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Eclipse personal.
Este próximo 8 de abril habrá un eclipse total de Sol, el cual será visible en buena parte de Norteamérica. Debido a que este tipo de eclipses son bastante raros (de acuerdo con la Nasa el siguiente eclipse total visible desde todos los estados de Estados Unidos ocurrirá en 2044); se ha levantado bastante expectativa y barullo sobre el mismo. Desde noticias señalando la venta de lentes protectores apócrifos, opiniones respecto a si las vacaciones de Semana Santa deberían extenderse un día más para disfrutar de este evento astronómico, hasta otras señalando la importancia de los eclipses para las civilizaciones antiguas.
En este último contexto, pese a la distancia geográfica y en algunos casos temporal entre diferentes civilizaciones, un tema común es que las mismas asociaban estos fenómenos con un estado de incertidumbre, pues se creía que el Sol era atacado por fuerzas malignas y oscuras, poniendo en peligro la continuidad de la vida. Es por eso que los mayas llamaban a este fenómeno “Sol Roto”, y había que hacer una serie de rituales para fortalecer a Kinich Ahau (deidad solar) durante su lucha,lucha, y así garantizar su triunfo.
Una ventaja de los mayas es que sus observaciones astronómicas les permitían predecir este tipo de fenómenos con gran exactitud, como se comprueba en el Códice de Dresde, por lo que podían planear con antelación lo necesario para dichos rituales y sacrificios; e incluso los iniciaban poco antes del eclipse para mayor seguridad. Lamentablemente, a diferencia de ellos, nosotras no contamos con las herramientas que nos permitan predecir cuándo tendremos nuestros eclipses personales. Podemos analizar patrones para decir si las cosas están siendo más difíciles que de costumbre, pero es complicado definir qué será aquello que nos quebrará; sobre todo porque podría ser algo incluso intrascendente en el momento.
¿Qué hacer entonces? Aprender de dichas civilizaciones y poner en práctica rituales con antelación. Cosas tan aparentemente sencillas como procurar mantener una rutina de sueño, comer adecuadamente y en horarios regulares, y activarnos físicamente en nuestro día a día son fundamentales para fortalecernos y estar preparadas ante alguna crisis. Si a eso le sumamos dedicarnos tiempo para apreciar las pequeñas cosas de la vida, tener conexiones de calidad con nuestros seres queridos, practicar algún pasatiempo que fomente nuestra creatividad, llevar un diario de gratitud y felicitaciones, entre otras actividades de auto-cuidado; entonces estaremos en mejor posición de afrontar esos momentos de oscuridad e incertidumbre.
Finalmente, pero no menos importante, debemos también tener la humildad y valor para reconocer que requerimos ayuda para poder prepararnos. Como ya he dicho en ocasiones anteriores, que nuestras redes de apoyo tengan un profesionista de la salud y la espiritualidad (llámese psicóloga, coach, guía espiritual, etc), las vuelve más fuertes. Después de todo, en los tiempos antiguos, eran los sacerdotes, personas sabias y preparadas, quienes apoyaban al pueblo tanto en la preparación de los ritos como durante el momento del eclipse. No veo porque nosotras no podamos buscar a sus equivalentes modernos.
Tal como se comentó en párrafos anteriores, los eclipses totales de Sol son bastante raros; pero no así los eclipses personales. Aprovechemos la oportunidad que este fenómeno astronómico nos brinda para tener un momento de introspección, y así estar preparados para cuando nuestro sol se rompa. Pero también, y eso es lo más importante, para prepararnos para el nacimiento de un nuevo Sol.
¿Cómo será tu nuevo Sol?

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Turista local.
Estos últimos días he tenido la oportunidad de ser turista en mi ciudad y en mi estado. En algunos casos eso ha significado visitar lugares a los que no había ido en algún tiempo, pero que de alguna manera están presentes debido a su relación con otros lugares históricos, o bien por su relación con mis anécdotas familiares y personales. Por ejemplo, al visitar un museo me acordé de pronto del papá de una compañera de la primaria a la que tengo más de 18 años sin ver.
Por otro lado, este recorrido turístico también me ha permitido recordar la importancia histórica de ciertos lugares por los que paso frecuentemente. Por ejemplo, la iglesia a donde voy cada domingo fue donde estuvieron depositados los restos de Miguel Hidalgo por 16 años. No fue sino hasta que se lo comenté a unos amigos que me percaté de lo curioso que es que dicho lugar no sea tan reconocido como un punto de interés en la ciudad.
Este viaje en pequeño también me ha llevado a conocer lugares nuevos, a los que tenía muchas ganas de ir pero que por una u otra causa no había sido posible. En estos lugares he aprendido cosas interesantes, como que en el norte del estado hubo alguna vez una importante zona de crianza de guacamayas; así como comer comida deliciosa, y ver en vivo lugares y procesos que solo conocía mediante relatos o lecturas.
Como pueden ver, he disfrutado mucho de estos paseos locales; pero también me percatado de lo mucho que falta por hacer en materia turística en mi comunidad. Desde mejorar la infraestructura carretera para que sea más fácil llegar a diferentes lugres, promover que la ciudadanía conozca sobre las atracciones y experiencias que dichos lugares ofrecen (¿alguien conoce la cerámica de Mata Ortiz?), tanto para que los disfruten como para que puedan ser promotores de los mismos; así como una amplia labor de mantenimiento a aquellos lugres que pertenecen al patrimonio de la región. Entiendo que la prioridad de las autoridades sea resaltar otras virtudes del estado, como su capacitada mano de obra; pero no por eso es válido dejar de lado otras virtudes que poseemos.
Algo similar creo que pasa con nosotras mismas. Estamos tan ocupadas en adquirir, perfeccionar y validar aquellas habilidades o conocimientos que son “productivamente útiles”, que nos olvidamos de las otras características que constituyen nuestra totalidad. Por eso es que ha pasado mucho tiempo desde que nos aventuramos a salir a caminar y tomar fotos de la naturaleza, y por eso sentimos que nuestras fotos ya no son tan bonitas como antes; y también que hemos olvidado que nuestro gusto por la lectura es lo que nos permite comunicar nuestras ideas apropiadamente, aún en un idioma diferente al nuestro. Así como que hemos olvidado lo relajante que nos resultaba colorear, y es el motivo por el cual ahora nuestros libros y colores estén un tanto llenos de polvo.
Entonces, así como es bueno hacer turismo local; les invito también a hacer un poco de turismo interno. Revisitemos y redescubramos esos aspectos de nosotras mismas que se nos ha olvidado cultivar y comunicar; dediquémosles tiempo para que puedan florecer, y de esta manera podamos sentirnos más plenas y con más cosas para compartir.
¿Tú qué lugar quieres visitar?

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Entiende mi sufrimieto.
Aviso: Esta entrada tiene un pequeño spoiler de la serie “Una dosis diaria de sol”.
Ahora estoy viendo la serie “Una dosis diaria de sol”, la cual aborda el problema de enfermedades mentales como el trastorno bipolar, la disociación, la depresión, y algunos más. En uno de los capítulos, vemos a una chica con depresión no diagnosticada, pero que está sufriendo. No tiene energía para levantarse de la cama ni para comer; lo que causa angustia en su mamá. Luego de varios intentos, le pide al mejor amigo de su hija que la ayude.
El amigo llega de inmediato, y le propone a la joven ir de paseo para que se anime. Ella le dice que no, que solo quiere dormir. Desesperado, el muchacho la carga y la lleva a la calle; donde nuevamente discuten y él le dice que si no se da cuenta que está haciendo sufrir a las personas que la aman. Como no llegan a nada, él le dice que ya no le importa y termina yéndose. Sin embargo, como sigue preocupado por ella; decide ir a ver a otro amigo que es doctor especialista en enfermedades mentales, para pedirle que le ayude. En el departamento de este amigo, hay un tercer amigo en común que también es médico, pero de otra especialidad. Luego de oír los síntomas de la chica, el especialista piensa que puede ser depresión (no considera adecuado dar un diagnóstico sin ver a la paciente primero); y que en ese momento lo peor que pueden hacer es “obligar” a la chica a “ponerse bien”, como por ejemplo querer que salga de la casa cuando no tiene energía ni para ponerse los zapatos. Por supuesto, al oír esto, el mejor amigo se siente muy mal pues piensa que sus acciones han empeorado la situación.
Entre tanto, el tercer amigo decide también ir a hablar con la chica en cuestión. Como ya sabe el posible diagnóstico, no le dice que debe levantarse y hacer esto o aquello; solo le pide que por favor vaya al doctor para que puedan ayudarla como ella ayuda a los demás. Y ya, hasta aquí dejaré la sinopsis; puedes encontrar la serie en Netflix si te picó la curiosidad.
Pero bueno, mi intención con esta entrada, además de recomendar la serie, es más bien analizar la manera en que ambos chicos hablaron con su amiga deprimida. Si solo vemos la escena como tal, podemos decir que el mejor amigo actuó mal, que no fue empático con los sentimientos de ella. Por otro lado, podríamos elogiar al tercer amigo, quien usó frases más adecuadas para la situación; incluso podríamos ponernos de su lado como el bueno de la historia. Sin embargo, si vemos todo en conjunto, nos daremos cuenta que, si nos enfrentáramos a una situación similar, lo más probable es que hubiéramos actuado como el primer chico.
En primer lugar, pese a que sea de otra especialidad; el tercer amigo es un profesional de la salud, que de una u otra forma está capacitado para hablar con pacientes sobre temas delicados que afectan su calidad de vida. Además, al momento de hablar con ella; él ya tenía un pre-diagnóstico de su condición, por lo que pudo adecuar su conversación en consecuencia. El mejor amigo, por otro lado, es justamente eso: un amigo que fue a hablar con una amiga, y que puede tener errores de comunicación incluso en una conversación “sin trascendencia”.
En segundo lugar, si hemos estado viendo la serie desde el principio; sabemos que la chica tiene mal no solo esa semana crítica que ya no puede levantarse de la cama, sino que tiene bastante tiempo sufriendo en silencio. Su mejor amigo ha sido testigo de esto, la ha consolado como ha podido; y ahora ve como ella se está apagando cada vez más. Cuando recibe la llamada desesperada de la mamá de su amiga, y al verla en ese estado; él también entra en un estado de desesperación y por eso la saca de la cama, en un intento de sacarla también de su aletargamiento. Obviamente esto no funciona puesto que el problema es mucho más profundo, pero en ese momento, es lo único que se le ocurre.
Caso contrario del tercer amigo, quien por razones ajenas no ha visto a la chica en aproximadamente un mes. La última vez que la vio, pese a que ella estaba un poco afectada por un suceso reciente; ella se veía bien. Así pues, él no tenía idea de que ella llevaba tanto tiempo mal, ni de que había tenido que tomar unos días de permiso puesto que ya no podía seguir fingiendo que todo estaba bien. En otras palabras, él no la había visto sufrir, ni había sentido la desesperanza de no poder ayudarla. Por tanto, fue capaz de manejar la situación de manera más racional.
Después de leer esto, ¿aún sigues juzgando negativamente al mejor amigo?, o por el contrario, ¿te identificas con él? Como en tantos casos, es muy sencillo emitir una opinión viciada sin darnos cuenta; simplemente porque no consideramos el contexto de la situación, o porque nos enfocamos en los sentimientos de una sola persona sin considerar lo que están sufriendo las personas a su alrededor. En realidad, muchas veces quienes cuidan de la persona afectada (sea por una enfermedad u otra situación), terminan desgastándose casi tanto como ellas, ya que tienen una carga emocional y física que sufren en silencio, pues entienden que el enfoque debe estar en la persona enferma o vulnerable.
Pero al final del día, el sufrimiento no es una competencia; y toda persona herida debe ser apoyada. Por eso existen grupos de apoyo para las familias de personas alcohólicas o drogadictas, o para las familias y amistades de quienes sufren enfermedades degenerativas; o para quienes deben enfrentarse al suicidio de una persona amada. Sé que este es un tema recurrente en mis entradas, pero espero que a fuerza de repetirlo podamos interiorizarlo. Si hay algo que podemos hacer para que este mundo sea mejor, es formar comunidad y tomar acciones para que las personas a nuestro alrededor se sientan respaldadas. Quizás a veces no sepamos exactamente como apoyarles, pero si seguimos intentando, seremos mejores cada vez. Como sugiere la serie que sirvió de base para esta entrada, intentemos ser el rayo de sol que alguien necesita con desesperación.
¿Tu te has enfrentado a una situación de desesperanza?

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La Ley del Intercambio No Equivalente.
Para lograr algo, tienes a la vez que dar algo. Por ejemplo, si decides estudiar una maestría; tienes que aceptar que eso implicará dedicar una parte de tu tiempo a estudiar, hacer trabajos y tareas. Así mismo, tendrás que ser consciente de que ya no podrás aceptar ciertos planes espontáneos con tu familia y/o amistades; y que quizás durante tus vacaciones tengas que atender alguna clase virtual o conectarte con tu equipo de trabajo. Más aparte, claro, el costo económico que una maestría implica.
Sin embargo, tú sabes que todos estos sacrificios traerán una recompensa. En primer lugar, tendrás la satisfacción de haber logrado tu objetivo; así como de tener conocimientos nuevos. En un plano más práctico, tener esa maestría te ayudará a lograr otros retos profesionales, como el aplicar a un ascenso o quizás impartir clases como algo adicional a tu trabajo actual. Es en ese momento que dirás que todo ha valido la pena.
Ahora, la realidad no es siempre tan lineal como parece. Tal como le ocurre a Edward Elric, protagonista del famoso anime Fullmetal Alchemist; conforme vamos creciendo y ganando experiencia, nos damos cuenta que no siempre nuestro esfuerzo se verá recompensado, o al menos no de la manera que esperamos. En el ejemplo que hemos mencionado, puede que el tener una maestría no sea suficiente para encontrar un mejor trabajo, pues hay muchos factores externos en juego. E incluso, si se logra conseguir ese trabajo, puede que conforme pase el tiempo sintamos que el mismo no “compensa” todo el esfuerzo que pusimos en conseguirlo.
No obstante lo anterior, sigue siendo cierto que para lograr algo, se tendrán que hacer sacrificios en el camino. El problema ocurre cuando las personas haciendo los sacrificios, no son las mismas que obtienen las recompensas. Y lo más terrible es que, en muchos casos; esas personas llevan pagando el precio durante mucho tiempo.
Pongamos por caso los proyectos de desarrollo de los “primeros cuadrantes” de varias ciudades, tanto en México como en otras regiones. Durante años, las zonas centro de las ciudades fueron descuidadas por las autoridades, dejando que los edificios que las conformarán se deterioran grandemente; a la vez que se volvió peligroso transitar por sus calles durante ciertas horas de la noche. Todo esto debió ser soportado por las personas que se quedaron ahí, ya sea por su trabajo o por su hogar; en este último caso teniendo las personas además que incurrir en un gasto de transporte e inversión en tiempo para poder desplazarse a los centros educativos y de trabajo que se fueron dando en los lugares más nuevos de la ciudad. Ciertamente, vivir en esa zona era más económico que en otras colonias o barrios más modernos, pero aun así implicaba un costo de vida que muchas veces no se consideraba en toda su dimensión.
En años recientes, las autoridades iniciaron con varios proyectos de renovación a esos centros históricos; renovando edificios, promoviendo actividades culturales, convirtiendo algunas calles en áreas peatonales, entre otras muchas. En la mayoría de los casos, estas iniciativas han tenido los resultados que se esperaba; promoviendo que varias comercios locales, nacionales e incluso internacionales de prestigio decidan abrir sucursales en la zona.
Sin embargo, todo este “progreso” ha sido pagado por las personas que durante años tuvieron que pagar el deterioro en que se había dejado a esas zonas, dándose el fenómeno de la gentrificación. Por ejemplo, en la Ciudad de México, la emblemática Colonia Roma ha pasado a ser una de las más cotizadas para vivir por personas extranjeras; resultando que el costo de la renta de casa habitación haya tenido un aumento de entre 20% y 30%, según datos de 2023. Por supuesto esto no representa un grave problema para los recién llegados, pero para las familias que llevan años viviendo ahí, ha sido un duro golpe a su economía. Muchas de ellas han tenido que desplazarse a zonas más alejadas, pero más accesibles; pero lo que no ha variado es el costo de transporte e inversión en tiempo que deben seguir realizando para acudir a opciones de esparcimiento, educativas o de trabajo, solo que ahora, en lugar de ir solo hacia afuera, van también al centro.
En el párrafo anterior menciono que las personas desplazadas vuelven al centro para poder atender opciones de esparcimiento, pero otro efecto de la gentrificación es que esas nuevas realidades no pueden ser disfrutadas por todos por igual. Un ejemplo es un edificio en mi ciudad, cerca de la Catedral, donde hace más de 30 años había un café local, que si bien era frecuentado por políticos; cualquier visitante era bien recibido. Lamentablemente el negocio no resistió los embates del tiempo. Recientemente, luego de la renovación de dicho edificio que actualmente alberga oficinas en sus pisos superiores; se instaló un nuevo café en su planta baja. Es un Starbucks.
No me malinterpreten, yo estoy a favor de la renovación de los centros históricos de las ciudades, y me gusta ir a los lugares nuevos (locales o no) que se han abierto gracias a ello; de la misma forma que apoyo otras iniciativas de mejora en otros aspectos. Pero creo que es necesario que nos tomemos un momento para reflexionar el costo que dichas mejoras implican, y quiénes realmente los están pagando en el corto y largo plazo. Quizás así podemos hacer una mejor distribución de ese costo, y procurar a la vez que todas las personas involucradas se beneficien de esas iniciativas, en lugar de solo ponernos unas gafas oscuras y disfrutar de la diversión.
¿Tú qué casos conoces en que el progreso no ha sido equitativo?

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Lo que se sigue diciendo, y lo que se sigue contando.
Se dice que las mujeres somos cobardes, pero se cuenta que durante la Segunda Guerra Mundial, Irena Sendler salvó a al menos 2500 niños de morir en el Gueto de Varsovia.
Se dice que las mujeres no somos buenas líderes, pero se cuenta que Angela Merkel dirigió Alemania durante 16 años, defendiendo siempre la justicia y el consenso.
Se dice que a las mujeres no se nos da la ciencia, pero se cuenta que Maria Skłodowska-Curie es la única persona en haber recibido 2 premios Nobel en diferentes disciplinas; física y química.
Se dice que la peor enemiga de una mujer, es otra mujer; pero se cuenta que es gracias a la activista Olimpia Corral Melo que en México se reformó la ley para otorgar protección a las mujeres contra la violencia digital.
Se dice que las mujeres no sabemos organizarnos, pero se cuenta que en 2023 había en México alrededor de 234 colectivos de madres buscadoras de personas desaparecidas.
Se dice que las mujeres sólo servimos para atender la casa, pero se cuenta que en el tercer trimestre de 2023, el 40.4% de la población económicamente activa en México estaba conformado por mujeres.
Se dice que las mujeres no somos buenas en los negocios, pero de acuerdo a datos del 2021, el 50% de las PyMes en América Latina son fundadas y dirigidas por mujeres.
Se dice que las mujeres no somos buenas en el deporte, pero se cuenta que en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 el 49% de los atletas fueron mujeres; y por primera vez todas las delegaciones incluyeron al menos a 1 mujer.
Se dice entonces que, considerando todos estos datos, la igualdad y paridad de género se ha alcanzado; pero te cuento que eso está muy lejos de ser real, porque…
Se dice que a una mujer no se le pega ni con el pétalo de una rosa, pero se cuenta que de acuerdo a estimaciones, anualmente en México 3000 mujeres, niñas y adolescentes son asesinadas; pero sólo el 24% se tipifica como feminicidio.
Se dice que las mujeres ya tenemos libertad económica, pero se cuenta que en México los trabajadores masculinos reciben en promedio un 15% más de salario que sus contrapartes femeninas.
Se dice que las mujeres ya tenemos voz y voto en la política, pero se cuenta que a enero de 2023, las mujeres representamos sólo el 11.3 de las Jefaturas de Estado y el 9.8 de las Jefaturas de Gobierno a nivel mundial.
Se dice que las mujeres ya tenemos decisión sobre nuestros cuerpos, pero se cuenta que anualmente más de 3 millones de niñas están expuestas a sufrir de Mutilación Genital Femenina.
Se decide que a las mujeres ya se nos reconoce nuestra dignidad humana, pero se cuenta que en 2020, el 65% de las víctimas de la trata de personas, eran mujeres y niñas; de acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.
Se dice que las mujeres calladitas nos vemos más bonitas; pero lo que te cuento demuestra porqué tenemos que seguir alzando nuestra voz.
¿Tú qué cuentas?
N.A. En 2021 participé en una actividad relacionada con el Día de la Mujer, en el que cada participante grababa un video leyendo algún texto, propio o ajeno; relacionado con dicha conmemoración. En mi caso, leí algo de mi autoría. Para este 8M, decidí ampliar ese texto y compartirlo en este espacio.

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Purificación.
Usualmente, cuando se habla de purificación, se piensa en el proceso de eliminar algo. Por ejemplo, un método sencillo de purificar agua es hacerla pasar por un cedazo, para que objetos como piedras, hojas o similares queden de un lado, y el agua del otro. En un contexto religioso, es común que se practiquen ayunos para poder “sacar” lo mundano del cuerpo, y así dejar espacio para lo espiritual. Recientemente también se habla mucho de “soltar” cosas o circunstancias, para que pueda llegar algo nuevo.
Ahora bien, está práctica de eliminación es bastante lógica, y en algunos casos la más viable para corregir un problema; pero quizás no sea la más apropiada a aplicar en temas de la vida diaria. Al final del día, todas las personas tenemos huecos en nuestro interior que necesitamos llenar, y en algunos casos lo hacemos de la manera incorrecta. Esto puede ser mediante comida poco saludable, pasar mucho tiempo jugando videojuegos; o incluso abusando de hábitos otrora saludables o inocuos, como hacer ejercicio o dedicar un poco más de tiempo al trabajo.
Si siguiéramos el principio de la purificación, entonces se sugeriría a las personas que corten de tajo esos hábitos que les están afectado; como puede ser deshacerse de la comida chatarra que tienen en casa. Pero el problema es que estas medidas no te dan ninguna sugerencia sobre qué hacer con el hueco que nuevamente vas a sentir al dejar de lado tu mecanismo de defensa. Y es por esto precisamente que muchas personas fracasan en sus intentos de darle vuelta a su vida: se sienten tan vacías, que regresen a aquello que elimina esa sensación; aún y cuando sean conscientes del daño que les hace.
¿Qué hacer entonces? Según lo observado en muy diversos contextos, lo mejor es buscar purificarse mediante la adición de cosas buenas a nuestras rutinas, para que no resintamos la falta de las malas. Un ejemplo de ello son las dietas bien dirigidas; las cuales les dan a las personas alternativas saludables cuando sienten la necesidad de consumir algo con azúcar o carbohidratos. Esto es especialmente importante cuando la compulsión de comer tiene una parte emocional, como reducir el estrés.
Esta filosofía también puede aplicarse a otras instancias, como pueden ser algunas de las etapas del síndrome de desgaste profesional. Una de ellas es la necesidad que sentimos de trabajar más tiempo, pues es la única forma que vemos para poder salir adelante con todos los proyectos que tenemos. Si bien es cierto que en ocasiones no queda de otra más que darle, también es cierto que esta práctica no es sostenible, pues lo único que conseguimos es justamente desgastarnos más y por ende rendir menos.
Pero si la sugerencia es simplemente decirle a la persona que salga a su hora y se vaya a descansar; no es algo que vaya a funcionar. En primer lugar, es poco probable que la persona descanse, pues seguirá pensando en todos los pendientes que aún tiene y que se irán acumulando con los del día siguiente. Además, cómo la persona no está acostumbrada a descansar, usará ese tiempo en actividades que no le aporte y que quizás le cansen más (como desvelarse viendo videos en internet). En segundo lugar, el trabajar de más (por mucho o poco eficiente que sea), da la sensación de que se está haciendo algo para resolver el problema; por lo que tomarse un descanso se siente más bien como una pérdida de tiempo y produce malestar en lugar de bienestar. Ergo, al día siguiente volvemos a las andadas.
Sin embargo, si cambiamos la estrategia y le sugerimos a la persona que ese tiempo “libre” lo ocupe en otra cosa, pero que esta sea con un enfoque diferente; entonces las posibilidades de éxito aumentan. Por ejemplo, si la persona usa ese tiempo para preparar su comida del día siguiente, experimentará una sensación de logro por haberlo hecho, y también eliminará una parte del estrés de la mañana siguiente al no tener que estar corriendo por una cosa más. Finalmente, cuando coma su comida, sentirá una gratificación inmediata de su trabajo; algo sumamente importante en casos de estrés por trabajo.
Como este existen otros ejemplos en los que la mejor manera de eliminar cosas negativas de nuestra vida, es agregando más cosas buenas. Como ya hemos dicho, además de evitar la sensación de vacío que implica dejar una rutina; el sentir la satisfacción que nos produce la nueva actividad, nos incitará a seguirla realizando. Y así poco a poco entramos a un círculo virtuoso de agregar más cosas positivas a nuestras rutinas, hasta que con el tiempo estas sean más que las negativas.
Esto último creo que merece una mención aparte. Sin importar lo que hagamos o dejemos de hacer, siempre habrá un punto negativo en nuestra vida; quizás temporal o duradero, pero ahí estará. Lo que realmente importa es que seamos conscientes de ello, y que entendamos que esto no significa que todo lo demás esté mal. Al igual que el agua que pasa por el cedazo, habrá algunas impurezas que persistan; pero eso no impide que podamos disfrutarla.
¿Y tú como te purificas?

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Y tú, ¿cómo eres?
Hay un meme, usualmente sale un perrito o una chica de una pintura renacentista, que al mirarse al espejo se dicen a sí mismos “¿por qué eres así?” Esto como reacción a una acción propia que, al final, termina perjudicándonos. Como siempre, existen mil variantes del original, pero en todos los casos, la parte central (y divertida) es esa exasperación que sentimos con nosotras mismas, por ser precisamente como somos.
Pero dejando la comedia de lado, ¿alguna vez te has preguntado, por qué eres como eres? ¿Por qué, si falta un paso en tu rutina de la mañana, el resto de tu día parece estar desencajado?, ¿o por qué, aunque tengas sueño y seas consciente de que mañana tienes que levantarte temprano, sigues como si nada en tu celular?
Si te has hecho estas preguntas, es probable que te hayas dado respuestas rápidas para salir del paso; como por ejemplo que te falta disciplina, o usado “a juego” términos psicológicos para describir tu necesidad de control. Pero, en muchos casos, las respuestas van mucho más allá de lo evidente; y el conocerlas nos ayudarían mucho en nuestro bienestar.
Por ejemplo, en mi caso me considero una persona bastante disciplinada y responsable; y estas son además características que la gente a mi alrededor usa para describirme. Sin embargo, hay ciertas cosas para las que, en verdad, sufro bastante para tener constancia. Y lo más grave es que ni siquiera son cosas “complicadas”, al contrario, algunas de ellas son de esparcimiento. Entonces, ¿qué sucede?
Luego de hacerme estas preguntas yo misma, de abrirme a platicarlas con la gente de mi confianza (incluida mi terapeuta), y de trabajar en ellas, me he dado cuenta que, tal como decía, la causa no es una falta de disciplina. De hecho, no tiene absolutamente nada que ver con eso. La causa raíz es una aglomeración de cosas, que van desde comportamientos aprendidos, pasando por sentimientos, hasta llegar a algo tan generalizado como la pasmosa velocidad de la vida diaria; además de las relaciones entre todo esto.
Si bien aún no termino de desenmarañar esta madeja (y por lo que veo, va a tomarme algún tiempo), el solo hecho de saber que estas situaciones no se deben a una falla o falta mía, me han dado una gran tranquilidad. Con esto no quiero decir que yo no tengo responsabilidad en el asunto y que soy víctima de las circunstancias; pero el no “flagelarme” por ello me ha permitido ver las cosas desde una perspectiva más optimista. Además, ahora puedo enfocar mis esfuerzos en acciones y reflexiones que realmente me ayuden a mejorar, en lugar de simplemente repetirme que tengo que “echarle más ganas” a las cosas.
Entonces, sería conveniente que la pregunta inicial de esta entrada, ¿por qué eres así?, nos la hiciéramos no con exasperación o disgusto con nosotras mismas; sino más bien desde una posición de empatía y compasión. Con estas intenciones, será más fácil pasar de las respuestas simples y dañinas; a aquellas que realmente nos permitan conocernos, para posteriormente pasar a las acciones que habrán de ayudarnos a vivir con mayor plenitud.
Y tú, ¿cómo eres?

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Con la puerta abierta.
Recién me enteré que, de acuerdo al Antiguo Testamento, las personas que padecían lepra en aquellos tiempos; no sólo eran consideradas enfermas físicamente, sino que también se les consideraba inmorales o impuras en sentido religioso. Según entiendo, esto se debía a que al ser la lepra una enfermedad tan terrible, se consideraba que la persona afecta o su familia debían haber cometido una acción atroz para recibir tal castigo. Así pues, a las leprosas se les excluía de la vida de la comunidad en todos los sentidos.
Considero que este es un caso en que se usó apropiadamente a la religión como método de control, pues aún sin ser un castigo divino, la lepra es una enfermedad bastante agresiva, que aún en nuestros días provoca daños graves a quienes la padecen sin tratamiento; por lo que suena razonable que los líderes de aquél entonces quisieran evitar su propagación mediante el aislamiento de los afectados. Sin embargo, dejando un poco de lado el contexto histórico, me parece que esta situación sirve como ejemplo de una triste realidad. Muchas veces, por atenernos a preceptos o dogmas, alejamos de la comunidad a las personas que más necesitan de ella.
Por ejemplo, en el camino hacia el “burn out”, las personas que terminan colapsando tienden a retirarse progresivamente de sus grupos de amistades o familiares, pues consideran que son una pérdida de tiempo. En respuesta, muchas veces la familia y amistades también dejan de invitar o incluir a esa persona en sus planes; pues siempre reciben una negativa de su parte. Y entones, cuando el colapso ocurre, es aún más difícil para ambas partes encontrarse para dar/recibir apoyo, pues de alguna forma cada una mostró que la otra no valía el esfuerzo.
Otro caso similar es el de las personas que salen de la cárcel luego de haber cumplido su sentencia, y buscan reintegrarse a la sociedad. Si bien no digo que no haya que tomar precauciones, la mayoría de las veces estas personas se encuentran con un ambiente completamente hostil; en el que se les niega cualquier oportunidad de recuperarse. Ante un panorama de tal naturaleza, las personas vuelven a delinquir, lo que de alguna manera refuerza nuestro paradigma contra los ex convictos; sin darnos cuenta que nuestra falta de compasión como sociedad es la causa de esta situación. Lo que es más, fue esta misma ausencia de solidaridad lo que empujó a estas personas a corromperse; pues en una sociedad en la que las personas se preocupan unas por otras, no llegaríamos a instancias donde la gente tiene que robar para subsistir.
En los ejemplos mencionados, se da una situación de exclusión hacia una persona o hacia un grupo de personas que comparten ciertas características. Pero existen también casos en que la exclusión la cometemos contra nosotras mismas. Por ejemplo, una persona que considere que ha cometido una falta contra las costumbres o valores de su grupo social; se podría considerar ahora indigna del mismo, por lo que se aleja para “purgar” su condena; a veces con consecuencias fatales.
¿Qué hubiera sucedido si, en lugar de esperar ser recibida con juicios y reclamos, a la persona se hubiera ensañado que sería recibida con amor y compresión? Lo más seguro es que, en caso de haber cometido una falta, se hubiera acercado con su grupo, sí para pedir perdón y reparar la falla; pero además para buscar la causa de ese comportamiento y corregirlo. O bien, si no se hubiera cometido una falta, pero factores externos hubieran hecho sentir a la persona como no valiosa; habría encontrado en su grupo el apoyo que requería para volver a encontrarse y amarse.
En mi entrada pasada comenté lo importante que es formar y cuidar nuestras redes de apoyo, tanto para momentos difíciles como prósperos. En esta ocasión, me gustaría recordarnos que todas somos parte de la red de apoyo de alguien, seamos o no consciente de ello. Por tanto, procuremos siempre que nuestra compasión y empatía sean mucho más grandes que nuestros prejuicios y dogmas; y busquemos que nuestras opiniones pasen siempre por esos dos primeros filtros. Nunca sabemos cómo lo que digamos o hagamos pueda afectar a otras personas, así que procuremos que nuestras palabras y acciones siempre inciten a las personas a acercase, sabiendo que nuestra puerta estará abierta para ellas.
¿Tú tienes tu puerta abierta?

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Estoy en tu esquina.
Tengo la fortuna de contar con familia y amigas que tiene talentos y habilidades que son completamente ajenas para mí. Por ejemplo, una amiga arquitecta diseña planos para diversos tipos de construcciones, y yo la sufro para dibujar un círculo medio decente. De igual forma, mi mamá es doctora; y yo no soporto ver sangre. Por estos motivos y otros más, tengo un gran respeto por el trabajo que hacen; y me maravilla sobremanera la forma en que trabajan sus mentes.
Sin embargo, como a todas las personas, hay ocasiones en que las cosas no les salen como esperaban, y tienen pequeñas o grandes crisis a resolver. Y en todos esos casos, siempre les pregunto si puedo ayudarles. Estoy consciente de que, de manera objetiva, no tengo los conocimientos o habilidades para luchar por ellas, o incluso a su lado. Quiero decir, cuando el sistema se traba, yo soy la que le habla a mi amiga de TI para que me termine la sesión; así que, si de repente el sistema se cae por completo, no hay mucho que pueda hacer para ayudarla.
¿Pero sabes que sí puedo hacer? Puedo ir y comprarle un refresco y un chocolate para que tenga energía mientras descubre cuál es la causa del problema. O puedo darle mi opinión a mi hermano sobre un anuncio que va a poner en redes sociales. También puedo estar atenta a ejemplos de campañas de mercadotecnia que le servirían a mi amiga que da clases en la universidad, para que pueda agregarlas a los ejemplos que usa con sus alumnos.
O como último, pero quizás más importante, puedo escucharles. Después de que resuelven su problema, o mientras lo hacen si es algo que va a tomar tiempo, puedo dejar que se desahoguen conmigo sobre lo frustrante que fue/es la situación, de lo cansadas que están, ofrecerles alguna idea para que su salud mental no se vea tan afectada; en fin, ofrecerles mi apoyo y consideración.
Volviendo al punto anterior, entiendo que esto no soluciona los problemas, pero saber que tienes a alguien en tu esquina, hace que las cosas se vean menos negras y que puedas levantarte para seguir intentándolo. Lo sé, porque todas estas personas que son importantes en mi vida, me han ofrecido ese mismo apoyo en momentos difíciles, y es gracias a ellas que no he colapsado. Por eso mismo, aquí y en otras instancias, abogo tanto por la necesidad e importancia de las redes de apoyo, del sentido de comunidad que hemos ido perdiendo en la vorágine de la modernidad. Es gracias a estas redes de apoyo que podemos no solo sobrevivir, sino también disfrutar de nuestra vida.
Por esto, te convido a que cuides a tu red. No tiene que ser muy grande, y puede ser tan variada como tú quieras. De igual forma, esa red puede incluir a personas como tu psicóloga o terapeuta, porque en ocasiones necesitamos también a alguien que nos birnde un apoyo digamos técnico.
Pero lo más importante es que, una vez que tienes a tu red, la tengas como una prioridad en tu vida. La dinámica de la misma irá cambiando de acuerdo a las circunstancias, pero tener un lugar seguro al cual acudir, para poder reír y llorar sin preocupaciones, es un regalo que todas debemos darnos.
¿Cómo puedo ayudarte?

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¿Sabes cómo?
Quizás hayas escuchado la frase “si el mundo fuera ciego, ¿cuántas personas pensarían que eres bonita?”; la cual por supuesto hace referencia a la importancia de la belleza interior y demás. Pues bueno, ayer se me ocurrió una extrapolación de esta cita. Si Excel no existiera, ¿cuántas personas te considerarían necesaria?
Con esto hago alusión a que varias de nosotras poseemos habilidades o conocimientos que son valorados o importantes en nuestra realidad; pero si esta cambiara, nos encontraríamos con que nos falta mucho por saber. Y con que nuestra realidad cambiara, no me refiero a algo drástico como un accidente o un apocalipsis zombi (referencia intencionada al libro “Guerra Mundial Z”, que presente una escena con esta misma idea). Es más, ni siquiera tiene que ser algo propiamente malo o permanente; solo tiene que ser algo que se salga de nuestra rutina.
Por ejemplo, mi trabajo actual es un puesto de escritorio, pero si me cambiaran a uno de campo, aunque fuera al mismo nivel; me enfrentaría al reto de no saber manejar un automóvil de transmisión manual (lo que en mi región llamamos estándar), que es el que usualmente ofrecen las empresas para ese tipo de trabajos. O bien, si por cualquier motivo mañana tuviera que trasladarme en transporte público, la verdad es que la sufriría bastante, puesto que hace un buen tiempo que no estoy tan al tanto de las horas de llegada de los autobuses a las respectivas paradas. Eso, aunado a los cambios que han hecho al sistema de transporte, y a la poca confiabilidad del mismo en mi ciudad; me pondría las cosas realmente complicadas.
¿Son estas cosas difíciles de aprender? El aprender a manejar estándar es debatible (tengo malos recuerdos de no poder echar a andar el auto en medio del tráfico), pero usualmente la respuesta es que no. Sin embargo, creo que lo correcto sería preguntar si son difíciles en comparación con qué, y considerando las habilidades de quién. Porque, al fin y al cabo, estas son habilidades y conocimientos que van evolucionando y mejorando como cualquier otro.
A diferencia de la frase sobre la ceguera mundial y la belleza, mi intención con esta entrada no señalar que es más valioso saberse todas las rutas de los autobuses locales que saber hacer una tabla pivote; sino más bien ser conscientes de la importancia de ambos conocimientos. Debido a la manera en que está construida nuestra sociedad, tendemos a creer que es mejor y más provechoso dedicarle tiempo a aprender ciertas habilidades especializadas que eventualmente podrían redituarnos más dinero, dejando de lado conocimientos considerados como “básicos”. Quiero decir, ¿para qué preocuparte por los horarios de los autobuses si tienes un auto propio?, ¿o para qué aprender a coser una bastilla si puedes contratar a una costurera?
Como dije al principio, una respuesta obvia es porque no sabes lo que te depara el futuro; pero además de ello es entender que el saber estas cosas “básicas” no te hacen menos importante. De nuevo, tu conocimiento particular se vuelve relevante o no dependiendo de tu contexto; por lo que en nuestra sociedad tan amplia, todos los conocimientos son importantes y valiosos. El comprender esto nos ayudará a corregir problemas como la meritocracia mal entendida y el clasismo, generando una sociedad más integrada con personas mejor preparadas para lo que venga.
¿Tú qué conocimientos tienes?
