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Delicias.
Tomar una siesta, acompañada de tus mascotas, es delicioso.
Sentir una brisa fresca en una noche de verano, es delicioso.
Comer comida casera, es delicioso.
Cubrirte con una toalla luego de salir de la alberca, es delicioso.
Dormir en una cama con las sábanas recién cambiadas, es delicioso.
Escuchar el sonido de un arroyo, es delicioso.
Despertarte y saber que puedes disfrutar de una mañana tranquila, es delicioso.
Tomar agua fresca luego de hacer ejercicio, es delicioso.
Estirarte, es delicioso.
Encender una vela, es delicioso.
Tomar un baño antes de dormir, es delicioso.
Sentir un día entre semana como si fuera un sábado o domingo, es delicioso.
Sentarte en el balcón y observar el cielo, es delicioso.
La vida diariamente nos ofrece muchas cosas deliciosas, es solo cuestión de que nos demos el tiempo de disfrutarlas.
¿Tú qué quieres disfrutar hoy?

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Diferentes formas de ganar.
Ganar a veces es tachar una sola cosa de tu lista de pendientes.
Ganar a veces es aceptar que hoy no vas a poder estar al nivel que siempre estás.
Ganar a veces es dormir 5 minutos más.
Ganar a veces es abandonar un proyecto al que le has dedicado tiempo y esfuerzo, pero que ya no te causa emoción ni satisfacción.
Ganar a veces es darte permiso de llorar.
Ganar a veces es admitir que ya no puedes más.
Ganar a veces es sentirte orgullosa de logros pequeños.
Ganar a veces es hacerte a un lado.
Ganar a veces es aceptar que no puedes hacer que las personas cambien.
Ganar a veces es rechazar.
Ganar a veces significa tomar una pausa ahora, para poder dar lo mejor después.
Ganar a veces se siente como perder.
¿Tú cómo quieres ganar hoy?

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Lealtad > Severidad.
Cuando calificamos a una persona como disciplinada, normalmente nos referimos a alguien que sigue puntualmente una serie de procesos y/o rutinas. Por ejemplo, las personas que se levantan a correr a las 5am sin importar nada; o aquellas que siguen puntualmente un estilo de alimentación. De esta forma, se hace referencia a dos de las virtudes que, según los romanos, debían poseer quienes se considerarán seguidores de la deidad Disciplina; esto es la severidad (entendida como tener un comportamiento que no sea fácil de disuadir) y la lealtad.
Sin embargo, como ya comenté en una entrada anterior, el mundo que vivimos rara vez permite purismos de ese estilo. Por ejemplo, yo tengo una rutina de activación física que procuro hacer por las mañanas; pero en ocasiones no me es posible. Ya sea porque estoy de viaje, o porque ese día tuve que levantarme más temprano de lo usual, o simplemente porque el día anterior fue muy pesado y preferí dormir un poco más.
¿Qué hago entonces? En la mayoría de los casos busco acomodar mi rutina en un horario diferente; lo cual implica que cambie un poco los ejercicios para que sean más acordes a lo que mi cuerpo necesita antes de acostarme, por ejemplo. En otras ocasiones hago una versión corta de la rutina, enfocándome en aquello que me ayudará más en el día, como son los estiramientos si es un día en que estaré mucho tiempo sentada. Y en otras ocasiones, simplemente decido que una actividad que haré (caminar por un parque cuando estoy de viaje) sustituye a la rutina habitual; al final del día lo que yo busco es tener un momento de actividad física así que no es como que estuviera faltando a mi intención original.
Entonces, ¿soy disciplinada, o no? Si atenemos a la cualidad de la severidad, podríamos decir que no, pues me desvío “fácilmente” de mi rutina. Por otro lado, cumplo bastante bien con el principio de la fidelidad; pues mi objetivo no es hacer una rutina en particular, sino más bien activar mi cuerpo y obtener los beneficios de ello: estar más despierta durante el día, dormir mejor, cuidar mis articulaciones, prevenir enfermedades, etc. Así pues, ¿cómo responder?
Antes de contestar esta pregunta, quizás sea prudente considerar una cualidad que usualmente se relaciona con la disciplina, y particularmente con su principio de lealtad; es decir, la constancia. Tú puedes confiar en una persona que es constante, pues hará lo que corresponde pese a los obstáculos. Por esto mismo, una amistad que es constante te da un sentido de apoyo y de seguridad, tanto en el día a día como en las situaciones extraordinarias; aunque esa constancia se manifieste de formas diferentes. Quiero decir, yo no tengo conversaciones largas diarias con mis amigas, pero siempre les pregunto cómo están; para hacerles saber que estoy aquí.
Volviendo a la pregunta, creo que ya me es un poco indiferente si me califican como disciplinada o no; pues me importa mucho más ser constante, sobre todo por la versatilidad que eso implica.
No hace mucho me frustraba y molestaba mucho conmigo misma si no podía seguir puntualmente una rutina, pero luego entendí que eso solo restaba aún más a mi día y a mi bienestar. Ahora, trato de tener un objetivo definido, e idear una forma en la que quiero alcanzarlo, pero entendiendo que puedo hacer las modificaciones necesarias en función de cómo voy avanzando, cómo me voy sintiendo, y qué voy descubriendo. En otras palabras, le bajé el grado a la severidad, pero mantuve (e incluso aumenté) el de la lealtad. Viendo mis resultados, tomé la decisión correcta.
¿Tú en cuál cualidad quieres enfocarte?

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Retroceder para avanzar.
Cuando estudiaba la secundaria, tomé el taller optativo de mecanografía, el cual por supuesto es completamente arcaico hoy en día. Sin embargo, debo decir que el mismo me ha servido bastante con el pasar de los años; prueba de ello es que tengo una buena velocidad de escritura sin errores.
Supongo que esto último se debe a que, en aquel tiempo, cualquier error era difícil de enmendar. Pese a que a mí me tocaron ya aquellos cuadritos blancos correctores, la realidad es que si se notaba dónde te habías equivocado. Y si el error consistía en que habías omitido una palabra o algo similar, la verdad es que en ocasiones era mucho más sencillo empezar de cero.
Pero entonces, maravilla de maravillas, llegaron las computadoras. Si bien las primeras de su tipo, y sobre todo las primeras que fueron accesibles al público en general, tenían bastantes detalles que harían respingar a los jóvenes digitales de ahora; tenían una amplia gama de ventajas. Una de ellas era que, si te equivocabas al escribir un documento, con unos pocos clics a la tecla “retroceso” (que todo mundo le decimos borrador) la cosa quedaba resuelta. De esta forma, se eliminaron muchos re trabajos, y la gente pudo ocupar su tiempo en pensar sobre lo que estaba escribiendo, o bien dedicarlo a otras actividades.
Eso es lo que debemos buscar con las innovaciones que se van proponiendo en los diferentes campos: que los errores sean fáciles de corregir. Pero es que entonces a las personas ya no les va a importar hacer las cosas bien, dirán algunos; total hay soluciones fáciles para todo, continuarán.
Puede que esto sea cierto en alguna medida, pero lo que también es cierto es que las personas estamos más dispuestas a intentar algo nuevo si el costo de que no nos salga bien no es excesivamente elevado. Yo por ejemplo no sé si me hubiera animado a escribir este blog si no contará con una herramienta que me permitiera cambiar mis ideas de forma rápida y sencilla.
Pasando al plano industrial, que hoy en día se puedan usar impresoras 3D para crear prototipos de diversas piezas, y que si estas no sirven se pueden reciclar y empezar de nuevo, ahora con más conocimiento, a un costo mucho menor que el de hacer una pieza real con los materiales que se pretende usar; ha permitido a las ingenieras y desarrolladores encontrar muchas formas de mejor un proceso sin por ello incurrir en costos elevados. Naturalmente, esto ha llevado a importantes innovaciones en muy diversas formas.
En el ámbito de los negocios se han desarrollado iniciativas como los famosos hackatones, en los que los participantes pueden poner a prueba su idea de negocio sin poner en riesgo su capital. Así, los errores que comente se vuelven verdaderas oportunidades de aprendizaje que les permite refinar sus estrategias y modelos, dándoles mayor posibilidad de éxito cuando salgan al mundo real.
Entonces, se puede ver que el que los errores no se consideren como catastróficos, incita a las personas a experimentar. Y es de esta experimentación que salen después las innovaciones que nos hacen la vida más sencilla y llevadera. Así pues, promovamos no sólo una cultura donde se acepten los errores, sino que también nos brinden las herramientas necesarias para que estos puedan convertirse en la base de mejores resultados.
¿Tú qué error quieres cometer?

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Ideas en 5 minutos*
*Aplican términos y condiciones.
En veces las ideas para este blog me llegan de forma inesperada; ya sea mediante una canción, una noticia, o un recuerdo que hace clic en mi cerebro. En esos casos, la idea se desarrolla rápidamente en mi cabeza; e incluso pienso en los ejemplos e imágenes que usaré para ilustrarla. Como en ocasiones dichas ideas se dan en momentos en que no puedo ponerme a escribirlas como tal, escribo una nota rápida por aquí o por allá; a manera de guion para cuando pueda dedicarle tiempo.
Casi sin darme cuenta, llega el día. Me siento en mi escritorio, veo las notas que tomé, tengo mi hoja en blanco lista y … la historia no fluye. Y yo estoy que no entiendo, porque en mi cabeza se veía ya completamente armada, con frases ingeniosas y todo. Pero cuando ya la estoy poniendo en palabras, me parece que el ritmo no es el adecuado, o que los ejemplos son muy similares entre sí, o que me pierdo sin poder exponer el punto central. En fin, simplemente no sé da como yo la había imaginado, y eso es frustrante.
Esto me pasa no solo con las historias que escribo, sino también en otros aspectos de la vida diaria. Una presentación del trabajo que tenía bien preparada, al momento de exponerla me complico y no acaba de tener el impacto que hubiera querido. O cuando asisto a algún evento que permite la participación del público, por mucho que pienso mi aportación, en ocasiones siento que hablo demasiado y no llego al punto que quiero. Vamos, incluso casos de estudio que me siento confiada al momento de prepararlos, cuando los leo por segunda vez o los comparto con el equipo; me suenan sosos.
¿Esto es frustrante? Sí, muchísimo. ¿Se puede mejorar con la práctica? Supongo que sí, pero tampoco creo que ninguna cantidad de horas practicadas te salve de ese bloqueo que todas hemos experimentado, ni de la frustración que el mismo conlleva.
Quizás más bien es que, conforme vas teniendo más experiencia, entiendes que la posibilidad de un bloqueo o una mala ejecución siempre existen; pero que debemos continuar pese a ellos. A veces eso implica dejar una historia por la paz y mejor empezar otra desde cero, aunque signifique más tiempo. O quizás implique aceptar que, de momento, la solución que tienes para un problema o situación es la mejor que vas a tener; porque en cierta forma es la única. ¿Alguien más podría tener una mejor idea? Muy posiblemente, pero quien está ejecutando eres tú, así que si no tomas acción, nada va a suceder. Como ya he dicho en otras entradas, “hecho es mejor que perfecto”.
Algo que también es importante mencionar sobre la práctica, es que conforme te vuelves más diestra en lo que haces, va a parecer que las cosas no te cuestan trabajo. Por ejemplo, si ves a una escritora experimentada desarrollar sus ideas; parecerá no sólo que la inspiración le llega de la nada, sino también que desarrolla sus ideas en 5 minutos. Sin embargo, la realidad es que detrás de esos 5 minutos hay incontables horas dándose de golpes contra la computadora porque la historia no se quiere escribir; y muy posiblemente haya otras tantas historias luego de la presentación en que la misma autora diga ¿cómo se me pudo olvidar esto, si era lo más importante?
Cómo dije, el riesgo de que las cosas no resulten como queríamos siempre está ahí, pero eso no nos debe quitar las ganas de hacerlas. Quizás hoy nos tome una hora conseguirlo, y quizás en un futuro nos tome 5 minutos. Y casi inmediatamente después, sucederá que nos tome dos horas lograrlo. Así es la vida, con muchas letras chiquitas; pero con buenos resultados también.
¿Tú qué bloqueo quieres vencer?

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La forma del hilo.
En México existe una expresión bastante particular, “inventar el hilo negro”, que hace referencia a que una persona piensa que está haciendo un descubrimiento o aportación extraordinaria; cuando en realidad es algo tan sencillo y conocido como el mítico hilo. Me parece que el equivalente en España de esta frase es “descubriendo América”; lo cual también nos hace pensar sobre la propiedad de las ideas que son expresadas o, supuestamente, descubiertas.
Pero bueno, lo que pasa es que a menudo pienso en esta frase cuando estoy escribiendo este blog. Porque estoy segura de que otras personas, en otras latitudes y otros idiomas, ya han escrito sobre los temas que trato en mis entradas. Y también estoy segura de que muchas de ellas lo han hecho de forma más elocuente que yo.
Esto de alguna forma me hace pensar sobre el valor de que yo escriba estas líneas. Pero luego recuerdo la parábola del hijo pródigo; la cual he escuchado una y mil veces, las mismas que me la han explicado diferentes personas. Siendo sincera, esa era mi parábola menos preferida, pues pese a todas esas explicaciones, nunca había entendido su significado. Hasta que un buen día, alguien la explicó de una manera que conectó conmigo. No fue nada del otro mundo, y la verdad en cierta forma era lo mismo que yo ya había oído antes; pero la manera en que lo expresaron, me hizo ver la historia de una manera totalmente distinta, y ha repercutido en cómo analizo otras situaciones de mi vida.
¿A dónde quiero llegar con esto? A que, si bien las mismas ideas pueden ser expresadas por diferentes personas, estas no van a hacerlo de la misma manera; y por tanto van a impactar a diferentes personas de manera diferentes.
Ya sea por el medio usado para expresarlas, por las palabras o símbolos usados, o incluso por la persona misma que las está diciendo; solo una o unas pocas de esas expresiones serán las que acaben recorriendo la última milla para tocar la sensibilidad de la persona receptora. Y es entonces cuando se dará el propósito real de la comunicación, pues el mensaje habrá sido comprendido e internalizado por su receptor; quien ahora podrá tomar una decisión de si responde de manera diferente al mismo, o bien si reafirma su creencia y sigue como antes.
He ahí la importancia de que todas las personas tengamos la capacidad y libertad de expresar nuestras ideas, pues esto a su vez da la libertad a otras personas a comprender o empatizar con ideas a que antes le eran ajenas; no por las ideas mismas, sino por la forma en que se las habían presentado. Así, vamos sumando más voces a las conversaciones, lo que en definitiva lleva a una mejora más integral de las situaciones que nos atañen a todas.
Así pues, tu sigue compartiendo tus/las ideas, en tu forma única de expresarlas. Da lo mismo si piensas que alguien lo hizo o podría hacerlo mejor que tú, al final del día no puedes saber cómo tu forma de exponerlas va a impactar a otra persona. Quién sabe, a lo mejor gracias a la forma en que transmitiste esa idea, alguien termina inventando el hilo blanco.
¿Tú qué ideas quieres compartir?

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Cosas de personas.
Yo soy una adulta, y por tanto hago cosas de adulta. Tengo un trabajo que procuro hacer bien, y tengo un plan para el retiro. Tengo algunas plantas que cuido y riego con cariño; y una gatita a la que consiento. Me hago mis análisis médicos anuales, y procuro que mis trámites y documentos estén al día; aunque las instituciones de gobierno se empeñen en lo contrario (sí, estoy hablando de ti, SAT).
Sin embargo, también hago cosas que la sociedad podría considerar como “juveniles”, con son ver anime o escuchar k-pop. También me gusta experimentar con mi cabello y con mis uñas, y uno de mis géneros favoritos de literatura es la fantasía. Además, me gusta usar calcomanías en mi agenda.
Por otro lado, a veces hago actividades que se consideran de niñas; como ver películas de estudio Ghibli cuando quiero relajarme. También me gusta tomar chocomilk y jugar juegos de mesa. Y la verdad es que lo que más me consuela cuando mi vida está desacomodada, es un abrazo de mi mamá.
¿A que conclusión llego entonces? Pues a que no soy una adulta que en veces hace cosas de adolescente o infantiles. Simplemente soy una persona que hace cosas que le gustan o que la hacen sentir bien, independientemente de la etiqueta de edad (o cualquier otra) que la sociedad les ha puesto.
Quizás si dejáramos de separar y clasificar todo en casillas estrechas, las personas podríamos hacer aquello que nos gustan sin sentirnos juzgadas, y así la vida sería más agradable. Después de todo, las cosas solo son cosas, y las personas solo somos personas.
¿Tú qué cosas haces?

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Relaciones con estilo.
Desde hace más de 12 años voy a arreglarme el cabello con la misma estilista. Es una chica con bastante talento, y con una actitud muy positiva hacia la vida, lo cual nos ha permitido formar una bonita relación.
Esto ha sido bastante útil dado las múltiples veces que he experimentado con mi cabello. Desde los famosos undercuts que estuvieron tan de moda hace unos años, hasta teñirme el cabello en tonos púrpura; e incluso en alguna ocasión de un rosa chicle. En todos esos cambios ella me ha acompañado, entusiasmándose cada vez que me animo a probar algo nuevo, y posteriormente con el resultado obtenido.
Sin embargo, también ha habido ocasiones en que yo llego con ideas de que hacerme; y ella me comenta que no son una buena idea. Como ya llevamos tiempo de tratarnos, sabe cómo es mi cabello y cómo reacciona ante diferentes cosas; pero además me conoce a mí y sabe que por ejemplo en la mañana no dispongo (o no quiero disponer) de mucho tiempo para dedicarle a mi cabello. Así pues, a lo largo de estos años me ha dicho que tal o cual corte no me conviene porque su mantenimiento es complicado; o bien que un estilo puede verse bien ahora, pero al momento de que el cabello vuelva a crecer será difícil de sobrellevar.
Al final la decisión es mía sobre si intentar o no un nuevo estilo, pero ella me da una opinión honesta del por qué sí o por qué no puede funcionar; pensando en lo que es mejor para mí.
Creo que todas las relaciones deberían ser como la que yo tengo con mi estilista. Una relación franca y sincera, en la que las personas se emocionen por tus proyectos, te animen durante el proceso de conseguirlos, y se entusiasmen con el resultado final. Pero, también que puedan decirte cuando tal o cual proyecto no es bueno para ti; que quizás las circunstancias actuales de tu vida te hagan creer que sí, pero que en realidad es algo que se aleja de lo que tú eres en esencia.
Si después de todo decides irte por ese camino, y las cosas no funcionan, también es importante que esas mismas personas estén ahí para ti, no para decir “te lo dije”; sino para ayudarte a sobrellevar la tristeza que estás sintiendo, y también apoyarte a levantarte y arreglar lo que se haya desacomodado en tu vida. Y aún más importante es que tus personas queridas hagan justamente eso, cuando el proyecto que iniciaste era bueno, pero que, por azares del destino, no funcionó como tu esperabas.
Pero para que las personas con las que convives puedan hacer todo esto, tu debes estar dispuesta a recibirlo. Ya lo he venido diciendo, las decisiones son tuyas al final del día, y ciertamente no debes dejar que sean las opiniones ajenas las que definan cómo vives tu vida. Sin embargo, escuchar y atender la opinión de quienes te quieren bien, te ayudará a evitarte muchos dolores de cabeza; y a que las buenas experiencias sean aún mejores.
¿Qué es difícil luego saber quién te dice las cosas con buena intención, y quién no? Pues claro que lo es, sino no habría tantos libros de autoayuda, canciones de despecho, y las psicólogas ciertamente podrían descansar un poco. Pero así esto, vamos aprendiendo sobre la marcha. Lo bueno es que, así como con el cabello, siempre podemos elegir un nuevo estilo la próxima vez.
¿Tú qué estilo quieres probar?


