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Tomadora de decisiones.
Acabo de escuchar el episodio de un podcast en Spotify, que no voy a decir su nombre porque no estoy segura aún que me convenza. Pero bueno, el enfoque del podcast es corporativo, y hoy estaban comentado sobre las renuncias. En cierto punto hicieron el comentario de que muchas renuncias se originan por un error al momento de la contratación, es decir, no contratar a la persona correcta para el puesto correcto. Esto es algo que puedo secundar, tanto por experiencias propias como ajenas.
Dentro de esta conversación, comentan que van a hacer publicidad a una compañía con la que acaban de trabajar, que las ayudó mucho en el tema de atracción de talento. Resulta que se trata de una plataforma de reclutamiento que trabaja con inteligencia artificial (IA). Sonamos, diría Mafalda. Y empezaron a comentar como esta herramienta analiza los currículums en no sé cuántos minutos, evalúa las habilidades de la persona en otros pocos (cómo si eso fuera factible), y como al final te da una predicción sobre si la persona va a poder desempeñar el trabajo bien, con compromiso, y llevándose bien con su jefe. Acto seguido pasan a decir cómo quienes han usado esta herramienta han bajado el nivel de rotación en no sé cuánto y reducido el proceso de selección en tanto, y así.
Independientemente de qué tan bien o qué tan mal funciona esta plataforma, no pude evitar pensar que estábamos ante otro ejemplo de cómo estos supuestos avances tecnológicos nos siguen quitando tanto sin que nos demos cuenta. En este caso, nos están quitando la posibilidad de que surjan historias inspiradoras (casos de éxito, en palabras más corporativas); pero además están haciendo cada vez más difícil que la innovación verdadera se dé en los lugares de trabajo. Me explico.
La mejor maestra que tenía mi universidad en materia aduanera, era una profesional reconocida en su campo tanto a nivel local como nacional. Se sabía la legislación al derecho y al revés; en parte porque ella había ayudado a crearla. Y lo más importante, sabía cómo eran las cosas en el mundo real, pues ella había estado ahí para verlo con sus propios ojos. Pero, ¿sabes qué? Su formación profesional inicial no tenía nada que ver con el comercio internacional. Si mal no recuerdo, ella es ingeniera química de profesión. Terminó en el mundo aduanero por muy diversas causas, y como ya dije, fue un factor de cambio en el mismo.
Simulemos ahora que el inicio de su vida profesional se diera en estos tiempos, en los que dejamos que un algoritmo que no entendemos muy bien cómo funciona, decida a quién vamos a contratar para al puesto. ¿Hubiera tenido mi maestra una posibilidad? ¿o hubiera sido bateada en la primera ronda porque su título profesional no empataba con los que el algoritmo tenía en su lista? Obviamente es imposible de saber, pero creo que para ella hubiera sido incluso más difícil de lo que fue adentrarse en ese campo si se hubieran dejado algunas decisiones en manos de la inteligencia artificial.
Bueno, pero estas siendo un poco exagerada; me dirás. La inteligencia artificial no es la que decide, sólo te entrega datos; pero al final del día será RRHH o el supervisor directo quien haga las entrevistas y escoja a la persona que ocupará el puesto. En teoría, tendrías razón, pero existen dos puntos fundamentales que no estamos considerando.
Primero; estamos dejando que el algoritmo sea el primer filtro en el proceso de selección. Es decir, de los 30 currículum recibidos, la IA está decidiendo cuáles son los 5 que se te presentan como finalistas. Es decir, hay otras 25 personas que jamás viste, y por tanto no puedes considerar. Tu universo acaba de ser limitado por el algoritmo.
Y antes de que empiecen, no, esto no hace el proceso más democrático o transparente. Y esto por algo muy simple: todo algoritmo funciona con parámetros, y dependiendo de los mismos es que da un resultado. Esos parámetros no son aislados, tienen una connotación social, queramos o no. Pongamos primero el caso en que una persona le suministra dichos parámetros a la IA. Aquí es más que evidente que estos tendrán un sesgo; porque quizás para mí la cualidad principal para escoger a un nuevo integrante del equipo de finanzas sea que tenga un nivel medio de inglés, pero para la persona de RRHH la cualidad principal sea que tenga experiencia en el puesto.
Digamos otro caso, en el que el algoritmo sea un poco más avanzado (¿?), y le podamos decir: busca perfiles de personas exitosas con un puesto similar al requerido, y haz un resumen de sus principales cualidades para compararlas contra las de las personas participantes. Entramos entonces un tema mucho más complejo, sobre todo cuando la posición en cuestión es de más alto nivel. Por ejemplo, si estamos buscando a un gerente de producción, es muy probable que exista un mayor porcentaje de hombres exitosos con ese puesto; derivado de las condiciones macro de antes y de ahora. Pero el algoritmo ignora esto (usando la palabra en su más amplio sentido), y por tanto su conclusión será: si del 100% de personas exitosas en ese puesto, el 90% son hombres, entonces le daremos mayor relevancia a los currículums de los participantes varones. Y así de la nada, hemos sacado del radar a un grupo de candidatas que podrían haber ayudado a llevar a la empresa al siguiente nivel.
Bien, ahora que hemos explicado como en primera instancia sí estamos dejando que la IA limite nuestro universo, y por tanto nuestras decisiones; pasemos al segundo punto. Como dije al inicio, al menos en la plataforma que originó la idea para esta entrada; uno de los beneficios que presume es que te da un pronóstico del posible desempeño de las personas candidatas al puesto, considerando diferentes factores. Desde luego, esto es algo que tú vas a leer antes de la entrevista; creándote así un prejuicio sobre ese candidato al que ni siquiera le has dado los buenos días. Puede que al final este no sea el factor decisivo único, pero no deja de estar ahí. Y déjenme decirles, aún y cuando tu consideres que el candidato que obtuvo el segundo lugar en el pronóstico sea mejor opción que el candidato que quedó en primer lugar; sí empiezas a cuestionas tu criterio (que no es malo), u otra persona involucrada en el proceso puedo cuestionarlo, y es ahí donde pueden darse situaciones complicadas.
Bueno, de acuerdo entonces, quizás si estamos dejando buena parte de la decisión de la contratación en manos de la IA; dirás luego de leerme. Pero es que también, ¿qué esperabas? El tiempo es dinero (diría el rapero Agust D, mi tiempo vale mucho más que eso); y las empresas necesitan llenar sus posiciones lo antes posible. Por tanto, es lógico que busquen herramientas que les permitan agilizar el proceso. No sólo eso, recuerda que trabajamos con un enfoque a obtención de resultados; así que es razonable que nos dejemos guiar por estadísticas que nos digan que la persona va a funcionar, no solo en lo técnico, sino también en la relación con su jefe y equipo.
Todo eso está muy bien; si lo único que te importa son los resultados a corto plazo. Enfoquémonos en el tema de la compatibilidad del nuevo integrante con el jefe y el equipo. En primer lugar, la estadística te está diciendo que esta persona tiene altas posibilidades de empatar con este equipo/jefe en específico. ¿Qué va a pasar mañana que esto cambie? ¿Alguien se molestó en revisar si la persona también era adaptable al cambio? O lo que es más, está compatibilidad alta se basa en que existen ciertos elementos en común entre el candidato y los integrantes del equipo. ¿Qué va a pasar cuando le toque trabajar con alguien que es diferente? Por ejemplo, si hay un proyecto conjunto entre producción y ventas, ¿puede esta persona empatizar/comunicarse lo suficiente con las personas del otro equipo para llevarlo a bueno término?
Y en segundo lugar, que para mi es el principal, surge esta gran duda: si solo contratas personas parecidas a ti, ¿cómo vas a innovar? Desde mis tiempos en la universidad se nos alentaba a formar nuestros equipos con persona de diferentes carreras (en algunas clases era incluso obligatorio), y por tanto con diferentes visiones y experiencias, para que los proyectos fueran más integrales y robustos. Sin temor a equivocarme puedo decir que ese enfoque dio excelentes resultados, tanto en el caso concreto del proyecto como una enseñanza para el futuro. No digo que una alta compatibilidad entre los integrantes de los equipos sea algo malo, pero si no se vigila puede llevarnos a tener equipos demasiado homogeneos en que nadie cuestione nada. Esto por supuesto limita el crecimiento de las organizaciones; y nos priva de productos innovadores como los cheetos flamin hot (paréntesis publicitario: les invito a conocer la historia de su creador, Richard Montañez).
Entonces, como conclusión, ¿estoy diciendo que tiremos por la borda todo este tipo de plataformas de reclutamiento? No, por supuesto que no; pero como con tantas otras cosas de la IA, creo que debemos tomarlas con un punto de sal. Usando un ejemplo personal, yo he decidido contratar o no personas tomando como referencia los resultados que obtuvieron en los psicométricos; algunas veces yendo en el mismo sentido de los resultados, y en otras, al contrario. Ambas decisiones han tenido sus aciertos y sus fallas, pero siempre podré estar tranquila de que yo entendía la información que usé como base para tomarlas, y que apliqué mi criterio en la decisión final.
En esta época en que se toma como verdad absoluta lo que nos dice el algoritmo, creo que sería bueno recordar que, por muy buenas que sean las estadísticas, las predicciones pueden fallar, sobre todo considerando el nivel de incertidumbre existente. Y, sobre todo, recordar que las estadísticas no son números aislados, salieron de algún lado, y por ende tienen una carga cualitativa detrás. Entender esa parte, y darle su justa proporción, es lo que al final del día nos permitirá ser eso que se promueve tanto en el mundo corporativo, y por lo que en teoría nos pueden pagar un poquito más: verdaderos tomadores de decisiones.
¿Tú cómo tomas tus decisiones?
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Sueño cumplido, ¿y ahora qué?
Se dice, y se dice bien, que un viaje se disfruta tres veces: cuando lo planeas, cuando lo vives, y cuando lo recuerdas. Puedo dar fe que esto es cierto no sólo para los viajes, sino también para otro tipo de eventos que marcan un antes y un después en nuestras vidas. Un concierto, una boda, una graduación, una fiesta de cumpleaños especial, una reunión de exalumnos; en fin. Estas y otras muchas experiencias nos permiten vivir procesos increíbles que se quedan con nosotras tiempo después del gran evento.
Lo que sí, casi nunca se habla de lo vacío que puede sentirse todo justo cuando la experiencia como tal termina, y volvemos a la normalidad. Y no me refiero solo a ese anhelo de estar batallando con el sistema de transporte de Ámsterdam en lugar de renegar porque no te han enviado una factura, o porque el dichoso algoritmo te sigue mostrando ideas de fotos que podrías haber tomado en tu graduación y que no se te ocurrieron en su momento. No, realmente me refiero a ese vacío tangible que se siente luego de que regresas; porque ya no tienes nada que preparar.
Quizás tú y tu pareja habían decidido dedicar 2 horas los jueves a planear detalles de la boda; y luego de la luna de miel te das cuenta de que no sabes qué hacer con ese tiempo. O peor aún, llenas esas horas con nimiedades, y deja de ser un tiempo consciente y con propósito para ser otras 2 horas más del día.
O quizás tu grupo de amigas tenía un documento de Excel compartido (lo admito, yo soy la que lo crea la más de las veces), en el que iban anotando todo lo relacionado con el viaje: itinerarios de vuelos, nombres de hoteles, fechas de tours, listas de cosas que había que llevar, y un motón de cosas más. Y cada vez que entrabas a actualizarlo, sentías una emoción especial dentro de ti; pues cada celda llenada te acercaba más a vivir ese momento. Pero cuando el avión aterriza de regreso a casa; ese Excel se queda inerte. Puede que entres a verlo de vez en cuando para recordar, pero el sentimiento que tenías al actualizarlo ya no está. Y entonces te preguntas, ¿cómo llenaba mis días antes?, ¿a qué me dedicaba antes de planear ese sueño? Como dije un poco más arriba, lo más seguro es que lo llenabas con todo y nada; con pendientes en lugar de ilusiones.
Bueno, me dirás, pero aquí es donde entra lo que comentabas al principio; ahora toca recordar la experiencia. Pues sí, pero, ¿cuánto tiempo te dura eso? Quiero decir, cuando vuelves del concierto la gente te pregunta cómo te fue, muestras tus videos, compartes anécdotas; pero hasta ahí. Quizás sea el tema de conversación de un par de reuniones, pero luego de eso se pasa a otros temas. Siendo que antes, gente que no sabe nada del artista que vas a ir a ver, te mandaba publicaciones o videos o noticias relacionadas con el concierto; porque sabía que para ti era importante y/o podría servirte. Y eso ya no está luego de que vuelves; porque justo el espectáculo debe continuar, ahora con otras atracciones.
Vale, dirán las optimistas, ¡entonces ahora toca planear la siguiente aventura! Perosiendo sinceras, ¿cuántas aventuras puede una persona promedio planear en un año? Y sobre todo aventuras que impliquen una preparación del tamaño que comento. Para una escapada de fin de semana quizás solo necesitas un par de horas la semana previa; así que no se siente tanto cuando pasa. Para un viaje a Nueva York sí que vas a necesitar más que eso, y se resentirá una vez que termine.
Además, existen aventuras que sólo puedes vivir una vez, como graduarte de la carrera. O incluso aunque puedas vivirlas varias veces, cada una será diferente porque tus circunstancias son distintas. Eso de que ni el río ni tu son el mismo es muy cierto.
¿Qué hacer, entonces? Para ser honesta, no lo sé. Quizás la respuesta sea una mezcla de todo lo que hemos venido comentado. Pero creo que lo más importante es también lo más difícil: el no dejar que las prisas de la vida diaria hagan que el tiempo que dedicábamos a planear algo que nos llenaba de ilusión, pase ahora a ser tiempo que no sabemos en qué se nos va. Debemos proteger ese tiempo y llenarlo con oportunidades para ser felices. No importa si aún no estás planeando el viaje del próximo año, puede que ahora ese tiempo lo dediques a leer ese libro que tenías pendiente; o quizás puedas dedicarlo a platicar con una amiga, o puedes salir a caminar al parque enfrente de tu casa.
La ilusión no tiene que ser grande, basta con exista, y que estés dispuesta a vivirla.
¿Tú cómo llenas el tiempo que dedicabas a un sueño?
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Un trabajo digno de mí.
Si el trabajo dignifica, ¿por qué nos burlamos de los empleados de restaurantes de comida rápida, y creemos que no merecen ni el salario mínimo?
Si el trabajo dignifica, ¿por qué hay profesionales que tienen que trabajar 2 ó 3 trabajos para tener una vida medio decente?
Si el trabajo dignifica, ¿por qué queremos siempre más productividad y más eficiencia, aún a costa de la salud de las personas?
Si el trabajo dignifica, ¿por qué aceptamos condiciones inseguras en las plantas, oficinas, plataformas petroleras, y demás?
Si el trabajo dignifica, ¿por qué no respetamos a los campesinos?
Si el trabajo dignifica, ¿por qué llamamos vagos a los que se dedican al arte?
Si el trabajo dignifica, ¿por qué vemos normal que los jefes les griten a sus empleados?
Si el trabajo dignifica, ¿por qué decimos que las amas de casa no hacen nada?
Si el trabajo dignifica, ¿por qué vemos normal que las personas trabajan sábados, domingos o días festivos, para que no se les acumule el trabajo?
Si el trabajo dignifica, ¿por qué las personas vuelven tan cansadas de sus empleos que solo tienen ánimos para mirar compulsivamente el celular?
Si el trabajo dignifica, ¿por qué toleramos el trabajo infantil y la esclavitud moderna?
Si el trabajo dignifica, ¿por qué en la mayoría de las oficinas y plantas productivas solo hay luz artificial?
Si el trabajo dignifica, ¿por qué parece que lo único que nos da es dinero, y eso no tanto?
Si el trabajo dignifica, ¿por qué nadie es indispensable y siempre reemplazable en los trabajos?
Si el trabajo dignifica, ¿por qué lo hemos hecho indigno?
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Cuando sea grande.
Una de las frases más comunes que decimos cuando somos niñas es la de “Cuando sea grande”. Usualmente la empleamos cuando se nos ha prohibido algo, a nuestro parecer de forma injusta.
Es entonces cuando decimos cosas como
¡Cuando sea grande me voy a dormir a la hora que quiera!
¡Cuando sea grande voy a cenar helado!
¡Cuando sea grande voy a comer galletas en la cama!
¡Cuando sea grande voy a caminar por toda la casa sin zapatos y con calcetines!
Y así otras tantas declaraciones contra las injusticias de las que, según nosotras, somos objeto.
Pero luego pasa el tiempo, una crece y madura; y se da cuenta que eso contra lo que protestaba no era injusto; sino todo lo contrario. Quiero decir, yo ahora quisiera poder dormirme a las 9am, o tener la oportunidad de una siesta por la tarde entre semana. Así mismo, me he dado cuenta que comer galletas en la cama no es buena idea, porque luego hay que limpiar las migajas que parece jamás van a acabarse. Y mejor ya no hablamos de lo difícil que es dejar los calcetines blancos nuevamente luego de que anduviste un solo metro descalza.
Si bien esas epifanías nos llegan como parte del proceso natural de ir ganando experiencia, creo que también tiene mucho que ver que, conforme nos hacemos mayores, tenemos más poder de decisión sobre nuestra propia vida. Porque volviendo a los ejemplos de antes; pese a que yo sé que es bueno dormir temprano, quizás algún día quiera desvelarme viendo un evento en vivo de mi banda favorita, porque para mí vale ese desvelo. Entonces, tomo la decisión consciente de hacerlo; pese a que para personas cercanas a mí no tenga sentido hacerlo. Lo cual está bien, pero ellas ya no pueden decidir por mí.
Si aceptamos lo anterior como cierto, entonces es más fácil comprender porque ahora que somos adultas, pensamos que los niños y niñas la tiene fácil, y/o porque sentíamos que nuestra vida era más sencilla a esa edad. Y no me refiero a que los problemas en sí fueran más chicos, pues eso es cuestión de una perspectiva que va cambiando con la experiencia; sino a que justo ese poder decisión que se supone debe acompañar a la adultez, se ha ido un poco por la borda.
Porque en realidad, ¿qué tan libres son nuestras decisiones? Los videos que vemos en redes no son 100% por elección, sino que son causados por un algoritmo que alguien en Silicon Valley diseñó. En el trabajo, aunque tu ya hayas terminado tu parte, no puedes solo irte a casa; tienes que cumplir con tu horario contractual. Y en ese mismo sentido, tu no decidiste que la mejor forma de pasar tu vida sea encerrada en un cubículo durante 8 o más horas al día haciendo tablas de Excel; pero sabes que hacer cualquier cosa diferente es casi seguro una receta para la precariedad y la incertidumbre sobre el presente y el futuro.
De la misma forma, en algún punto la sociedad determinó que las únicas diversiones aceptables para los adultos son ir a tomar a un bar, ver algún partido de fútbol en la casa de alguien, o ya de plano ir al cine. Y así es, aunque para ti sería mucho más divertido ir a ver una obra de títeres o jugar las canicas; porque si lo haces eres mal visto y calificado de “infantil”. Como si emborracharte al punto de que al día siguiente no recuerdas lo que hiciste fuera muy maduro, pero en fin.
Entonces, la próxima vez que pienses que tu vida era más fácil porque tus problemas se concretaban a decidir cuál de tus muñecas sería la protagonista en el juego del día; no te sientas mal ni lo minimices. No es que tus problemas de antes fueran tontos o simples, pero es que antes justo tenías la capacidad de decidir.
¿Tú qué tantas decisiones tomas libremente?
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Por el amor de los libros.
Tengo una confesión que hacer: hace algún tiempo, que no leo un libro. *Sonidos de asombro de la multitud*.
¿Cómo es eso posible, se preguntarán ustedes? La verdad es que ni yo misma sé la repuesta. No es por falta de libros, eso es seguro. Tampoco me atrevería a decir que es por un bloque lector, pues realmente no es que haya perdido el entusiasmo por leer. Quiero decir, tengo un par de libros a medias, que cuando de repente los agarro, realmente me cautivan y me hacen feliz. A veces me digo a mí misma que es por falta de tiempo; o más bien tiempo de calidad para leer. Últimamente la realidad es más agotadora de lo normal.
Otras veces soy un poco más optimista, y me digo que lo que pasa es que el tiempo que invertía en leer ahora lo ocupo en otras cosas. Algunas son cosas “de adulta”, que no son necesariamente desgastantes; varias son para hacer mi vida más agradable. Y otras son realmente nuevas formas de disfrutar la vida, como ir a conciertos y viajar.
Sea cual sea la causa, o causas, lo cierto es que ya no leo como antes.
Pero, ¿sabes qué es lo más curioso? Pese a que tengo rato sin leer “en forma”, cada vez que alguien me pregunta por una actividad que me gusta hacer en mis ratos libres o algo que me hace feliz, siempre menciono a la lectura. Y es que, aunque no esté activamente leyendo en ese momento, los libros siempre me acompañan.
En las conversaciones que tengo con mis amigas y compañeros del trabajo, siempre doy algún ejemplo de un libro que he leído. Cuando navego en redes sociales, siempre me sale alguna publicación relacionada con los libros o con la lectura, pues los tengo agregados como intereses o pasatiempos en todos mis perfiles. En las historias que me invento en mi cabeza cuando estoy pasando el rato, y que quizás algún día publique; invariablemente hay una relación con alguna historia leída; o alguno de los personajes tiene una escena leyendo. Cuando salgo de viaje, intento siempre pasar por una librería o biblioteca, aunque sea solo para sentirme un poco en casa aunque esté lejos de ella.
Incluso ahora, en el Día Internacional de Libro, siento el deseo de dedicar esta publicación a esos fieles amigos de tantas andanzas.
Hoy 23 de abril también se celebra el día de San Jorge en varias regiones del mundo; razón por la cual se acostumbra regalar rosas en esta fecha, como símbolo de amor entre las personas.
En conmemoración de ambas fechas, deseo que ni a ustedes ni a mí nos abandone jamás el amor por los libros y por la lectura, ni el amor que ellos imprimen en nuestro día a día. Antes bien, deseo que ese amor se renueve contrastantemente, y que al igual que las rosas, sea de todos los colores inimaginables.
¿A ti cómo te aman los libros?
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Yo conozco.
Tu conoces a la pareja cuya boda fue nombrada “la fiesta de la temporada” por la revista nupcial local. Yo conozco a la organizadora de bodas que manejó 6 horas para que los centros de mesa edición única estuvieran a tiempo para la recepción.
Tu conoces a la orgullosa madre de la niña que obtuvo el primer lugar en el concurso de matemáticas de las escuelas privadas de la zona. Yo conozco a la niñera que estuvo con esa niña todas las tardes, ayudándola con sus ejercicios.
Tu conoces al emprendedor que puso una cafetería que vende las galletas más instagrameables de toda la ciudad. Yo conozco al repostero que se levanta a las 5am para llegar al trabajo a prepararlas.
Tu conoces a la dama del club que da las mejores cenas, con una vajilla impecable. Yo conozco a la empleada doméstica que pasa una hora diaria sacándole brillo a esa plata.
Tu conoces al empresario que se levanta a las 5am para meditar, hacer yoga y leer un capítulo del libro del último gurú empresarial. Yo conozco al ama de llaves que se levanta a las 4am a encender la calefacción de su cuarto de meditación y prepararle su desayuno.
Tu conoces a la chica con el guardarropa más envidiado de la ciudad. Yo conozco a la modista que diseña y cose todos sus vestidos.
Tu conoces al dueño de la cadena de supermercados que hizo una donación al refugio para animales. Yo conozco a las personas que todos los días lo limpian, y que se aseguran que los animalitos que están ahí, se sienta amados.
Curioso como muchas veces, los verdaderos protagonistas de las historias, queden relegados en las sombras.
¿Tú a quién conoces?
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¿Normal?
El presupuesto para la salud en México en el ejercicio 2026 será de aproximadamente 996,528 mdp. El 3 de abril, Donald Trump solicitó al congreso que el presupuesto bélico de Estados Unidos para 2027 sea de 1.5 billones de dólares. Y estos datos nos parecen normales.
Según la OMS, en el mundo 280 millones de personas sufren de algún grado de depresión. Tan sólo en México, 36 millones de personas son afectadas por este padecimiento. Y estos datos nos parecen normales.
Desde octubre de 2023, y hasta mayo de 2025, la OMS había registrado 697 ataques a la atención de la salud en Gaza. Y estos datos nos parecen normales.
En 2024, hasta 60 países experimentaron brotes a gran escala de sarampión, casi el doble a lo registrado en 2022. Y estos datos nos parecen normales.
El mariscal de campo de los Halcones Marinos de Seattle tiene un contrato de 3 años por 100.5 millones de dólares. El salario mensual de una enfermera especialista en México es de aproximadamente 18 mil pesos mensuales. Y estos datos nos parecen normales.
De acuerdo con datos de las Naciones Unidas, cada año 4 millones de niñas son sometidas a la Mutilación Genital Femenina. Y estos datos nos parecen normales.
En 2023, la OMS estimó que diariamente murieron más de 700 mujeres por causas prevenibles, relacionadas con el embarazo y el parto. Y estos datos nos parecen normales.
Los resultados de un estudio de la OEI marcan que, tan sólo en 2022, 152 mil infantes de América Latina y el Caribe murieron por temas relacionados con una deficiencia nutrimental. Y estos datos nos parecen normales.
En julio de 2025, la OMS informaba de importantes retrocesos en la cobertura de vacunación en países de ingresos medios y altos. Y estos datos nos parecen normales.
Si se mantiene la tendencia actual, no se alcanzará la cobertura universal de salud para el 2030; quedándose sin cumplir este Objetivo de Desarrollo Sostenible marcado por la ONU. Y estos datos nos parecen normales.
¿En verdad piensas que deberían ser normales?
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Cuestión de fondo.
Desde hace algún tiempo, se ha puesto de moda entre los creadores de Hollywood el contar las historias sobre el origen de los villanos de las películas que se han convertido en clásicos.
La primera que viene a mi mente es la película sobre el origen de Maléfica, mezclada con una reinterpretación del cuento mismo de Aurora; y que creo fue una adaptación bien llevada. Otras que han seguido son la historia de la malvada Cruella de Vil, y a últimas fechas la historia de Scar; está última medio opacada por la historia de Mufasa. De manera tangencial, pero no por ello menos interesante, la serie de Andor también nos muestra como la personalidad de la madre del subinspector Syril Karn contribuyó a convertirlo en el desagradable personaje que todos conocemos.
Alejándonos un poco del conglomerado de Disney; también se ha dado mucha promoción a historias sobre las vidas de varios de los asesinos seriales más famosos de los últimos tiempos. Una de ellas es la perturbadora historia de Jeffrey Dahmer, la cual presenta a su familia disfuncional como una de las posibles causas de sus posteriores crímenes. Por otra parte, la mini serie sobre Ted Bundy termina con un experto psicólogo concluyendo que el asesino de más de 30 mujeres padecía un trastorno maniaco-depresivo.
Imagino que la intención de presentar estas historias, sobre todo en el caso de los personajes de historias que nacieron como películas animadas; es mostrarnos que los villanos no son series unidimensionales que desayunan un plato de maldad con leche todos los días. El propósito de estas historias es generar una comprensión en la audiencia, de ver más allá de la etiqueta original que se ha dado a estos personajes.
Lo cual está muy bien cómo idea, pero creo que la ejecución de la misma ha tenido un efecto adverso. El punto de encuentro que se pretendía crear se dio, pero evolucionó a uno de lástima y justificación. “No hay que ser tan duros con Dahmer, ¿sabes? El pobre tuvo una madre alcohólica”. “Bueno pero es que también con un trauma como ese, el saber que tu madre no te amaba, era de esperarse que Cruella quisiera vengarse de ella”.
Estos son ejemplos de cómo la audiencia ha tomado las circunstancias difíciles de la vida de estos personajes como atenuantes para sus crímenes y acciones; o incluso como evidencia concluyente de que no tenían como escapar de ese destino de maldad. Como si no hubiera miles de historias de personas que sufrieron/sufren situaciones incluso más complejas y desgarradoras que las de ellos, y no por eso andan por el mundo repartiendo perversidad.Al contrario, varias de ellas incluso se han elevado de sus circunstancias y han creado iniciativas, organizaciones y movimientos que protejan y ayuden a personas que se encuentran en la misma situación que pasaron (¿alguien recuerda la ley Olimpia?); y que buscan impedir que otras personas pasen por lo mismo (la Fundación Flor del Desierto de Waris Dirie es un excelente ejemplo).
¿Cuál debería ser entonces el aprendizaje que tomemos de las historias del origen de los villanos, tanto ficticios como reales? La primera sería la de identificar patrones recurrentes en las historias. Padres ausentes o emocionalmente distantes/abusivos, situaciones socioeconómicas adversas, crecer en medio de conflictos armados, algunos trastornos psicológicos; entre otros factores, son recurrentes en estas historias.
Ahora que ya los identificamos, ¿cómo podemos solucionarlos? Quiero decir, si sabemos que día a día miles de jóvenes se unen a las filas del narcotráfico porque lo ven como una forma de subsistencia, ¿no deberíamos fomentar estructuras macroeconómicas que les permitan tener empleos dignos al crecer? O bien, si sabemos que los traumas de la infancia son un factor decisivo no sólo en que una persona pueda volverse criminal, sino que también son la causa de que no puedan llevar una vida plena, ¿no deberíamos exigir que el acompañamiento psicológico gratuito y de calidad estuviera al alcance de todas las personas?
¿No deberíamos estar construyendo una mejor comunidad?
Dos de los refranes más ciertos que existen son que quienes no conocen la historia, están condenados a repetirla; así como que es de necios el esperar resultados diferentes, haciendo siempre lo mismo. Nosotras ya conocemos la historia, y hemos visto los resultados de la misma una y otra vez. La cuestión ahora es cambiarla.
¿Tú cómo estás ayudando a cambiar la historia?
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Relleno de Calidad.
En varias ocasiones he visto videos que te convida a vivir una vida de protagonista. Con esto se refieren a que, si una serie o libro o película se tratara de una persona que únicamente se levanta, va a su trabajo, regresa a casa, se la pasa en el celular, y luego se duerme (¿alguien se acuerda de ese capítulo de Bob Esponja?); no le gustaría a nadie. Por tanto, debes de buscar una vida de protagonista en la que hagas cosas emocionantes, justamente para que tengas una historia que contar.
Lo cual está muy bien y todo; pero no se nos debe olvidar que varias de las mejores historias, tiene también episodios de “relleno”. Estos capítulos son descritos como aquellos en los que “no pasa nada”, y que si se quitaran del material original; la historia central no se vería afectada, y seguiría siendo entendible para quien la estuviera leyendo o viendo. Pero, en las historias cuyos creadores realmente saben lo que están haciendo; estos capítulos que no avanzan la historia, realmente terminan enseñándonos mucho sobre la historia y sus personajes.
Recordemos por ejemplo la grandiosa Avatar: la leyenda de Aang. En el capítulo de Aventuras en Ba Sing Se, nos muestran pequeños cortos sobre los miembros del equipo Avatar, así como sobre Zuko y Iroh. Los cortos no son nada ambiciosos, pero, aunque no avanzan la trama principal, si que nos ayudan a entenderla mejor. Por ejemplo, esta es una de las raras ocasiones en que vemos el lado sensible de Toph, quien por lo general se presenta como fuerte y segura de sí misma. El hecho de que este episodio nos muestre como los comentarios de otra chica la afectan, y más aún sobre un tema que en principio jamás hubiéramos pensado que le importara; nos recuerda también que al final del día ella y el resto del equipo Avatar no son más que niñas y niños. Quizás tengan poderes increíbles y estén en medio de una cruzada contra el Señor del Fuego, pero siguen teniendo los mismos sentimientos, inseguridades y conflictos que otros chicos de su edad. Esto último es también mostrado en el capítulo “La playa”, que si bien avanza más la historia principal; una buena parte del mismo nos recuerda que Azula, Zuko, Ty Lee y Mai son adolescentes con sus propios traumas familiares.
El otro capítulo relleno de la serie es Los actores de la isla Ember, en la cual un grupo de actores de la nación del Fuego montan una obra de teatro donde cuentan, de manera bastante graciosa, las aventuras del equipo Avatar. En esencia, este capítulo sirve como resumen de la serie antes del gran final de la misma. Sin embargo, si lo vemos con detenimiento, este capítulo nos muestra cómo los vencedores (o quienes se consideran vencedores), usan las artes para avanzar su propia agenda. Desde la caracterización de los personajes principales, que los presenta ante el público como sosos y planos; hasta el final de la obra en la que el Señor del Fuego derrota al Avatar y se proclama vencedor de la Guerra de 100 Años; es un ejemplo perfecto de las técnicas usadas por los gobiernos y otras instituciones (desde siempre y de todas partes) para adoctrinar a sus seguidores y convencerlos de que “los otros” son los “malos”, y de la superioridad de su propio equipo. Quizás la audiencia no capté el significado de esto en un principio, pero es una imagen que se queda con ellos y les sirve de referencia para el futuro.
¿Qué es, pues, lo que hace que los fanáticos de la serie no consideren a estos capítulos como relleno, y que incluso el primero sea uno de los más apreciado por la audiencia? Simple: son episodios que le dan más profundidad a la serie, y que nos hace entender mejor a los personajes más allá de su rol en la trama principal. Podría decirse que si la historia principal es una dona, estos capítulos son esa crema con que las rellenan algunas veces: no es imprescindible, pero vaya que mejoran a la dona.
Entonces, traduciéndolo a nuestra vida, la cosa no se trata de andar toda la vida al cien y completamente enfocados en nuestra trama principal, y en planear todas nuestras actividades conforme a ella. En primera eso sería completamente desgastante tanto física como mentalmente; y en segundo lugar, si sólo nos preocupamos de la trama principal, llega un momento en que la misma pierde sentido o se siente vacía, puesto que se convierte no una misión sino en una obsesión. Hay que tomar momentos de calma para hacer otras cosas, para vivir vamos.
Y es ahí donde entra la segunda cosa importante. Tal como en las series o libros, hay de capítulos de relleno a capítulos de relleno. Si los tuyos se tratan solo de perderte en el celular consumiendo contenido sin sentido, o trabajando sin un propósito; entonces ten por seguro que a esos es mejor darles avance rápido para no verlos. Pero, si tus capítulos de relleno incluyen cosas como tomar una clase de tejido para celebrar el cumpleaños de tu difunta abuela, o dedicar una tarde a apoyar en un comedor comunitario, o incluso servir de personaje de apoyo en la historia de alguien más; entonces ten por seguro que, aunque no lo parezca, esos capítulos realmente están haciendo mucho por tu historia.
Así que, por supuesto, se la protagonista de tu propia historia; pero aprecia también aquellos capítulos que te permiten conocerla mejor.
¿Tú cómo quieres tu relleno?
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Nuestro esfuerzo de cada día.
Finalmente, la primavera ha vuelto; y con ella los días de sol. Hoy estaba en mi balcón disfrutando del clima, y pensé que sería rico comer un postre acorde a la temporada, cómo eso salen en películas del estilo de “Bajo el sol de la Toscana”. Algo como un pay de limón, o un pastel de limón y lavanda. Y no, créanme que el limón no es mi sabor favorito, pero va bien con el clima, ¿no?
Mientras pensaba en ello, se me ocurrió que la única manera en que podría disfrutar cualquier de esos postres, era si yo ponía esfuerzo en lograrlo; y que esto aplicaba para cualquiera de las opciones que decidiera tomar. Por ejemplo, si decidía preparar el postre por mi cuenta, eso implicaba el esfuerzo de buscar la receta, muy seguramente ir a la tienda por ingredientes que me faltaran, posteriormente mezclarlos, y luego ponerlos ya sea en el horno o el refrigerador para esperar a que estuvieran (aquí entra también la paciencia). Y claro, ya luego la siempre tediosa tarea de lavar todos los trastes usados en el proceso.
Si por otro lado decidía ir a comer el postre a algún café o restaurante; ahora el esfuerzo estaría en decidir primeramente el lugar, luego manejar hasta mi destino, y posteriormente decidir qué postre tomar. Incluso la opción digamos más fácil, que sería pedir a domicilio, implica el esfuerzo de escoger qué pedir y hacer la solicitud por la aplicación pertinente; o dependiendo del lugar, incluso hablar por teléfono.
En todos los casos también está el esfuerzo no del momento como tal, pero sí el que tuve que hacer antes durante mi trabajo, para así poder ganar un sueldo que me permita comer un postre durante una tarde de primavera.
A lo que quiero llegar es que, ya sea en lo grande o en lo pequeño, la vida es así. La única forma en que podemos tener una vida agradable, una vida que en verdad nos guste; es mediante el esfuerzo que pongamos en ello. Y no solo el esfuerzo de hacer una actividad como tal, sino también el esfuerzo tomar la decisión de hacerlo; sobre todo ahora en un mundo que busca mantenernos cansados al grado que la vida se nos vaya en producir (en muchos casos, sin ton ni son) y consumir.
Pero aquí también entra una distinción importante. He dicho que se debe hacer el esfuerzo, no el sacrificio. ¿A qué se debe esto, si en muchas ocasiones ambas palabras se usan como sinónimos? En lo personal, creo que un sacrificio sucede cuando el resultado o fin que va a producir la actividad, no es uno que te emocione o con el que estás alineada. En cambio, cuando el resultado que esperas obtener está ligado justamente a que puedas disfrutar más de tu vida, entonces se quita toda connotación negativa y se convierte en una fuerza que te impulsa hacia adelante.
Por eso es que haces el esfuerzo de ahorrar para irte a Barcelona; o el esfuerzo que haces al salir a caminar todos los días, para que en tu cuerpo se mantenga sano. También son todos los pequeños esfuerzos que haces para poder comer un postre rico una tarde de primavera, y para poder escribir un blog y compartir tus ideas con el mundo.
¿Tú en qué te estás esforzando ahora?