-
El esfuerzo se recompensa.
El esfuerzo se recompensa con más responsabilidades.
El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de descansar.
El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de aprender.
El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de cambiar.
El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de divertirse.
El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de crecer.
El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de parar.
El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de diversificarse.
El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de concentrarse.
El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de dejar ir.
El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de quedarse.
El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de ser más abiertas.
El esfuerzo se recompensa con la oportunidad de poner límites.
El esfuerzo se recompensa con esfuerzo.
Todas las personas nos esforzamos diariamente, de muchas maneras y en muchos campos. A veces son esfuerzos grandes que pasan desapercibidos, y a veces son esfuerzos pequeños que tienen un gran impacto. Pero al final del día, nos esforzamos; y esperamos recibir una recompensa por ese esfuerzo.
Esas recompensas pueden no ser las mismas que esperan otras personas, o incluso que las que nosotras esperaríamos en otras circunstancias. Lo importante es que sepamos identificarlas y aceptarlas como eso, como recompensas, y aprendamos a disfrutarlas y usarlas para lograr nuestra estabilidad y felicidad.
¿Tú qué recompensa esperas hoy?

-
Independizate.
Independízate del miedo a ser considerada una carga.
Independízate del miedo a pedir ayuda.
Independízate del miedo a recibir ayuda.
Independízate del miedo de proponer que vayan por un café saliendo del trabajo.
Independízate del miedo de compartir tus emociones.
Independízate del miedo a ir a esa fiesta.
Independízate del miedo a recibir el cariño de las personas que te rodean.
Independízate del miedo a presentarte a ti misma.
Independízate del miedo a dejar que te cuiden.
Independízate del miedo.
Porque ser independiente, no implica que tengas que estar sola.
¿Tú de qué quieres independizarte?

-
Si lo ves de esa manera.
Estoy tomando un curso que requiere que cada semana lea al menos 2 casos de estudio, relacionados a diferentes temas. Usualmente esos casos los imprimo en formato doble cara; pero esta semana la impresora se reveló contra mí y solo pude imprimir uno de los documentos de esa forma, y el otro tuve que imprimirlo a una sola cara. Eso sí, en hojas recicladas para no sentirme tan mal.
En esta ocasión los casos eran similares en cuanto el número de páginas a leer, de hecho, la diferencia era de sólo 4 páginas entre uno y otro. Sin embargo, por obvias razones, el que se había impreso a una cara se veía más voluminoso que el otro. Lo interesante fue que, pese a que yo estaba consciente de que la diferencia era mínima, al ver el bulto más voluminoso, mi primer pensamiento fue “voy a durar mucho en leerlo”.
Por supuesto, al final me tomó casi el mismo tiempo leer ambos documentos; pero debo admitir que internamente sentí que duré más leyendo el que se había impreso a una sola cara. Es curioso como algo tan simple puede distorsionarse solo por nuestra perspectiva.
No menos curioso, pero sí más “preocupante”, es como esto mismo puede suceder con otros aspectos de nuestra vida. Quizás si un camino estamos acostumbrados a transitarlo en horas no pico, podemos calcular erróneamente el tiempo que nos llevará recorrerlo durante las horas de mayor circulación; lo que puede llevarnos a perder una cita o incluso a tener un accidente. O bien, si tenemos una perspectiva optimista sobre un proyecto, esto nos llevará a enfrentar con mejor cara los obstáculos que vayamos encontrado durante su realización. Ahora, también se puede dar el caso de que consideremos una situación con un optimismo exagerado, lo que nos impida ver la dimensión exacta de los retos a los que habremos de enfrentarnos; o bien que pensemos obtener un beneficio demasiado alto en relación con las posibilidades reales del proyecto.
En cualquier caso, todos los ejemplos señalados parten de las suposiciones que vamos creando con base a nuestras experiencias de situaciones similares. Por eso se dice que la perspectiva es el par de lentes que usamos para ver la realidad; y como todos los lentes, cada cierto tiempo se requiere que ajustemos su graduación. Y también es necesario que periódicamente nos hagamos un examen de la vista más profundo, para adaptar nuestros lentes a nuevas necesidades.
De ahí la importancia de no sólo analizar la información a la que estamos expuestos, sino también buscar diferentes fuentes de información. Entre esas fuentes, no debemos dejar de lado el escuchar la voz de las personas que pasaron o están pasando por alguna situación en particular. Por más versado que esté en el tema, ningún investigador podrá transmitirnos la calamidad que fue el genocidio en Ruanda, como lo haría un sobreviviente de la tragedia.
Pero quizás lo más importante sea que estemos dispuestos a efectivamente cambiar nuestros lentes, con base en los resultados que nos vayan dando los exámenes. Así pues, aunque tengamos todas las oportunidades posibles para vivir diferentes situaciones, hablar con diferentes personas, e informarnos de diferentes maneras; si no estamos dispuestas a aceptar que nuestra perspectiva puede ser errónea, entones de nada servirán.
Al final, la vida nos irá pasando factura de lo que decidamos hacer; perdiendo oportunidades o aprovechándolas. Lo único malo es que, en ese proceso, podemos causar el sufrimiento de otras personas, todo por nuestra capacidad o incapacidad de ver el mundo con otros ojos. Procuremos entonces estar dispuestas a cambiar cuando sea necesario; y a mantenernos firmes cuando haga falta.
¿Tú qué lentes estás usando hoy?

-
Delicias.
Tomar una siesta, acompañada de tus mascotas, es delicioso.
Sentir una brisa fresca en una noche de verano, es delicioso.
Comer comida casera, es delicioso.
Cubrirte con una toalla luego de salir de la alberca, es delicioso.
Dormir en una cama con las sábanas recién cambiadas, es delicioso.
Escuchar el sonido de un arroyo, es delicioso.
Despertarte y saber que puedes disfrutar de una mañana tranquila, es delicioso.
Tomar agua fresca luego de hacer ejercicio, es delicioso.
Estirarte, es delicioso.
Encender una vela, es delicioso.
Tomar un baño antes de dormir, es delicioso.
Sentir un día entre semana como si fuera un sábado o domingo, es delicioso.
Sentarte en el balcón y observar el cielo, es delicioso.
La vida diariamente nos ofrece muchas cosas deliciosas, es solo cuestión de que nos demos el tiempo de disfrutarlas.
¿Tú qué quieres disfrutar hoy?

-
Diferentes formas de ganar.
Ganar a veces es tachar una sola cosa de tu lista de pendientes.
Ganar a veces es aceptar que hoy no vas a poder estar al nivel que siempre estás.
Ganar a veces es dormir 5 minutos más.
Ganar a veces es abandonar un proyecto al que le has dedicado tiempo y esfuerzo, pero que ya no te causa emoción ni satisfacción.
Ganar a veces es darte permiso de llorar.
Ganar a veces es admitir que ya no puedes más.
Ganar a veces es sentirte orgullosa de logros pequeños.
Ganar a veces es hacerte a un lado.
Ganar a veces es aceptar que no puedes hacer que las personas cambien.
Ganar a veces es rechazar.
Ganar a veces significa tomar una pausa ahora, para poder dar lo mejor después.
Ganar a veces se siente como perder.
¿Tú cómo quieres ganar hoy?

-
Lealtad > Severidad.
Cuando calificamos a una persona como disciplinada, normalmente nos referimos a alguien que sigue puntualmente una serie de procesos y/o rutinas. Por ejemplo, las personas que se levantan a correr a las 5am sin importar nada; o aquellas que siguen puntualmente un estilo de alimentación. De esta forma, se hace referencia a dos de las virtudes que, según los romanos, debían poseer quienes se considerarán seguidores de la deidad Disciplina; esto es la severidad (entendida como tener un comportamiento que no sea fácil de disuadir) y la lealtad.
Sin embargo, como ya comenté en una entrada anterior, el mundo que vivimos rara vez permite purismos de ese estilo. Por ejemplo, yo tengo una rutina de activación física que procuro hacer por las mañanas; pero en ocasiones no me es posible. Ya sea porque estoy de viaje, o porque ese día tuve que levantarme más temprano de lo usual, o simplemente porque el día anterior fue muy pesado y preferí dormir un poco más.
¿Qué hago entonces? En la mayoría de los casos busco acomodar mi rutina en un horario diferente; lo cual implica que cambie un poco los ejercicios para que sean más acordes a lo que mi cuerpo necesita antes de acostarme, por ejemplo. En otras ocasiones hago una versión corta de la rutina, enfocándome en aquello que me ayudará más en el día, como son los estiramientos si es un día en que estaré mucho tiempo sentada. Y en otras ocasiones, simplemente decido que una actividad que haré (caminar por un parque cuando estoy de viaje) sustituye a la rutina habitual; al final del día lo que yo busco es tener un momento de actividad física así que no es como que estuviera faltando a mi intención original.
Entonces, ¿soy disciplinada, o no? Si atenemos a la cualidad de la severidad, podríamos decir que no, pues me desvío “fácilmente” de mi rutina. Por otro lado, cumplo bastante bien con el principio de la fidelidad; pues mi objetivo no es hacer una rutina en particular, sino más bien activar mi cuerpo y obtener los beneficios de ello: estar más despierta durante el día, dormir mejor, cuidar mis articulaciones, prevenir enfermedades, etc. Así pues, ¿cómo responder?
Antes de contestar esta pregunta, quizás sea prudente considerar una cualidad que usualmente se relaciona con la disciplina, y particularmente con su principio de lealtad; es decir, la constancia. Tú puedes confiar en una persona que es constante, pues hará lo que corresponde pese a los obstáculos. Por esto mismo, una amistad que es constante te da un sentido de apoyo y de seguridad, tanto en el día a día como en las situaciones extraordinarias; aunque esa constancia se manifieste de formas diferentes. Quiero decir, yo no tengo conversaciones largas diarias con mis amigas, pero siempre les pregunto cómo están; para hacerles saber que estoy aquí.
Volviendo a la pregunta, creo que ya me es un poco indiferente si me califican como disciplinada o no; pues me importa mucho más ser constante, sobre todo por la versatilidad que eso implica.
No hace mucho me frustraba y molestaba mucho conmigo misma si no podía seguir puntualmente una rutina, pero luego entendí que eso solo restaba aún más a mi día y a mi bienestar. Ahora, trato de tener un objetivo definido, e idear una forma en la que quiero alcanzarlo, pero entendiendo que puedo hacer las modificaciones necesarias en función de cómo voy avanzando, cómo me voy sintiendo, y qué voy descubriendo. En otras palabras, le bajé el grado a la severidad, pero mantuve (e incluso aumenté) el de la lealtad. Viendo mis resultados, tomé la decisión correcta.
¿Tú en cuál cualidad quieres enfocarte?

-
Retroceder para avanzar.
Cuando estudiaba la secundaria, tomé el taller optativo de mecanografía, el cual por supuesto es completamente arcaico hoy en día. Sin embargo, debo decir que el mismo me ha servido bastante con el pasar de los años; prueba de ello es que tengo una buena velocidad de escritura sin errores.
Supongo que esto último se debe a que, en aquel tiempo, cualquier error era difícil de enmendar. Pese a que a mí me tocaron ya aquellos cuadritos blancos correctores, la realidad es que si se notaba dónde te habías equivocado. Y si el error consistía en que habías omitido una palabra o algo similar, la verdad es que en ocasiones era mucho más sencillo empezar de cero.
Pero entonces, maravilla de maravillas, llegaron las computadoras. Si bien las primeras de su tipo, y sobre todo las primeras que fueron accesibles al público en general, tenían bastantes detalles que harían respingar a los jóvenes digitales de ahora; tenían una amplia gama de ventajas. Una de ellas era que, si te equivocabas al escribir un documento, con unos pocos clics a la tecla “retroceso” (que todo mundo le decimos borrador) la cosa quedaba resuelta. De esta forma, se eliminaron muchos re trabajos, y la gente pudo ocupar su tiempo en pensar sobre lo que estaba escribiendo, o bien dedicarlo a otras actividades.
Eso es lo que debemos buscar con las innovaciones que se van proponiendo en los diferentes campos: que los errores sean fáciles de corregir. Pero es que entonces a las personas ya no les va a importar hacer las cosas bien, dirán algunos; total hay soluciones fáciles para todo, continuarán.
Puede que esto sea cierto en alguna medida, pero lo que también es cierto es que las personas estamos más dispuestas a intentar algo nuevo si el costo de que no nos salga bien no es excesivamente elevado. Yo por ejemplo no sé si me hubiera animado a escribir este blog si no contará con una herramienta que me permitiera cambiar mis ideas de forma rápida y sencilla.
Pasando al plano industrial, que hoy en día se puedan usar impresoras 3D para crear prototipos de diversas piezas, y que si estas no sirven se pueden reciclar y empezar de nuevo, ahora con más conocimiento, a un costo mucho menor que el de hacer una pieza real con los materiales que se pretende usar; ha permitido a las ingenieras y desarrolladores encontrar muchas formas de mejor un proceso sin por ello incurrir en costos elevados. Naturalmente, esto ha llevado a importantes innovaciones en muy diversas formas.
En el ámbito de los negocios se han desarrollado iniciativas como los famosos hackatones, en los que los participantes pueden poner a prueba su idea de negocio sin poner en riesgo su capital. Así, los errores que comente se vuelven verdaderas oportunidades de aprendizaje que les permite refinar sus estrategias y modelos, dándoles mayor posibilidad de éxito cuando salgan al mundo real.
Entonces, se puede ver que el que los errores no se consideren como catastróficos, incita a las personas a experimentar. Y es de esta experimentación que salen después las innovaciones que nos hacen la vida más sencilla y llevadera. Así pues, promovamos no sólo una cultura donde se acepten los errores, sino que también nos brinden las herramientas necesarias para que estos puedan convertirse en la base de mejores resultados.
¿Tú qué error quieres cometer?

-
Ideas en 5 minutos*
*Aplican términos y condiciones.
En veces las ideas para este blog me llegan de forma inesperada; ya sea mediante una canción, una noticia, o un recuerdo que hace clic en mi cerebro. En esos casos, la idea se desarrolla rápidamente en mi cabeza; e incluso pienso en los ejemplos e imágenes que usaré para ilustrarla. Como en ocasiones dichas ideas se dan en momentos en que no puedo ponerme a escribirlas como tal, escribo una nota rápida por aquí o por allá; a manera de guion para cuando pueda dedicarle tiempo.
Casi sin darme cuenta, llega el día. Me siento en mi escritorio, veo las notas que tomé, tengo mi hoja en blanco lista y … la historia no fluye. Y yo estoy que no entiendo, porque en mi cabeza se veía ya completamente armada, con frases ingeniosas y todo. Pero cuando ya la estoy poniendo en palabras, me parece que el ritmo no es el adecuado, o que los ejemplos son muy similares entre sí, o que me pierdo sin poder exponer el punto central. En fin, simplemente no sé da como yo la había imaginado, y eso es frustrante.
Esto me pasa no solo con las historias que escribo, sino también en otros aspectos de la vida diaria. Una presentación del trabajo que tenía bien preparada, al momento de exponerla me complico y no acaba de tener el impacto que hubiera querido. O cuando asisto a algún evento que permite la participación del público, por mucho que pienso mi aportación, en ocasiones siento que hablo demasiado y no llego al punto que quiero. Vamos, incluso casos de estudio que me siento confiada al momento de prepararlos, cuando los leo por segunda vez o los comparto con el equipo; me suenan sosos.
¿Esto es frustrante? Sí, muchísimo. ¿Se puede mejorar con la práctica? Supongo que sí, pero tampoco creo que ninguna cantidad de horas practicadas te salve de ese bloqueo que todas hemos experimentado, ni de la frustración que el mismo conlleva.
Quizás más bien es que, conforme vas teniendo más experiencia, entiendes que la posibilidad de un bloqueo o una mala ejecución siempre existen; pero que debemos continuar pese a ellos. A veces eso implica dejar una historia por la paz y mejor empezar otra desde cero, aunque signifique más tiempo. O quizás implique aceptar que, de momento, la solución que tienes para un problema o situación es la mejor que vas a tener; porque en cierta forma es la única. ¿Alguien más podría tener una mejor idea? Muy posiblemente, pero quien está ejecutando eres tú, así que si no tomas acción, nada va a suceder. Como ya he dicho en otras entradas, “hecho es mejor que perfecto”.
Algo que también es importante mencionar sobre la práctica, es que conforme te vuelves más diestra en lo que haces, va a parecer que las cosas no te cuestan trabajo. Por ejemplo, si ves a una escritora experimentada desarrollar sus ideas; parecerá no sólo que la inspiración le llega de la nada, sino también que desarrolla sus ideas en 5 minutos. Sin embargo, la realidad es que detrás de esos 5 minutos hay incontables horas dándose de golpes contra la computadora porque la historia no se quiere escribir; y muy posiblemente haya otras tantas historias luego de la presentación en que la misma autora diga ¿cómo se me pudo olvidar esto, si era lo más importante?
Cómo dije, el riesgo de que las cosas no resulten como queríamos siempre está ahí, pero eso no nos debe quitar las ganas de hacerlas. Quizás hoy nos tome una hora conseguirlo, y quizás en un futuro nos tome 5 minutos. Y casi inmediatamente después, sucederá que nos tome dos horas lograrlo. Así es la vida, con muchas letras chiquitas; pero con buenos resultados también.
¿Tú qué bloqueo quieres vencer?


