• Supersticiones,

    La humanidad siempre ha buscado formas ingeniosas para explicar los fenómenos que existen a su alrededor. Ciertamente, con el paso del tiempo y la evolución del saber humano, dichos fenómenos se han explicado mediante los principios de la lógica y la ciencia. Pero aún así, seguimos haciendo cosas, o dejando de hacerlas, por cuestiones puramente arbitrarias.

    Por ejemplo, existen infinidad de hoteles que del piso 12 pasan al 14; porque el número 13 se asocia con la mala suerte. Por esta misma asociación, lamentablemente muchos gatos negros son maltratados. Caso contrario el de los famosos maneki neko de las culturas asiáticas, que adornan tantos establecimientos con la ilusión de que los protegerán de los diversos males que acechan.

    Algunas de estas creencias tienen un poco de sustento, en el sentido de que son el reflejo de una observación simple de la gente de antes, y que con el tiempo se ha podido comprobar por medio de la ciencia. Pero muchas otras, por no decir que la mayoría, son solo ideas que se han pasado de generación en generación; pese a que tengan una muy endeble (si caso) base en la cual sustentarse. ¿Porqué entonces nos aferramos a ellas?

    Creo que existen dos respuestas fundamentales para tal pregunta. La primera es que, de alguna forma, estas creencias nos hacen sentir bien, dándonos un poco más de confianza. Con esto quiero decir que, si, por ejemplo, para un examen importante ya has estudiado mucho, el cargar una pata de conejo en tu bolsillo mientras lo contestas te da un extra de serenidad. Además, de alguna forma sientes que ya has hecho todo lo que estaba en tus manos para conseguir un buen resultado, así que también te queda esa satisfacción; y te evita estarte lamentando con los “hubiera” en caso de que las cosas no salgan como esperabas.

    En segundo lugar, y esta me parece es fundamental; a las personas nos gusta creer en la magia. En parte creo que, pese a que nuestro conocimiento del mundo avanza a pasos agigantados, y con ello nuestra capacidad de controlarlo; estamos conscientes de que existen muchas cosas aún fuera de nuestro entendimiento y dominio.  La magia nos brinda entonces una oportunidad, por pequeña e ilusoria que sea, de influir en esas áreas de la vida que nos superan.

    Sin embargo, existe otra arista a este mismo punto, que en cierta forma contradice al anterior. Como ya conocemos tanto de este mundo, tenemos la ilusión de que aún existan aspectos de él que no podamos explicar. Quizás por eso en las películas la gente siempre termina haciendo cosas que nosotros como espectadores no podemos entender, como silbar en una cueva oscura; pues eso da paso a que sucedan cosas bastante interesantes.

    De esta forma, seguimos haciendo y deshaciendo, con la esperanza de que esas supersticiones nos ayuden en el camino. ¿Se podrá probar alguna vez que esas acciones contribuyeron al resultado que buscábamos? Posiblemente no, pero tampoco creo que se pueda demostrar totalmente lo contrario. Y ese empate técnico es más que suficiente.

    ¿Tu crees en la superstición?

  • Se habla español.

    Hace unos días tuve la oportunidad de viajar a Estados Unidos en una aerolínea estadounidense precisamente, pero saliendo desde México. Algo que noté es que los anuncios que dan respecto a la altitud a la que se va a volar, la hora local, incluso los avisos de seguridad que dan como rutina; se dieron solo en inglés. Esto pese a que, repito, estábamos saliendo desde México, y podía inferirse que el inglés no era el idioma nativo de muchas personas abordo; y que algunas más no se sentían del todo cómodas con ese idioma pese a tener conocimiento del mismo.

    En otras ocasiones he tenido la oportunidad de volar desde México en aerolíneas de otros países, con destinos variados; y hasta donde recuerdo siempre se daban los avisos en español e inglés, y a veces incluso en un tercer idioma. Lo que es más, en aerolíneas nacionales, en vuelos nacionales, en donde podía asumirse que el 90% o más de las personas abordo tenían el español como su idioma natal; se daban los avisos también en inglés. ¿Por qué entonces este vuelo fue diferente?

    Habrá quién pueda decir que el inglés es el idioma universal, el idioma de los negocios; pero alguna vez leí que un empresario consideraba el idioma de los negocios aquél que hablaran sus clientes. Tampoco creo que sea un tema de presupuesto, pues la aerolínea en cuestión es bastante reconocida; y sinceramente no creo que cueste mucho hacer una grabación en español de al menos los avisos básicos. Vamos, hasta por un tema de seguridad debería interesarles que los pasajeros entiendan las instrucciones a seguir en caso de algún imprevisto.

    Quizás esta situación particular se genera desde un tema político, pero al final creo que el motivo subyacente es una falta de interés por comunicarse de manera efectiva con la otra persona. Esperamos, es más, exigimos que los demás nos entiendan, que hagan un esfuerzo por ponerse en nuestro lugar; pero nosotras no ofrecemos ese mismo esfuerzo para entenderles. Y esto es un tema que se da por igual en ambientes laborales, educativos, y en las relaciones personales, incluso sin la barrera de hablar diferentes idiomas. ¿Cuántos conflictos, grandes y pequeños, podrían haberse evitado si cuando nos comunicamos, hubiera un genuino interés de entendernos mutuamente?

    En un mundo en el que tenemos a mano un sinfín de formas de comunicarnos, tenemos una dificultad inusitada para conectar. Algunas personas opinan que esto se debe a que cada vez más tendemos a comunicarnos por medios electrónicos en lugar de hablar personalmente, pero creo que este problema ha estado presente en la cotidianidad de la humanidad desde hace mucho tiempo; pues siempre hemos tenido la tendencia a creer que sólo nosotras tenemos la verdad, en lugar de explorar diferentes aristas de esa verdad y crecer con ese descubrimiento. En esta ocasión podría considerarse como algo menor el que una aerolínea no de los avisos en español, pero es un ejemplo de una realidad alarmante, especialmente en un momento en que la cooperación, en todas las escalas, es imprescindible para poder resolver los problemas que nos afectan como sociedad. Ojalá nos esforcemos por comunicarnos, más que por solo hablar.

    ¿Qué ejemplos de buena comunicación puedes compartir?

  • Inmortalidad.

    Se dice que Roma es la ciudad eterna; y si has tenido la oportunidad de caminar por sus calles tendrás que admitir que esa frase tiene mucho de cierto. Pasar por las grandes obras de la antigüedad, como el Coliseo, o por las obras del barroco como La Fuente de Trevi, o comprobar como varios de estos monumentos muestran las marcas de las incontables guerras que ha sufrido la ciudad; te hacen creer que realmente la historia de Roma y las personas que la erigieron están grabadas de forma indeleble en la memoria de la humanidad. Al final y al cabo, la inmortalidad es justamente eso, ¿no? Hacer algo verdaderamente grande para que la mayor cantidad de gente te recuerde por el mayor tiempo posible.

    Pero, sabes, para mi también existe otro tipo de inmortalidad, más modesta si se quiere. Por ejemplo, esta semana reacomodé algunos libros en la casa, y encontré dos que le regalamos a mi abuela hace ya algún tiempo. El autor de ambos es Armando Fuentes Aguirre, conocido como “Catón”, un periodista y escritor cuyas columnas mi abuela y yo solíamos leer en el periódico. Algunas de las entradas de dichos libros las habíamos leído (algunas quizás más de una vez) en las columnas que menciono, así que los libros nos dieron oportunidad de comentarlas de nuevo. Ahora que mi abuela ha fallecido, y que vuelvo yo a leer estos libros; recuerdo las conversaciones que tuvimos sobre ellas, y sobre otras muchas que leímos en a lo largo de los años. De esta forma, estos libros de “Catón” son un medio no sólo para preservar la memoria del escritor, compartida por muchos; sino también la memoria de mi abuela, compartida por un número más reducido de personas.

    Esa memoria se mantiene no solo con la lectura de los pasajes de cada libro, sino también con el sentir de las páginas. Mi abuela solía contarme sobre una señora, conocida de ella cuando joven, que tenía una hija en Estados Unidos que le mandaba paquetes con ropa y otras cosas. Cuando los recibía, la señora tocaba y frotaba constantemente las cajas, las cintas y los lazos con las que venían amarrados; pues su hija los había tocado y ella quería sentir las manos de su hija. Hoy, cuando hojeo los libros, yo recuerdo ese recuerdo de mi abuela, y de esa forma evito también que la memoria de esa señora (de la que no sé ni el nombre ni ningún otro dato) se pierda.

    Quizás al leer esto puedas pensar que esto no tiene nada que ver con la inmortalidad, que son solo recuerdos personales o familiares; y que desaparecerán cuando yo ya no esté para recordarlos. En ese sentido puede que tengas razón, la inmortalidad de la que hablo parece tener fecha de caducidad; y por tanto ya no podría llamarse tal. Pero entre tanto, como aún no ha terminado, no puede asegurarse tampoco que desaparecerá. Al fin y al cabo, muchos de los grandes tesoros de Roma estuvieron escondidos u olvidados durante mucho tiempo, y no dudo que aún haya muchos otros por redescubrir. Entonces, puede que mi modesta propuesta de eternidad corra con suerte, y este blog sea leído por alguna persona en el futuro lejano; y así me ayude a que el recuerdo del recuerdo no se pierda.

    ¿Cuál es tu propuesta de eternidad?

  • Negación.

    Y pues nada, ya casi estamos en el último mes del año. ¿Cómo es que el tiempo se va cada vez más rápido? Esta época del año es bastante peculiar, pues conforme los días se hacen más cortos y fríos, de manera instintiva sentimos que debemos prepararnos para un período de reposo. Pero, de manera cultural, nos dicen que no debemos bajar el ritmo, sino que debemos dar todo para cerrar bien el año. Después de todo, la gran rueda que hemos venido construyendo, no puede detenerse.

    Creo que esa es una de las muchas ideas que como sociedad hemos llevado a un extremo peligroso. Es tal nuestro deseo de avanzar, de ser más y mejores, que terminamos por negar aspectos importantes de nuestra propia humanidad. Por ejemplo, volviendo al tiempo de invierno; en un inicio el objetivo era diseñar sistemas, máquinas, cosas, que nos ayudarán a sobrellevar mejor esta temporada; que el flujo de medicinas, alimentos y demás productos básicos no se viera afectado por las inclemencias del clima, sobre todo para lugares apartados. Pero ahora que lo hemos conseguido, queremos vivir como si las estaciones fueran todas iguales; sin entender que en la naturaleza en general y nuestra en particular es necesario tener etapas tanto de actividad como de reposo.

    De la misma forma, sobretodo en las culturas occidentales, tendemos a negar nuestra naturaleza de comunidad por un individualismo egoísta y desgastante. Parece olvidársenos que una de las razones principales de nuestro ascenso evolutivo es precisamente nuestra capacidad de trabajar en conjunto en grades grupos, repartiendo las tareas a manera de que cada persona de la comunidad pueda tener sus necesidades cubiertas, y además tener espacio para crecer de manera personal. Con la tecnología que contamos actualmente, esto debería ser más sencillo que nunca; pero nos hemos creado barreras absurdas que impiden que una buena parte de la sociedad tenga acceso incluso a lo más básico, bajo el pretexto de que “se lo tienen que ganar”. Como si el simple hecho de ser humano no fuera suficiente para dar y recibir.

    A últimas fechas hay un mayor cuestionamiento sobre si este camino es realmente el más adecuado para seguir avanzando como sociedad, incluso ya pueden verse algunos cambios de paradigma en áreas específicas. Sin embargo, el camino aún es largo, y queda por verse cuánto de lo que ya hemos hecho tendrá un efecto perdurable. Según la ciencia, al menos en aspectos como el cambio climático aún hay oportunidad de restablecer mucho de lo que se ha destruido. Esperemos lo mismo para la humanidad.

    ¿Tu como evitas la negación?

  • Recuerdos.

    Hace poco hice un pequeño viaje por carretera, y tomamos un camino que realmente nunca uso en mi día a día. Sin embargo, por ese camino estaba un negocio al que mi abuelo solía ir para realizar compra-venta de ganado; pero que hace quizás un par de años derrumbaron. Esta vez que pasé por ahí, ya estaban edificando algo nuevo, supongo que una plaza comercial.

    Inconscientemente yo sabía que eso sucedería en algún punto, es un terreno considerable que no iban a dejar ahí sólo porque sí; pero cuando vi la nueva construcción, no pude evitar sentirme triste. Como dije ese lugar era solo un lugar para hacer negocios, con sus anécdotas claro; pero nunca fue algo digamos especial para mi familia. Sin embargo, cuando asimilé la realidad de que ya no estaba, sentí que una parte de la historia de mi abuelo y mía se había ido.

    Eso es algo en lo que pienso mucho cada vez que voy a la ciudad donde crecieron mi mamá y mis abuelos; que es una ciudad que yo conozco entre el presente y el pasado. Muchos de los comercios, domicilios, incluso edificios y monumentos de la época en la que ellos vivieron ahí, ya no existen; o se han reubicado. Pero para mi siguen estando en el lugar que ellos me decían en sus historias, o cuando pasábamos por las calles y me los señalaban. Por eso, cuando vuelvo a pasar y ya no los encuentro en los lugares que según yo deberían de estar, y sobre todo ahora que tanto mi abuela como mi abuelo han fallecido; no puedo evitar sentir que estoy en una realidad diferente, en el que sus historias se van perdiendo.

    Pero, al mismo tiempo, noto vestigios de esos recuerdos en las novedades. Por ejemplo, el lugar donde antes estaba un cine ahora es una tienda de cosas varias, pero se sigue llamando igual. O la esquina que sigue albergando un hotel, con un nombre distinto al que tenía hace más de 40 años; pero que uno de sus vitrales aún conserva el nombre original. Y también cuando, al hablar con otras personas, recuerdan lo mismo que yo.

    Hay una novela de Elena Garro, que aún no leo, que se llama los “Recuerdos del Porvenir”. No estoy muy segura de que la trama tenga que ver con lo que voy a decir a continuación, pero creo que el título evoca un poco lo que quiero expresar. Los recuerdos de mis abuelos son ahora míos, y serán también de las personas con quienes yo los comparta. Si, son recuerdos de cosas del pasado, pero que pueden anclarse en el presente y podrán vincularse con el futuro; así que no se perderán. Pensar eso me da paz, el saber que las personas y las historias no se van realmente, solo cambian.

    ¿Tu qué recuerdos quieres compartir?

  • Ver el conjunto.

    Una tarea sencilla que nunca me sale bien, es la de colgar cuadros. Sin importar cuánto mida, marque, visualice, siempre quedan chuecos. E invariablemente, ya luego de que puse el clavo, los colgué y demás; me digo a mí misma que puede haberlo hecho mejor, que quizás si hubiera usado otra regla, y así otras tantas cosas.

    Eso mismo sufro con otras actividades, tanto sencillas como complicadas; ya que las termino me pongo a pensar en todas las cosas que pude haber hecho diferente para que el resultado fuera mejor. Pero algo que he aprendido con el tiempo, y que aún estoy asimilando, es que es justamente por los errores que tuve en el proceso que ahora tengo un mayor conocimiento sobre la tarea. Con esto quiero decir que, por ejemplo, ahora uso reglas más grandes para guiarme al poner un clavo, precisamente porque en el pasado use reglas pequeñas y los resultados no fueron satisfactorios; y desde que uso una regla más grande los cuadros quedan más derechos. Ciertamente esos primeros cuadros van a seguir chuecos, o me quedarán hoyos en la pared cuando mueva los clavos; pero los siguientes se verán mejor.

    Aquí entra otro aprendizaje importante, que igualmente sigo tratando de internalizar; que es el aceptar que hay cosas que nunca van a quedarme “perfectas”. Sí, puedo seguir intentando y aprendiendo y mejorando, pero debo hacer las paces conmigo misma respecto a que mi mejor resultado no va a ser “el mejor”. Volviendo al tema de los cuadros, aún buscando mejores formas de guiarme, la realidad es que la inteligencia espacial no es mi fuerte; por lo que nunca van a quedar completamente alineados.

    Pero, esto no va a impedir que yo siga colgando cuadros. Al fin y al cabo, aunque disparejos, el conjunto general se ve bien; y ciertamente mis paredes se ven más alegres con ellos ahí. Lo que es más, yo me siento feliz cada vez que los veo, y también me siento orgullosa de haber completado una tarea para la que no soy buena; en otras palabras, que no me haya ganado el miedo a no ser perfecta.

    Creo que esta es una actitud muy positiva para hacer frente a nuestras actividades. El estar dispuestas a intentarlo, a aprender del proceso, a disfrutar del proceso, a sentirnos orgullosas de nuestros resultados, el buscar mejorar, pero sin sentirnos mal si nuestro “mejor” es diferente al de otras personas; nos permitirá no sólo completar la tarea en cuestión, si no también nos alentará a hacer otras. Quién sabe, a lo mejor luego me animo a hacer un dibujo en la pared.

    ¿Estás dispuesta a seguir intentando colgar cuadros?

  • Heroínas y héroes.

    En una entrada anterior les había comentado sobre el programa Critical Role, en el que un grupo de actores y actrices de voz juegan al mítico Calabozos y Dragones. Como dije en aquella ocasión, si tienen oportunidad, véanlo, es sumamente entretenido. Lo que creo que no he comentado es que este programa lo descubrí en el 2020, en plena pandemia; y cuando además tenía diversas situaciones personales complicadas. En parte, creo que eso fue lo que me permitió conectar tanto con el programa.

    Además de que la producción es sumamente profesional, con una excelente historia e integrantes que se ve que realmente disfrutan lo que hacen; en ese momento yo necesitaba una historia en la que los “buenos” le ganaban a los “malos”. Con esto no quiero decir que los personajes que presentan sean unidimensionales, por el contrario, creo que son personajes que representan muy bien la ambigüedad humana; pero al final del día eran los protagonistas de la serie, las heroínas y héroes. El saber que en cada capítulo iba a tener la oportunidad de ver cómo superaban peligros y se acercaban más a sus diversos objetivos, el central siendo “dejar el mundo mejor que como lo habían encontrado”, fue de gran ayuda para mi en un tiempo en el que sentía (supongo que como muchas otras personas) que por más que me esforzara y tratara de hacer las cosas bien; la situación en general no mejoraba.

    De igual forma, en aquél entonces leí el libro “The Traveling Cat Chronicles”, de Hiro Arikawa; que también recomiendo ampliamente seas o no amantes de los gatos. Si bien la historia no tiene un final feliz “tradicional”, tiene una trama interesante con partes divertidas, tristes y reflexivas por igual; además de que es de esas historias que te dejan con un sentimiento reconfortante y de esperanza. En particular hay una escena en la que el gato protagonista y su dueño aprecian un paisaje natural sobrecogedor; y la forma en que es descrita, al menos a mí, me hizo sentir mucha paz. Algo que, indudablemente, requería bastante en aquél entonces.

    Afortunadamente las cosas, tanto en el marco global como en lo personal, han mejorado bastante desde aquél primer año de pandemia; pero todavía hoy cuando un día no fue particularmente bueno, recurro a mis recuerdos estas dos obras creativas para sentirme un poco mejor. Igualmente, he encontrado nuevas (la canción Zero o’clock de BTS ha sido una de ellas) y redescubierto otras (las canciones de Panic! At the Disco en este caso), para que me den remansos de paz, pero también me den energía para seguir adelante.

    Ninguna de las creaciones que he mencionada podrían catalogarse como tal, pero en el manga y anime existe un género que se conoce como iyashikei, cuyo propósito es proporcionar un efecto curativo en la audiencia. Yo agregaría entonces que el tipo de creaciones de las que he hablado proporcionan también un empuje a la audiencia; pues justamente te muestran que las cosas van a estar bien. Quizás esto no suceda de la noche a la mañana, y ciertamente no será como que todo se va poner bien mágicamente; pero al igual que los protagonistas o personajes de las historias, puedes dar lo mejor de ti para lograrlo. Se convierten en tu heroínas y héroes, y puedes usarlos como referencias en tu vida diaria.

    Así pues, sigamos en nuestra búsqueda de esos héroes y heroínas, ya sean de la vida real o creaciones de la imaginación; y más aún, convirtámonos nosotras mismas en una de ellas. Así, sobreviviremos no sólo a los tiempos difíciles que nos correspondan, sino que también ayudaremos a otras personas a superar sus propios retos; construyendo finalmente realidades más amigables. En palabras de C.S. Lewis: “Dado que es muy probable que los niños encontrarán crueles enemigos, permite al menos que hayan escuchado las historias de los valientes caballeros y del valor heroico. De otra forma, no harás su destino más brillante, sino más oscuro”

    ¿Quiénes son tus héroes y heroínas?

  • Tradiciones.

    Nunca he puesto un altar de muertos por propia iniciativa, siempre los hice como parte de las actividades de la clase de español; y creo que alguna vez apoye a poner uno en un trabajo. Quizás esto te parezca extraño si me estás leyendo desde otro país, pues a últimas fechas esta es una celebración que ha recibido mucha difusión mediática; y en cierta forma se ha convertido en la fiesta con la que se identifica a la cultura mexicana.

    Pero sabes, ese es precisamente el detalle, yo no me identifico con esa celebración. Digo, comparto la idea central de recordar la memoria de las personas que amamos y ya no están con nosotras, así como que ellas nos siguen acompañado; pero no me nace el celebrarlo de la forma que marca la tradición. Al final del día, es una celebración que está lejos de mí, tanto en el aspecto cultural como geográfico; claro que puedo apreciarla en su calidad de festividad icónica de las culturas del centro y sur del país, pero nada más.

    Y no es porque, como alguna vez le dijeron a mi hermana, sea muy del Norte y siga más las ideas o fiestas de Estados Unidos. En mi vida he ido quizás a dos fiestas de disfraces, pero jamás he celebrado Halloween como tal; precisamente por lo mismo: no me identifico con la celebración. De hecho, eso me pasa con varios aspectos de mi vida. Si no tengo un vínculo emocional con alguna celebración, la misma pasa de largo para mi. Pero, si por el contrario, alguna fecha en particular evoca en mi un sentimiento especial; busco la manera de celebrarla, aunque no sea una fiesta tradicional.

    Por ejemplo, desde muy pequeña he sido fan de La Guerra de las Galaxias, así que desde que el 4 de mayo se estableció como el día de la misma; procuro hacer algo especial relacionado con la saga. O bien, como recordatorio de mis días en Washington, DC y lo mucho que me gustó el festival de los cerezos en flor; durante las fechas en que estos florean procuro usar alguna prenda alusiva a ellos. O en un plano más personal, hago difusión del Día Nacional de la Dalia en mis redes sociales.

    Lo mismo pasa con muchas otras fechas que celebró, sin importar si la misma es compartida solo por las personas cercanas a mi o por un gran número de personas alrededor del mundo; yo las conmemoro por la importancia que tienen para mi. Al fin y al cabo, las tradiciones sirven para transmitir una idea compartida; en este caso yo la uso para transmitir y compartir la idea de Dalia, y eso es suficiente.

    ¿Tu cuáles tradiciones compartes?

  • Incomunicada.

    Nunca les ha pasado que en su cabeza tienen bien definido que es lo que van a escribir para un ensayo, una tarea o un evento; con sus ideas principales y secundarias, buenos ejemplos y una conclusión inteligente. Pero, cuando llega el momento de ponerlo en papel, ¿sencillamente no sale? Quiero decir, la idea está ahí, casi casi puedes tocarla, pero la malvada hoja sigue en blanco por más que lo intentas.

    Para mí, esa es de las cosas más frustrante que puedan existir: el no poder comunicar lo que quiero decir no porqué no sepa como hacerlo, sino porque en ese momento no me sale. Esa fue una de las razones por las que empecé a escribir este blog, para poder compartir mis ideas y no dejarlas morir en mi cabeza; así que el hecho de que haya días (como hoy) en que la idea que tenía pensado compartir no salga, es todavía peor.

    A veces me es fácil encontrar la causa de esa comunicación frustrada; por ejemplo, cuando un día no sale como yo espera y me tumba la energía que tenía reservada para escribir. O bien puede que haya surgido un imprevisto importante y no pueda concentrarme. Pero otras tantas veces, simplemente no me sale el escribir, pese a tener todo listo para ello. Hago un esfuerzo consciente por superar ese tipo de momentos, incluso llegó a pensar otras muchas ideas bien articuladas que podría usar en caso de que el problema sea la idea original; pero no logro que ninguna cuaje como debería. Prueba de ello es que este párrafo lo he cambiado como 3 veces y sigue sin gustarme como está quedando.

    Hay algunas personas que dicen que en tales casos lo mejor es dejar de lado la tarea, dedicarte a otra cosa y luego volver con más ganas. Supongo que es un buen consejo, y en ocasiones funciona; pero cuando veo que ya es tarde y la idea sigue sin salir, no puedo más que sentir un  desasosiego, tanto por el hecho de sentirme frustrada de no poder escribir lo que quiero, como por ese sentimiento de que no estoy cumpliendo con algo que tengo que hacer. Lo peor de todo es que ni siquiera es una obligación, es una actividad que disfruto, así que la frustración es todavía mayor si cabe.

     Sin embargo, según algunas personas la mejor manera de vencer un bloqueo creativo (que no estoy muy segura de que sea mi caso, pero bueno) es salir de tu zona de confort, es decir, intentar nuevas formas de llegar ese resultado que anhelas. Por ejemplo, si usualmente pintas con acuarela, quizás un dibujo a lápiz te ayude a volver a enfocarte. Para mí, que usualmente busco tener bien estructurada mi idea antes de compartirla, una ruta inusual es solo sentarme ante el teclado y empezar a escribir, con la esperanza de que algo bueno salga de ese ejercicio. Esta entrada es justamente eso, un intento de romper esa barrera entre la idea y yo, entre quedarme callada y el poder compartir lo que quiero decir. No es lo que más me gusta, pero debo decir que al menos me hace bien el saber que puede hacerlo.

    Así que gracias por leer esta entrada improvisada, espero para lo próxima poder tener algo mejor. Y sirva esto también como un aliciente para las personas que está sufriendo para compartirse, ya sea mediante la escritura o cualquier otro medio; sigamos intentado, aunque tengamos tropiezos en el camino.

    ¿Te has enfrentado a algún bloqueo creativo?

  • Las historias de la historia.

    Hace poco empecé a leer el libro La chica de la máquina de escribir, de Desy Icardi. Todavía no la termino así que no puedo opinar completamente sobre ella, pero algo a su favor es que me hizo tener uno de esos momentos de realización que son en buena parte porque me gusta tanto leer. En este caso particular, la protagonista es una chica que vive en Turín durante los años de la Segunda Guerra Mundial (SGM); y en cierto momento nos cuenta como fue la experiencia del primer bombardeo en la ciudad. Por supuesto nos habla del miedo que se produce durante el bombardeo como tal; pero también de cómo ese sentimiento perdura durante el día siguiente, así como la desesperación general por saber qué ha pasado exactamente y si los seres queridos de cada quién se encuentran bien.

    Fue en ese momento en que pensé que esas mismas emociones ya las había escuchado o leído en otras historias de la SGM; solo que usualmente son contadas por personas que pertenecían a alguno de los países aliados, los que posteriormente serán considerados los héroes del conflicto. Pero al final de cuentas, las personas “normales” de ambas partes sufrían igual, con el miedo de perder su vida en mitad de la noche por las locuras y ambiciones de un puñado de personas con poder. Creo que las historias que nos permiten recordar esto, el componente humano de las guerras y conflictos, son las mayores contribuyentes a los esfuerzos para evitar que se repitan estas tragedias.

    Esto debido a que nos permiten empatizar con las personas que tuvieron que sufrir tales conflictos, y darnos cuenta que pese al tiempo y la distancia; son personas como nosotras, y que podríamos ser nosotras. Esto último me parece de vital importancia, puesto que la mayoría de las veces los conflictos armados o movimientos sociales tienden a enseñarse a partir de una visión académica muy simplista, enfocada en hechos y fechas claves. Así pues, se tiende a pensar en ellos como algo muy lejano (yo todavía me resisto a pensar que los años 80 fueron ya hace 40 años, imagínate ahora a una persona que nació en el 2002 leyendo sobre conflictos del siglo pasado), y por tanto ajeno a nuestra realidad.

    Pero, si leemos las memorias de una persona que vivió la Masacre de Tlatelolco en 1968, y nos damos cuenta que tiene la misma edad que nuestros padres y madres; de pronto el conflicto se vuelve más real. O al leer las historias de desobediencia civil de la Alemania de la SGM, y entender el heroísmo y valor que las mimas requerían; podamos tener más simpatía por los movimientos encabezados por las familias de personas desaparecidas. O bien, si leemos el blog de una persona que narra como es su vida en la zona del conflicto en Palestina, podamos ver que lo único que nos separó de vivir lo mismo fue un azar.

    Con esto quiero decir que, si bien es importante aprender las fechas y datos duros de los acontecimientos históricos para poder situarlos en el tiempo y aprender de ellos a gran escala; también es importante que entendamos el componente humano de los mismos. El entender que en ambos lados del conflicto hay personas normales que experimentan un sufrimiento real, haría mucho más por la paz que los grandes discursos que se dan durante las remembranzas de dichos acontecimientos. Al fin y al cabo, la historia está formada por las historias de todas las personas; y es nuestro momento de decidir cómo la nuestra propia encajará en ese conjunto.

    ¿Cuáles historias conoces tu?