víctimas, pero además lo hace de manera tal que las despoja de su dignidad. Según la información disponible, es verdaderamente raro que este tipo de asesinos sienta remordimiento por lo que han hecho; y aunque se les impongan condenas como cadena perpetua o la pena de muerte, la mayoría de las veces sentimos que eso es muy poco castigo comparado con todo el mal y dolor que han causado. Por tanto, ¿qué pasaría si pudiéramos ordenarle que empatizara con sus víctimas?, ¿que por un par de minutos sintiera el dolor y el miedo que causó a sus víctimas? Estoy segura de que eso les afectaría más que los 30 años que pasarán en prisión, viendo como hacen series televisivas sobre su vida; y a la vez esto proporcionaría algún tipo de cierre a las víctimas y/o a sus familias.

Pero, ¿no estaríamos entonces fomentando la venganza? Considero que no, pues usualmente se pide a las víctimas que sean las “personas maduras” de la situación, y otorguen el perdón y suelten sin más. Si bien este es un sentimiento noble que debe ser fomentado por el bienestar de las personas afectadas; también es cierto que este tipo de casos y otros similares se convierten en juegos de poder en el que las víctimas la llevan de perder. Quizás el ver que su perpetrador sintió brevemente lo que ellas tendrán que soportar por el resto de sus vidas, les ayude para quitarle un poco de poder, y usarlo para rehacer sus vidas. Además, según la evidencia, este tipo de agresores son capaces de comentar tales atrocidades precisamente porque carecen de la capacidad para reconocer a las demás personas como similares. El obligarlos a tener esa habilidad y por tanto dimensionar sus acciones desde una perspectiva más humana, podría ayudarles a tratar de reformarse.

En fin, afortunadamente este es solo un caso hipotético; pero creo que es interesante el analizar conceptos tradicionalmente positivos desde una perspectiva diferente, y cuestionarnos de qué seríamos capaces si las condiciones fueran distintas Por lo pronto, sigamos fomentando la empatía como una habilidad humana para crear comunidad, no por el miedo de que algún día puedan usarla en nuestra contra; sino como un deseo genuino de conectar con las demás personas.

¿Qué otras emociones positivas crees que sería interesante analizar desde una perspectiva diferente?

Antihéroes y anti villanos.

En estos días he estado leyendo la saga del Blasón del Círculo, de Alex F. Wong; una historia de fantasía contada desde la perspectiva de diferentes personajes. En uno de los CAPÍTULOS, Samantha, la protagonista, le pregunta a su tía si tal persona es mala, a lo cual la tía le contesta que debe recordar que todas las personas son el hijo, el hermano, el amigo, etc. de alguien; dándole a entender que las personas no son ni totalmente malas ni totalmente buenas. Un poco más adelante, otro de los personajes del libro, el periodista Carut Efrén, está hablando sobre sus estrategias para recolectar y presentar información que vincula al villano de la historia con varios crímenes aparentemente aislados. En esta plática, el periodista hace énfasis en querer dejar en claro que el sujeto en cuestión es malo, a manera de que con el paso de los años la gente no quiera perdonarlo o justificarlo diciendo que tenía sus motivos para hacer lo que hizo.

En unas cuántas páginas, la autora nos ha presentado uno de los dilemas éticos y filosóficos más grandes de la historia: ¿la naturaleza del ser humano, es buena o mala? Mucho se ha debatido sobre la cuestión, siendo quizás la conclusión más aceptada la que considera que tenemos tanto bondad como maldad en nuestra esencia. Lo cual estaría muy bien, si eso no nos llevara después a una ambigüedad e hipocresía que pueden resultar peligrosas. Con esto quiero decir que, tal como temía el periodista creado por Wong; con el paso del tiempo la gente tiende a minimizar las malas acciones de una persona e incluso llega a justificarlas. Esto va desde la esfera privada, en la que se excusa al bisabuelo misógino que golpeaba a su esposa sin motivo, porque “así era antes”; hasta la esfera pública en la que se acepta que un presidente se “brinque” las reglas y permita el uso desmedido de la fuerza durante las redadas, pues al fin y al cabo lo que el país necesita es mano dura para salir adelante.

El problema en ambos casos radica en que, muy raras veces, las cosas terminan ahí. En el caso del bisabuelo, si durante las reuniones familiares escuchamos como se le alaba por haber sido un hombre que siempre trabajó para que su familia tuviera comida en la mesa y para que sus hijos pudieran estudiar, pero nunca se discute abiertamente la violencia que a la vez ejercía contra su esposa y cómo esto afectó a la familia; entonces los niños crecerán pensado que ese tipo de cosas pueden excusarse, verse como un pequeño defecto de carácter, y continuar repitiendo los mismos patrones de comportamiento. Después de todo, por lo que se les va a recordar es por lo bueno que hicieron, y lo demás se dirá que fue “producto del pensamiento de ese tiempo”; que sin embargo sigue siendo el nuestro.

En el caso del gobernante, el que la sociedad le permita desestimar las leyes como medio para lograr el bien común, es el camino más fácil para que se convierta en un dictador. Si las leyes son solo un estorbo para lograr el cambio que la sociedad necesita, entonces deshagámonos de ellas y en su lugar dictemos unas que vayan más acorde al pensamiento del líder; o mejor aún, dejemos que el decida sobre todos los aspectos. Todavía no conozco un caso en el que, al tener semejante poder y nadie a quien rendir cuentas, la persona en cuestión no se corrompa.

¿A dónde quiero llegar con esto? La ambigüedad es parte misma de la esencia humana, ninguna persona puede ser catalogada como totalmente buena o totalmente mala; pero sí puede ser o mayormente buena o mayormente mala. Sin importar cuánta prosperidad económica fomente un gobernante, si lo hace a costa de permitir el racismo, la discriminación o la explotación; entonces esa persona debe ser catalogada como mayormente mala. La excusa de que el fin justifica los medios ni siquiera debe considerarse; siempre habrá una manera más humana de conseguir las cosas, aunque quizás eso implique un mayor esfuerzo.

Por otra parte, aunque una persona sea mayormente buena, no debemos cegarnos al hecho de que algunas de sus acciones fueron/son incorrectas. Esto es particularmente importante en la escena personal y familiar, en donde nos cuesta mucho aceptar que las personas que amamos no son heroínas o héroes sin mancha.  Volviendo al caso del bisabuelo, el admitir que su compartimento hacia la bisabuela fue incorrecto y reprobable, no demerita sus otras acciones en favor de su familia. El poder hablar de ello sin apologías nos permitirá entenderle mejor, incluso perdonarle en caso de ser necesario; pero también dar un paso hacia adelante para evitar que los patrones de violencia sigan repitiéndose, y así ampliar el bien que hizo a su familia, ya que su historia servirá como punto de partida hacia relaciones más sanas.

Así pues, como ya he dicho en otras ocasiones y sobre otros temas, lo importante es encontrar un punto medio que nos permita reconocer tanto lo bueno como lo malo de las personas, y actuar en consecuencia. Quizás en este caso, y siguiendo con el tema literario, el punto sea reconocer que la mayoría de las personas encajamos más en el arquetipo de antihéroe; en donde la bondad sigue siendo nuestra parte medular, pero que aun así cometemos errores y malas acciones. Y por último, reconocer que aunque haya también anti villanos en la vida real, esto no debe ser un atenuante para el daño intencional que han causado. Parafraseando a Isaac Asimov en su novela “La Fundación”, no permitamos que un falso sentido de la moral nos impida hacer aquello que es lo correcto.

¿Tu consideras tus acciones como correctas?

Agradecimientos que visibilizan.

La ex jugadora de futbol, Abby Wambach, dijo alguna vez que jamás en su vida había anotado un gol sin antes recibir un pase de alguien más. Esa frase la escuché por primera vez hace casi 10 años, cuando iba a graduarme de la maestría, y de hecho la usé en las invitaciones que envié para la ceremonia; porque me pareció que encerraba muy bien el sentimiento de agradecimiento que yo tenía para con todas las personas que me habían ayudado a lograr mi meta. Hoy, tantos años después, sigo pensando que su significado se mantiene y se renueva con cada nuevo proyecto que tomo.

Quizás mientras lees esto estás recordando a la gente que te ha apoyado a lo largo de los años, como algún jefe que reconoció tu trabajo y te ayudó a alcanzar tu siguiente escalón laboral, o aquella maestra que te dedicó tiempo fuera de clase para explicarte un concepto complicado, o aquella amiga que leyó tus escritos y te ayudó a mejorarlos. Todas esas personas y acciones son importantes, y les debemos un reconocimiento; pero existen otras actividades que son igualmente importantes, pero como son más rutinarias, tendemos a pasarlas por alto. Por ejemplo, yo puedo estar ahora escribiendo esta entrada sin preocuparme por la comida de mañana, porque mi mamá se está ocupando de ello. ¿Es algo inusual que mi mamá haga la comida? No, de hecho ella la hace muchas más veces que yo, pero esa cotidianidad no le resta importancia a que gracias a esto yo tengo tiempo de perseguir una de mis ilusiones.

Así como este ejemplo, existen muchos de la vida diaria que, sin aspavientos ni alardes; forman los cimientos sobre los que construimos nuestros proyectos de vida. Pero como justamente son actos de rutina, no los reconocemos como las uniones dentro del gran plano de las cosas. Con esto no quiero decir que no sientas un agradecimiento con los miembros de tu familia por tener una casa limpia, o comida caliente cuando llegas del trabajo, o cuando alguien hizo los quehaceres que te correspondían para permitirte descansar; sino más bien que tendemos a relegarlos a un segundo plano cuando hacemos el recuento de las cosas que nos han permitido llegar a donde estamos.

Esto mismo se refleja también en los espacios laborables, en donde ciertas tareas son pasadas por alto. Quiero decir, nunca he leído un caso de estudio en que se comente que el éxito de la compañía se debe en parte a que las oficinas siempre estaban limpias; pese a que ciertamente eso ayudaba al mejor desempeño de los ejecutivos. Aquí podría decirse que pues bueno, al final y al cabo ese era el trabajo del personal de limpieza; pero entonces lo mismo podría decirse de los contadores, las compradoras, y del equipo de ventas. Todas estas tareas son importantes y necesarias para el bueno funcionamiento de la organización, pero como son de rutina, tienden a volverse invisibles.

Así pues, quisiera aprovechar esta entrada para agradecer a todas aquellas personas que hacen tantas y tan valiosas tareas “cotidianas”, que malamente pasamos por alto pero que sin las mismas no podrían realizarse todas las demás actividades. Pero además de ello, me comprometo a que a partir de ahora les daré el valor que se merecen, no solo por la importancia que tienen para el logro de otros objetivos; sino también como una manera de respeto a estas mismas personas. Porque definitivamente, no habría golpeadoras sin medio campistas.

¿Tú qué tareas invisibles puedes visibilizar?

¿Cuánto llevan ahí?

Hace poco más de un año, por razones varias, empecé a escuchar a BTS; y desde entonces me he convertido en fan. Derivado de ello, empecé a seguir algunas páginas relacionadas con sus actividades; y gracias al famoso algoritmo, ahora me salen sugerencias de páginas de otros grupos de k-pop, de series coreanas, y otras tantas cosas relacionadas con la cultura de aquel país. Así mismo, gracias a esto me he enterado de todo un mundo de premios, listas de popularidad, concursos, y varias otras actividades relacionadas a la cultura pop no sólo de Corea sino de Asia en general.

Sinceramente, me he quedado sorprendida por esto. Si bien nunca he sido mucho de estar pendiente de lo último de las industrias del entretenimiento en general, podía decir que conocía lo básico de la temporada en curso de los premios más famosos, como los Premios Óscar o el Festival de Cannes. Pero, siempre me quedaba del lado occidental de la industria, con una o dos menciones de países más allá de Europa y América. Ahora que veo todo el resto de opciones que existen, y que han existido por bastante tiempo, me parece increíble que nunca haya tenido siquiera una noción de su existencia; lo que me ha hecho volver a cuestionarme los sesgos cognitivos que están presentes en mi día a día.

Los sesgos cognitivos son aquellos que alteran la forma en que procesamos la información, y por ende, nuestra percepción de la realidad. En el ejemplo que menciono, me parece que podríamos hablar de un sesgo de confirmación, el cual nos lleva a buscar y dar más importancia a la información que es concordante con aquella que ya teníamos. En la era de las redes sociales con algoritmos que clasifican y determinan qué información presentarnos, basándose justamente en nuestras búsquedas anteriores; es cada vez más común el sesgo del conocimiento, con su consiguiente polarización y radicalización de ciertos sectores de la sociedad, como ya había comentado en una entrada anterior.

En dicha entrada comentaba justamente los riesgos que esto implicaba para la sociedad en un contexto político, por lo que en esta ocasión me gustaría abordar el tema desde una perspectiva cultural. La así llamada cultura de masas se basa precisamente en eso, en ofrecer contenidos que puedan ser consumidos por una gran cantidad de personas, sin prestar muchas veces atención a la calidad del contenido ofrecido; pues simplemente recrean fórmulas que ha tenido éxito en el pasado. Eso por ello que de un tiempo a la fecha las carteleras del cine se centran o en películas de súper héroes o readaptaciones de clásicos de antaño (animados o no). Como estas son las opciones que vemos mayormente anunciadas, son las que más consumimos, y derivado de ello nos llega más publicidad de contenidos similares; con lo cual asumimos que estas son las únicas opciones disponibles. De esta forma, contenido original y valioso, pero que no cuenta ni de lejos con la misma capacidad publicitaria ni de distribución, se pierde; pero lo que es peor es que la personas que tuvieron el valor de intentarlo se ven descorazonadas por estos fracasos, renunciando a sus aspiraciones y dejándose llevar por la corriente. Y así seguimos en el círculo vicioso de decir que el único contenido disponible es el que ofrecen las grandes productoras, que se centran en el aspecto económico en lugar del creativo.

De ahí la importancia de que como consumidores nos demos la oportunidad de buscar alternativas de entretenimiento cultural. Por supuesto, esto implicará un esfuerzo de nuestra parte; pues no es lo mismo querer ver la nueva entrega de una franquicia de películas que se exhibe en todos los cines del país, que ir específicamente al cine que tiene un ciclo de arte para disfrutar de la obra de una directora joven y prometedora. De igual forma, para poder apreciar una canción de un grupo de pop japonés, tendremos que hacer el esfuerzo extra de buscar la traducción de la letra, y buscar temas inherentes a su cultura para poder entender mejor las alegorías a las que hacen mención. Pero puedo decir por experiencia que todo ese esfuerzo es ampliamente recompensado por la calidad de contenido que vas encontrando; y que poco a poco la tarea se va volviendo más sencilla puesto que, al alimentar nueva información al algoritmo, este irá cambiando y te presentará opciones que vayan en concordancia a esos nuevos intereses.

Como en tantas otras cosas de la vida, lo más importante y a la vez difícil, es decidir dar ese primer paso y cambiar nosotras. Pero una vez logrado, y con un poco de perseverancia, entraremos ahora en un círculo virtuoso de nuevos descubrimientos y conocimientos, que nos permitirán disfrutar de una mayor cantidad de los gustos que la vida tiene para ofrecernos.

¿Cuál es un entretenimiento que hayas descubierto hace poco?

Retira el sartén.

Muchas veces me ha pasado que, mientras estoy haciendo el desayuno, decido que bien puedo poner a calentar el agua para el café, partir las verduras, y dejar el huevo tipo omelette en el sartén para que se vaya cocinando de un lado en lo que acabo de hacer lo demás. Todo lo anterior según  yo para ahorrar tiempo. Claro, la mayoría de esas veces sucede que el huevo está listo antes de que todo lo demás, y casualmente también es cuando más llenas tengo las manos de las cáscaras y restos de las verduras. Entonces, entro un poco en desesperación, porque por un lado quiero lavarme pero por el otro sé que si no me apresuro, el huevo se va a quemar. Y por si fuera poco, justo en ese momento comienza a sonar el hervidor de agua; que afortunadamente se apaga solo pero el sonido agrega un efecto aún más apremiante a la situación.

Luego de algunos huevos quemados, o de ensuciar la espátula, el sartén y la estufa por tratar de voltear el huevo, he aprendido que lo más sencillo que puedo hacer es retirar el sartén del fuego; ya sea apagando la llama o bien cambiándolo de hornilla. Ciertamente eso me deja o con un sartén o con una perilla de estufa que limpiar, pero no con ambos; y esto me da los minutos justos para ir, lavarme las manos, vaciar el agua caliente si es preciso, y posteriormente regresar al sartén para acomodar el huevo y los demás condimentos. Así, evito un desastre que aparte de ponerme de malas, al final me dejaría con un embrollo más grande que limpiar.

¿A dónde quiero llegar con esta historia de mis habilidades culinarias en desarrollo? A que esto mismo nos pasa no solo en la cocina, sino también en nuestro trabajo, o en otras actividades cotidianas. Pretendemos ganarle tiempo al tiempo haciendo multitareas, que como ya dije en otra ocasión es una estrategia que muy rara vez funciona; y que en la mayoría de los casos nos deja con un embrollo más grande. Aunque somos conscientes de esto, siempre pensamos que ahora si nos va a salir bien, como a mí en el caso del desayuno; o simplemente la vida nos obliga a intentarlo porque después de todo el tiempo es dinero y de seguro hay algún millonario por ahí diciendo que la vida es de quien hace más en menos tiempo y tonterías como esas.

Entonces, si no podemos escapar de esa locura, entonces lo mejor es encontrar formas de lidiar con ella. Lo ideal por supuesto es dedicarle un tiempo a fortalecer nuestra estabilidad mental, encontrar maneras de organizarnos, de aprender a delegar cuando es posible, de priorizar, entre muchas otras cosas. Pero siendo sinceras, incluso las personas más capacitadas tienen momentos en que simplemente no pueden, en que quizás ha habido muchas pequeñas cosas amontonándose y de repente se dan cuenta (y nos damos cuenta) que nuestras reservas de energías se han agotado. Es en ese momento en que debemos sacar fuerzas de flaqueza, identificar la situación más apremiante, y evitar que se convierta en un desastre. Y en ocasiones eso implica alejarla un poco, como yo con el sartén.

No, no estamos resolviendo el problema de raíz, y quizás hayamos agregado un poquito más de complicación con nuestra solución temporal (vamos a tener que limpiar la perilla); pero hemos logrado el objetivo inmediato: evitar un percance y conseguirnos unos precioso momentos para controlar las otras pequeñas cosas que están dando vueltas por ahí, apagar los ruidos que nos están estresando innecesariamente, y tomar un momento para respirar. Con esto resuelto, podemos volver al problema, verlo de frente, y resolverlo haciendo uso de todas las técnicas y estrategias que hemos aprendido con anterioridad. Sin contradecir al teórico Chris Argyris, a veces un poco de pensamiento de bucle simple es necesario, para que posteriormente podamos llegar al de bucle doble

Esta última parte es sumamente importante. No podemos quedarnos solo en la etapa en que atendemos solo cosas pequeñas y las grandes las hacemos a un lado indefinidamente. El objetivo de poner una solución temporal a los problemas importantes es para darnos tiempo de solucionar los problemas pequeños y recomponernos, para ahora sí enfocarnos en la situación principal. Si nos quedamos en la etapa de la solución temporal, nosotras mismas nos estamos creando una situación más problemática en el futuro, además de que nos generamos un estrés innecesario en el proceso. Después de todo, el motivo por el que nos pusimos a hacer el desayuno, es porque teníamos hambre; y dudo mucho que la misma vaya a desaparecer si solo nos enfocamos en lavar los platos.

¿Tu has aprendido a retirar los sartenes?

Bailemos.

Hoy he constatado lo que innumerables chistes, memes y similares han dicho durante algún tiempo: conforme creces, las desveladas son más difíciles de superar. Estos días me he dormido mucho más tarde de lo habitual, uno de ellos incluso me dormí a la hora que usualmente me levanto; así que hoy ha sido un día un tanto difícil de sobrellevar, sobre todo porque, aunque he querido dormir, la noción de que tengo pendientes no me permite descansar.

Uno de esos pendientes consistía en ir a comprar algunos víveres al supermercado. Así que ahí estaba yo, comprando de pasada una bebida vitaminada, cuando empezó a sonar una canción, creo que de los años 80s aunque no podría asegurarlo; la cual ciertamente se oía como una de esas canciones con las que la gente baila en las películas. Y entonces, en el pasillo de enseguida, vi a una pareja que estaba haciendo justamente eso: bailando en medio del pasillo del supermercado, con sonrisas en sus rostros. Al verles, no pude evitar sonreír también; tanto por su felicidad como por constatar que las cosas buenas que salen en las historias de internet, también pasan en la cotidianidad de la vida.

Además de sentir por un momento que estaba en la escena de una película, ese gesto de una pareja desconocida me hizo cambiar un poco la actitud que tenía. Sigo sintiéndome cansada, y desearía tener otro día libre para reponerme por completo; pero también agradezco que ese cansancio proviene de haber disfrutado experiencias especiales durante el fin de semana. Ya en otras ocasiones he dicho aquí mismo que a veces la vida se vuelve una repetición de días en las que haces un poco de lo mismo; y que el fin de semana solo es un período para hacer pendientes de otra naturaleza. Pero estos dos últimos fines de semana han sido diferentes en el mejor sentido de la palabra; con actividades que, si bien han implicado que durante la semana quizás haya que hacer un esfuerzo extra, sobretodo esta que viene, realmente lo han valido, sobretodo por que han sido experiencias que pude disfrutar con gente que quiero. Parafraseando a la actriz Jessica Segura, este cansancio es pagar el precio de algo extraordinario.

Desconozco como hayan sido los días previos de la pareja que vi bailar en el supermercado, pero creo que deben haber sido buenos si tuvieron la motivación y valentía para demostrar su felicidad sin ambages. Espero yo también, no solo durante esta semana si no todos los días, poder demostrar mi alegría por medio de mis acciones; aunque las haga con un poco más de sueño de lo habitual.

¿Tu cómo demuestras tu felicidad?

Personas reales.

Ayer tuve la oportunidad de asistir a un conversatorio con 3 autoras y 1 autor jóvenes de mi ciudad: Alex F. Wong, Marisa Pacheco, Joaquín Hermosillo, y Rebeca Lee. Si bien cada una de sus historias (tanto personales como literarias) tienen su propio estilo y esencia, también había varios puntos comunes entre ellas; como puede ser que ninguno estudió letras como profesión, o que tuvieron que pasar una serie de situaciones para poder convertirse en autoras y autor publicados.

Para mí, sin embargo, la coincidencia más importante es la similitud que tienen con la gente común: tienen trabajos similares al mío y al de una buena parte de la comunidad local, podemos hablar de ciertos acontecimientos de la región sin tener que dar un contexto previo, en fin, creo que son autoras y autor a quienes realmente podemos llamar contemporáneos. Me parece que esto ayuda a desmitificar la concepción que muchas veces tenemos de las profesiones artísticas, puse usualmente tendemos a verlas como algo alejado de nuestra realidad y que por tanto no podemos llevar a cabo. Quiero decir, por mucho que sepamos que J. K. Rowling escribió Harry Potter en un café mientras sufría de depresión; el hecho de que todo eso haya sucedido en Reino Unido pone una barrera entre su realidad y la nuestra, pues tendemos a pensar que bueno ella estaba en una nación “de primer mundo” (lo que sea que eso signifique), y por tanto sus oportunidades de éxito eran mayores. O incluso de manera nacional, cuando hablamos de escritoras como Elena Garro y Elena Poniatowska, no podemos dejar de ver como las circunstancias de vida privilegiada de ambas les permitieron las experiencias, el tiempo y los medios para realizar su obra; esto claro sin demeritar la calidad de la obra de ambas, pero que finalmente también es un hecho innegable.

Por eso considero que el escuchar y convivir con artistas, de cualquier disciplina, que comparten el mismo espacio-tiempo que nosotras, es una fuente invaluable de inspiración. Pero más importante que eso, si cabe, es la oportunidad que este tipo de situaciones nos ofrecen para poder generar un sentimiento de orgullo y de comunidad hacia estos artistas locales; buscando apoyarles en sus diferentes proyectos y a la vez demandando y construyendo mejores condiciones para que puedan difundir su obra. Como ya he dicho, tendemos a pensar que las historias de éxito se dan sólo en lugares con una tradición artística importante, o en donde los apoyos a la cultura son una realidad constatable; pero se nos olvida que todos esos lugares también empezaron de cero, y que la constancia y esfuerzo compartido les ha llevado a donde hoy se encuentran. Quizás este sea un buen momento para dejar de romantizar y añorar realidades externas, y empezar a disfrutar y cuidar las que tenemos, literalmente, en nuestras casas.

¿Tu cómo apoyas a tu comunidad artística?

PD. Los títulos de cada autora y autor que menciono son (en el mismo orden que aparecen citados): Saga El Blasón del Círculo; Punto de Quiebre; El Invierno; Arthemisa.

Inversión en tiempo.

Acabo de ver una nota sobre una empresa social en Kenia, conformada por mujeres locales, que se dedica a la elaboración de pañales reutilizables de algodón. Los mismos están diseñados para que puedan lavarse en casa; pero la empresa ofrece también un servicio de lavado. Con esta iniciativa, además de mejorar las condiciones de vida de las mujeres de la zona, se busca reducir la contaminación ambiental generada por los pañales desechables, pues los mismos tardan años en degradarse.

Si bien esta iniciativa me parece encomiable, mientras veía la nota no pude evitar pensar que para que la misma tuviera éxito; requería que las mamás que usaban sus productos estuvieran dispuestas también a invertir mayor tiempo en labores relacionadas a la limpieza y cuidado de sus bebés. O mejor dicho, implica que dichas mujeres tengan la posibilidad de elegir dedicar más tiempo a dichas actividades; situación poco probable si se considera lo demandante que es cuidar a un bebé, más aparte ocuparse de otras labores domésticas y profesionales. Como dije, la compañía en mención ofrece también un servicio de lavandería; pero el mismo seguramente no es accesible a todas las personas que quieren tener los beneficios, ambientales y personales, de usar pañales de algodón.

He notado que esa es una constante en varias de las iniciativas ambientales dirigidas a usuarios finales: las personas deben tener la posibilidad de destinar una parte de su tiempo a las mismas. Esto puede implicar desde actividades de limpieza como en el caso de los pañales; o algo tan “simple” como ir a dejar las latas de aluminio al centro de reciclado. Cierto es que varias organizaciones se han percatado de esto y han ofrecido alternativas en consecuencia; por ejemplo, en mi ciudad existe una empresa que te deja los contenedores para que tu separes tu basura, ellos se los llevan y preparan composta, y posteriormente te la devuelven para que tu puedas usarla en tu jardín; todo esto con un costo por supuesto. Y aquí es a donde volvemos a lo que comentaba en el párrafo anterior, que es que entonces dichas iniciativas se vuelven prohibitivas para un sector importante de la población; e incluso a como están las cosas, algunos hogares con la capacidad económica para adquirirlas prefieren usar su dinero en otras necesidades.

Así pues, seguimos en ese estira y afloja interminable entre hacer las cosas nosotras mismas, lo cual implica invertir tiempo la más de la veces escaso, o pagar por una alternativa más fácil pero de nuevo usando un recurso escaso; y que muchas veces es más caro que la opción digamos tradicional pero menos amigable con el ambiente y con la salud. ¿Cómo superar esta disyuntiva? Abordando la causa raíz de esta y otras muchas complicaciones de la vida actual: permitiendo que las personas tengan más tiempo libre. Ray Bradbury nos advirtió lo peligroso que era que las personas no tuvieran tiempo de sentarse en sus porches a conversar y pensar, y si bien las consecuencias no han sido tan dramáticas como en su famosa novela; no por eso son menos importantes.

Actualmente, y aceleradas un poco como resultado de la pandemia, se han desarrollado diferentes iniciativas que promueven justamente un mayor número de horas para el esparcimiento o actividades alternas. Pero es necesario también trabajar en cambios de paradigmas para que estas cumplan con sus objetivos. Por ejemplo, de nada servirá que una persona tenga 20 días de vacaciones al año, si cuando se toma uno igual que estar atendiendo llamadas relacionadas con su trabajo. O bien, si la iniciativa de 4 días laborales prospera en las diferentes naciones donde se está considerando; ¿cómo va a manejarse el tema de los sueldos? Si dicha iniciativa implica una menor percepción económica, muchas personas preferirán no tomarla; o si se vuelve obligatoria entonces considerarán hacer turnos dobles o triples, o incluso tomar un segundo trabajo, para que su capacidad adquisitiva no se vea mermada. Todo esto de nuevo en detrimento del objetivo inicial, que era dar oportunidad a las personas para que puedan participar en actividades verdes, o de mejora en su salud mental y física.

Mientras no trabajemos en cambiar la forma en que percibimos y valoramos nuestro tiempo, seguiremos siendo una sociedad que opte por la opción fácil, sin importarnos las consecuencias que la misma tenga para nuestro bienestar, el de la comunidad y la naturaleza. Se puede argumentar que, si van aprobando iniciativas como las que ya se han comentado, la mentalidad irá cambiando también en el mediano y largo plazo. Lo cual es cierto, pero recordemos también un principio de inversión: el valor de los recursos, cualquiera, es mayor hoy que en el futuro; por el simple hecho de que no sabemos si alcancemos ese futuro.

¿Tú qué tanto valoras tu tiempo?

Experiencias especiales.

¿Nunca les ha pasado que están haciendo algo, y ni así se creen que lo están haciendo? Quizás sea algo que nunca estuvo en tus planes, o quizás es algo que llevas planeando o deseando durante mucho tiempo; pero te parecía inconcebible que algún día podrías llevarlo a cabo. Y de repente, ahí estás, logrando algo que tu yo de tiempo atrás hubiera creído imposible.

Creo sinceramente que ese es uno de los mejores sentimientos del mundo, cuando ves como todas tus decisiones (buenas y malas), todo tu esfuerzo, se conjugan para que puedas vivir una experiencia increíble. En estos últimos días he tenido varias de esas experiencias, tanto grandes como pequeñas, algunas planeadas y otras digamos “espontaneas”; pero todas me han dado felicidad y alegría, así como revitalizar mi entusiasmo por ver qué otras experiencias asombrosas me esperan más adelante. Me parece que esto es de lo más importante, pues muchas veces sentimos que nuestras acciones diarias no tienen un impacto o trascendencia, sino que simplemente pasamos de un día a otro. Sin embargo, lo que hacemos a diario es justamente lo que nos llevará a lograr lo que deseamos, o bien a tener oportunidades que no habíamos considerado pero que igualmente nos darán bienestar.

Con esto no quiero caer en el trillado e irreal concepto de que basta con “echarle ganas” para lograr lo que queremos; pues ciertamente existen situaciones de tipo macro que necesitan darse para que se obtengan ciertos beneficios, como un trabajo o vivienda dignos. Pero, al mismo tiempo, considero que si día a día ponemos empeño en ser un poco mejores cada vez, y a la vez procuramos crear/escoger un ambiente en el que esa mejora sea reconocida, entonces podremos disfrutar de las experiencias que menciono. Claro, no siempre tendremos el resultado esperado, pues la vida tiene esa cualidad de entrometerse en nuestros planes; pero como ya dije también eso da pie a que vivamos situaciones increíbles que no habíamos considerado. Además, el solo hecho de saber que lo que estamos haciendo sí sirve de algo, es invaluable.

Más de una vez se ha dicho que padecimientos como el burnout y la depresión se pueden combatir mejor si se tiene una expectativa del futuro. Ni siquiera tiene que ser algo grande, simplemente una curiosidad de ver qué nos espera a la vuelta de la esquina, en el siguiente capítulo. Así que sigamos trabajando por esas experiencias especiales, planeadas o no.

 ¿Cuáles experiencias increíbles has vivido?