• Negación.

    Y pues nada, ya casi estamos en el último mes del año. ¿Cómo es que el tiempo se va cada vez más rápido? Esta época del año es bastante peculiar, pues conforme los días se hacen más cortos y fríos, de manera instintiva sentimos que debemos prepararnos para un período de reposo. Pero, de manera cultural, nos dicen que no debemos bajar el ritmo, sino que debemos dar todo para cerrar bien el año. Después de todo, la gran rueda que hemos venido construyendo, no puede detenerse.

    Creo que esa es una de las muchas ideas que como sociedad hemos llevado a un extremo peligroso. Es tal nuestro deseo de avanzar, de ser más y mejores, que terminamos por negar aspectos importantes de nuestra propia humanidad. Por ejemplo, volviendo al tiempo de invierno; en un inicio el objetivo era diseñar sistemas, máquinas, cosas, que nos ayudarán a sobrellevar mejor esta temporada; que el flujo de medicinas, alimentos y demás productos básicos no se viera afectado por las inclemencias del clima, sobre todo para lugares apartados. Pero ahora que lo hemos conseguido, queremos vivir como si las estaciones fueran todas iguales; sin entender que en la naturaleza en general y nuestra en particular es necesario tener etapas tanto de actividad como de reposo.

    De la misma forma, sobretodo en las culturas occidentales, tendemos a negar nuestra naturaleza de comunidad por un individualismo egoísta y desgastante. Parece olvidársenos que una de las razones principales de nuestro ascenso evolutivo es precisamente nuestra capacidad de trabajar en conjunto en grades grupos, repartiendo las tareas a manera de que cada persona de la comunidad pueda tener sus necesidades cubiertas, y además tener espacio para crecer de manera personal. Con la tecnología que contamos actualmente, esto debería ser más sencillo que nunca; pero nos hemos creado barreras absurdas que impiden que una buena parte de la sociedad tenga acceso incluso a lo más básico, bajo el pretexto de que “se lo tienen que ganar”. Como si el simple hecho de ser humano no fuera suficiente para dar y recibir.

    A últimas fechas hay un mayor cuestionamiento sobre si este camino es realmente el más adecuado para seguir avanzando como sociedad, incluso ya pueden verse algunos cambios de paradigma en áreas específicas. Sin embargo, el camino aún es largo, y queda por verse cuánto de lo que ya hemos hecho tendrá un efecto perdurable. Según la ciencia, al menos en aspectos como el cambio climático aún hay oportunidad de restablecer mucho de lo que se ha destruido. Esperemos lo mismo para la humanidad.

    ¿Tu como evitas la negación?

  • Recuerdos.

    Hace poco hice un pequeño viaje por carretera, y tomamos un camino que realmente nunca uso en mi día a día. Sin embargo, por ese camino estaba un negocio al que mi abuelo solía ir para realizar compra-venta de ganado; pero que hace quizás un par de años derrumbaron. Esta vez que pasé por ahí, ya estaban edificando algo nuevo, supongo que una plaza comercial.

    Inconscientemente yo sabía que eso sucedería en algún punto, es un terreno considerable que no iban a dejar ahí sólo porque sí; pero cuando vi la nueva construcción, no pude evitar sentirme triste. Como dije ese lugar era solo un lugar para hacer negocios, con sus anécdotas claro; pero nunca fue algo digamos especial para mi familia. Sin embargo, cuando asimilé la realidad de que ya no estaba, sentí que una parte de la historia de mi abuelo y mía se había ido.

    Eso es algo en lo que pienso mucho cada vez que voy a la ciudad donde crecieron mi mamá y mis abuelos; que es una ciudad que yo conozco entre el presente y el pasado. Muchos de los comercios, domicilios, incluso edificios y monumentos de la época en la que ellos vivieron ahí, ya no existen; o se han reubicado. Pero para mi siguen estando en el lugar que ellos me decían en sus historias, o cuando pasábamos por las calles y me los señalaban. Por eso, cuando vuelvo a pasar y ya no los encuentro en los lugares que según yo deberían de estar, y sobre todo ahora que tanto mi abuela como mi abuelo han fallecido; no puedo evitar sentir que estoy en una realidad diferente, en el que sus historias se van perdiendo.

    Pero, al mismo tiempo, noto vestigios de esos recuerdos en las novedades. Por ejemplo, el lugar donde antes estaba un cine ahora es una tienda de cosas varias, pero se sigue llamando igual. O la esquina que sigue albergando un hotel, con un nombre distinto al que tenía hace más de 40 años; pero que uno de sus vitrales aún conserva el nombre original. Y también cuando, al hablar con otras personas, recuerdan lo mismo que yo.

    Hay una novela de Elena Garro, que aún no leo, que se llama los “Recuerdos del Porvenir”. No estoy muy segura de que la trama tenga que ver con lo que voy a decir a continuación, pero creo que el título evoca un poco lo que quiero expresar. Los recuerdos de mis abuelos son ahora míos, y serán también de las personas con quienes yo los comparta. Si, son recuerdos de cosas del pasado, pero que pueden anclarse en el presente y podrán vincularse con el futuro; así que no se perderán. Pensar eso me da paz, el saber que las personas y las historias no se van realmente, solo cambian.

    ¿Tu qué recuerdos quieres compartir?

  • Ver el conjunto.

    Una tarea sencilla que nunca me sale bien, es la de colgar cuadros. Sin importar cuánto mida, marque, visualice, siempre quedan chuecos. E invariablemente, ya luego de que puse el clavo, los colgué y demás; me digo a mí misma que puede haberlo hecho mejor, que quizás si hubiera usado otra regla, y así otras tantas cosas.

    Eso mismo sufro con otras actividades, tanto sencillas como complicadas; ya que las termino me pongo a pensar en todas las cosas que pude haber hecho diferente para que el resultado fuera mejor. Pero algo que he aprendido con el tiempo, y que aún estoy asimilando, es que es justamente por los errores que tuve en el proceso que ahora tengo un mayor conocimiento sobre la tarea. Con esto quiero decir que, por ejemplo, ahora uso reglas más grandes para guiarme al poner un clavo, precisamente porque en el pasado use reglas pequeñas y los resultados no fueron satisfactorios; y desde que uso una regla más grande los cuadros quedan más derechos. Ciertamente esos primeros cuadros van a seguir chuecos, o me quedarán hoyos en la pared cuando mueva los clavos; pero los siguientes se verán mejor.

    Aquí entra otro aprendizaje importante, que igualmente sigo tratando de internalizar; que es el aceptar que hay cosas que nunca van a quedarme “perfectas”. Sí, puedo seguir intentando y aprendiendo y mejorando, pero debo hacer las paces conmigo misma respecto a que mi mejor resultado no va a ser “el mejor”. Volviendo al tema de los cuadros, aún buscando mejores formas de guiarme, la realidad es que la inteligencia espacial no es mi fuerte; por lo que nunca van a quedar completamente alineados.

    Pero, esto no va a impedir que yo siga colgando cuadros. Al fin y al cabo, aunque disparejos, el conjunto general se ve bien; y ciertamente mis paredes se ven más alegres con ellos ahí. Lo que es más, yo me siento feliz cada vez que los veo, y también me siento orgullosa de haber completado una tarea para la que no soy buena; en otras palabras, que no me haya ganado el miedo a no ser perfecta.

    Creo que esta es una actitud muy positiva para hacer frente a nuestras actividades. El estar dispuestas a intentarlo, a aprender del proceso, a disfrutar del proceso, a sentirnos orgullosas de nuestros resultados, el buscar mejorar, pero sin sentirnos mal si nuestro “mejor” es diferente al de otras personas; nos permitirá no sólo completar la tarea en cuestión, si no también nos alentará a hacer otras. Quién sabe, a lo mejor luego me animo a hacer un dibujo en la pared.

    ¿Estás dispuesta a seguir intentando colgar cuadros?

  • Heroínas y héroes.

    En una entrada anterior les había comentado sobre el programa Critical Role, en el que un grupo de actores y actrices de voz juegan al mítico Calabozos y Dragones. Como dije en aquella ocasión, si tienen oportunidad, véanlo, es sumamente entretenido. Lo que creo que no he comentado es que este programa lo descubrí en el 2020, en plena pandemia; y cuando además tenía diversas situaciones personales complicadas. En parte, creo que eso fue lo que me permitió conectar tanto con el programa.

    Además de que la producción es sumamente profesional, con una excelente historia e integrantes que se ve que realmente disfrutan lo que hacen; en ese momento yo necesitaba una historia en la que los “buenos” le ganaban a los “malos”. Con esto no quiero decir que los personajes que presentan sean unidimensionales, por el contrario, creo que son personajes que representan muy bien la ambigüedad humana; pero al final del día eran los protagonistas de la serie, las heroínas y héroes. El saber que en cada capítulo iba a tener la oportunidad de ver cómo superaban peligros y se acercaban más a sus diversos objetivos, el central siendo “dejar el mundo mejor que como lo habían encontrado”, fue de gran ayuda para mi en un tiempo en el que sentía (supongo que como muchas otras personas) que por más que me esforzara y tratara de hacer las cosas bien; la situación en general no mejoraba.

    De igual forma, en aquél entonces leí el libro “The Traveling Cat Chronicles”, de Hiro Arikawa; que también recomiendo ampliamente seas o no amantes de los gatos. Si bien la historia no tiene un final feliz “tradicional”, tiene una trama interesante con partes divertidas, tristes y reflexivas por igual; además de que es de esas historias que te dejan con un sentimiento reconfortante y de esperanza. En particular hay una escena en la que el gato protagonista y su dueño aprecian un paisaje natural sobrecogedor; y la forma en que es descrita, al menos a mí, me hizo sentir mucha paz. Algo que, indudablemente, requería bastante en aquél entonces.

    Afortunadamente las cosas, tanto en el marco global como en lo personal, han mejorado bastante desde aquél primer año de pandemia; pero todavía hoy cuando un día no fue particularmente bueno, recurro a mis recuerdos estas dos obras creativas para sentirme un poco mejor. Igualmente, he encontrado nuevas (la canción Zero o’clock de BTS ha sido una de ellas) y redescubierto otras (las canciones de Panic! At the Disco en este caso), para que me den remansos de paz, pero también me den energía para seguir adelante.

    Ninguna de las creaciones que he mencionada podrían catalogarse como tal, pero en el manga y anime existe un género que se conoce como iyashikei, cuyo propósito es proporcionar un efecto curativo en la audiencia. Yo agregaría entonces que el tipo de creaciones de las que he hablado proporcionan también un empuje a la audiencia; pues justamente te muestran que las cosas van a estar bien. Quizás esto no suceda de la noche a la mañana, y ciertamente no será como que todo se va poner bien mágicamente; pero al igual que los protagonistas o personajes de las historias, puedes dar lo mejor de ti para lograrlo. Se convierten en tu heroínas y héroes, y puedes usarlos como referencias en tu vida diaria.

    Así pues, sigamos en nuestra búsqueda de esos héroes y heroínas, ya sean de la vida real o creaciones de la imaginación; y más aún, convirtámonos nosotras mismas en una de ellas. Así, sobreviviremos no sólo a los tiempos difíciles que nos correspondan, sino que también ayudaremos a otras personas a superar sus propios retos; construyendo finalmente realidades más amigables. En palabras de C.S. Lewis: “Dado que es muy probable que los niños encontrarán crueles enemigos, permite al menos que hayan escuchado las historias de los valientes caballeros y del valor heroico. De otra forma, no harás su destino más brillante, sino más oscuro”

    ¿Quiénes son tus héroes y heroínas?

  • Tradiciones.

    Nunca he puesto un altar de muertos por propia iniciativa, siempre los hice como parte de las actividades de la clase de español; y creo que alguna vez apoye a poner uno en un trabajo. Quizás esto te parezca extraño si me estás leyendo desde otro país, pues a últimas fechas esta es una celebración que ha recibido mucha difusión mediática; y en cierta forma se ha convertido en la fiesta con la que se identifica a la cultura mexicana.

    Pero sabes, ese es precisamente el detalle, yo no me identifico con esa celebración. Digo, comparto la idea central de recordar la memoria de las personas que amamos y ya no están con nosotras, así como que ellas nos siguen acompañado; pero no me nace el celebrarlo de la forma que marca la tradición. Al final del día, es una celebración que está lejos de mí, tanto en el aspecto cultural como geográfico; claro que puedo apreciarla en su calidad de festividad icónica de las culturas del centro y sur del país, pero nada más.

    Y no es porque, como alguna vez le dijeron a mi hermana, sea muy del Norte y siga más las ideas o fiestas de Estados Unidos. En mi vida he ido quizás a dos fiestas de disfraces, pero jamás he celebrado Halloween como tal; precisamente por lo mismo: no me identifico con la celebración. De hecho, eso me pasa con varios aspectos de mi vida. Si no tengo un vínculo emocional con alguna celebración, la misma pasa de largo para mi. Pero, si por el contrario, alguna fecha en particular evoca en mi un sentimiento especial; busco la manera de celebrarla, aunque no sea una fiesta tradicional.

    Por ejemplo, desde muy pequeña he sido fan de La Guerra de las Galaxias, así que desde que el 4 de mayo se estableció como el día de la misma; procuro hacer algo especial relacionado con la saga. O bien, como recordatorio de mis días en Washington, DC y lo mucho que me gustó el festival de los cerezos en flor; durante las fechas en que estos florean procuro usar alguna prenda alusiva a ellos. O en un plano más personal, hago difusión del Día Nacional de la Dalia en mis redes sociales.

    Lo mismo pasa con muchas otras fechas que celebró, sin importar si la misma es compartida solo por las personas cercanas a mi o por un gran número de personas alrededor del mundo; yo las conmemoro por la importancia que tienen para mi. Al fin y al cabo, las tradiciones sirven para transmitir una idea compartida; en este caso yo la uso para transmitir y compartir la idea de Dalia, y eso es suficiente.

    ¿Tu cuáles tradiciones compartes?

  • Incomunicada.

    Nunca les ha pasado que en su cabeza tienen bien definido que es lo que van a escribir para un ensayo, una tarea o un evento; con sus ideas principales y secundarias, buenos ejemplos y una conclusión inteligente. Pero, cuando llega el momento de ponerlo en papel, ¿sencillamente no sale? Quiero decir, la idea está ahí, casi casi puedes tocarla, pero la malvada hoja sigue en blanco por más que lo intentas.

    Para mí, esa es de las cosas más frustrante que puedan existir: el no poder comunicar lo que quiero decir no porqué no sepa como hacerlo, sino porque en ese momento no me sale. Esa fue una de las razones por las que empecé a escribir este blog, para poder compartir mis ideas y no dejarlas morir en mi cabeza; así que el hecho de que haya días (como hoy) en que la idea que tenía pensado compartir no salga, es todavía peor.

    A veces me es fácil encontrar la causa de esa comunicación frustrada; por ejemplo, cuando un día no sale como yo espera y me tumba la energía que tenía reservada para escribir. O bien puede que haya surgido un imprevisto importante y no pueda concentrarme. Pero otras tantas veces, simplemente no me sale el escribir, pese a tener todo listo para ello. Hago un esfuerzo consciente por superar ese tipo de momentos, incluso llegó a pensar otras muchas ideas bien articuladas que podría usar en caso de que el problema sea la idea original; pero no logro que ninguna cuaje como debería. Prueba de ello es que este párrafo lo he cambiado como 3 veces y sigue sin gustarme como está quedando.

    Hay algunas personas que dicen que en tales casos lo mejor es dejar de lado la tarea, dedicarte a otra cosa y luego volver con más ganas. Supongo que es un buen consejo, y en ocasiones funciona; pero cuando veo que ya es tarde y la idea sigue sin salir, no puedo más que sentir un  desasosiego, tanto por el hecho de sentirme frustrada de no poder escribir lo que quiero, como por ese sentimiento de que no estoy cumpliendo con algo que tengo que hacer. Lo peor de todo es que ni siquiera es una obligación, es una actividad que disfruto, así que la frustración es todavía mayor si cabe.

     Sin embargo, según algunas personas la mejor manera de vencer un bloqueo creativo (que no estoy muy segura de que sea mi caso, pero bueno) es salir de tu zona de confort, es decir, intentar nuevas formas de llegar ese resultado que anhelas. Por ejemplo, si usualmente pintas con acuarela, quizás un dibujo a lápiz te ayude a volver a enfocarte. Para mí, que usualmente busco tener bien estructurada mi idea antes de compartirla, una ruta inusual es solo sentarme ante el teclado y empezar a escribir, con la esperanza de que algo bueno salga de ese ejercicio. Esta entrada es justamente eso, un intento de romper esa barrera entre la idea y yo, entre quedarme callada y el poder compartir lo que quiero decir. No es lo que más me gusta, pero debo decir que al menos me hace bien el saber que puede hacerlo.

    Así que gracias por leer esta entrada improvisada, espero para lo próxima poder tener algo mejor. Y sirva esto también como un aliciente para las personas que está sufriendo para compartirse, ya sea mediante la escritura o cualquier otro medio; sigamos intentado, aunque tengamos tropiezos en el camino.

    ¿Te has enfrentado a algún bloqueo creativo?

  • Las historias de la historia.

    Hace poco empecé a leer el libro La chica de la máquina de escribir, de Desy Icardi. Todavía no la termino así que no puedo opinar completamente sobre ella, pero algo a su favor es que me hizo tener uno de esos momentos de realización que son en buena parte porque me gusta tanto leer. En este caso particular, la protagonista es una chica que vive en Turín durante los años de la Segunda Guerra Mundial (SGM); y en cierto momento nos cuenta como fue la experiencia del primer bombardeo en la ciudad. Por supuesto nos habla del miedo que se produce durante el bombardeo como tal; pero también de cómo ese sentimiento perdura durante el día siguiente, así como la desesperación general por saber qué ha pasado exactamente y si los seres queridos de cada quién se encuentran bien.

    Fue en ese momento en que pensé que esas mismas emociones ya las había escuchado o leído en otras historias de la SGM; solo que usualmente son contadas por personas que pertenecían a alguno de los países aliados, los que posteriormente serán considerados los héroes del conflicto. Pero al final de cuentas, las personas “normales” de ambas partes sufrían igual, con el miedo de perder su vida en mitad de la noche por las locuras y ambiciones de un puñado de personas con poder. Creo que las historias que nos permiten recordar esto, el componente humano de las guerras y conflictos, son las mayores contribuyentes a los esfuerzos para evitar que se repitan estas tragedias.

    Esto debido a que nos permiten empatizar con las personas que tuvieron que sufrir tales conflictos, y darnos cuenta que pese al tiempo y la distancia; son personas como nosotras, y que podríamos ser nosotras. Esto último me parece de vital importancia, puesto que la mayoría de las veces los conflictos armados o movimientos sociales tienden a enseñarse a partir de una visión académica muy simplista, enfocada en hechos y fechas claves. Así pues, se tiende a pensar en ellos como algo muy lejano (yo todavía me resisto a pensar que los años 80 fueron ya hace 40 años, imagínate ahora a una persona que nació en el 2002 leyendo sobre conflictos del siglo pasado), y por tanto ajeno a nuestra realidad.

    Pero, si leemos las memorias de una persona que vivió la Masacre de Tlatelolco en 1968, y nos damos cuenta que tiene la misma edad que nuestros padres y madres; de pronto el conflicto se vuelve más real. O al leer las historias de desobediencia civil de la Alemania de la SGM, y entender el heroísmo y valor que las mimas requerían; podamos tener más simpatía por los movimientos encabezados por las familias de personas desaparecidas. O bien, si leemos el blog de una persona que narra como es su vida en la zona del conflicto en Palestina, podamos ver que lo único que nos separó de vivir lo mismo fue un azar.

    Con esto quiero decir que, si bien es importante aprender las fechas y datos duros de los acontecimientos históricos para poder situarlos en el tiempo y aprender de ellos a gran escala; también es importante que entendamos el componente humano de los mismos. El entender que en ambos lados del conflicto hay personas normales que experimentan un sufrimiento real, haría mucho más por la paz que los grandes discursos que se dan durante las remembranzas de dichos acontecimientos. Al fin y al cabo, la historia está formada por las historias de todas las personas; y es nuestro momento de decidir cómo la nuestra propia encajará en ese conjunto.

    ¿Cuáles historias conoces tu?

  • Perspectivas.

    Hace poco tuve la oportunidad de ver la pieza Lanzadas de Tania Candiani (foto adjunta), la cual consiste en una serie de escobas suspendidas, cuyas puntas ha sido afiladas. Mi primera impresión de la obra, antes de leer el nombre de la pieza y su descripción, fue que parecía que las escobas se habían convertido en lápices; esto por su punta afilada. Así que mi interpretación de la pieza fue cómo la educación permite que las mujeres puedan aspirar a muchas cosas que sólo el ámbito doméstico.

    Sin embargo, la autora tenía algo muy diferente en mente. Para ella las escobas se habían convertido en lanzas, y de hecho las había colocado de tal forma que estuviera en una posición de defensa. La pieza forma parte de la serie Protección Familiar, en la que la artista se enfoca justamente en la violencia que sufren las mujeres al interior del hogar, y consecuentemente como estas se defienden.

    Luego de leer la descripción de la obra, no pude menos que reflexionar como nuestra posición de privilegio muchas veces nos impide ver, al menos de primera instancia, otras realidades. Yo nunca he tenido que luchar por mi vida o por mi seguridad, ni por la de mi familia o gente querida. Mis derechos jamás han sido violentados, al menos no de manera directa o personal, por mi condición de mujer. Cuando he tenido que enfrentarme a alguna injusticia, mi “contraataque” siempre ha sido diplomático, buscando el diálogo. Y lo más importante, para mí mi hogar siempre ha sido un lugar seguro en el que puedo estar en paz.

    Pero para muchas mujeres su casa es, como menciona Candiani, un campo de batalla. Y su colonia, su ciudad, su escuela, su estado; también lo son. La mayoría de ellas aguantan en silencio, siguiendo esa educación de abnegación que aún es constante en nuestro país. Pero para algunas la situación se vuelve insostenible, y se defienden de la única manera que puedan: por la fuerza. Y digo de la única manera que puedan porque ni su pareja, ni su familia ni la sociedad les hemos brindado otra opción; por el contrario, muchas personas se empeñan en ponerles trabas para que puedan acceder a otras formas de protección legal. E incluso una amplia parte de la sociedad se escandaliza cuando escucha las historias en las que respondieron con “violencia” ante las vejaciones de las que son objeto.

    Yo conozco a algunas mujeres que lo han hecho, que han “tomado las armas” para defenderse a ellas mismas y a su familia. También trato de educarme en temas de violencia familiar y de género, para poder reconocerla y apoyar a las mujeres que veo que la sufren. Así mismo, exijo que el gobierno y la sociedad tomen acciones para evitar que sigan dándose casos de mujeres maltratadas. Y aún así, mis primeras impresiones sobre muchas situaciones son erróneas, como en el caso de la obra Lanzadas; porque afortunadamente es algo tan alejado de mi vida personal, que solo cuando lo analizo conscientemente es cuando lo veo.

    Ahora imagínate como serán las experiencias de aquellas personas que no se molestan en ver otra realidad más que la propia, que siguen creyendo que las exigencias y acciones de las mujeres y colectivos feministas están “fuera de lugar” o que “no son formas”. Para esas personas la fuerza de esas exigencias es desmesurada, porque no pueden ver que surgen justamente de una violencia desmedida. Por eso es que obras como las de Tania Candiani son tan importantes, porque presentan esa otra cara de la sociedad que mucha gente no ve, o se niega a ver.

    Pero más allá de las representaciones artísticas y su poder, creo que no habrá un verdadero entendimiento hasta que las personas estemos dispuestas a escuchar y convivir con personas que viven de forma diferente a la nuestra. Hasta que escuchemos sus historias y veamos como bien podrían ser las nuestras, es que podremos tomar las acciones necesarias para poder corregir la violencia de la que tantas mujeres son objeto. Espero y me ocuparé de que ese momento llegue pronto.

    ¿A ti cómo te afecta tu privilegio?

  • Convalecer.

    Hoy llevamos a mi gatita a bañar, y creo que le dieron más tranquilizante del necesario. Así que, para evitar que se cayera, y para que se pudiera sentir segura; estuve acostada con ella un rato.

    Mientras estaba con ella, pensaba en todas las cosas que aún tenía que hacer, entre ellas preparar este post. Fue entonces que recordé un artículo que leí hace tiempo, me parece que en el periódico The Guardian, sobre cómo se había perdido el arte de la convalecencia. Un resumen del mismo sería que, con el advenimiento de varios avances médicos, ahora se esperaba que las personas se tomen una pastilla y mágicamente estén bien; sobre todo para poder continuar con su trabajo y ser “productivas”. El artículo luego desarrolla como esta circunstancia nos está afectando como comunidad.

    Pero, y volviendo al tema de mi gatita, otro arte que se ha ido perdiendo es el de acompañar a una persona convaleciente. Y no solo por lo que digo en el párrafo anterior respecto a que necesitamos que la otra persona vuelva a ser productiva, sino que también nosotras necesitamos mantener nuestro nivel de productividad. Para muchas personas, es impensable usar una hora en preparar comida de dieta blanda para alguien que se recupera de una operación, pues usualmente solo toman algún alimento congelado, lo meten al microondas, y listo.

    En muchas ocasiones esta situación no es por falta de amor o de compensación, sino que sencillamente no es posible compaginar esa labor de cuidado con las demás actividades que se nos exige cumplir día tras día; y un gran número de personas no puede darse la oportunidad de tomar tiempo libre en su trabajo porque entonces ya no lo alcanzará para cubrir sus necesidades básicas. ¿Porqué si no hay mamás que llegan con 2 horas de sueño a sus trabajos, porque tuvieron que pasar la noche en vela vigilando a sus hijos para garantizar que no les volviera a subir la temperatura?

    Lo más alarmante de todo es que, incluso en instituciones de salud, cuyo objetivo principal debería ser precisamente que una persona recupere su salud; se está dando este mismo fenómeno. El personal tiene que atender tantos casos que ya ven a sus pacientes sólo como números, no como personas que en muchos casos están asustadas y necesitan un acompañamiento para poder sanar adecuadamente. Vamos, en algunas ocasiones estas mismas instituciones buscan dar de alta a los pacientes lo más rápido posible porque necesitan esa cama, o ese medicamento, o simplemente porque hay una larga fila de personas esperando ser atendidas.

    Hay un post que circula cada cierto tiempo que dice que, cuando le preguntaron a una antropóloga cuál podría considerarse como el primer símbolo de la civilización; ella contesta que es la existencia de un fémur que se quebró y posteriormente fue curado. Explica que esto es un símbolo de compasión, de ayudar a una persona en tiempos difíciles. Ignoro si el post es cierto, o solo es de esas bonitas ideas que circulan por la red; pero coincido en que la compasión y la empatía son dos de las mejores y más distintivas cualidades de la humanidad. No podría decir que las mismas marcan el inicio de civilización, pero si creo que su falta llevará, invariablemente, a la caída de la misma.

    ¿Tienes a alguien que te haya ayudado durante una convalecencia?

  • No estoy hueca.

    Hace poco tuve la oportunidad de ir al parque eco-turístico de Tulimán, en Puebla. Entre las muchas maravillas que ofrece este parque, existe un lugar llamado el árbol hueco; que es justamente eso, un árbol con un hueco considerable en su tronco. Lo interesante del mismo son las leyendas que existen sobre su origen.

    Una de ellas dice que ahí vivían unos duendes, a los que en cierto momento les cayó un rayo y de ahí el hueco en el tronco del árbol. Otra nos dice que los antiguos pobladores del lugar querían quitar el árbol de su lugar, por motivos no especificados, así que decidieron quemarlo. Pero el resultado no fue el esperado, ya que sólo se quemó la parte interior del árbol, y hasta nuestros días el mismo sigue fuerte y verde. La leyenda continúa diciendo que los pobladores, al darse cuenta de la situación, dijeron que sólo se había quemado el corazón del árbol; y de ahí nació su nombre de árbol hueco.

    Está historia nos la fue contando nuestro guía antes de llegar al sitio, a manera de que al llegar pudiéramos admirar el árbol con las leyendas en mente. Cuando estábamos ya a pocos metros del lugar, y pudimos observarlo desde lejos, mi primer pensamiento fue: ese árbol sí tiene corazón. Y no lo digo solo porque el árbol se ve fuerte y sano, sino porque la formación de su tronco, en cierta forma, parece ser un corazón que sobresale del mismo. La foto que tomé no creo que le haga justicia, pero la agrego con la intención de tratar de explicarme.

    Luego del paseo, me quedé pensando porque la gente del lugar habría decidido decir que el árbol hueco se había quedado sin corazón, lo que usualmente se asocia a ser “malo”. Yo hubiera pensado en mejor hacer referencia a su fortaleza, porque después de todo, había sobrevivido a su intento de quemarlo. Y en eso se me ocurrió que eso mismo pasa con las personas, sobre todo con las mujeres y otras minorías, cuando sobreviven a los ataques de la gente: muy rara vez nos fijamos en la fortaleza que tuvieron o tienen que demostrar en esas circunstancias adversas; y en su lugar resaltamos los aspectos que consideramos negativos que se han desarrollado a partir de ello.

    Una mujer que tuvo que sobrevivir al maltrato de su pareja, y que ahora prefiere mantener una distancia con los hombres, es usualmente catalogada como fría o desconfiada; en lugar de comprender que se está recuperando de un trauma. O quizás pensamos que una persona perteneciente a una minoría que está siempre a la defensiva es porque es ruda o tiene un problema de actitud; cuando en realidad tuvo que aprender a ser así para que la gente no la humillara o tomará ventaja de ella. O bien, si una mujer rechaza las insistentes proposiciones románticas de un hombre, entonces automáticamente se vuelve en la mala de la historia, en la que lo mandó a la friend zone, en la que no tiene corazón.

    Y así vamos por la vida, creyendo que cuando las personas no nos dan lo que creemos merecer, automáticamente se vuelven antagonistas; porque al final y al cabo yo soy la protagonista de mi historia y por tanto soy la que tiene la razón. Que diferentes y más saludables serían nuestras relaciones si entendiéramos que no podemos tratar mal o irrespetuosamente a una persona sin que en algún momento esta decida irse o respondernos. Así mismo, debemos comprender que las acciones de una persona no siempre son una respuesta a nosotras en particular, si no que es el mecanismo de respuesta que han tenido que adoptar por como las han tratado en el pasado.

    Si fuéramos un poco más comprensivas y dejáramos de creernos el centro de todo, entonces quizás podríamos entender que, al igual que el árbol, las personas no están huecas; simplemente han tenido que guardar más celosamente su corazón para que no se los destruyeran. Si miramos con una mirada más amable y abierta, y si la persona así lo decide; podremos ver ese corazón y compartir la fortaleza y belleza que hay en él.

    ¿Alguna vez te han dicho que estás hueca?