• A mi ritmo.

    Nunca he sido buena para los deportes; en parte porque soy mala para calcular distancias, y en parte porque no tengo muy buena coordinación que digamos. Por ende, siempre era de las últimas en ser elegida para los equipos en la clase de deportes. No creo que eso me haya afectado más allá de un que otro balonazo, pero sí me hizo excluir el deporte de aquellas actividades que practicaba. En parte era por saber que no era buena, pero creo que era más el hecho de no querer “estorbar” a las demás personas; pues sabía que, si me unía a un equipo o incluso en un juego con amistadas, mi falta de habilidad perjudicaría a las personas con las que jugaba.

    Algo similar sentía con el baile, por lo mismo de mi falta de coordinación. Afortunadamente en mis épocas de juventud se acostumbraba más bailar en grupo, pues definitivamente habría sido un caso perdido si todavía se hubiera usado solo el baile en pareja. En este caso he de decir que mi animosidad a bailar si provenía (aún ahora) del temor a hacer algún ridículo. Así pues, fue otra de las actividades que dejé de lado.

    El tiempo pasó, y un buen día en el gimnasio al que asistía iniciaron con clases de zumba. Por todo lo antes mencionado, tenía bastantes reservas respecto a entrar; pero finalmente lo hice. Fue una excelente decisión. Pronto esas clases se volvieron de mis favoritas; pues me daban una agradable sensación de libertad y bienestar. Antes las clases de deportes o danza, así como actividades sociales que los incluyeran, me hacían sentir ansiedad por el temor de no hacer las cosas bien. Ahora podía realizar las rutinas con entusiasmo, sabiendo que si me equivocaba lo podía corregir en la siguiente repetición; pero lo más importante era que no había juicios por cometer errores. Incluso el ambiente era tal que nos podíamos reír de nuestras propias fallas. En pocas palabras, disfrutaba lo que estaba haciendo.

    Con el tiempo he ido a otros gimnasios, pero siempre procuro que ofrezcan clases de zumba. En todos ellos he encontrado el mismo ambiente relajado y de integración, en donde sin importar tus habilidades natas, puedes divertirte con las rutinas. Todo esto me ha ayudado a ir mejorando poco a poco, pero sobre todo me ha permitido encontrar confianza en mí misma para realizar actividades que alguna vez pensé no eran para mí.

    Que diferente sería la vida de muchas personas, y de la sociedad en general, si este fuera el enfoque que le diéramos a otras actividades, como el canto, el dibujo o las matemáticas. Si fomentáramos que estas actividades se realizarán no con la intención de tener que ser el mejor, en un ambiente siempre competitivo; sino que se formara un ambiente de cooperación en el que las personas pudieran disfrutar el aprender y practicar dichas actividades, entendiendo que el error es parte natural del proceso de aprendizaje. No sólo habría menos personas frustradas, sino que también se crearían vínculos entre personas que usualmente no tendrían nada en común. En otras palabras, se lograría lo que se pretende con todas las actividades humanas; crear comunidad.

    ¿A ti cual actividad te proporciona bienestar?

  • Mejorando la ejecución.

    Ayer leí un artículo (dejo la liga más abajo), en el que comentaban que, según investigaciones recientes, la mayoría de los y las millenials de América Latina no están buscando una revolución; sino una reforma. Al pertenecer a la generación en cuestión, debo decir que este resultado no me sorprende en lo más mínimo. Por un lado, creo que nuestra generación es más consciente del enorme costo que las revoluciones tienen en todos los aspectos, siendo el más crudo el social. Por el otro, y quizás este sea el más importante, nos hemos dado cuenta que los resultados de dichas revoluciones no son, ni de lejos, los que esperaban las personas que sufrieron y murieron por las causas originales de dichos movimientos.

    Ante la innegable realidad de estos resultados imperfectos, queda ver cuál será el camino que tomaremos como generación. Andrea Moncada, autora del artículo en mención, señala que la fe en la democracia está disminuyendo, y que un porcentaje importante de personas de nuestra generación no ven una diferencia sustancial, en el esquema macro, entre un gobierno democrático y uno autoritario. Si bien una buena parte de la generación de políticos y ciudadanos millenials está dispuesta a intentar mejorar el sistema desde adentro; la realidad es que enfrenta obstáculos inmensos para conseguirlo.

    En este sentido, y aunque me pese decirlo, no creo que esta generación pueda tener un porcentaje alto de éxito. Aunque suene trillado, el mundo que nos ha tocado vivir es cada vez más complejo, con problemas que rebasan por mucho la capacidad de solución de una sola persona o un solo país. Además, según la última evidencia, ese nivel de complejidad y de ambigüedad no hará más que incrementarse. ¿Qué nos queda, entonces? ¿Aceptar el status quo sin más? ¿O sucumbir a la ilusión del autoritarismo, solo para que está decisión nos golpe en la cara más delante?

    Considero que la única forma de evitar cualquiera de esos escenarios es, precisamente, aceptar que no vamos a tener un gran éxito. Con esto quiero decir que debemos seguir intentando cambiar el sistema, promoviendo agendas que se ocupen verdaderamente de los temas que son importantes para nuestra generación y las siguientes, como son la equidad y la inclusión; pero sin hacernos grandes añoranzas al respecto. Sobre todo, creo que debemos aceptar que, en ese proceso, queramos o no, tendremos que hacer concesiones, y que no terminaremos este camino tan limpios como lo iniciamos.

    Lo importante es que busquemos que esas concesiones sean las mínimas, y sobre todo que, a diferencia de los movimientos del pasado, no sacrifiquen solamente a las clases más desprotegidas. Será una labor titánica lograr que las clases altas estén dispuestas a ceder un poco de su privilegio en aras de un mejor futuro para todas las personas; pero creo que el hecho de que estén más conscientes de que no hacerlo implicaría perder, tarde o temprano, todo su privilegio, nos haga la tarea un poco menos monumental.

    Igualmente, aunque lamentablemente el andar este camino de mejora nos obligue a formar alianzas y tomar decisiones no tan encomiables; mientras nuestra esencia no sea comprometida, estaremos bien. En este punto, creo que la literatura nos ha ayudado a allanar un poco el camino. Por ejemplo, nadie podrá decir que Katniss Everdeen encaja en el modelo de heroína de cuento, y más de una de sus decisiones es bastante cuestionable. Pero al final de la historia, un solo acto nos reafirma que ella sigue fiel a su misión inicial, y por tanto su lucha ha valido la pena.

    Entonces, nuestra generación debe procurar que al final del camino, cuando nos toque entregar la estafeta, seamos capaces de ver a los ojos a las personas a las que se la estamos entregando. Nuestros resultados serán imperfectos, igual que los de generaciones anteriores, y sin duda la historia nos juzgará aún más estrictamente que a estas; pero si jugamos bien nuestras cartas, podremos decir que tuvimos una mejor ejecución y que los resultados de estas acciones serán terreno fértil para que la siguiente generación logre aún más cosas. Al fin y al cabo, como dice la máxima, Roma no se construyó en un día, pero ardió en uno.

    ¿Tú cómo estás mejorando la ejecución de nuestra generación?

  • Lagunas Latinoamericanas.

    Pese a tener cierto recelo, comencé a leer el libro La fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa. A diferencia del único otro libro que he leído del autor, este se base en hecho históricos, pues tiene como marco de referencia la dictadura que Rafael Trujillo ejerció en República Dominicana durante 30 años; siendo este uno de los personajes principales de la narración. Quizás esto evite que caiga en pasajes innecesarios que nada contribuyen a la obra, y en cambio la hacen de mal gusto.

    Pero lo que sí ha lograda ya está novela es hacerme caer en cuenta de algo: no sé nada de la Era Trujillo. No recuerdo que, durante las clases de historia universal, se haya mencionado esa época; y ahora que lo pienso no recuerdo tampoco que se haya mencionado mucho la historia reciente de América Latina. Claro, estudiamos el incidente de la Bahía de Cochinos en Cuba, y hablamos sobre Fidel Castro y el comunismo; pero me parece que todo esto fue dentro del marco de la Guerra Fría, centrándonos más bien en Rusia y Estados Unidos durante esos años de tensión mundial.

    Está no es la primera vez que me doy cuenta de que, en materia de historia latinoamericana, me falta aún mucho por saber. Como tantas otras cosas en mi vida, mi primer acercamiento con esa realidad desconocida ha sido a través de la literatura, como fue La Casa de los Espíritus de Isabel Allende, o La Mujer Habitada de Gioconda Belli. Después de eso, y gracias también a que durante una estancia en Estados Unidos (vaya ironía), puede encontrar diferentes publicaciones que se ocupan de las noticias de América Latina, es que he podido hilar esa primera impresión con las realidades que ahora afronta el continente.

    Aún así, la historia de América Latina sigue teniendo demasiadas lagunas para mí, y en más de una ocasión no he podido ubicar algún acontecimiento importante dentro de la historia universal, y como este se alimentaba y a la vez afectaba el escenario mundial de entonces y de ahora. Estoy segura que esto no me ocurre solo a mi, sino que muchas personas de México  también padecen de esta carencia. No sé si será una idea muy arriesgada, pero creo que esto en parte ha impedido la consolidación de un bloque regional fuerte; pues por mucho que los gobiernos se esfuercen, si la opinión pública no presta atención, existen pocas oportunidades de crear lazos fuertes. Y por supuesto esto no puede darse si la mayoría de las personas no tienen un conocimiento, aunque sea general, de los acontecimientos que han dado forma a la región.

    Ahora con el tema del nearshoring tan de moda, así como una tendencia a la regionalización; espero se corrija esa falta en la educación de México y se nos enseñe la historia de Centro y Sudamérica. Desconozco si en esos países haya la misma omisión en cuanto a la historia de México, aunque lo considero el escenario más probable; e igualmente importante me parece que se tomen cartas en el asunto. Quién sabe, quizás ese entendimiento histórico nos permita fortalecer los puentes que se necesitan para, ahora sí, tener una América Latina fuerte y capaz de forjar su propia historia.

    ¿Tu conoces la historia latinoamericana?

  • Escapismos.

    Mañana 16 de enero será el que popularmente se conoce como “Blue Monday”, es decir, el día más triste del año. Según la publicación original, este día se considera el más triste del año puesto que para esa fecha ya se han acabado todas las festividades relacionadas con la Navidad, a la vez que la mayoría de las personas han vuelto a sus actividades cotidianas; por lo que se experimenta una vuelta a la cotidianidad. Esto es, tenemos de frente un largo año que en muchos sentidos se ve igual que el anterior, con pendientes y cosas por hacer.

    Mi intención con esta entrada no es negar que luego de las fiestas se tiene un sentimiento de “otra vez lo mismo”, puesto que yo misma lo he sentido, aunque no creo que lo haya sentido más en un lunes determinado. Tampoco es pasarme del lado del positivismo y dar consejos hasta cierto punto trillados y un tanto vacíos. La tristeza es un sentimiento humano, y como tal debe de aceptarse, sentirse y entenderse; si no luego vamos por la vida con una sonrisa en la cara, pero sintiéndonos fatal por dentro.

    Sin embargo, hace un tiempo leí un comentario que decía que una buena estrategia era buscar tener unas pequeñas “vacaciones” en el día a día; aquello que Libertad, personaje de la tira de Mafalda, llamaba “escapismos”. Creo que este último término es más apropiado, pues lo que se pretende es darnos un pequeño escape de la realidad que tenemos que afrontar día a día. Eso puede ser algo tan sencillo como comernos un helado, escuchar verdaderamente una canción, quizás caminar por un parque. En fin, nada del otro mundo, solo algo que nos permite hacer un pequeño espacio para sentirnos menos agobiadas por el montón de cosas que están ocurriendo siempre.

    Claro, habrá días en que no podamos darnos esos escapismos; principalmente debido a las famosas cosas que de alguna forma siempre están ahí. Pero, si sabemos que quizás mañana o en un par de días podremos tener un pequeño descanso, entonces podremos aguantar mejor el día de hoy. Al fin y al cabo, la espera de algo es una buena fuente de motivación y felicidad.

    Si como yo, mientras lees/escribo estas líneas pensaste en otra frase que dice que el objetivo debería ser conseguirnos una vida de la que no tengamos que escapar constantemente; recuerda que incluso la gente que parece que lo tiene todo, de vez en cuando también se siente agobiada, y necesita hacer algo para poder volver a sentirse mejor. Mientras los escapismos sean eso, un espacio para relajarnos para poder seguir adelante, y no un lugar para escondernos de una realidad que ya es insostenible; entonces no veo porque no podamos comernos una rebanada de pastel en lunes. Y más si es un lunes azul.

    ¿Cuáles son tus escapismos?

  • La sombra de la información.

    De seguro has escuchado el mito de la caverna de Platón, aquél que nos cuenta como unos hombres, debido a las circunstancias de su nacimiento y su vida; toman como “realidad” las sombras que se proyectan en la pared de su caverna. Así mismo, Platón nos cuenta como uno de estos hombres logra escapar de sus cadenas y ver la realidad del mundo; pero cuando vuelve a contarles a sus compañeros de esta verdad, y trata de liberarlos para que ellos puedan también contemplarla, se enfrenta a risas y amenazas de parte de su antiguo grupo. De esta manera, Platón nos expresa sus ideas sobre el conocimiento y la forma de llegar a él; una falible que es la de la mera observación y las creencias, contra la más fiable de la ciencia y el pensamiento crítico.

    Recordé esta historia en días pasados, por dos hechos muy puntuales. El primero fue una encuesta en línea en la que una revista preguntaba cuánto están dispuestos los usuarios a pagar por contenido informativo especial, supongo se referían a tener acceso a ciertos artículos. Pese a que nunca me ha molestado pagar por la información (que al final de cuentas es conocimiento), en esa encuesta contesté que no estaba dispuesta a pagar nada por ese tipo de contenido. El motivo va de la mano del segundo hecho que les comento: en una red social sigo a distintos periódicos, tanto nacionales como internacionales, y en alguno de ellos encontré un artículo que me interesó. Sin embargo, sólo pude leer quizás los primeros 2 párrafos del mismo, pues para continuar leyendo tenía que tener una membresía.

    Cómo ya les dije, no me molesta pagar por contenido de calidad; y entiendo que el trabajo de las personas que generan ese contenido es valioso y por tanto debe ser remunerado adecuadamente. Pero también sé que no todas las personas tienen ese privilegio, pues al igual que los personajes del mito de Platón, sus circunstancias sociales les obligan a decidir entre el conocimiento y poder tener comida en su mesa. Pero esas circunstancias no las hacen menos ciudadanas y ciudadanos de nuestra sociedad (tanto local como global), y por tanto deberían tener acceso al mismo conocimiento que yo, para que así puedan formar su propio criterio y a la vez contribuir a la mejora de la sociedad.

    Por eso es que me niego a pagar por contenido exclusivo de ciertas revistas, periódicos y otros medios de información, porque considero que ese conocimiento debería estar al alcance de todas las personas. Una cosa muy diferente es tener una membresía para evitarme los anuncios cuando escucho un podcast; o el aceptar que como no voy a pagar por una membresía, solo podré tener acceso al contenido mediante la plataforma y no podré descargarlo en mis dispositivos. En ambos casos sigo teniendo acceso al conocimiento, simplemente mi disfrute al mismo puede ser más o menos conveniente (que también es una distinción problemática, pero eso es tema de otra entrada).

    A lo que quiero llegar es que, mientras sigamos tratando el conocimiento como un privilegio en lugar de cómo un derecho, va a ser muy difícil que podamos mejorar de manera integral y equitativa. Si una gran parte de la sociedad tiene acceso solo a una parte de la información, o la obtiene sólo mediante la opinión de otras personas (que, dicho sea de paso, tampoco era una fuente de conocimiento muy confiable según Platón), será imposible que los temas trascendentes puedan afrontarse de manera adecuada. De hecho, ya nos está causando problemas.

    Hace un tiempo se publicó un artículo que relacionaba la polarización y radicalización de la población estadounidense con el tipo de noticias que consumían, señalando en su caso a Fox News, la cual ha sido señalada en repetidas ocasiones por los sesgos y segundas intenciones con las que presentan la información. El punto interesante es que está cadena y otras similares no ponen trabas para que las personas accedan a su información, por lo que se vuelva muchas veces la única fuente de noticias para un importante número de personas. Si a esto sumamos otros factores, como el hecho de la renuencia a las personas a escuchar ideas u opiniones distintas a las que están acostumbradas (tal como en la caverna de Platón), es fácil ver la relación causa-efecto entre disponibilidad y criterio.

    No tengo conocimiento de un estudio similar en México o América Latina, pero imagino que la situación debe ser similar.

    El punto es que, como sociedad estamos actuando justo a la inversa de lo que Platón proponía. Por un lado, no tomamos acciones para que las personas que están atadas en la caverna puedan liberarse; pero lo peor es que a aquellas personas que logran liberarse por sus propios medios, les impedimos ver la realidad, cuando mucho les mostramos solo la parte de la realidad que le conviene a unos pocos. Lo más lamentable es que no nos damos cuenta que, al mantenerles en las sombras, como sociedad en general perdemos luz también.

    ¿Tú que piensas de las restricciones a la información y el conocimiento en los medios?

  • Un propósito, varios caminos.

    Hace unas semanas leí esta frase de Arianna Huffington: “Puedes completar un proyecto, dejándolo”. Raras veces me encuentro con frases como esta, en las que en cierta forma se les dice a las personas que está bien dejar algo “a la mitad”, sobre todo si ese algo no te está haciendo bien. En una época en que la mayoría de las personas nos trazamos metas para el próximo año, creo que esto es una buena idea para tener en mente.

    Con esto quiero decir que debemos entender esas metas o propósitos como nuestra guía de qué queremos lograr; mientras que las formas de lograrlo serán los proyectos que emprendamos en el año. Estos últimos son los que debemos ver como flexibles, para que se vayan adaptando a la realidad de nuestro día a día, y que incluso puede ser que con el paso del tiempo ya no sean viables o favorables para nuestras metas. Pero los propósitos deben de seguir ahí, porque al final del día representen lo que es importante para nosotras.

    Por ejemplo, hace unos años uno de mis propósitos fue tener una más balanceada, y decidí acercarme a una profesionista de la salud mental para ello. La realidad es que nunca conectamos, y debido a esa falta de conexión no podíamos abordar apropiadamente aquellos temas que a mí me interesaban; así que decidí dejar la consulta luego de un tiempo, puesto que la misma no estaba sirviendo para mi propósito. Sin embargo, como para mí seguía siendo importante el tener una mejor vida, recurrí a otras instancias para lograrlo; incluido ir con otra psicóloga con la que sí pude entablar una relación armoniosa. Como por supuesto la meta que me tracé es muy amplia, a lo largo de los años he ido tomando más proyectos que me permitan alcanzara, y varios de esos se han quedado un poco en los estados iniciales porque al llevarlos a cabo me di cuenta que no era particularmente algo que yo quisiera continuar.

    ¿Estuvo mal que haya iniciado esos proyectos, aunque no los haya terminado? No, por el contrario, creo que tuvo beneficios. Por un lado, como ya dije, me permitió darme cuenta de ciertas cosas que no van conmigo, por lo que pude emplear mi energía en buscar cosas que sí me hagan sentir bien. Pero, además, el poco o mucho tiempo que les dediqué, me permitió aprender conceptos, ideas, habilidades, y muchas otras cosas que me siguen sirviendo en mi vida diaria. Por ejemplo, en un curso de religión que quedó inconcluso aprendí algunas ideas sobre cómo ser mejor profesionista; y en el primer y único curso de Reiki que he tomado aprendí sobre la necesidad de no quedarnos con los problemas de la gente a la que ayudamos.

    Cómo estos tengo varios ejemplos de proyectos que han ido quedando en diferentes etapas de desarrollo, como también tengo otros varios que he concluido satisfactoriamente como luego dicen; y cada uno de ellos me ha ayudado a lograr mis propósitos a corto y largo plazo. Así pues, en este año que empieza, espero poder emprender más proyectos que me acerquen a las mismas; e igualmente ser capaz de identificar cuáles ya no sirven a estas, y tener la capacidad de aceptarlo y dejarlos ir. Al fin y al cabo, siempre puedo iniciar otro proyecto, ahora con más experiencia; pero el tiempo dedicado a un mal proyecto no lo puedo recuperar.

    ¿Qué proyectos planeas dejar este año?

  • Edición limitada (por ahora).

    Las noticias han estado anunciando una fuerte tormenta que tendrá lugar en los primeros días del inverno del 2022. Algunas ciudades del norte de Estados Unidos ya han sido afectadas, sobre todo en temas de falta de electricidad. Según algunos medios, esta tormenta es algo que ocurre “una vez en una generación”, lo cual supongo debería impactarme, pero la verdad es que anuncios como esos ya tiene muy poco efecto en mí; y supongo lo mismo debe pasarle a muchas personas de mi rango de edad.

    Al fin y al cabo, hemos sobrevivido a por los menos 3 fines del mundo, una pandemia, una crisis económica “sin precedentes” pero que al parecer puede pasar de nuevo; sin mencionar que pasamos de los discos de 3 ½ a tener almacenamiento casi ilimitado en la nube. De hecho, en este caso particular del clima, yo ya he pasado en 2 ocasiones por congelamientos importantes que han detenido no sólo a mi ciudad si no a varias. Por eso, cuando veo noticias que anuncian con bombo y platillo que algo es una ocasión única, me cuesta un poco de trabajo creerlo.

    Una causa de esto como dije es que ya hemos pasado por bastante; pero creo que otra razón es que algunas palabras como asombroso, único, irrepetible, épico; se usan con demasiada frecuencia en el lenguaje cotidiano, y por tanto pierden su significado o su fuerza. Es tanto el afán de los medios de que estemos enganchados en lo que nos están diciendo, y solamente en lo que ellos nos están diciendo, que tiene que buscar la manera de atraer nuestra atención a cualquier costo, pues de eso dependen sus ingresos. Por eso se ven cada vez más noticias del tipo clickbait, que presentan la información de forma maliciosa para que vayamos a ella; o noticias que toman 10 párrafos en explicar algo que cabía en 3, pero así hacen que veas más anuncios.

    Afortunadamente ya hay algunas iniciativas a nivel internacional para mejorar la forma en que los medios nos informan, tanto de fondo como de forma. Pero creo que cada quien puede contribuir también en lo personal al usar las palabras de una mejor manera. Por ejemplo, mi último viaje a un pueblo mágico no tuvo que ser necesariamente épico; pero si pudo ser agradable, enriquecedor, incluso inolvidable. Quizás de esta manera podamos volver a poner todo en perspectiva, y podamos apreciar mejor los acontecimientos, tanto los cotidianos como los transcendentes.

    Por lo pronto, yo espero no pasar demasiado frío en esta época de fiestas, y que muchas personas podamos agregar esta tormenta a nuestra lista de cosas inimaginables que hemos sobrevivido.

    ¿Cuál palabra crees que ha perdido su significado?

  • Supersticiones,

    La humanidad siempre ha buscado formas ingeniosas para explicar los fenómenos que existen a su alrededor. Ciertamente, con el paso del tiempo y la evolución del saber humano, dichos fenómenos se han explicado mediante los principios de la lógica y la ciencia. Pero aún así, seguimos haciendo cosas, o dejando de hacerlas, por cuestiones puramente arbitrarias.

    Por ejemplo, existen infinidad de hoteles que del piso 12 pasan al 14; porque el número 13 se asocia con la mala suerte. Por esta misma asociación, lamentablemente muchos gatos negros son maltratados. Caso contrario el de los famosos maneki neko de las culturas asiáticas, que adornan tantos establecimientos con la ilusión de que los protegerán de los diversos males que acechan.

    Algunas de estas creencias tienen un poco de sustento, en el sentido de que son el reflejo de una observación simple de la gente de antes, y que con el tiempo se ha podido comprobar por medio de la ciencia. Pero muchas otras, por no decir que la mayoría, son solo ideas que se han pasado de generación en generación; pese a que tengan una muy endeble (si caso) base en la cual sustentarse. ¿Porqué entonces nos aferramos a ellas?

    Creo que existen dos respuestas fundamentales para tal pregunta. La primera es que, de alguna forma, estas creencias nos hacen sentir bien, dándonos un poco más de confianza. Con esto quiero decir que, si, por ejemplo, para un examen importante ya has estudiado mucho, el cargar una pata de conejo en tu bolsillo mientras lo contestas te da un extra de serenidad. Además, de alguna forma sientes que ya has hecho todo lo que estaba en tus manos para conseguir un buen resultado, así que también te queda esa satisfacción; y te evita estarte lamentando con los “hubiera” en caso de que las cosas no salgan como esperabas.

    En segundo lugar, y esta me parece es fundamental; a las personas nos gusta creer en la magia. En parte creo que, pese a que nuestro conocimiento del mundo avanza a pasos agigantados, y con ello nuestra capacidad de controlarlo; estamos conscientes de que existen muchas cosas aún fuera de nuestro entendimiento y dominio.  La magia nos brinda entonces una oportunidad, por pequeña e ilusoria que sea, de influir en esas áreas de la vida que nos superan.

    Sin embargo, existe otra arista a este mismo punto, que en cierta forma contradice al anterior. Como ya conocemos tanto de este mundo, tenemos la ilusión de que aún existan aspectos de él que no podamos explicar. Quizás por eso en las películas la gente siempre termina haciendo cosas que nosotros como espectadores no podemos entender, como silbar en una cueva oscura; pues eso da paso a que sucedan cosas bastante interesantes.

    De esta forma, seguimos haciendo y deshaciendo, con la esperanza de que esas supersticiones nos ayuden en el camino. ¿Se podrá probar alguna vez que esas acciones contribuyeron al resultado que buscábamos? Posiblemente no, pero tampoco creo que se pueda demostrar totalmente lo contrario. Y ese empate técnico es más que suficiente.

    ¿Tu crees en la superstición?

  • Se habla español.

    Hace unos días tuve la oportunidad de viajar a Estados Unidos en una aerolínea estadounidense precisamente, pero saliendo desde México. Algo que noté es que los anuncios que dan respecto a la altitud a la que se va a volar, la hora local, incluso los avisos de seguridad que dan como rutina; se dieron solo en inglés. Esto pese a que, repito, estábamos saliendo desde México, y podía inferirse que el inglés no era el idioma nativo de muchas personas abordo; y que algunas más no se sentían del todo cómodas con ese idioma pese a tener conocimiento del mismo.

    En otras ocasiones he tenido la oportunidad de volar desde México en aerolíneas de otros países, con destinos variados; y hasta donde recuerdo siempre se daban los avisos en español e inglés, y a veces incluso en un tercer idioma. Lo que es más, en aerolíneas nacionales, en vuelos nacionales, en donde podía asumirse que el 90% o más de las personas abordo tenían el español como su idioma natal; se daban los avisos también en inglés. ¿Por qué entonces este vuelo fue diferente?

    Habrá quién pueda decir que el inglés es el idioma universal, el idioma de los negocios; pero alguna vez leí que un empresario consideraba el idioma de los negocios aquél que hablaran sus clientes. Tampoco creo que sea un tema de presupuesto, pues la aerolínea en cuestión es bastante reconocida; y sinceramente no creo que cueste mucho hacer una grabación en español de al menos los avisos básicos. Vamos, hasta por un tema de seguridad debería interesarles que los pasajeros entiendan las instrucciones a seguir en caso de algún imprevisto.

    Quizás esta situación particular se genera desde un tema político, pero al final creo que el motivo subyacente es una falta de interés por comunicarse de manera efectiva con la otra persona. Esperamos, es más, exigimos que los demás nos entiendan, que hagan un esfuerzo por ponerse en nuestro lugar; pero nosotras no ofrecemos ese mismo esfuerzo para entenderles. Y esto es un tema que se da por igual en ambientes laborales, educativos, y en las relaciones personales, incluso sin la barrera de hablar diferentes idiomas. ¿Cuántos conflictos, grandes y pequeños, podrían haberse evitado si cuando nos comunicamos, hubiera un genuino interés de entendernos mutuamente?

    En un mundo en el que tenemos a mano un sinfín de formas de comunicarnos, tenemos una dificultad inusitada para conectar. Algunas personas opinan que esto se debe a que cada vez más tendemos a comunicarnos por medios electrónicos en lugar de hablar personalmente, pero creo que este problema ha estado presente en la cotidianidad de la humanidad desde hace mucho tiempo; pues siempre hemos tenido la tendencia a creer que sólo nosotras tenemos la verdad, en lugar de explorar diferentes aristas de esa verdad y crecer con ese descubrimiento. En esta ocasión podría considerarse como algo menor el que una aerolínea no de los avisos en español, pero es un ejemplo de una realidad alarmante, especialmente en un momento en que la cooperación, en todas las escalas, es imprescindible para poder resolver los problemas que nos afectan como sociedad. Ojalá nos esforcemos por comunicarnos, más que por solo hablar.

    ¿Qué ejemplos de buena comunicación puedes compartir?

  • Inmortalidad.

    Se dice que Roma es la ciudad eterna; y si has tenido la oportunidad de caminar por sus calles tendrás que admitir que esa frase tiene mucho de cierto. Pasar por las grandes obras de la antigüedad, como el Coliseo, o por las obras del barroco como La Fuente de Trevi, o comprobar como varios de estos monumentos muestran las marcas de las incontables guerras que ha sufrido la ciudad; te hacen creer que realmente la historia de Roma y las personas que la erigieron están grabadas de forma indeleble en la memoria de la humanidad. Al final y al cabo, la inmortalidad es justamente eso, ¿no? Hacer algo verdaderamente grande para que la mayor cantidad de gente te recuerde por el mayor tiempo posible.

    Pero, sabes, para mi también existe otro tipo de inmortalidad, más modesta si se quiere. Por ejemplo, esta semana reacomodé algunos libros en la casa, y encontré dos que le regalamos a mi abuela hace ya algún tiempo. El autor de ambos es Armando Fuentes Aguirre, conocido como “Catón”, un periodista y escritor cuyas columnas mi abuela y yo solíamos leer en el periódico. Algunas de las entradas de dichos libros las habíamos leído (algunas quizás más de una vez) en las columnas que menciono, así que los libros nos dieron oportunidad de comentarlas de nuevo. Ahora que mi abuela ha fallecido, y que vuelvo yo a leer estos libros; recuerdo las conversaciones que tuvimos sobre ellas, y sobre otras muchas que leímos en a lo largo de los años. De esta forma, estos libros de “Catón” son un medio no sólo para preservar la memoria del escritor, compartida por muchos; sino también la memoria de mi abuela, compartida por un número más reducido de personas.

    Esa memoria se mantiene no solo con la lectura de los pasajes de cada libro, sino también con el sentir de las páginas. Mi abuela solía contarme sobre una señora, conocida de ella cuando joven, que tenía una hija en Estados Unidos que le mandaba paquetes con ropa y otras cosas. Cuando los recibía, la señora tocaba y frotaba constantemente las cajas, las cintas y los lazos con las que venían amarrados; pues su hija los había tocado y ella quería sentir las manos de su hija. Hoy, cuando hojeo los libros, yo recuerdo ese recuerdo de mi abuela, y de esa forma evito también que la memoria de esa señora (de la que no sé ni el nombre ni ningún otro dato) se pierda.

    Quizás al leer esto puedas pensar que esto no tiene nada que ver con la inmortalidad, que son solo recuerdos personales o familiares; y que desaparecerán cuando yo ya no esté para recordarlos. En ese sentido puede que tengas razón, la inmortalidad de la que hablo parece tener fecha de caducidad; y por tanto ya no podría llamarse tal. Pero entre tanto, como aún no ha terminado, no puede asegurarse tampoco que desaparecerá. Al fin y al cabo, muchos de los grandes tesoros de Roma estuvieron escondidos u olvidados durante mucho tiempo, y no dudo que aún haya muchos otros por redescubrir. Entonces, puede que mi modesta propuesta de eternidad corra con suerte, y este blog sea leído por alguna persona en el futuro lejano; y así me ayude a que el recuerdo del recuerdo no se pierda.

    ¿Cuál es tu propuesta de eternidad?