¿Sabes cuántas?

¿Sabes cuántos cafés tengo pendiente por visitar con mis amigas?, ¿sabes a cuántos hemos ido?

¿Sabes cuántos cortos de películas he visto y dicho que quiero verlas?, ¿sabes cuántas he visto?

¿Sabes cuántos viajes quiero hacer?, ¿sabes cuántos he hecho?

¿Sabes cuántos libros quiero leer?, ¿sabes cuántos están apilados en mi mesa de noche?

¿Sabes cuántas veces me he quedado tarde trabajando?, ¿sabes cuántas veces lo he disfrutado?

¿Sabes cuántas veces he tenido ganas de bailar?, ¿sabes cuántas veces me he levantado a hacerlo?

¿Sabes cuántas veces he querido descansar?, ¿sabes cuántas veces lo he logrado?

¿Sabes cuántos momentos de felicidad he pospuesto?, ¿sabes cuántos momentos de ansiedad he vivido?

¿Sabes cuántas series tengo por ver?, ¿sabes cuántas he visto?

¿Sabes cuántos sueños he tenido?, ¿sabes cuántos he olvidado?

¿Sabes cuántas de estas veces, quien me ha limitado he sido yo misma?

Por favor, dejemos de contar.

 

Renuncia.

Renuncia a vivir según las expectativas de los demás.

Renuncia a una versión de ti que ya no es tu favorita.

Renuncia a las relaciones que solo te desgastan.

Renuncia a conformarte.

Renuncia a dejarte en último lugar.

Renuncia a que otras personas definan las reglas de tu juego.

Renuncia a no pedir.

Renuncia a sentirte culpable por descansar.

Renuncia a las cosas que te atan.

Renuncia a que te encasillen.

Renuncia a limitarte.

Renuncia a auto sabotearte.

Renuncia a renunciarte a ti misma.

¿Tú a qué vas a renunciar hoy?

Algo para disfrutar.

Empecé a usar lentes cuando tenía poco más de 11 años, pero en aquél entonces no les tenía el aprecio que les tengo ahora. Si soy sincera, no me gustaba usarlos del todo, en parte por el estigma social, y porque tampoco creía que fueran precisamente necesarios. En ese entonces pensaba que “olvidar” ponérmelos era como olvidar ponerme aretes, un pequeño inconveniente; y que eran algo que necesitaba para la escuela, pero no para el día y día.

Unos meses después fui de vacaciones con mi familia, a un lugar que tiempo después sería considerado pueblo mágico. Ciertamente es un lugar bonito, hace tiempo que no voy, pero en aquél entonces se podían ver miles de estrellas a simple vista. Pero yo no pude apreciarlas en su totalidad; porque como eran vacaciones, no había llevado mis lentes. No puedo decir que mi actitud hacia mis lentes cambió por ese incidente en particular, pero sí me ayudó a entender su necesidad; y más allá de esto, como el usarlos me permitiría disfrutar más la vida.

Conforme ha pasado el tiempo, me he encontrado con más situaciones similares, en las que he necesitado hacer algo para sentirme mejor; pero que inicialmente me parecía innecesario o incluso vergonzoso, usualmente por un estigma social. Algunos han sido sencillos de superar, como tomar vitaminas; otros han tomado un poco más de trabajo, como ir a terapia; y otros más siguen en lista de espera. Pero cada vez que me he abierto a intentarlo, me ha ido bastante bien, y como dije en el párrafo anterior, he disfrutado más la vida gracias a ello.

Seguramente tu también has pasado algo similar, o quizás lo estés pasando en este momento; o alguien a quien amas está en ese proceso. Lo más que puedo decirte es que tengas paciencia, tanto para los procesos largos como para los cortos. En un principio parecerá que estás cargando con un cartel gigante que dice “no pude sola, y ahora tengo que usar X para poder seguir adelante”. Pero conforme sientas los beneficios de tu decisión, el cartel pasara a decir “fui valiente para admitir que necesitaba ayuda, y ahora X me ayuda a ser más feliz”.

Quizás con el tiempo ese X cambie, o puede que incluso algún día ya no lo necesites; o puede que sea algo que te acompañe para siempre. Cualquiera que sea el caso, lo importante es ir avanzando ese camino, adaptándonos conforme la situación y nosotras mismas cambiemos; pero sobre todo amando la persona que somos en cada etapa.

Yo sigo usando lentes, y posiblemente lo haga para siempre. Y ahora es algo que disfruto mucho, siento que son parte de mi personalidad; y por tanto el escoger un nuevo armazón es algo que me emociona. Siento que me bridan otra forma de expresarme.

Así que sí, mis lentes me permiten disfrutar más mi vida porque me permiten verla con más claridad, pero también porque me abrieron un nuevo espacio para disfrutar. Lo mismo ha sucedido con las otras cosas que comenté al principio, y espero que sea el caso para las qué intentaré en el futuro.

¿Tú qué quieres intentar para disfrutar más tu vida?

El esfuerzo se recompensa.

El esfuerzo se recompensa con más responsabilidades.

El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de descansar.

El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de aprender.

El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de cambiar.

El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de divertirse.

El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de crecer.

El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de parar.

El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de diversificarse.

El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de concentrarse.

El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de dejar ir.

El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de quedarse.

El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de ser más abiertas.

El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de poner límites.

El esfuerzo se recompensa con esfuerzo.

Todas las personas nos esforzamos diariamente, de muchas maneras y en muchos campos. A veces son esfuerzos grandes que pasan desapercibidos, y a veces son esfuerzos pequeños que tienen un gran impacto. Pero al final del día, nos esforzamos; y esperamos recibir una recompensa por ese esfuerzo.

Esas recompensas pueden no ser las mismas que esperan otras personas, o incluso que las que nosotras esperaríamos en otras circunstancias. Lo importante es que sepamos identificarlas y aceptarlas como eso, como recompensas, y aprendamos a disfrutarlas y usarlas para lograr nuestra estabilidad y felicidad.

¿Tú qué recompensa esperas hoy?

Independizate.

Independízate del miedo a ser considerada una carga.

Independízate del miedo a pedir ayuda.

Independízate del miedo a recibir ayuda.

Independízate del miedo de proponer que vayan por un café saliendo del trabajo.

Independízate del miedo de compartir tus emociones.

Independízate del miedo a ir a esa fiesta.

Independízate del miedo a recibir el cariño de las personas que te rodean.

Independízate del miedo a presentarte a ti misma.

Independízate del miedo a dejar que te cuiden.

Independízate del miedo.

Porque ser independiente, no implica que tengas que estar sola.

¿Tú de qué quieres independizarte?

Si lo ves de esa manera.

Estoy tomando un curso que requiere que cada semana lea al menos 2 casos de estudio, relacionados a diferentes temas. Usualmente esos casos los imprimo en formato doble cara; pero esta semana la impresora se reveló contra mí y solo pude imprimir uno de los documentos de esa forma, y el otro tuve que imprimirlo a una sola cara. Eso sí, en hojas recicladas para no sentirme tan mal.

En esta ocasión los casos eran similares en cuanto el número de páginas a leer, de hecho, la diferencia era de sólo 4 páginas entre uno y otro. Sin embargo, por obvias razones, el que se había impreso a una cara se veía más voluminoso que el otro. Lo interesante fue que, pese a que yo estaba consciente de que la diferencia era mínima, al ver el bulto más voluminoso, mi primer pensamiento fue “voy a durar mucho en leerlo”.

Por supuesto, al final me tomó casi el mismo tiempo leer ambos documentos; pero debo admitir que internamente sentí que duré más leyendo el que se había impreso a una sola cara. Es curioso como algo tan simple puede distorsionarse solo por nuestra perspectiva.

No menos curioso, pero sí más “preocupante”, es como esto mismo puede suceder con otros aspectos de nuestra vida. Quizás si un camino estamos acostumbrados a transitarlo en horas no pico, podemos calcular erróneamente el tiempo que nos llevará recorrerlo durante las horas de mayor circulación; lo que puede llevarnos a perder una cita o incluso a tener un accidente. O bien, si tenemos una perspectiva optimista sobre un proyecto, esto nos llevará a enfrentar con mejor cara los obstáculos que vayamos encontrado durante su realización. Ahora, también se puede dar el caso de que consideremos una situación con un optimismo exagerado, lo que nos impida ver la dimensión exacta de los retos a los que habremos de enfrentarnos; o bien que pensemos obtener un beneficio demasiado alto en relación con las posibilidades reales del proyecto.

En cualquier caso, todos los ejemplos señalados parten de las suposiciones que vamos creando con base a nuestras experiencias de situaciones similares. Por eso se dice que la perspectiva es el par de lentes que usamos para ver la realidad; y como todos los lentes, cada cierto tiempo se requiere que ajustemos su graduación. Y también es necesario que periódicamente nos hagamos un examen de la vista más profundo, para adaptar nuestros lentes a nuevas necesidades.

De ahí la importancia de no sólo analizar la información a la que estamos expuestos, sino también buscar diferentes fuentes de información. Entre esas fuentes, no debemos dejar de lado el escuchar la voz de las personas que pasaron o están pasando por alguna situación en particular. Por más versado que esté en el tema, ningún investigador podrá transmitirnos la calamidad que fue el genocidio en Ruanda, como lo haría un sobreviviente de la tragedia.

Pero quizás lo más importante sea que estemos dispuestos a efectivamente cambiar nuestros lentes, con base en los resultados que nos vayan dando los exámenes. Así pues, aunque tengamos todas las oportunidades posibles para vivir diferentes situaciones, hablar con diferentes personas, e informarnos de diferentes maneras; si no estamos dispuestas a aceptar que nuestra perspectiva puede ser errónea, entones de nada servirán.

Al final, la vida nos irá pasando factura de lo que decidamos hacer; perdiendo oportunidades o aprovechándolas. Lo único malo es que, en ese proceso, podemos causar el sufrimiento de otras personas, todo por nuestra capacidad o incapacidad de ver el mundo con otros ojos. Procuremos entonces estar dispuestas a cambiar cuando sea necesario; y a mantenernos firmes cuando haga falta.

¿Tú qué lentes estás usando hoy?

Delicias.

Tomar una siesta, acompañada de tus mascotas, es delicioso.

Sentir una brisa fresca en una noche de verano, es delicioso.

Comer comida casera, es delicioso.

Cubrirte con una toalla luego de salir de la alberca, es delicioso.

Dormir en una cama con las sábanas recién cambiadas, es delicioso.

Escuchar el sonido de un arroyo, es delicioso.

Despertarte y saber que puedes disfrutar de una mañana tranquila, es delicioso.

Tomar agua fresca luego de hacer ejercicio, es delicioso.

Estirarte, es delicioso.

Encender una vela, es delicioso.

Tomar un baño antes de dormir, es delicioso.

Sentir un día entre semana como si fuera un sábado o domingo, es delicioso.

Sentarte en el balcón y observar el cielo, es delicioso.

La vida diariamente nos ofrece muchas cosas deliciosas, es solo cuestión de que nos demos el tiempo de disfrutarlas.

¿Tú qué quieres disfrutar hoy?

Privilegios diarios.

Si tuviste un mal día y no quieres cocinar, y puedes comprar comida sin que eso te cause estrés financiero; eso es un privilegio que no todos tienen.

Si estás enferma y puedes pedir el día, sin que tu trabajo corra peligro; eso es un privilegio que no todos tienen.

Si puedes ir a terapia a trabajar en aquello que aqueja a tu mente; eso es un privilegio que no todos tienen.

Si puedes ir con un médico para que trate tu afección, y puedes además comprar las medicinas o pagar el tratamiento requerido; eso es un privilegio que no todos tienen.

Si puedes hacer planes a futuro; eso es un privilegio que no todos tienen.

Si el 90% del entretenimiento que consumes presenta a personas que se ven iguales a ti; eso es un privilegio que no todos tienen.

Si puedes hablar sobre temas que son política o socialmente complejos, y no temer por tu integridad; eso es un privilegio que no todos tienen.

Si puedes dedicar una parte de tu día al ocio; eso es un privilegio que no todos tienen.

Si puedes dedicar algunos de tus recursos a obras de caridad; eso es un privilegio que no todos tienen.

Si puedes ir al supermercado y no fijarte en los precios de las cosas que compras; eso es un privilegio que no todos tienen.

Si puedes ser indiferente a los grandes problemas que aquejan a la humanidad, y seguir con tu vida como si nada; eso es un privilegio que nadie deberíamos tener.

No todos los privilegios son evidentes; y quizás algunos ni siquiera los sientas como privilegios. No por eso dejan de serlo. No por eso debemos darlos por sentado. Y también es por eso que debemos trabajar en que dejen de serlo.

¿Tú qué tan privilegiado eres?

Diferentes formas de ganar.

Ganar a veces es tachar una sola cosa de tu lista de pendientes.

Ganar a veces es aceptar que hoy no vas a poder estar al nivel que siempre estás.

Ganar a veces es dormir 5 minutos más.

Ganar a veces es abandonar un proyecto al que le has dedicado tiempo y esfuerzo, pero que ya no te causa emoción ni satisfacción.

Ganar a veces es darte permiso de llorar.

Ganar a veces es admitir que ya no puedes más.

Ganar a veces es sentirte orgullosa de logros pequeños.

Ganar a veces es hacerte a un lado.

Ganar a veces es aceptar que no puedes hacer que las personas cambien.

Ganar a veces es rechazar.

Ganar a veces significa tomar una pausa ahora, para poder dar lo mejor después.

Ganar a veces se siente como perder.

¿Tú cómo quieres ganar hoy?

Lealtad > Severidad.

Cuando calificamos a una persona como disciplinada, normalmente nos referimos a alguien que sigue puntualmente una serie de procesos y/o rutinas. Por ejemplo, las personas que se levantan a correr a las 5am sin importar nada; o aquellas que siguen puntualmente un estilo de alimentación. De esta forma, se hace referencia a dos de las virtudes que, según los romanos, debían poseer quienes se considerarán seguidores de la deidad Disciplina; esto es la severidad (entendida como tener un comportamiento que no sea fácil de disuadir) y la lealtad.

Sin embargo, como ya comenté en una entrada anterior, el mundo que vivimos rara vez permite purismos de ese estilo. Por ejemplo, yo tengo una rutina de activación física que procuro hacer por las mañanas; pero en ocasiones no me es posible. Ya sea porque estoy de viaje, o porque ese día tuve que levantarme más temprano de lo usual, o simplemente porque el día anterior fue muy pesado y preferí dormir un poco más.

¿Qué hago entonces? En la mayoría de los casos busco acomodar mi rutina en un horario diferente; lo cual implica que cambie un poco los ejercicios para que sean más acordes a lo que mi cuerpo necesita antes de acostarme, por ejemplo. En otras ocasiones hago una versión corta de la rutina, enfocándome en aquello que me ayudará más en el día, como son los estiramientos si es un día en que estaré mucho tiempo sentada. Y en otras ocasiones, simplemente decido que una actividad que haré (caminar por un parque cuando estoy de viaje) sustituye a la rutina habitual; al final del día lo que yo busco es tener un momento de actividad física así que no es como que estuviera faltando a mi intención original.

Entonces, ¿soy disciplinada, o no? Si atenemos a la cualidad de la severidad, podríamos decir que no, pues me desvío “fácilmente” de mi rutina. Por otro lado, cumplo bastante bien con el principio de la fidelidad; pues mi objetivo no es hacer una rutina en particular, sino más bien activar mi cuerpo y obtener los beneficios de ello: estar más despierta durante el día, dormir mejor, cuidar mis articulaciones, prevenir enfermedades, etc. Así pues, ¿cómo responder?

Antes de contestar esta pregunta, quizás sea prudente considerar una cualidad que usualmente se relaciona con la disciplina, y particularmente con su principio de lealtad; es decir, la constancia. Tú puedes confiar en una persona que es constante, pues hará lo que corresponde pese a los obstáculos. Por esto mismo, una amistad que es constante te da un sentido de apoyo y de seguridad, tanto en el día a día como en las situaciones extraordinarias; aunque esa constancia se manifieste de formas diferentes. Quiero decir, yo no tengo conversaciones largas diarias con mis amigas, pero siempre les pregunto cómo están; para hacerles saber que estoy aquí.

Volviendo a la pregunta, creo que ya me es un poco indiferente si me califican como disciplinada o no; pues me importa mucho más ser constante, sobre todo por la versatilidad que eso implica.

No hace mucho me frustraba y molestaba mucho conmigo misma si no podía seguir puntualmente una rutina, pero luego entendí que eso solo restaba aún más a mi día y a mi bienestar. Ahora, trato de tener un objetivo definido, e idear una forma en la que quiero alcanzarlo, pero entendiendo que puedo hacer las modificaciones necesarias en función de cómo voy avanzando, cómo me voy sintiendo, y qué voy descubriendo. En otras palabras, le bajé el grado a la severidad, pero mantuve (e incluso aumenté) el de la lealtad. Viendo mis resultados, tomé la decisión correcta.

¿Tú en cuál cualidad quieres enfocarte?