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¿Cuánto llevan ahí?
Hace poco más de un año, por razones varias, empecé a escuchar a BTS; y desde entonces me he convertido en fan. Derivado de ello, empecé a seguir algunas páginas relacionadas con sus actividades; y gracias al famoso algoritmo, ahora me salen sugerencias de páginas de otros grupos de k-pop, de series coreanas, y otras tantas cosas relacionadas con la cultura de aquel país. Así mismo, gracias a esto me he enterado de todo un mundo de premios, listas de popularidad, concursos, y varias otras actividades relacionadas a la cultura pop no sólo de Corea sino de Asia en general.
Sinceramente, me he quedado sorprendida por esto. Si bien nunca he sido mucho de estar pendiente de lo último de las industrias del entretenimiento en general, podía decir que conocía lo básico de la temporada en curso de los premios más famosos, como los Premios Óscar o el Festival de Cannes. Pero, siempre me quedaba del lado occidental de la industria, con una o dos menciones de países más allá de Europa y América. Ahora que veo todo el resto de opciones que existen, y que han existido por bastante tiempo, me parece increíble que nunca haya tenido siquiera una noción de su existencia; lo que me ha hecho volver a cuestionarme los sesgos cognitivos que están presentes en mi día a día.
Los sesgos cognitivos son aquellos que alteran la forma en que procesamos la información, y por ende, nuestra percepción de la realidad. En el ejemplo que menciono, me parece que podríamos hablar de un sesgo de confirmación, el cual nos lleva a buscar y dar más importancia a la información que es concordante con aquella que ya teníamos. En la era de las redes sociales con algoritmos que clasifican y determinan qué información presentarnos, basándose justamente en nuestras búsquedas anteriores; es cada vez más común el sesgo del conocimiento, con su consiguiente polarización y radicalización de ciertos sectores de la sociedad, como ya había comentado en una entrada anterior.
En dicha entrada comentaba justamente los riesgos que esto implicaba para la sociedad en un contexto político, por lo que en esta ocasión me gustaría abordar el tema desde una perspectiva cultural. La así llamada cultura de masas se basa precisamente en eso, en ofrecer contenidos que puedan ser consumidos por una gran cantidad de personas, sin prestar muchas veces atención a la calidad del contenido ofrecido; pues simplemente recrean fórmulas que ha tenido éxito en el pasado. Eso por ello que de un tiempo a la fecha las carteleras del cine se centran o en películas de súper héroes o readaptaciones de clásicos de antaño (animados o no). Como estas son las opciones que vemos mayormente anunciadas, son las que más consumimos, y derivado de ello nos llega más publicidad de contenidos similares; con lo cual asumimos que estas son las únicas opciones disponibles. De esta forma, contenido original y valioso, pero que no cuenta ni de lejos con la misma capacidad publicitaria ni de distribución, se pierde; pero lo que es peor es que la personas que tuvieron el valor de intentarlo se ven descorazonadas por estos fracasos, renunciando a sus aspiraciones y dejándose llevar por la corriente. Y así seguimos en el círculo vicioso de decir que el único contenido disponible es el que ofrecen las grandes productoras, que se centran en el aspecto económico en lugar del creativo.
De ahí la importancia de que como consumidores nos demos la oportunidad de buscar alternativas de entretenimiento cultural. Por supuesto, esto implicará un esfuerzo de nuestra parte; pues no es lo mismo querer ver la nueva entrega de una franquicia de películas que se exhibe en todos los cines del país, que ir específicamente al cine que tiene un ciclo de arte para disfrutar de la obra de una directora joven y prometedora. De igual forma, para poder apreciar una canción de un grupo de pop japonés, tendremos que hacer el esfuerzo extra de buscar la traducción de la letra, y buscar temas inherentes a su cultura para poder entender mejor las alegorías a las que hacen mención. Pero puedo decir por experiencia que todo ese esfuerzo es ampliamente recompensado por la calidad de contenido que vas encontrando; y que poco a poco la tarea se va volviendo más sencilla puesto que, al alimentar nueva información al algoritmo, este irá cambiando y te presentará opciones que vayan en concordancia a esos nuevos intereses.
Como en tantas otras cosas de la vida, lo más importante y a la vez difícil, es decidir dar ese primer paso y cambiar nosotras. Pero una vez logrado, y con un poco de perseverancia, entraremos ahora en un círculo virtuoso de nuevos descubrimientos y conocimientos, que nos permitirán disfrutar de una mayor cantidad de los gustos que la vida tiene para ofrecernos.
¿Cuál es un entretenimiento que hayas descubierto hace poco?
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Retira el sartén.
Muchas veces me ha pasado que, mientras estoy haciendo el desayuno, decido que bien puedo poner a calentar el agua para el café, partir las verduras, y dejar el huevo tipo omelette en el sartén para que se vaya cocinando de un lado en lo que acabo de hacer lo demás. Todo lo anterior según yo para ahorrar tiempo. Claro, la mayoría de esas veces sucede que el huevo está listo antes de que todo lo demás, y casualmente también es cuando más llenas tengo las manos de las cáscaras y restos de las verduras. Entonces, entro un poco en desesperación, porque por un lado quiero lavarme pero por el otro sé que si no me apresuro, el huevo se va a quemar. Y por si fuera poco, justo en ese momento comienza a sonar el hervidor de agua; que afortunadamente se apaga solo pero el sonido agrega un efecto aún más apremiante a la situación.
Luego de algunos huevos quemados, o de ensuciar la espátula, el sartén y la estufa por tratar de voltear el huevo, he aprendido que lo más sencillo que puedo hacer es retirar el sartén del fuego; ya sea apagando la llama o bien cambiándolo de hornilla. Ciertamente eso me deja o con un sartén o con una perilla de estufa que limpiar, pero no con ambos; y esto me da los minutos justos para ir, lavarme las manos, vaciar el agua caliente si es preciso, y posteriormente regresar al sartén para acomodar el huevo y los demás condimentos. Así, evito un desastre que aparte de ponerme de malas, al final me dejaría con un embrollo más grande que limpiar.
¿A dónde quiero llegar con esta historia de mis habilidades culinarias en desarrollo? A que esto mismo nos pasa no solo en la cocina, sino también en nuestro trabajo, o en otras actividades cotidianas. Pretendemos ganarle tiempo al tiempo haciendo multitareas, que como ya dije en otra ocasión es una estrategia que muy rara vez funciona; y que en la mayoría de los casos nos deja con un embrollo más grande. Aunque somos conscientes de esto, siempre pensamos que ahora si nos va a salir bien, como a mí en el caso del desayuno; o simplemente la vida nos obliga a intentarlo porque después de todo el tiempo es dinero y de seguro hay algún millonario por ahí diciendo que la vida es de quien hace más en menos tiempo y tonterías como esas.
Entonces, si no podemos escapar de esa locura, entonces lo mejor es encontrar formas de lidiar con ella. Lo ideal por supuesto es dedicarle un tiempo a fortalecer nuestra estabilidad mental, encontrar maneras de organizarnos, de aprender a delegar cuando es posible, de priorizar, entre muchas otras cosas. Pero siendo sinceras, incluso las personas más capacitadas tienen momentos en que simplemente no pueden, en que quizás ha habido muchas pequeñas cosas amontonándose y de repente se dan cuenta (y nos damos cuenta) que nuestras reservas de energías se han agotado. Es en ese momento en que debemos sacar fuerzas de flaqueza, identificar la situación más apremiante, y evitar que se convierta en un desastre. Y en ocasiones eso implica alejarla un poco, como yo con el sartén.
No, no estamos resolviendo el problema de raíz, y quizás hayamos agregado un poquito más de complicación con nuestra solución temporal (vamos a tener que limpiar la perilla); pero hemos logrado el objetivo inmediato: evitar un percance y conseguirnos unos precioso momentos para controlar las otras pequeñas cosas que están dando vueltas por ahí, apagar los ruidos que nos están estresando innecesariamente, y tomar un momento para respirar. Con esto resuelto, podemos volver al problema, verlo de frente, y resolverlo haciendo uso de todas las técnicas y estrategias que hemos aprendido con anterioridad. Sin contradecir al teórico Chris Argyris, a veces un poco de pensamiento de bucle simple es necesario, para que posteriormente podamos llegar al de bucle doble
Esta última parte es sumamente importante. No podemos quedarnos solo en la etapa en que atendemos solo cosas pequeñas y las grandes las hacemos a un lado indefinidamente. El objetivo de poner una solución temporal a los problemas importantes es para darnos tiempo de solucionar los problemas pequeños y recomponernos, para ahora sí enfocarnos en la situación principal. Si nos quedamos en la etapa de la solución temporal, nosotras mismas nos estamos creando una situación más problemática en el futuro, además de que nos generamos un estrés innecesario en el proceso. Después de todo, el motivo por el que nos pusimos a hacer el desayuno, es porque teníamos hambre; y dudo mucho que la misma vaya a desaparecer si solo nos enfocamos en lavar los platos.
¿Tu has aprendido a retirar los sartenes?

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Bailemos.
Hoy he constatado lo que innumerables chistes, memes y similares han dicho durante algún tiempo: conforme creces, las desveladas son más difíciles de superar. Estos días me he dormido mucho más tarde de lo habitual, uno de ellos incluso me dormí a la hora que usualmente me levanto; así que hoy ha sido un día un tanto difícil de sobrellevar, sobre todo porque, aunque he querido dormir, la noción de que tengo pendientes no me permite descansar.
Uno de esos pendientes consistía en ir a comprar algunos víveres al supermercado. Así que ahí estaba yo, comprando de pasada una bebida vitaminada, cuando empezó a sonar una canción, creo que de los años 80s aunque no podría asegurarlo; la cual ciertamente se oía como una de esas canciones con las que la gente baila en las películas. Y entonces, en el pasillo de enseguida, vi a una pareja que estaba haciendo justamente eso: bailando en medio del pasillo del supermercado, con sonrisas en sus rostros. Al verles, no pude evitar sonreír también; tanto por su felicidad como por constatar que las cosas buenas que salen en las historias de internet, también pasan en la cotidianidad de la vida.
Además de sentir por un momento que estaba en la escena de una película, ese gesto de una pareja desconocida me hizo cambiar un poco la actitud que tenía. Sigo sintiéndome cansada, y desearía tener otro día libre para reponerme por completo; pero también agradezco que ese cansancio proviene de haber disfrutado experiencias especiales durante el fin de semana. Ya en otras ocasiones he dicho aquí mismo que a veces la vida se vuelve una repetición de días en las que haces un poco de lo mismo; y que el fin de semana solo es un período para hacer pendientes de otra naturaleza. Pero estos dos últimos fines de semana han sido diferentes en el mejor sentido de la palabra; con actividades que, si bien han implicado que durante la semana quizás haya que hacer un esfuerzo extra, sobretodo esta que viene, realmente lo han valido, sobretodo por que han sido experiencias que pude disfrutar con gente que quiero. Parafraseando a la actriz Jessica Segura, este cansancio es pagar el precio de algo extraordinario.
Desconozco como hayan sido los días previos de la pareja que vi bailar en el supermercado, pero creo que deben haber sido buenos si tuvieron la motivación y valentía para demostrar su felicidad sin ambages. Espero yo también, no solo durante esta semana si no todos los días, poder demostrar mi alegría por medio de mis acciones; aunque las haga con un poco más de sueño de lo habitual.
¿Tu cómo demuestras tu felicidad?
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Personas reales.
Ayer tuve la oportunidad de asistir a un conversatorio con 3 autoras y 1 autor jóvenes de mi ciudad: Alex F. Wong, Marisa Pacheco, Joaquín Hermosillo, y Rebeca Lee. Si bien cada una de sus historias (tanto personales como literarias) tienen su propio estilo y esencia, también había varios puntos comunes entre ellas; como puede ser que ninguno estudió letras como profesión, o que tuvieron que pasar una serie de situaciones para poder convertirse en autoras y autor publicados.
Para mí, sin embargo, la coincidencia más importante es la similitud que tienen con la gente común: tienen trabajos similares al mío y al de una buena parte de la comunidad local, podemos hablar de ciertos acontecimientos de la región sin tener que dar un contexto previo, en fin, creo que son autoras y autor a quienes realmente podemos llamar contemporáneos. Me parece que esto ayuda a desmitificar la concepción que muchas veces tenemos de las profesiones artísticas, puse usualmente tendemos a verlas como algo alejado de nuestra realidad y que por tanto no podemos llevar a cabo. Quiero decir, por mucho que sepamos que J. K. Rowling escribió Harry Potter en un café mientras sufría de depresión; el hecho de que todo eso haya sucedido en Reino Unido pone una barrera entre su realidad y la nuestra, pues tendemos a pensar que bueno ella estaba en una nación “de primer mundo” (lo que sea que eso signifique), y por tanto sus oportunidades de éxito eran mayores. O incluso de manera nacional, cuando hablamos de escritoras como Elena Garro y Elena Poniatowska, no podemos dejar de ver como las circunstancias de vida privilegiada de ambas les permitieron las experiencias, el tiempo y los medios para realizar su obra; esto claro sin demeritar la calidad de la obra de ambas, pero que finalmente también es un hecho innegable.
Por eso considero que el escuchar y convivir con artistas, de cualquier disciplina, que comparten el mismo espacio-tiempo que nosotras, es una fuente invaluable de inspiración. Pero más importante que eso, si cabe, es la oportunidad que este tipo de situaciones nos ofrecen para poder generar un sentimiento de orgullo y de comunidad hacia estos artistas locales; buscando apoyarles en sus diferentes proyectos y a la vez demandando y construyendo mejores condiciones para que puedan difundir su obra. Como ya he dicho, tendemos a pensar que las historias de éxito se dan sólo en lugares con una tradición artística importante, o en donde los apoyos a la cultura son una realidad constatable; pero se nos olvida que todos esos lugares también empezaron de cero, y que la constancia y esfuerzo compartido les ha llevado a donde hoy se encuentran. Quizás este sea un buen momento para dejar de romantizar y añorar realidades externas, y empezar a disfrutar y cuidar las que tenemos, literalmente, en nuestras casas.
¿Tu cómo apoyas a tu comunidad artística?
PD. Los títulos de cada autora y autor que menciono son (en el mismo orden que aparecen citados): Saga El Blasón del Círculo; Punto de Quiebre; El Invierno; Arthemisa.
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Inversión en tiempo.
Acabo de ver una nota sobre una empresa social en Kenia, conformada por mujeres locales, que se dedica a la elaboración de pañales reutilizables de algodón. Los mismos están diseñados para que puedan lavarse en casa; pero la empresa ofrece también un servicio de lavado. Con esta iniciativa, además de mejorar las condiciones de vida de las mujeres de la zona, se busca reducir la contaminación ambiental generada por los pañales desechables, pues los mismos tardan años en degradarse.
Si bien esta iniciativa me parece encomiable, mientras veía la nota no pude evitar pensar que para que la misma tuviera éxito; requería que las mamás que usaban sus productos estuvieran dispuestas también a invertir mayor tiempo en labores relacionadas a la limpieza y cuidado de sus bebés. O mejor dicho, implica que dichas mujeres tengan la posibilidad de elegir dedicar más tiempo a dichas actividades; situación poco probable si se considera lo demandante que es cuidar a un bebé, más aparte ocuparse de otras labores domésticas y profesionales. Como dije, la compañía en mención ofrece también un servicio de lavandería; pero el mismo seguramente no es accesible a todas las personas que quieren tener los beneficios, ambientales y personales, de usar pañales de algodón.
He notado que esa es una constante en varias de las iniciativas ambientales dirigidas a usuarios finales: las personas deben tener la posibilidad de destinar una parte de su tiempo a las mismas. Esto puede implicar desde actividades de limpieza como en el caso de los pañales; o algo tan “simple” como ir a dejar las latas de aluminio al centro de reciclado. Cierto es que varias organizaciones se han percatado de esto y han ofrecido alternativas en consecuencia; por ejemplo, en mi ciudad existe una empresa que te deja los contenedores para que tu separes tu basura, ellos se los llevan y preparan composta, y posteriormente te la devuelven para que tu puedas usarla en tu jardín; todo esto con un costo por supuesto. Y aquí es a donde volvemos a lo que comentaba en el párrafo anterior, que es que entonces dichas iniciativas se vuelven prohibitivas para un sector importante de la población; e incluso a como están las cosas, algunos hogares con la capacidad económica para adquirirlas prefieren usar su dinero en otras necesidades.
Así pues, seguimos en ese estira y afloja interminable entre hacer las cosas nosotras mismas, lo cual implica invertir tiempo la más de la veces escaso, o pagar por una alternativa más fácil pero de nuevo usando un recurso escaso; y que muchas veces es más caro que la opción digamos tradicional pero menos amigable con el ambiente y con la salud. ¿Cómo superar esta disyuntiva? Abordando la causa raíz de esta y otras muchas complicaciones de la vida actual: permitiendo que las personas tengan más tiempo libre. Ray Bradbury nos advirtió lo peligroso que era que las personas no tuvieran tiempo de sentarse en sus porches a conversar y pensar, y si bien las consecuencias no han sido tan dramáticas como en su famosa novela; no por eso son menos importantes.
Actualmente, y aceleradas un poco como resultado de la pandemia, se han desarrollado diferentes iniciativas que promueven justamente un mayor número de horas para el esparcimiento o actividades alternas. Pero es necesario también trabajar en cambios de paradigmas para que estas cumplan con sus objetivos. Por ejemplo, de nada servirá que una persona tenga 20 días de vacaciones al año, si cuando se toma uno igual que estar atendiendo llamadas relacionadas con su trabajo. O bien, si la iniciativa de 4 días laborales prospera en las diferentes naciones donde se está considerando; ¿cómo va a manejarse el tema de los sueldos? Si dicha iniciativa implica una menor percepción económica, muchas personas preferirán no tomarla; o si se vuelve obligatoria entonces considerarán hacer turnos dobles o triples, o incluso tomar un segundo trabajo, para que su capacidad adquisitiva no se vea mermada. Todo esto de nuevo en detrimento del objetivo inicial, que era dar oportunidad a las personas para que puedan participar en actividades verdes, o de mejora en su salud mental y física.
Mientras no trabajemos en cambiar la forma en que percibimos y valoramos nuestro tiempo, seguiremos siendo una sociedad que opte por la opción fácil, sin importarnos las consecuencias que la misma tenga para nuestro bienestar, el de la comunidad y la naturaleza. Se puede argumentar que, si van aprobando iniciativas como las que ya se han comentado, la mentalidad irá cambiando también en el mediano y largo plazo. Lo cual es cierto, pero recordemos también un principio de inversión: el valor de los recursos, cualquiera, es mayor hoy que en el futuro; por el simple hecho de que no sabemos si alcancemos ese futuro.
¿Tú qué tanto valoras tu tiempo?
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Experiencias especiales.
¿Nunca les ha pasado que están haciendo algo, y ni así se creen que lo están haciendo? Quizás sea algo que nunca estuvo en tus planes, o quizás es algo que llevas planeando o deseando durante mucho tiempo; pero te parecía inconcebible que algún día podrías llevarlo a cabo. Y de repente, ahí estás, logrando algo que tu yo de tiempo atrás hubiera creído imposible.
Creo sinceramente que ese es uno de los mejores sentimientos del mundo, cuando ves como todas tus decisiones (buenas y malas), todo tu esfuerzo, se conjugan para que puedas vivir una experiencia increíble. En estos últimos días he tenido varias de esas experiencias, tanto grandes como pequeñas, algunas planeadas y otras digamos “espontaneas”; pero todas me han dado felicidad y alegría, así como revitalizar mi entusiasmo por ver qué otras experiencias asombrosas me esperan más adelante. Me parece que esto es de lo más importante, pues muchas veces sentimos que nuestras acciones diarias no tienen un impacto o trascendencia, sino que simplemente pasamos de un día a otro. Sin embargo, lo que hacemos a diario es justamente lo que nos llevará a lograr lo que deseamos, o bien a tener oportunidades que no habíamos considerado pero que igualmente nos darán bienestar.
Con esto no quiero caer en el trillado e irreal concepto de que basta con “echarle ganas” para lograr lo que queremos; pues ciertamente existen situaciones de tipo macro que necesitan darse para que se obtengan ciertos beneficios, como un trabajo o vivienda dignos. Pero, al mismo tiempo, considero que si día a día ponemos empeño en ser un poco mejores cada vez, y a la vez procuramos crear/escoger un ambiente en el que esa mejora sea reconocida, entonces podremos disfrutar de las experiencias que menciono. Claro, no siempre tendremos el resultado esperado, pues la vida tiene esa cualidad de entrometerse en nuestros planes; pero como ya dije también eso da pie a que vivamos situaciones increíbles que no habíamos considerado. Además, el solo hecho de saber que lo que estamos haciendo sí sirve de algo, es invaluable.
Más de una vez se ha dicho que padecimientos como el burnout y la depresión se pueden combatir mejor si se tiene una expectativa del futuro. Ni siquiera tiene que ser algo grande, simplemente una curiosidad de ver qué nos espera a la vuelta de la esquina, en el siguiente capítulo. Así que sigamos trabajando por esas experiencias especiales, planeadas o no.
¿Cuáles experiencias increíbles has vivido?
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Recuerdos naturales.
Hace poco terminé de leer el relato «La garza blanca», que narra la historia de una niña que quiere descubrir el nido de dicha ave. El relato hace una detallada descripción de cómo la niña sube un gran árbol para encontrar el nido: como la corteza se siente áspera en sus manos, así como lo pegajoso de la resina; las ardillas y pájaros que se asustan a su paso, como y finalmente ve el amanecer cuando alcanza la cumbre. Antes de esto, la autora también nos cuenta un poco la cotidianidad de la protagonista, en la que lleva a pastar a una vaca algo perezosa.
Mi mamá leyó el relato poco tiempo después, y mientras lo comentábamos le dije que me había agradado mucho la descripción tan detallada que la autora hacía de las experiencias de la niña, pues así pude imaginarme mejor la historia. Coincidió conmigo en que a ella también le había gustado la descripción, pero a diferencia de mí, ella no tuvo que imaginar las descripciones, sino que hizo evocaciones de su infancia. Pese a que ella, igual que yo, vivió su infancia y adolescencia en una ciudad; para ella era mucho más común y fácil salir al campo con su prima y amistades.
Con esto en mente, me puse a pensar como usualmente decimos que gracias a los viajes puedes tener un mejor entendimiento de las diferentes realidades del mundo, y a la vez hacer mejores conexiones entre los conceptos y experiencias que vas viviendo. Esto es algo con lo que coincido totalmente, pues lo he experimentado por cuenta propia. Pero creo que deberíamos dar esa misma importancia de experiencias enriquecedoras a las viviencias que tenemos en la naturaleza, así sea algo tan simple como subir la colina más cercana a tu casa o algo más «majestuoso» (lo pongo entre comillas porque para mí ambas experiencias podrían llevar ese adjetivo) como apreciar una imponente cascada. No solo eso nos acerca a una realidad diferente a la nuestra, sino que nos hace más conscientes de la importancia de la conservación. Al fin y al cabo, es más probable que nos opongamos a la destrucción de un cerro si tenemos buenos recuerdos de cuando lo subimos en familia.
Estoy consciente de que, con las exigencias de la vida actual, cada vez es más difícil que las familias de la ciudad tengan la oportunidad de visitar el campo o hacer actividades al aire libre; pero a la vez creo que es algo que debe fomentarse. Hacerlo no solo traería mejoras a la salud, asi como que a la vez fomenta la conservación natural y el esparcimiento alternativo; sino que también es una manera de expandir nuestro conocimiento del munfo exterior y de nuestro mundo interior. En una época en que las conversaciones tratan sobre tantas cosas creadas por la humanidad, es importante darnos el espacio para hablar sobre las creaciones de la naturaleza; así sea para tratar temas trascendentales o solo para poder disfrutar mejor de un buen libro.
¿Tu qué recuerdos tienes con la naturaleza?
PD El relato lo pueden encontrar en el libro «Mujeres que cuentan».
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Entusiasmo Infantil.
El 30 de abril se celebra en México el Día del Niño y la Niña, celebración instituida en 1924 y que pretendía (pretende) fomentar el bienestar de la niñez, reconociendo y protegiendo sus derechos. Esta ocasión también ha dado pie a diferentes festejos, tanto públicos como privados, para permitir a los niños y niñas, junto con sus familias, compartir un momento de esparcimiento; que después de todo es también uno de sus derechos. Por supuesto las escuelas son de las principales instituciones en donde se realizan actividades relacionadas con esta celebración, que desde hace algunos años abarcan una semana completa con diferentes temáticas, para culminar en una fiesta general.
Esta semana que pasó tuve diferentes conversaciones en las que el tema giraba hacia las actividades que menciono, y lo que diferentes personas tenían planeado hacer para cada una de ellas. Una persona comentó que quería que este año fuera especial, pues era el último en que su hija celebraba el día de la niñez; puesto que está por pasar a la educación secundaria, que en México comienza los 12-13 años de edad. A partir de esa etapa, lo que se celebra es el Día del Estudiante; que en comparación es una fiesta más desangelada y con menos variedad de actividades, al menos a lo que me acuerdo.
Si bien organizaciones como la OMS especifican que la niñez termina aproximadamente a los 10-11 años, por temas de desarrollo físico, emocional y mental; en la práctica siempre me ha parecido muy drástica esa división entre niñez y adolescencia, sobre todo por lo que se espera que las personas hagan o dejen de hacer una vez dejan la primera para iniciar la segunda. El día de la niñez es un buen ejemplo, pues como comento, esta es una celebración con mucho colorido, con diferentes actividades lúdicas que permiten a las niñas y niños crear buenos recuerdos que comparten con sus amistades y familiares. Vamos, hasta se hacen desfiles en alusión a este día. Pero de repente, de un año a otro, todo eso cambia. Ahora la celebración es un solo día, y al menos cuando yo estuve en esa etapa; la actividad principal (si no es que la única) era asistir a una fiesta tipo discoteca (que se conocían como tardeadas); porque después de todo ya éramos “niños grandes”, lo que sea que eso signifique. En el ámbito público, salvo alguna que otra estrategia de mercadotecnia como descuentos en el cine o similares, tampoco hay un despliegue significativo de celebración.
No sé si esto se haga con la intención de enseñarnos que a partir de ahora debemos tomarnos la vida más en serio, y que los momentos de diversión serán más espaciados y no tan increíbles como antes; lo cuál realmente es una situación triste y nada favorable para nuestro bienestar integral. Después de todo, si consideramos que la expectativa de vida en México es de 75 años promedio, menos del 20% de ese tiempo es que se nos permite disfrutar la vida con el entusiasmo de la niñez; que yo sé que esto mucho depende de la persona, pero ciertamente el sistema no nos la pone fácil. ¿No sería mejor que, en lugar de desanimar el juego a partir de cierta edad, se fueran sugiriendo actividades lúdicas que evolucionarán junto con nosotras? Y no hablo únicamente de deportes o actividades físicas, sino también de los juegos de mesa, o el dibujo, las manualidades o colorear; pero todas estas promovidas desde una perspectiva de esparcimiento más que de competición.
De esta manera, aunque ciertamente conforme crecemos la vida se vuelve un poco más complicada cada vez; tendremos mejores maneras de afrontarla. Lo que es más, tendremos mejores maneras de disfrutarla, pues sabremos que si bien las grandes celebraciones se irán espaciando, podemos seguir disfrutando de momentos divertidos diariamente; y así verla más allá de una rutina de estudio/trabajo. Tal vez así dejemos de llenar nuestra existencia con cosas materiales, y nos enfoquemos más en el ser que en el tener.
¿Tú qué recuerdas de tus días de la niñez?
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El lenguaje interno.
Creo que fue una maestra de inglés de la secundaria la que nos dijo que, el día que soñáramos en ese idioma; sería el día en que verdaderamente lo habíamos aprendido. Como lo que soñamos surge de nuestro inconsciente, el soñar en un idioma diferente a tu lengua materna implica que el mismo ya no es ajeno a ti, sino que de alguna manera se había integrado a tu personalidad. Hoy, luego de muchos años de estudiarlo, y de usar el inglés diariamente en mi vida personal y profesional; todavía no llega el día en que pueda soñar dicho idioma.
De hecho, pese a que como ya dije, mucho del contenido que consumo tanto profesional como personalmente es en inglés; hay cosas y situaciones para las que siempre preferiré el español. Este blog es un buen ejemplo de ello, ya que desde que concebí la idea de escribirlo, supe que la única manera en que me sentiría completamente cómoda con él, y que además podría compartir mis pensamientos más elocuentemente; sería si lo escribía en español. Estoy consciente de que quizás tendría un mayor alcance si lo escribiera en inglés (aunque de acuerdo a datos de la ONU, el español es el tercer idioma más popular en Internet), pero entonces perdería un poco de la esencia que trato de compartir a través del mismo.
Y es que, precisamente, mucho de lo que yo soy está íntimamente ligado con el español. Mis primeros recuerdos, las conversaciones importantes y significativas que tuve y tengo con mi familia y amistades, los primeros libros que leí, mi canción favorita, e incluso las caricaturas que veía de niña; todas transcurrieron en español. Si, claro que con el pasar del tiempo otros momentos o cosas que me han hecho ser quien soy se han dado en inglés, pero eso nunca quitará que los cimientos de mi vida (tanto personas como hechos) son hispanohablantes. Tal vez por eso mismo es que un “I love it” yo siempre lo interpreto como un “me gusta/me encanta”, y me es también más sencillo decirlo a la ligera; incluso ahora que el verbo amar se usa con mucha más libertad.
En vista de esto, es posible que para mi el inglés sea siempre un idioma que comprendo, mas no que internalizo. No sé si eso me prive de poder disfrutar plenamente de ciertas cosas, o incluso de llegar a ser verdaderamente bilingüe; pero me siento muy agradecida de que el español sea no solo mi lengua materna, sino también mi lenguaje interno. Después de todo, que mejor que una lengua romance para tener conversaciones tanto con mi yo consciente como inconsciente.
¿Tú lengua materna es también tu lenguaje interior?
PS Créditos de la imagen a UNESCO.
